En vísperas del golpe fue todos los días a misa. 
 Hermosilla construyó la coartada del general Armada basándose en el Testimonio de varios generales     
 
 Diario 16.    27/02/1982.  Páginas: 2. Párrafos: 31. 

En vísperas del golpe fue todos los días a misa

HERMOSÍLLA CONSTRUYO LA COARTADA DEL GENERAL ARMADA BASÁNDOSE EN EL

TESTIMONIO DE VARIOS GENERALES

La sesión de ayer resultó lenta y aburrida. Hermosilla, un profesional del

derecho, serio y concienzudo, empleó las seis horas de la vista en solicitar la

lectura de más de una treintena de testigos para intentar demostrar que Alfonso

Armada Comyn, el hombre más vapuleado tanto por el fiscal como por un sector de

los procesados en esta vista, no ha tenido nada que ver con el golpe de Estado

del 23 de febrero y que si durante la noche del golpe intentó convencer a Tejero

de que se rindiera era para hacer un «servicio al país».

Durante la sesión de la mañana, el defensor de Armada trató de demostrar que su

patrocinado no sabía la existencia de un golpe de Estado hasta la tarde del 23

de febrero en que, estando en el despacho del general Gabeiras, jefe del Estado

Mayor del Ejército, «se enteró por la radio».

Para ello, Hermosilla hizo que se leyeran las declaraciones del chófer del

general Armada, del personal del servicio y de tres amigos de sus hijas. Por

medio de los testimonios de estas personas, que el relator leyó en la sala,

puede deducirse que en los días 20, 21 y 22 de enero, el general Armada Comyn

permaneció todo el tiempo ocupado en su despacho del Estado Mayor del Ejército,

fue a visitar a una de sus nietas que estaba enferma, desembaló unos cuantos

paquetes de libros que se había traído de Lérida -estaba recién destinado a

Madrid, oía misa todas las tardes y estuvo una de las noches cenando con el

general Juan Vigón Sánchez, jefe del Servicio de Construcciones Militares, quien

confirma haber estado en la casa de Armada para cenar.

Con este relato minucioso elaborado por el juez instructor de la causa a

petición del abogado Hermosilla, parece demostrarse que el general Alfonso

Armada no tuvo tiempo de asistir a la reunión da la calle Pintor Juan Gris,

donde, según Milans del Bosch y Tejero Molina, se hicieron los últimos

preparativos del golpe.

A misa

Un dato curioso de las declaraciones de los amigos de las hijas de Armada es que

el general asistió los días 20, 21 y 22 a misa todas las tardes. Fue, además, a

tres parroquias distintas y, al concluir los oficios, se quedó hablando con el

cura.

Otro dato curioso aparece cuando el relator leyó la declaración del jefe de la

Policía Nacional de Madrid, entonces coronel Félix Alcalá Galiano. Según la

declaración del hoy general Alcalá Galiano, cuando llegó a las Cortes, en la

tarde del 23 de febrero, una hora después del asalto, un grupo de siete policías

nacionales no se habían enterado aún de la toma del Congreso de los Diputados y

se entretenían en uno de los sótanos de! palacio jugando a las damas.

Una hora después del asalto al Congreso un grupo de policías nacionales seguían

jugando a las damas, sin enterarse.

El coronel Mas Oliver le dijo a Tejero por teléfono que mandara a hacer puñetas

al coronel Alcalá Galiano

Conversación

La declaración del general Alcalá Galiano puso de relieve también una

conversación desconocida hasta ahora, que tuvo lugar en la noche del asalto

entre Tejero y el teniente coronel Mas Olivar, ayudante de Milans del Bosch.

Según Alcalá Galiano, cuando él llegó a las Cortes con órdenes de informarse y

detener si podía a Tejero, éste le dijo que no lo intentara, porque aquello era

un golpe dado en nombre del Rey y del general Milans. Para confirmárselo, llamó

a Milans, y como éste no estaba en su despacho, se puso al teléfono el teniente

coronel Mas, que le preguntó a Tejero:

- Soy el teniente coronel Mas. ¿Qué pasa?

- Que ha venido aquí un coronel que me hace la púñeta - respondió Tejero.

- Pues mándalo a hacer gárgaras.

El relato de esta conversación no produjo entre los 32 procesados ni la más

mínima sonrisa, ningún gesto. En esos momentos, el abogado Hermosilla intentaba

demostrar que durante el asalto a las Cortes, si bien se habían pronunciado en

varias ocasiones el nombre del Rey y el de Milans del Bosch en ningún momento

salió a relucir el del general Armada.

Así lo confirmó no sólo Alcalá Galiano, José Saenz de Santa María, general

inspector de la Policía Nacional, quien estuvo con Armada momentos antes de que

éste entrara en el Congreso a ofrecerle su «solución» a Tejero.

La única sospecha que tuvo Santa María en aquel momento fue que el general

Armada le había mentido. Le había dicho que varias Regiones Militares estaban a

punto de sublevarse y, según comprobó Santa María poco después, la situación no

era tan mala.

Las siguientes declaraciones leídas por el relator a petición del abogado del

general Armada iban destinadas a demostrar que en la noche del 23 al 24 de

diciembre el comportamiento de su patrocinado, al frente de la segunda jefatura

de la JUJEM, no se habían salido de lo normal.

JUJEM

Así los generales Saenz de Tejada, Lluch Colomina, Pérez Iñigo, Castro San

Martín, Esquivias Franco, Rodríguez Ventosa y Sáenz Larumbre insisten todos

ellos que la actitud de Armada durante la noche del golpe era la que le

correspondía como segundo jefe del Estado Mayor de Tierra.

«El comportamiento de Armada - relata Jaime Lluch Colominas, jefe del Mando

Superior de Personal del Ejército- fue normal, correcto y disciplinado. En todo

momento el general Armada acató las órdenes que venían de la superioridad.»

Las declaraciones de los generales cuyos testimonios se leyeron en la vista de

la causa de ayer, son todas ellas muy similares entre sí. Da la impresión que

los generales al elaborar su declaración se comportaron como colegiales en

periodo de exámenes: se copiaron unos a otros.

«En ningún momento - insisten la mayoría de los generales - e! ex preceptor del

Rey, general Armada, adoptó ninguna decisión que pudiera beneficiar a los

rebeldes, tampoco rea/izó ningún comentario de aliento a los sublevados y lo

único que hizo fue repetir constantemente que había que resolver el problema

suscitado sin derramamiento de sangre entre tos cuerpos policiales y evitando

que el asalto al Congreso se convirtiera en una masacre.»

Valencia

La solución vino de Valencia. El general Pérez Iñigo dice que entre las ocho de

la tarde y las diez de la noche, cuando Gabeiras se hallaba fuera de su despacho

reunido con la Junta de Jefes de Estado Mayor, oyó cómo recibía una llamada en

la que le proponia que se sacrificara por el país y buscara una salida

constitucional al asalto al Congreso.

Armada dijo que eso era una locura, que no estaba bien, que si era por España él

estaba dispuesto a aceptarlo, pero que habia que ver si la salida era

«constitucional».

El general Rodríguez Ventosa agrega que después de celebrada esta conversación,

en un tono amable y distendido, en la cual Armada llamaba a su interlocutor por

el nombre de Jaime, les comunicó a los generales que estaban reunidos con él que

acababa de recibir una llamada del capitán general de Valencia, Jaime Milans del

Bosch, quien le había propuesto que formara un Gobierno de concentración bajo su

presidencia como salida a la grave situación del Congreso de los Diputados.

Sacrificio

El general Luis Sáenz Larrupe comenta, además, cómo le oyó exponer a Armada la

solución que Milans le había propuesto por teléfono señalando que él no estaba

preparado para ello, pero que, si no había más remedio, estaba dispuesto incluso

a sacrificar su carrera militar con tal de que el asalto al Congreso se

solventara favorablemente.

Según las declaraciones de la mayoría de los generales que siguieron los sucesos

del 23-F desde el Estado Mayor del Ejército. Armada no pensó en ningún momento

plantear la «solución» que le había propuesto Milans sin antes consultarlo con

La Zarzuela y con la Junta de Jefes de Estado Mayor.

Pérez. Iñigo dice que le oyó hablar con el general Sabino Fernández Campos,

secretario particular del Rey, quien desautorizó, en nombre del Rey, la

formación del Gobierno de concentración. «Estoy de acuerdo contigo — oyó que le

decía Armada a Fernández Campos—; es un disparate, pero es la solución que

Milans me ha propuesto y quiero consultarla con el Rey.»

Cuando, pasadas las diez de la noche, el general Gabeiras volvió a su despacho,

según las declaraciones de varios generales, le dijo a Armada que la JUJEM había

desautorizado también su propuesta.

Dispuesto a sacrificarse hasta el final, el genera! Armada decidió entonces -

según leyó el relator- presentarle la salida, del Gobierno de concentración a

Tejero, a título individual, sin implicar a nadie, y ofrecerle la solución de un

avión para que saliera del país con «su mujer, sus hijos y los guardias que le

acompañaban».

Diario 16/27-febrero-82

EL JUICIO DEL 23-F

El teniente coronel de Artillería José Pardo de Santallana, con destino en el

Estado Mayor del Ejercito, aclara, en su declaración certificada, leída ayer,

que la solución Armada no triunfó porque, según oyó decir.

Tejero se mostró irreductible y no dejó hablar al expreceptor del Rey con los

parlamentarios, que eran quienes tenían que aceptar su «Gobierno de

concentración», y «se negó a salir de España».

Para reforzar esta tesis, el abogado Hermosilla mandó, ya casi al final de la

sesión de la tarde, que se leyera la declaración del comandante Miguel Bonel

Esperanza, ayudante de campo durante siete años del general - Armada. Bonel, que

dijo acompañar durante todo el tiempo al general Armada, negó que se hubiera

celebrado la reunión de la calle Juan Gris, de Madrid —donde, según el relato

del fiscal, se ultimó el golpe — y dijo que, mientras Tejero y Armada discutían

en las Cortes la propuesta de Milans, se extrañó de que el capitán de la Guardia

Civil le preguntara que si venían de La Zarzuela.

Señala que, cuando les dijo que no, notó cómo los guardias se quedaban molestos,

tristes y desanimados, por lo que él tuvo que cambiar de conversación y empezar

a hablar de caballos con el capitán Muñecas que también le acompañaba en las

puertas del Palacio de las Cortes mientras hablaban Tejero y el general Armada.

Lérida

El comandante Bonel Esperanza Señaló también que antes del golpe, su jefe, el

general Armada, se entrevistó tres veces con el coronel Diego Ibáñez, segundo

jefe del Estado Mayor de la III Región Militar y uno de los implicados en el

golpe.

Sin embargo de las palabras de Bonel se desprende que en ninguna de estas

conversaciones pudieron hacer planes para dar un golpe de Estado. La primera vez

que Ibañez visitó a Armada fue en Lérida.

En ese momento el general tenía ya un pie en el coche, pues tenía que

presentarse esa misma tarde en Madrid para ser nombrado segundo jefe del Estado

Mayor del Ejército. La segunda vez fue también en Lérida.

Hablaron en un pasillo sobre la posibilidad de destinar al coronel Ibáñez al

regimiento Barcelona, y la tercera vez fue en el Estado Mayor del Ejército en

Madrid. Bonel da a entender que no pudieron referirse a ningún golpe, "La

conversación — señala- no duró más de cinco minutos, se celebró en el despacho

del general Armada, la puerta estaba abierta y se podía escuchar toda desde el

exterior"

A pesar de todo, la vista de ayer aportó muy pocas cosas nuevas. Fue una sesión

lenta y aburrida en la que el abogado Hermosilla, defensor de Armada, prefirió

cansar al auditorio con una exposición exhaustiva y repetitiva frente a una

exposición mucho más agude y brillante, que la pudo haber hecho.

Se trataba, mas que nada, de demostrar que el general Armada tiene coartada para

desmontar, punto por punto, las acusaciones que le hacen el fiscal y una parte

de los procesados. De todas maneras, no es posible adelantar juicios de lo que

va a ocurrir en adelante. En las novelas y en algunos episodios de la vida rea),

muchas veces, la persona que tiene la mejor coartada al final es e) culpable.

NOTA: José Díaz Herrera es redactor de Cambio 16, acreditado en la sala del

juicio de! 23-F y ha cubierto la sesión de ayer ante la ausencia forzosa de

DIARIO 16.

Armada — según varios generales, no adoptó ninguna decisión que pudiera

beneficiar a los rebeldes en la noche del golpe

 

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