Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Momentos históricos     
 
 El Alcázar.    04/06/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Momentos históricos

Dudarlo sería tan inocente como injusto: España vive momentos de extrema

gravedad sobre los que, simbólicamente, acaba de alzarse como un gallardete

triste el informe que pregona una sentencia: don Jaime Milans del Bosch y Ussía

—cuya biografía militar de servicios a España constituye indudablemente un

espejo de inmaculadas ejemplarídades— y don Antonio Tejero Molina —el Teniente

Coronel de la Guardia Civil que desestimó por vez primera el dictado de la

superioridad política que impedía rendir honores a un guardia civil asesinado—

han sido condenados a treinta años de prisión.

La sentencia dictada por el Consejo Supremo de Justicia Militar ha sido

inflexible con unos hombres que inicialmente, y según el testimonio del informe

fiscal, se sintieron movidos por el amor a su Patria el 23 de febrero de 1981.

El Consejo Supremo de Justicia Militar ha cumplido con su deber.

En las mismas horas que el Presidente del Gobierno Vasco, don Carlos

Garaicoechea, comunica oficialmente que «ETA (sea militar o política) es un

Movimiento de Resistencia Nacional», el Presidente del Gobierno de. Madrid, don

Leopoldo Calvo-Sotelo, ha informado que el Gabinete que preside recurrirá contra

la sentencia dictada por el Tribunal Militar.

El argumento de mayor peso, según sus palabras, es éste que transcribo

literalmente: «Tengo que decir que me resulta difícil contemplar la absolución

de oficiales que mandaban a las fuerzas que nos mantuvieron secuestrados durante

diecisiete horas en el Congreso.» Como periodista me gustaría conocer si el

Gabinete del señor Calvo-Sotelo o cualquier otro Gabinete de UCD ha recurrido en

alguna ocasión contra las sentencias dictadas por crímenes alevosos, por delitos

execrables de terroristas juzgados y condenados a penas menores que las que se

imponen a los mandos militares por los sucesos del 23 de febrero.

La única noticia que poseo al respecto es contraria: la amnistía, primero, y tos

extrañamientos, después, allanaron las dificultades a todos los gobiernos

centristas. No sé si esta benevolencia estuvo dictada en razón al juicio que ETA

merece a don Carlos Garaicoechea, al que tan buenos oficios se le han prestado

en el Palacio de la Moncloa.

La clase política está excitada y es probable que esa declaración del señor

Calvo-Sotelo y la convocatoria del Consejo de Ministros para hoy no tenga otro

objeto que hacer oficial o razonable —el matiz tiene su importancia— ta dimisión

de un Presidente de Gobierno que según algunas fuentes autorizadas fue obligado

a dimitir hace varios días.

La abstención de opiniones en que se han ejercitado la mayoría de los grupos de

izquierda, podría entenderse como una confirmación de otra noticia que circula

«soto voce»: está decidida la formación de un Gabinete de Gestión que traducido

a su práctica sería un Gobierno Socialista, con algunas figuras exentas de

compromisos ideológicos inmediatos.

El comunista señor Sartorius visitó ayer mismo el Palacio de la Zarzuela para

«solicitar» esta fórmula y pedir un puesto al Partido Comunista en la nueva

formación. Es decir, un ensayo general con todo. Las próximas horas confirmarán

esos rumores o los desvanecerán.

Con objetiva serenidad y al amparo de la Constitución y del último dictamen que

en materia informativa o de opinión acaba de hacer público el Tribunal

Constitucional, voy a desvelar un amargo presentimiento que acaso resulte

exagerado: detrás de las alambradas de la flamante Prisión Militar de Alcalá de

Henares ha quedado sentenciado y detenido, simbólicamente, el Ejército de la

Victoria.

Lo digo con la independencia que me ofrecen estos dos hechos evidentes: no soy

militar.

No hice la guerra. Ni gané la victoria, ni la perdí.

Dudarlo sería tan inocente como injusto: España vive momentos de extrema

gravedad. Sobre el terrorismo, la decadencia económica, la catástrofe social, la

dispersión autonómica, la multiplicación de poderes y funciones, un Frente

Marxiste está llamando a las puertas del Palacio de la Moncloa. Las puertas

están entreabiertas: esperando la gran ocasión pactada. Pactada, ¡ay!, no

precisamente en Munich, sino muchos años antes de aquel bendito 1962 en que

España vivía alegre y confiada al tiempo que en la ciudad bávara se celebraba un

carnaval o una feria de restos.

Antonio IZQUIERDO

 

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