Autor: Aguilar, Miguel Ángel. 
 El nombramiento de González del Yerro tendría serias consecuencias. 
 Intensa actividad golpista en la creación de un clima favorable a sus objetivos     
 
 El País.    15/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

El nombramiento de González del Yerro tendría serias consecuencias.

Intensa actividad golpista en la creación de un clima favorable a sus objetivos.

MIGUEL ANGEL AGUILAR

La semana, erizada de rumores castrenses, se cierra sin datos que permitan

condensarlos en propósitos inmediatos, pero con la confirmación de un clima

deliberadamente promovido. Entre los síntomas más evidentes cabe señalar la

crecida del radicalismo en las publicaciones ultras; los ataques a generales

caracterizados por su lealtad; el recrudecimiento déla propaganda golpista en

los acuartelamientos; la exculpación, cuando no la exaltación, de los procesados

por el 23-F, en tomo a los cuales bulle la actividad y las risitas; el

encuadramiento de escuadristas civiles llamados a intervenir el día D; la

insólita parálisis de las investigaciones sobre la trama civil, y, en

definitiva, la ausencia de reacción del Gobierno.

Resulta escalofriante la lectura de las publicaciones ultras en lo que va de mes

de noviembre y sus circuitos de conexión y multiplicación de impactos con otros

columnistas abrigados en órganos no tan abiertamente comprometidos. Basten dos

muestras. En El Alcázar escribía el 1 de noviembre Ismael Medina del general

Sáenz de Santa María, actual inspector del Cuerpo de la Policía Nacional, que es

«uno de los más caracterizados represores del 23 de febrero y en colisión

democrática con sus companeros de armas».

En otro diario, un columnista de postín criticaba duramente las palabras de un

general, Guillermo Quintana Lacaci, que hablan logrado transmitir a-la opinión

pública la impresión del acatamiento y fidelidad de las Fuerzas Armadas a la

Constitución y al Rey, de cuya actuación el 23-F asumían una gallarda defensa.

Por si acaso, se aprovechaba la ocasión para intentar una disección interesada

del texto constitucional, tratando de mostrarlo en contradicción con el punto de

vista militar sobre la Patria. Otros ataques con fecha reciente han sido

dirigidos al teniente general José Luis Aramburu Topete, ascendido en el último

Consejo de Ministros el pasado viernes¡

Informaciones llegadas a EL PAÍS aseguran que, como en anteriores ocasiones,

antiguos colaboradores de aquellos Servicios de Documentación de la Presidencia

del Gobierno (SECED), que tan eficazmente sirvieron la política del almirante

Carrero, bajo la dirección´del hoy coronel José Ignacio San Martín, procesado y

en prisión provisional por su participación en el golpe del 23-F, visitan bajo

nueva cobertura las unidades.

Las visitas de estos oficiales, amparadas en la pretensión de evaluar la

temperatura y los estados de opinión, constituyen en realidad un catalizador

activo del golpismo. Los jefes de las unidades elevan después sus estimaciones

termométricas a los mandos de que dependen y asi se transmiten hasta la cúpula

tinas impresiones previamente incubadas.

Deberes incumplidos del Gobierno

Aquellas notas informativas con las que el mando fijaba posiciones en torno a

temas como el de la. Unión Militar Democrática (UMD) brillan ahora por su

ausencia. Nada se explica sobre la levedad de la condena al capitán Juan Milans

del Bosch, que llamó cerdo e inútil al Rey; ni de la imposibilid ad de que siga

en las filas de las Fuerzas Amadas quien tiene esa opinión del mando supremo sin

romper la unidad de su espíritu; ni de las irregularidades con que se ha

procedido en la concesión de la medalla de Sufrimientos por la Patria al

teniente general Jaime Milans del Bosch; ni de tantas otras cosas tergiversadas

en la Prensa golpista que inunda los cuarteles. Sigue, en definitiva, pendiente

—ni siquiera ha sido planteada— la gran batalla por ganar la opinión interior

eri el seno de las Fuerzas Armadas, sometidas a la incitación permanente de las

publicaciones ultras..

Después del 23-F. los deberes esenciales del Gobierno, en aplicación de la grave

lección recibida, exigían, según todos los expertos, tres medidas esenciales:

inmediata y enérgica reorganización de los servicios de información, sobre la

base de la confianza constitucional de sus componentes; desarrollo de una

política de destinos cuidadosa, que asegurase al menos las posiciones clave de

las unidades operativas, y la reforma de la Guardia Civil.

La parálisis gubernamental ha sido, por el contrario, la tónica dominante, salvo

para una cuestión, en gran parte excéntrica, a este núcleo vital para nuestra

superviviencia como comunidad libre: el ingreso en la OTAN, donde se han

concentrado todos los esfuerzos que tanto se echan en falta.

Un subsecretario para tres ministros.

Un ilustre soldado, con dilatada experiencia en puestos de estudio y de mando al

más alto nivel orgánico, criticaba recientemente en privado la política de

contemplaciones y paños calientes,´e insistía en que las Fuerzas Armadas sólo

entienden el lenguaje del mando, y sólo respetan a quien lo utiliza con

autoridad y energía. Citaba un ejemplo de lo contrario aportando pruebas del

aumento numérico de coroneles asignados a determinada arma, siendo así —

afirmaba— que partíamos ya de una situación inflacionaria de altos mandos, que

configuran una macrocefalia patológica.

Otro general de intachable conducta, estricta dedicación y gran calidad moral, a

quien se le negaron los medios para llevar a cabo la delicada y decisiva tarea

que se le asignó hace ya dos años, analizaba los resultados negativos de la

reforma militar, tal como se ha configurado en la práctica real. Antes —

aseguraba— había tres´ministros militares que respondían con su presencia ante

el Gobierno en pleno, y que habrían tenido que comparecer ante la Comisión de

Defensa del Congreso y del Senado

para responder a !as preguntas y dar cuenta de sus actividades. Ahora —añadía—

sigue habiendo realmente tres ministros militares —los jefes de Estado Mayor del

Ejército, la Armada y el Aire—; pero, a diferencia de sus antecesores. se,ven

libres de responder ante el Consejo de Ministros ni ante el Parlamento de esas

desagradables tareas, y de resolverles otros asuntos de recursos e intendencia

se encarga quien, a todos los efectos, hace el papel de subsecretario de los

tres, aunque mantenga ladesignación nominal de ministro de Defensa.

1.a candidatura de González del Yerro

Desde una evaluación análoga, pero con pretensiones antagónicas, algún general

impaciente, sin tiempo en actividad suficiente para seguir aspirando al puesto

de jefe de Estado Mayor del Ejército o presidente de la Junta de Jefes de Estado

Mayor, intenta´ahora ganar su designación nada menos que como ministro de

Defensa. en el Gobierno que de forma inminente prepara, desde hace largos meses,

Leopoldo Calvo Sotelo.

A este respecto, circuios castrenses señalan el nombre de Jesús González del

Yerro, capitán general de Canarias, cuya promoción se vinculaba hace un año

(véase EL PAÍS de 27 de noviembre de 1980) con el intentado Gobierno de gestión,

propugnado entonces por sectores financieros, eclesiásticos y militares, con

Alfonso Osorio en la presidencia. Este nombramiento parece garantizado que

tendría serias consecuencias, de las que ha sido informado quien corresponde.

En cuanto a las escuadras civiles en preparación, las primeras noticias se

tuvieron alrededor del 23-J. tras la detención del comandante Sáenz de

Ynestrillas. cuyo procesamiento militarha: sido recién teniente sobreseído.,

Ahora, ese dispositivo de encuadramiento e instrucción se ha intensificado.

Mientras, persiste la oscuridad absoluta en torno a la trama civil del 23-F,

pese al tiempo transcurrido.

 

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