Autor: Urbano, Pilar. 
 Desayuno en el Ritz. 
 Habla Laína: Así se paró el golpe     
 
 ABC.    07/03/1981.  Página: 10-12. Páginas: 3. Párrafos: 26. 

10/ABC

NACIONAL

SÁBADO 7-3-81

Dasayuno en el Ritz

Habla Laina: «Así se paró el "golpe"»

Por Pilar URBANO

Madrid, noche del «23-F». Tomado ei Parlamento por los guardias civiles que

manda el teniente coronel Tejero, los puntos neurálgicos de decisión «alto

nivel» han quedado ya fijados: Palacio de la Zarzuela. Vitruvio, 1 (Junta de

Jefes de Estado Mayor). Palacio de Buenavista (teniente general Gabeiras, jefe

del Estado Mayor del Ejército). Capitanía General de la I Región, en la calle

Mayor (teniente general Quintana Lacacci). En un saloncito del hotel Palace,

frente al Congreso de Diputados, los generales Aramburu y Sáenz de Santamaría,

directores generales de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, han montado

su «tienda de operaciones». Y en las dependencias del Ministerio del Interior,

de la calle Amador de los, Ríos, acaba de constituirse la Comisión de

Secretarios de Estado y Subsecretarios como órgano de emergencia para asumir la

representación y acción del poder civil, en funciones de Gobierno.

El Rey ha dado su anuencia a esta idea del subsecretario Sánchez Harguindey,

recomendando que «actúen en íntima coordinación con la Junta de Jefes de Estado

Mayor (JUNJEM), para evitar la más mínima colisión entre los ámbitos civil y

militar». En toda la noche y la madrugada y hasta el mediodía del «23F», entre

esos seis enclaves se tejerá una tupidísima red de conexiones telefónicas, para

desmontar la «operación Duque de Ahumada» en todas sus previsibles

ramificaciones. Contra ese fuerte acantilado se estrellaría el «golpe».

Hemos celebrado un «desayuno en el Ritz» con Francisco Laina, director de la

Segundad del Estado, el hombre que «gobernó» el país en las difíciles horas del

«golpe». Su relato, detallado, minucioso y fidelísimo, es un «minuto a minuto»

que, por su apasionante interés, transcribo al pie de la letra como Laina nos lo

ha contado.

«HABLO CON EL REY»

«Estoy oyendo por radio, cadena SER, la investidura de Calvo-Sotelo. De pronto,

varios disparos que me parecen de pistola y dos ráfagas largas de metralleta...

No puedo saber de qué se trata, porque yo solamente "oigo" y todo es confuso.

Entran varios colaboradores en mi despacho. Les digo: "Creo que vamos a tener

trabajo, muchachos." A las seis y veintialgo, por el sistema ."malla cero" o

"malla verde", ese que disuelve los sonidos, habió con el Rey. Ya conoce lo que

le cuento y me pide le tenga permanentemente informado. Por algún escolta

"secreta" que está en el Congreso y que ha podido hablar con el director general

de Policía, me llega algo más de información: los asaltantes son Tejero y un par

de centenares de oficiales, suboficiales y números de la Guardia . Vuelvo a

informar al Rey. Está firme y sereno, aunque le noto seriamente preocupado

porque "se resuelva la situación !o antes posible".

Me ordena que adopte "todas las medidas que sean necesarias para acabar

rápidamente con el asunto, pero dentro de un respeto absoluto a la

Constitución". Y a lo largo de esas largas horas, en las que habré de hablar

numerosas veces con el Rey, en ningún momento, en ninguno, apreciaré en su voz

el más imperceptible titubeo, ni la menor duda o vacilación por desmontar la

operación de Tejero y de Miláns del Bosch... Incluso cuando noté, ya entrada la

mañana, una cierta inquietud en el Rey por si puede haber masacre final en el

Parlamento, su ánimo seguirá firme y resuelto por la salvaguarda rigurosa de las

libertades y los derechos constitucionales. Esto (o afirmo rotundamente, desde

la vivencia personal, de excepción, que tuve de aquellos hechos. Y quien diga

otra cosa miente.

Sigo con el relato... Yo todavía no conozco el mensaje oral del comandante

rrancisco Acera a los diputados, "no va a pasar nada, pronto vendrá aquí una

autoridad, militar por supuesto, que dirá lo que hay que hacer... Es cuestión de

un cuarto de hora, veinte minutos o media hora". Necesito noticias de las

provincias y transmito la orden a los gobernadores civiles de que se constituyan

las Juntas de Seguridad en sus despachos respectivos, e informen de cualquier

novedad o anomalía.

VALENCIA SE «MUEVE»

La primera novedad será la del pronunciamiento de Miláns del Bosch en Valencia.

Enlazo con Aramburu y le digo que vaya hacia el Congreso y conmine a Tejero a

deponer su actitud. Aramburu ha mantenido contactos con los mandos de la Guardia

Civil y está tratando ya de reclutar algunas unidades. Por

«Ei ánimo del Rey fue firme y resuelto por la salvaguardia rigurosa de las

libertades y los derechos constitucionales.»

Por otra parte, a Sáenz de Santamaría le hago venir a mi despacho y le indico

que envíe a) Congreso algunas unidades de Policía Nacional. Me dice: «Tenemos

tres compañías de reserva para dar servicio en la Conferencia de Seguridad y

Cooperación Europea. Podemos disponer de ellas." Por esos momentos se constituye

la Comisión de Secretarios de Estado y Subsecretarios, debe ser las diez de la

noche. Hablo con el teniente general Ignacio Alfaro Arregui y me dice que la

JUNJEM también tiene orden del Rey de constituirse desde ese momento.

No tenía yo tiempo de hacer "hipótesis imaginativas" de lo que estaba pasando.

Me ceñía a los hechos.

Pero sí pensaba que podía ser una locura de Tejero... con peligrosas

ramificaciones. Las noticas que me van llegando de provincias me tranquilizan.

No hay anormalidad, salvo en Valencia, donde todo es "anormalidad".

Por el gobernador civil de Valencia me entero de que "Miláns ha publicado un

bando, asumiendo él todos los poderes", y que "los tanques ya están en la

calle". En esta misma conversación el gobernador civil me dice que están en su

despacho, todos los miembros de la Junta de Seguridad, según mis órdenes, pero

que "también está el gobernador militar, Caruana", y que él ya no tiene el mando

militar, no puede funcionar... y le es difícil continuar hablando conmigo. Al

parecer, a su lado le apremian a que "deje de informar".

"SEÑOR TEJERO..."

Cuelgo y llamo al Congreso. Pido hablar con "el señor Tejero". En ningún momento

!e daré el tratamiento de "teniente coronel" durante nuestras conversaciones.

Entretanto, me había telefoneado Aramburu contándome que había hablado con

Tejero para que depusiera su actitud; pero éste le había recibido con malas

formas, intimidándole a punta de pistola: "Primero le pego a usted un- tiro. Y

después me mato", le dijo. Entonces, Ostos, el ayudante de Aramburu, hizo ademán

de sacar su propia pistola. Los guardias civiles le sujetaron el brazo y le

rodearan. Así, pues, a Tejero le digo por las claras: "Sé que no ha acatado

usted las órdenes del general Aramburu... ¡Tiene usted que acabar, de una vez,

inmediatamente, con esta situación!" "Yo no obedezco más órdenes que las de

Miláns del Bosch y las de Armada", me contesta.

Es la primera vez que sale el nombre de Armada en todo el episodio, pero yo

entonces no le doy importancia,. Trato de persuadir a Tejero por la vía de!

razonamiento: "Está usted aislado. No tiene respuestas militares en ninguna

provincia. En Valencia ya hay normalidad... Y si no sale voluntariamente, me

veré obligado a entrar por la fuerza en el Congreso... Puede haber una masacre

y... usted, Tejero, será el responsable..." Sólo me escucha medio minuto. Sin

decir palabra, corta la comunicación.

"MILÁNS DEL BOSCH"

Llamo entonces a Miláns. Le conocía yo muy poco. Le digo que las medidas que ha

tomado en Valencia se salen de sus competencias... que el Gobierno Civil está

privado de sus funciones... que todo eso es grave... Me contesta, mintiéndome

descaradamente: "No, no se trata de nada de eso... Ante lo sucedido en el

Congreso de Diputados yo he tomado algunas medidas, sí; pero para asegurar el

orden y la convivencia en la población civil de Valencia." Tengo delante el

texto de su proclama, le rebato su explicación y él entonces me dice que "no hay

ningún tanque en la calle" y que todo lo está haciendo "en nombre del Rey". En

cuanto a Tejero, "no puedo darle órdenes porque queda fuera de mi

circunscripción". Entonces yo ya sabía que Miláns había difundido un íélex a

todos los capitanes generales. Y le indico que "sus órdenes a los capitanes

generales son contrarias a las del Rey".

En esa hora, alguna unidad dé la División Acorazada Brúñete está ya o montando

en vehículos o ha iniciado la salida. El general jefe, Juste Fernández, camino

de Zaragoza para asistir a unas maniobras, es informado de lo que sucede y

regresa sobre la marcha. Aquí debo decir que jugó un papel importantísimo, para

normalizar la situación de "la Brúñete", el capitán general de la I Región,

Quintana Lacacci.

«Armada apunta que la solución puede ser constitucional y hasta parlamentaria:

presentarse el mismo en el Congreso, dirigirse a los diputados y ofrecerles la

formación de un Gobierno, Junta Militar, bajo su presidencia»

"¿DONDE ESTA ARMADA?"

Con e! Rey sigo manteniendo constantes conversaciones informativas y de

consulta. Unas veces hablo con él y otras con el general Sabino Fernández-

Campos, que estará siempre en el despacho del Rey, sin moverse ni un segundo.

Tengo entonces la impresión de que Gabeiras y el propio Sabino han hablado ya

con Miláns, sin conseguir nada. Aunque en mi conversación con Miláns él me dijo

en cierto momento "el que puede dar órdenes a Tejero es Armada", yo tomé nota

del nombre, nuevamente en´ escena, pero no pude sospechar el rol que jugaba. Hay

que tener en cuenta que todo esto sucede en un fragor inenarrable de teléfonos,

llamadas que se estrecruzan, télex, notas, papeles, recados... y una tremenda,

casi febril, ansiedad de noticias. Pregunto a la JUNJEM: "¿Dónde está Armada?"

Me dicen que "a eso de las cinco y media de la tarde despachó con Gabeiras".

Gabeiras entonces ya no estaba en Vitrubio, 1, sino en su despacho de Prim, para

transmitir órdenes a las Capitanías Generales y a las unidades del Ejército de

Tierra, con más facilidad de movimientos.

EL REY NO ADMITE "SITUACIONES DE FUERZA"

El Rey ha telefoneado, personalmente, a varios capitanes generales, "¿puedo

contar con tu lealtad?".

Otros se adelantarán ellos mismos a hablar con el Rey. Las noticias de las

Regiones Militares van siendo tranquilizadoras, salvo los rumores que nos llegan

de la División Acorazada, que parece inquieta... Esto preocupa por su

motorización y su cercanía a Madrid. Avanza la madrugada. Hasta entonces el Rey,

mientras pudo, "no quemó su cartucho" y utilizó, para ciertas gestiones, el

conducto de la cadena de mandos: Quintana, Gabeiras o Sabino Fernández-Campos,

jefe de su Secretaría..., antes de hablar él mismo. Pero será a las tres o

cuatro de la mañana cuando, estando yo al habla con Sabino, perciba con toda

claridad la voz del Rey, enérgica, firme, contundente..., incluso con algún

golpe de puño sobre la mesa de su despacho, y varias veces el "te ordeno que..."

Habla con Miláns del Bosch. Le resume el texto conminatorio que, vía télex, le

ha enviado, ordenándole que anule su proclama, que retire las tropas de la

calle, que inste a Tejero a salir del Congreso... y dos o tres puntos serios

más. Es un "télex" que he tenido -después en mis manos, impresionante documento

para la Historia. En él se ve claro que el Rey no admite situaciones de fuerza y

no piensa abandonar ni un instante su condición de Rey, como encarnación de la

Monarquía; se perfila muy clara su figura de jefe supremo de las Fuerzas Armadas

y su decidida

voluntad de defender la Constitución a todo trance.

Quizá estoy dando un relato desordenado, pero los acontecimientos se producían

muy en páretelo, en diversas instancias a la vez y con diferentes desarrollos.

Por ejemplo, en las instalaciones de Prado del Rey ya había tropas del

regimiento de Villaviciosa. me llamó Fernando Castedo para decirme: "Aquí están

entrando soldados y dicen que vienen en nombre del Rey." Telefoneo a la JUNJEM

por si se trata de un dispositivo de seguridad y protección de las

instalaciones. Me dicen que no. Castedo de nuevo:

´Tengo a mi lado un sargento armado... Y ahora subirá un capitán para dar

instrucciones." Este dato me decía que tampoco los de Villaviciosa tenían un

plan muy preestablecido para la acción. Doy órdenes a Aramburu para que vaya a

TVE la Guardia Civil. Por entonces, se han suspendido los programas habituales

en Radio Nacional y TVE. La cadena SER presta un servicio fenomenal: una línea

permanente en mi despacho, con salida al aire para cuando yo necesite declarar

algo a la opinión pública, naturalmente inquieta por la falta de noticias

"oficiales". Entonces celebramos la primera reunión de la Comisión de

Secretarios de Estado. Se planteadla necesidad de redactar un comunicado

público. Ahí entró en juego la pluma de Carlos Robles Piquer. Lo hago saber a la

JUNJEM y a la Zarzuela, y me dicen que "adelante y cuanto antes". La JUNJEM

redacta otro. Y acordamos que el nuestro vaya primero para no crear sensación de

vacío de "gobierno" civil ni de predominio del orden militar.

Aramburu ya ha desbloqueado la «toma» de Prado del Rey. Castedo me anuncia "que

todo es ya normal", y le pido envíe una unidad móvil de grabación a mi despacho

y otra al de la JUNJEM. Y después, cuando se me comunica que el Rey va a hablar

al país, pido otro equipo de cámara de ´Video" para Zarzuela. Una vez se ha

grabado el mensaje del Rey, se protege la unidad móvil que debe transportarlo

hasta Televisión Española.»

«El Rey ha telefoneado personalmente a varios capitanes generales: "¿Puedo

contar con tu lealtad?" Otros se adelantarán ellos mismos a hablar con el Rey»

(En este punto del relato, Laína no nos dirá, aunque así fue, que no era la

unidad especialmente protegida donde iba «la palabra y la imagen del Rey», tan

crucial en esa noche; sino en el portafolios de Jesús Picatoste, que viajaba con

más «naturalidad» en otro vehículo.)

CONVERSACIÓN TORMENTOSA CON ARMADA

«Hablo de nuevo con Miláns. No obtengo nada. Persiste en su idea de que "obedece

órdenes del Rey"...

Creo que trata de ganar tiempo para que otras Regiones Militares le secunden.

Mariano Nicolás, gobernador civil de Madrid, me informa que "Armada ha entrado

en el Congreso... Va a hablar con Tejero". Le digo que cuando salga le exponga

mi deseo de entrevistarme con él en mi despacho. Armada sale contrariado. Le

dice a Nicolás que Tejero está muy excitado, que no le ha dejado entrar en el

hemiciclo y que la conversación entre los dos no ha sido positiva. Se dirige

hacia mi despacho, aunque ciertamente tarda en llegar. Le dejo hablar. Estamos

de pie los dos. Yo he hecho salir a todos los miembros de la Comisión, excepto a

Mariano Nicolás y a Sánchez Harguindey... Sus términos son duros,

inequívocos...»

(No por la c.screción de Laína, sino por la indiscreción de otros, se ha sabido

que es en esa conversación cuando Armada dice que «el Rey se ha equivocado» que

«con sus decisiones está poniendo en peligro la Corona, divorciándola de las

Fuerzas Armadas», que «no debió dar ningún mensaje al país» y que «éste es un

problema militar, que hemos de resolver los militares». Luego, como Armada se

refiera repetidas veces a la «necesidad de una solución...», Laína le dirá

tajante que «cualquier solución pasa por acatar la Constitución y obedecer al

Rey». Le recuerda que el Rey es jefe supremo de las Fuerzas Armadas y qué «la

sumisión al jefe me la habéis enseñado vosotros, los militares, cuando-yo hice

mis Milicias». Armada apunta que «la solución puede ser constitucional y hasta

parlamentaria: presentarse él mismo en el Congreso, dirigirse a los diputados y

ofrecerles la formación de un Gobierno, Junta Militar, bajo su presidencia».

Laína opone que «el Congreso no actuaría en libertad, prestonado por las

metralletas... ¡eso no es constitucional!» Aún se produce algún nuevo forcejeo

verbal, tenso y áspero. Armada, en cierto momento, se derrumba en su entereza

inicial. Laína le invita a sentarse en un sofá. Desde ese mismo despacho Armada

telefonea a Miláns para que persuada a Tejero de abandonar el intento. Habla

también con Gabeiras, que hace tiempo le espera. Y con Zarzuela. Por orden de

Laína, el gobernador civil de Madrid acompaña al general Armada hasta la calle

Prim para que le reciba el teniente general Gabeiras.)

«El Rey ha vuelto a hablar con Miláns.

Está anulando su proclama. Y los tanques ya giran sobre sí en retirada.

"ESO DE ´PAVÍA´ ME SUENA A ALGO..."

Yo me centro entonces en Tejero: hay que hacerle desistir. Me dicen que el

periodista Juan Pla podría mediar. Le hago venir y preparamos lo que ha de

hablar con Tejero. Le da un primer "flash" de la inquietud de su familia. Luego,

confidencial: "Oye, Antonio, estás solo. Miláns anula el bando. Nadie está

contigo. Creo que van a dar órdenes de asaltar el Congreso. Si quieres voy por

ahí..." Tejero se niega a recibirle. Otra conversación, que se produjo antes, y

tenemos grabada en cinta, es la del sindicalista García Carrés con Tejero. Le

alienta y le dice que las noticias que da la radio son falsas; le anuncia

llegadas de refuerzos, y nombra los regimientos de Villaviciosa y Pavía. Es tan

frivola la conversación que en este punto se oye a Tejero bromeando: "¡Hombre,

eso de ´Pavía´ me suena a mí a algo..." Y luego le dice que va a enviarle un

manifiesto suyo "para que lo publiques". Carrés: "Yo me encargo de que se dé en

´El Alcázar´." Por ello ordeno en seguida la "retención", no el "secuestro", de

"El Alcázar" del día 24.

Mientras, al habla con un equipo de psicólogos, calculamos que la rendición no

puede tardar, es cuestión de pocas horas: "Se trata —nos dicen— de hombres

reclutados a lazo, que no forman una unidad natural y pronto han de surgir entre

ellos rupturas y tensiones, algunos abandonarán la disciplina a Tejero..." Y así

sería; ya por la mañana empezaron a "quebrar" y a entregarse. Hemos ido cortando

líneas telefónicas: de las ochenta que hay en el Congreso, ya sólo quedan cuatro

o cinco. Los psicólogos nos han recomendado "no darles sensación de aislamiento

total, para no provocar su nerviosismo". Al final sólo dejo una línea, pero

intervenida por nostros; de modo que cuando

«García Carres habla con Tejero, le alienta y le dice que las noticia: que da la

radio son falsas; le anuncia la llegada de refuerzos...»

Tejero quiere hablar o recibir una ílamada ha de hacerlo por nuestra "aduana".

SE DISEÑA UN CONTRAASALTO

Estudiamos un diseño de asalto del Parlamento para rescatar a los diputados. Es

peligrosa la participación de los GEOS. Además, el Congreso tiene el techo y los

cristales blindados y harían falta exptosívos. Se estudia sobre plano la

ubicación de los diputados del hemiciclo y de los "rehenes" que están en otras

dependencias. Hemos sabido dónde los tienen por el ayudante marino de Suárez. En

cualquier caso necesitaríamos alguna unidad de "blindados". Así lo expongo ante

la JUNJEM, personándome yo en Vitrubio, 1. Antes he ido a tas inmediaciones del

Congreso. Habló allí con Aramburu y Santamaría. Veo hombres de ta Policía

Nacional y de la Guardia Civil que, quizá, no se identifiquen con una orden de

"asalto" contra sus propios compañeros. Hago que los retiren y sólo quedan aflí

unos sesenta. Tenemos todos el temor de que si iniciamos la entrada por la

fuerza comiencen a arrojar cuerpos de diputados por las ventanas, o algo

similar. Este riesgo grave de muertes o heridos es lo que también hace temer al

Rey.

Entonces recurrimos a un oran amigo y compañero del comandante Pardo Zancada,

que desde hace horas se ha unido a Tejero. Este hombre es el teniente corone/ de

Estado Mayor Eduardo Fuentes. Va al Congreso, habla con Pardo Zancada. Y logra

lo imposible: convencerles de que se entreguen. Las condiciones que oponen son

aceptables: entregarse en sus unidades de destino y sin fotógrafos delante.

Para cerrar el trato se hace ir a Armada al Parlamento.

Antes, y el menos dos veces en todo el tiempo, yo he mantenido contactos

telefónicos y reuniones informativas con los líderes provinciales y "segundos

hombres" de los partidos políticos. Por tos gobernadores civiles obtuve de todos

ellos una respuesta ejemplar para evitar que sus militantes se echaran a la

calle. Recuerdo haber estado esa noche con Fernando Suárez (AP), Txiki Benegas

(PSOE), Enrique Curiel {PCE), Jorge Vestrynge (AP), Antonio Vázquez >UCD), Jesús

Viana (UCD)...

En otro momento de la noche, a) saber que el coronel Manchado, de la Guardia

Civil, hizo una revista de armas a las tres de la farde del "23-F", Aramburu le

manda que retire a todos sus hombres reclutados en el Congreso. Manchado no se

presentó, y Aramburu ordena su arresto- Hay también un incidente en Valencia

cuando el gobernador militar, Caruana, se presenta en el despacho de Miláns para

proceder a su arresto por orden dada en Madrid...» (Nuevo silencio de Laína. Al

parecer, Caruana no pudo cumplir su misión porque Miláns le recibió con la

pistola sobre la mesa.)

Rozando ya el mediodía saldrán del Congreso los diputados. Sanos y salvos,

después de la insólita pesadilla. Les ha crecido la barba en la larga noche.

Sólo Fraga luce unas mejillas bien rasuradas y perfumadas. El mismo lo

explicaría: «Cuando me metieron en el despacho del presidente del Congreso, allí

tuve un cuarto de bario a mi disposición, la maquinilla eléctrica del señor

presidente y un frasco de colonia, ¡que, por cierto, gasté entero!»

Laína apura, en su despacho, un último sorbo de Coca-Cola. Esa ha sido su única

cena, Los teléfonos han cesado de sonar. Descuelga el de «secráfono, malla

cero», y llama al Rey. Sonríe con inmenso alivio cuando te dice: «Señor, sin

novedad. El secuestro ha terminado.»

Las periodistas que desayunamos con el en el Ritz (e preguntamos en broma:

«Después de ser "jefe de Gobierno" de ur» país en trance de "golpe"... ¿se te ha

despertado el apetito de ejercer algún día... en condiciones normales?» «¡Ni

hablar! ¡Con el trabajo que tengo, ya acumulo suficientes tensiones!» Su última

frase apunta a lo inmediato: «Ahora... hay un paso doloroso, el de las

investigaciones y la exigencia de responsabilidades a los implicados. Pero esto

ni puede ni va a convertirse en una "caza de brujas" por meras sospechas y

rumores... Hay que decir bien alto que el, Ejército respetó las órdenes del Rey

y acató la Constitución. Pero que hay que llenar de contenidos reales nuestra

fragilísima democracia para que noches como ésla no se repitan.»—Pilar URBANO.

 

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