Autor: Carrascal Rodríguez, José María. 
 Suárez, de vacaciones, en Nueva York. 
 La democracia en España es irreversible     
 
 ABC.    28/02/1981.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

SÁBADO 28-2-81

NACIONAL

ABC/15

Suárez, de vacaciones, en Nueva York

«La democracia en España es irreversible»

NUEVA YORK (José Carrascal). «Tengo ganas de callejear, de perderme entre la

gente, de poner un pie en la cera y e! otro en la calzada, como cuando era

pequeño, en «vaqueros», sin fotógrafos, ¡r a donde yo quiera. Fue Amparo la que

eligió primero Nueva York; le tiraba. Y a mi, claro, conozco muchos despachos,

aquí y en Washington. Pero no puedo decir que conozca estas ciudades. Es a lo

que vengo.»

Este era el Adolfo Suárez qje saíió del avión de Iberia fatigado y animoso,

tenso y exhuberante a partes iguales, ¡fusionado por la nueva libertad que ante

él se extiende y, sin embargo, sin poder evitar cierta nostalgia por lo que

atrás deja. «Es muy difícil y complejo e! explicar (o que se siente al dejar la

Presidencia —se para como para buscar las palabras, para arrancar luego de un

tirón—. Pera puedo decir que se siente todavía una inmensa responsabilidad, y es

conveniente una separación, incluso" psicológica, para poder moldearse a la

nueva vida.» Otra pausa, ahora habla más lentamente, midiendo cuidadosamente las

palabras: «Y para no ser perturbador para nadie.» Es, posiblemente, la última,

la definitiva explicación de este viaje de Adolfo Suárez, nada más dejar la

Presidencia: dejar la entera escena a su sucesor. No atraer sobre si ningún

foco, no crearle dificultades con un gesto, un movimiento, una palabra, incluso

sin querer.

LA GIRA

Viene acompañado de su esposa, Amparo; de su cuñada Menchu, del que fue jefe de

su Gabinete, Alberto Aza, del hasta ayer delegado del Gobierno en Cataluña, José

Meliá, y de Jesús Viana, todos ellos con sus respectivas esposas. La gira

incluye cuatro días en Nueva York, dos en Washington, otros dos en Nueva

Orleans, tres en San Francisco, y desde allí ya a Panamá, donde la aguarde una

vieja invitación del presidente Royo. El regreso a España será hacia el 20 del

próximo mes. «Estrictamente privada», nos la definen. Pero Adolfo Suárez no

puede permitirse todavía ese lujo. El «New York Times» envió un fotógrafo al

aeropuerto. Nuestro embajador en Washington, José Liado, te tiene preparadas

aJgunas cenas, informales, sí, pero a las que asistirán no sólo senadores.y

congresistas, sino miembros de la nueva Administración USA.

En Kennedy íe esperaba, junto a Liado, el embajador Piniés, el cónsul general en

Nueva York,. Rafael de los Casares, y miembros de esta colonia. José Aragonés,

el delegado de Iberia, había dispuesto una salita para que Intercambiáramos las

primeras Impresiones con él. Y pueden imaginar que nos arremolinamos en .su

torno como moscas en tomo a (a miel. Y Suárez habió. Se te notaban los esfuerzos

por refrenarse, pero los acontecimientos que acababa de vivir estaban demasiado

frescos / eran demasiado avasallantes para contenerlos.

EL NUEVO GOBIERNO

La lista del nuevo Gobierno se ta entrega el representante de Efe. ¿La conocía?

Dice que no. >-Hablé esta mañana con el nuevo presidente y me dijo que su

intención era hacer pocos cambios. Así ha sido. Son todos hombres de UCD.

Tendrán e! apoyo del partido y, naturalmente (lo subraya en el tono), el

mío propio.» Para añadir ya un tanto a la carrerilla: «Estoy convencido de que

va a afrontar con realismo y seriedad los problemas que España tiene

planteados.»

EL FALLIDO GOLPE

Pero lo que nos quema a todos es saber qué tiene que decirnos de la fallida

intentona. Suárez empieza cauteloso, para ir emocionándose: «El golpe fue

demencial por parte de bs mandos. En cuanto a los números, no todos sabían lo

que estaban haciendo. Los responsables son sólo un grupo. A la tropa se la dijo

que iban a prevenir un ataque de la ETA al Parlamento. Yo traté de convencer a

los que me custodiaban mientras me retuvieron incomunicado en una habitación.

Traté de convencerles de que el golpe había fracasado. Y lo conseguí con todos.

Al prinlcipio no querían creerlo. Pero les decía que mirasen la televisión.

Alguno lo hizo. Y se convencieron. Entonces decidieron quedarse, pero para

custodiarme, para garantizar mi seguridad. Yo estoy dispuesto a testificar por

ellos. No puede juzgarse a todos por e! mismo rasero. Entre los oficiales

intercambiaban nombres e impresiones sobre distintas personas. Pero habrá que

cerciorarse de si no eran también información correcta, de si aigunos compañeros

no les habían suministrado datos falsos.»

¿Qué fue lo peor de aquellas dieciséis horas y media? «La incomunicación. El no

saber realmente lo que estaba ocurriendo fuera.» Pero añade con esa sonrisa

suya, cansada, indomable, satisfecha: «Pero sabía que el tiempo trabajaba a

nuestro favor.» Alguien deja caer el nombre de Armada, y la extrañeza de verle

envuelto en asunto así. Adolfo Suárez hace un gesto como si no estuviera del

todo de acuerdo. Le conocía desde hace años e incluso en una ocasión le dijo,

que anteponía su concepto personal del Estado a cualquier otra consideración,

sin aludir a la Constitución ni a nada. Fue por lo que se opuso a que se le

nombrara segundo jefe dal Estado Mayor, cargo que le vino, por vía

administrativa, después de dimitir él.

¿Cree que el fallido golpe puede tener alguna consecuencia positiva? Otra vez el

gesto ambiguo, «puede haber aspectos positivos y muy negativos.» Y cambia al

tono tajante: «Pero yo he afirmado siempre que la situación en España es

absolutamente irreversible. Puede estar sometida a toda clase de intentos de

desestabilización, ataques de toda índole. Pero el pueblo está dispuesto a

defender lo alcanzado. Y yo también.»

«UN DESCONOCIDO»

Entramos en el terreno personal y alguien le felicita por su valentía en los

momentos más críticos de la toma del Congreso. Suárez se encoje de hombros, como

no dando demasiada importancia a la cosa. No hay jaztancia en lo que dice; en

todo caso, pena, cas! dolor: «A mí, mucha gente no me conoce. De

Telegrama del presidente del Parlamento catalán

Felicitación a todos los diputados por su entereza

BARCELONA. El presidente del Parlamento de Cataluña, Heribert Barrera, de

acuerdo con el Pleno de este organismo, ha dirigido un telegrama a Landelino

Lavilla en los siguientes términos:

«El Parlamento de Cataluña, reunido hoy en sesión plenaria, me ha encargado que

trasmita a V. E. y a todos los diputados y diputadas del Congreso nuestra

felicitación por su entereza ante la difícil situación que tuvieron que afrontar

el pasado lunes a! ser ocupada la Cámara por los guardias civiles sediciosos y,

asimismo, que les manifieste nuestra total solidaridad en !a defensa de la

Constitución, de las leyes y de las libertades democráticas.»

hecho, soy un desconocido en mi país.» Y añade: «Soy paciente, pero no aguanto

que se me imponga nada por la fuerza, y menos., que trate de humillárseme.»

NINGÚN APOYO

Entramos en un terreno delicado, y él mismo nos lo advierte, pero ni nosotros ni

él somos capaces de frenarnos, estamos ante historia viva, recien escrita. O ni

siquiera escrita todavía. ¿Qué dice de su dimisión? Pues lo que ya ha dicho,

aunque no 1an directa ni intensamente: que no encontró apoyo en tos medios de

comunicación, ni en la Banca, ni en buena parte del empresariado. Al final,

incluso su partido le dejó solo. Esa conciencia de incomprensión le han dejado

un boquete en el pecho. Esto no lo dice, pero se té ve. Pero Adolfo Suárez no se

doblega fácilmente. Y al hablar de sus emociones más íntimas, lo hace con un

sentido de la autocontención muy castellano: «Me preguntaban por qué no salía

más. Por qué no hacía más aclaraciones. Yo podía haber salido en televisión

cuanto quise, podía haber dado cada día conferencias de Prensa. Pero lo evité a

proposito. Quería que se forteleciesen las instituciones. En España tendemos a

concentrarlo todo en unas pocas personas, y eso no está bien, así no se va.

Aunque no va a ser fácil desterrarlo. No es sólo la herencia de cuarenta años.

Hay siglos detrás.»

Una de las chicas de Iberia le pregunta s¡ quiere algo, pensamos que va a pedir

un café, pero no, pide un vaso de jugo de naranja, que luego olvida en su mano.

¿Cree que las dos Españas se han aproximado durante su mandato? Le pregunto.

Contesta ya antes con la cabeza que de palabra: «Eso fue lo que traté. Que el

Centro fuera un colchón entre las dos. Un colchón absolutamente necesario.» Y

comenta como para sí: «No va a ser fácil, nada fácil.» Ahora es ligeramente

irónico: «¡Oh, si hablara, lo que podría decir; tengo montones de material sobre

ello!»

¿Tendremos, entonces, que esperar a leerlo en sus Memorias? Continuó, y el

embajador Piniés apostilla:

«Usted es todavía un hombre joven,» El ex presidente pone cara de

ciscunstanctas: «No soy un hombre de recursos económicos. Pero no, nada de

Memorias por ahora. No serían convenientes. Ahora, lo primero es establecer las

bases para nuestra convivencia. Es a lo que dedicará todos sus esfuerzos el

congresista Suárez.»

 

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