Autor: Miguel Rodríguez, Amando de. 
   Cuando los enseñantes vacan     
 
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Cuando los enseñantes vacan

Por Amando DE MIGUEL

ME había propuesto no volver a caer en este endemoniado pecado de onanismo intelectual que consiste

en que los enseñantes universitarios estemos todo el día hablando de la Universidad en lugar de hacerla.

Pero en vista de la contumaz práctica con que se aprovechan las vacaciones para implementar fuertes

cambios en la organización universitaria, me parece justo llegar a la audiencia interesada a través de las

páginas del periódico. No tengo que decir que mi opinión es todo lo parcial, interesada y privada que

puede derivarse de mi particular posición de docente de la sociología.

Los decretos de verano son toda una institución. En este caso, la serpiente del lago Ness cuenta con una

gran dosis de verosimilitud. Parece que se intenta decretar la transformación de las Facultades de

Económicas en Ciencias Empresariales. No se trata de un cambio de nomenclatura, de una reforma

semántica, sino de un paso lógico bien definido en una tendencia transformadora que ya lleva algún

tiempo en marcha.

Como es sólito, la decretización en marcha imita la secuencia ocurrida en Francia. En este caso me refiero

a las reformas universitarias de 1966 que intentaron adaptar la Universidad del país vecino al modelo

ideal de los bien estructurados liceos. Nada de operatividad, creación o investigación, poco de aventuras

intelectuales y mucho de sólida formación básica para obtener un buen plantel de profesionales y

profesores. La venganza del canto del cisne del napoleonismo educativo fueron los sucesos de mayo de

1968, de sobra conocidos. Si se copia la lección, conviene traducir todos los capítulos.

También se está incubando en España una silente reforma universitaria a lo largo de unas líneas

parecidas. Para resumir, se desea eliminar lo que pueda quedar del profesorado socrático para pasar a una

docencia aristotélica. Naturalmente, se trata de un aristotelismo bautizado, y no por santo Tomás de

Aquino, sino por Suárez, que siempre los productos importados han de ser envasados con etiquetas

españolas.

A la hora de exigir un rendimiento a los profesores se habla de «dedicación», que en Román Paladino

quiere decir «horas de clase». La idea es la del profesor-magnetofón: se suelta una clase-grabada y por

ello se paga. No se habla, en cambio, de retribuir el investigar, escribir, dirigir tesis o trabajos, reunirse

con estudiantes, asistir a congresos, viajar, leer publicaciones, organizar bibliografías y documentaciones,

pensar, preparar las clases, participar en mil distintas actividades de creación intelectual.

¿Consecuencia? Quizá por primera vez en nuestra doliente historia académica ocurre que un cierto sector

de gente inteligente no quiere dedicarse a la Universidad, está pensando en irse a otro sitio. Es un deber

moral avisar de ese acontecimiento «a quien pueda interesan. Hay un éxodo de inteligencias desde la

Universidad española a otros sectores de la vida del país y fuera de él. La palabra Facultad se asocia con

«dificultad»los Departamentos llevan camino de pulverizarse en asignaturas (toda la vida de Dios ha sido

así, ¿por qué cambiar?, piensan algunos numerarios).

Es triste que las largas vacaciones académicas no se aprovechen para preparar las actividades del curso si-

guiente. No puede hacerse mientras la mayoría de los profesores no sepan a qué atenerse respecto a sus

futuros contratos, los planes de estudio, etc. Pocos sectores hay con tan poca seguridad laboral. En este

caso no es cuestión de pegarse a la nómina por un deseo pequeño-burgués, sino de conocer el inmediato

futuro, porque así lo exige el trabajo intelectual. De otra forma, se podrá disponer de profesores-

magnetofón, pero no de gente que elabore ciencia y pensamiento. En lugar de la «secundarización» de la

enseñanza universitaria que se intuye y se otea en el horizonte administrativo, se impone la necesidad de

una apertura aún mayor. Se debe exigir más a los enseñantes y a los estudiantes: su trabajo no puede

acabar con la llamada «docencia». Aun la llamada «dedicación exclusiva» resulta una ficción en la

mayoría de los casos. La Universidad no puede ser un bachillerato amplificado. Ha de haber lugar para

todas las opciones posibles de trabajar con el pensamiento. En lugar de recortar carreras, planes,

asignaturas, presupuestos, plantillas, lo que hay que hacer es abrir, ampliar, incrementar todo eso.

Y esta fue la voz clamante en el desierto veraniego, turístico, vacacional. Vendrá luego el tiempo de la se-

mentera académica. Estemos preparados.

 

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