Autor: López Aparicio, José. 
   El atentado, obra de un comando antiterrorista  :   
 Una carga explosiva de gran potencia, accionada a distancia, destrozó el coche del presidente del Gobierno. 
 Ya.    21/12/1973.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 42. 

EL ATENTADO DEL PRESIDENTE

EL ATENTADO, OBRA DE UN COMANDO TERRORISTA

Una carga explosiva de gran potencia, accionada a distancia, destrozó el coche del presidente del

Gobierno

La fuerza de la explosión lanzó el vehículo a una altura de unos veintitantos metros y luego cayó sobre

una terraza interior de la casa profesa de los jesuitas, en la calle de Claudio Coello

Dos jóvenes, simulando que eran escultores, alquilaron los bajos de la finca número 104 de dicha calle y

desde allí hicieron una galería subterránea, donde colocaron el artefacto * La víspera del atentado co-

locaron descaradamente en cincuenta metros de fachada unos cables que conectaban el explosivo con el

detonador

En una terraza de la calle Claudio Coello, distante del pavimento unos tres pisos o su equivalente - unos

catorce - en metros, caído en esa terraza, tras haber sido impulsado hasta un quinto o sexto piso, un

Dodge negro, modelo 3.700, del Par-que Móvil, PMM-16.416 I-III, estaba doblado en dos, deshecho, y

múltiplemente agujereado, con el depósito de la gasolina desprendido; el peso del vehículo es de 2.300

kilos. En su interior ya no había nadie. Pero minutos antes había hecho de trágico ataúd. El presidente del

Gobierno, almirante don Luis Carrero Blanco, y el conductor del vehículo oficial, don José Luis Pérez

Mojeda, resultaban muertos casi instantáneamente. El policía de escolta personal, don Juan Antonio

Bueno Fernández, sufría heridas gravísimas.

Serían las nueve y media y unos minutos de la mañana. Como hacía a diario, el presidente del Gobierno,

desde su domicilio de la calle de los Hermanos Bécquer, número 6, se dirigía a la cercana iglesia de la

casa profesa de los jesuitas, en la calle de Serrano, con entrada posterior por la calle de Claudio Coello, y

fachada a la de Maldonado. El señor Carrero Blanco asistía a misa de nueve, y terminado el acto religioso

marchaba directamente a su despacho oficial del paseo de la Castellana.

UNA TERRIBLE EXPLOSIÓN

Ayer, el señor Carrero Blanco abandonó el templo, en el que también se encontraba, según nuestras

noticias, el ex ministro don Gregorio López Bravo. Después, y siempre siguiendo una reconstrucción

aproximada de los hechos, subió al coche. Cuando circulaba a la altura del número 102 de la calle

Claudio Coello se produjo una tremenda explosión, seguida de otra de casi idénticas características. El

coche del presidente del Gobierno había realizado el itinerario de costumbre. Tras dejar la calle de Se-

rrano, subía por la de Juan Bravo - ya que la de Maldonado es de dirección hacia aquélla - y giró hacia la

izquierda de la calle Claudio Coello, probablemente para seguir por la de Diego de León a Hermanos

Bécquer, donde vivía, bien para dirigirse a su domicilio o a su despacho.

La calle de Claudio Coello, a la altura del número 102, y semiesquina a la de Maldonado, se cubrió de un

humo y polvo espesos. Cascotes, gritos y un fuerte olor a gas, según se nos ha dicho. Varios coches, en

número aproximado a una veintena, resultaban dañados en distinta medida. El vehículo del presidente del

Gobierno, afectado de lleno por las explosiones era lanzado, en vertical, por los aires, pero lejos de caer

de nuevo al suelo, el automóvil se estrellaba contra la pequeña terraza que da al patio interior del edificio

de los jesuitas, en la zona de clausura. Dentro del vehículo, atrapados y ya muertos, fueron hallados el

presidente del Gobierno y uno de sus acompañantes en servicio. El otro, como ya hemos dicho, sufría gra-

vísimas lesiones, mortales de necesidad. Según nuestras noticias, el padre Gómez Acevo, S. I., pudo dar

la extremaunción al señor Carrero Blanco momentos antes de que falleciera.

Expliquemos, para dar una idea más exacta a nuestros lectores de la violencia de la explosión, la tra-

yectoria seguida por el automóvil del presidente del Gobierno como consecuencia de aquélla.

El Dodge, alcanzado de lleno, se elevó unos veintitantos o quizá más metros sobre la calzada. Desplazado

en el aire hacia la izquierda, tocó el terminal de la cornisa y pasó al otro lado, cayendo hacia la izquierda,

a unos ocho o diez metros en sentido horizontal, don-de terminaba la azotea, situada a la altura de un

sexto piso - el edificio consta de un bajo, cuatro plantas y una especie de buhardilla -, y rompió una parte

del pretil correspondiente.

Perdida ya la fuerza ascensional, el automóvil cayó, para estrellarte finalmente en la azotea interior,

más bien un pasillo de unos tres metros de anchura. La parte delantera del Dodge chocó contra el pretil

de esta segunda azotea y fue rechazado por el mismo. Quedó en forma casi vertical, doblado en poco

por la mitad, apoyado en la pared de la azotea.

El automóvil presentaba la carrocería totalmente destrozada, como consecuencia del golpe sufrido. Los

bajos del automóvil apenas mostraban huellas o señales de impacto, bien del explosivo, bien de la masa

de asfalto y adoquines desprendidos del suelo como con-secuencia del estallido. El chasis resistió. Las

partes más afectadas fueron el motor, como consecuencia del choque al caer, y la zona del portamaletas.

La caja de cambios estaba visible y, en cambio, otras zonas aparecían milagrosa-mente intactas.

Dentro del auto-móvil hemos podido ver un zapato y el techo y la tapicería del vehículo salpicado

de manchas de sangre.

CONFUSIÓN

La confusión durante los prime-ros minutos, como es lógico, fue indescriptible. Los cristales y persianas

de los balcones y ventanas de los inmuebles de la zona afectada resultaron totalmente dañados, así como

las fachadas de los edificios números 102 y 104. En la calzada se produjo un cráter, un enorme socavón

de unos quince metros de largo por diez de ancho y tres o cuatro de profundidad, que inmediatamente se

llenó de agua, procedente quizá de la rotura de alguna tubería. Un automóvil estacionado en las proximi-

dades, un Seat 850 matrícula M-801.851, quedaba semísepultado en el socavón. Se ha dicho también que

otro vehículo de la escolta del presidente de Gobierno, en el que iban don Miguel Alonso de la Fuente,

don Rafael Galiana del Río y don Carlos del Pozo Díaz, funcionarios del Cuerpo General de Policía, era

alcanzado por la onda explosiva y resultaba herido uno de sus ocupantes.

RESCATE INÚTIL

Inmediatamente, y tras darse la alarma, se iniciaron las tareas de rescate. Los cuerpos destrozados del

presidente del Gobierno y de don José Luis Pérez Mojada eran trasladados, junto con los heridos, a la

Ciudad Sanitaria Provincial Francisco Franco, e ingresaban en la clínica privada. Don Juan Antonio

Bueno Fernández fallecía poco después de su hospitalización. Otras personas, transeúntes, que resultaron

lesionadas de diversa importancia, recibían asistencia médica en diferentes centros sanitarios. Dos niñas

con el rostro ensangrentado, eran curadas e internadas en el Gran Hospital de la Beneficencia General del

Estado, en la calle de Diego de León. Las pequeñas se llaman María José y Rosa María Clemente, de

cinco y un año de edad, respectivamente. Las salvó su madre, doña Avelina Duran, portera de la finca

número 104 de la calle de Claudio Coello. Un taxista, que sufre lesiones en un brazo - probablemente

fracture, de húmero -, fue también evacuado.

Brigadas de la Cruz Roja, operarios de la Compañía Gas Madrid - empresa que ha desmentido que la

catástrofe fuera provocada por el gas, desmentido que. después se ha comprobado ser cierto - y de otras

empresas de vías y obras, bomberos, sanitarios con ambulancias y miembros de la Policía Armada y de la

Policía Municipal se personaron en el lugar de los hechos y realizaron su tarea de rescate con ejemplar

celeridad.

TESTIGOS INDIRECTOS

Hemos conversado con don Miguel Enjruídanos Guijarro, hijo del propietario del automóvil M-801.851,

quien nos ha manifestado lo siguiente:

- Yo trabajo en unas oficinas que el Banco Internacional de Comercio posee en el número 106 de la calle

de Claudio Coello. Esta mañana mi padre me dejó el coche. Era la primera vez que lo. traía al

trabajo. Yo lo dejé estacionado casi a la altura del número 102 y me fui a trabajar. De pronto

sentimos una explosión enorme, indescriptible, que nos levantó, a mí y a mis compañeros, de nuestros

respectivos asientos. Sin apenas intervalo, otra explosión, tan fuerte como la anterior, volvió a alzar-

nos de nuevo de nuestras sillas. El edificio vibró. Salimos a la calle. Apestaba a gas. Pero puedo

asegurarle que la primera explosión no la provocó el gas. Otro testigo de los hechos, que

milagrosamente salió ileso y que no desea facilitarnos su identidad, nos dice que la primera

explosión se produjo cuando el automóvil del Presidente del Gobierno acababa de cruzar la calle de

Maldonado; no circulaba a gran velocidad. El propietario de una carbonería de la calle de

Maldonado nos manifiesta que las explosiones fueron terribles.

- Parecía como si se hundiera el mundo. Fueron unos minutos de pánico. No he visto en mi vida

cosa igual.

La Policía acordonó la manzana, para impedir el paso de curiosos y para facilitar la tarea de las distintas

brigadas de operarios. Se ha abierto una investigación para determinar las verdaderas causas del hecho.

Expertos de la Policía han inspeccionado, palmo a palmo, la zona y algunos de los pisos de las fincas

números 102 y 104 de la calle donde se produjo la explosión.

Al lugar de las explosiones se personaron el alcalde de Madrid, señor García-Lomas; primer teniente de

alcalde, don Jesús Suevos; presidente de la Junta Municipal del distrito de Salamanca, don Ezequiel Puig

Maestro-Amado; director general de Seguridad, don Eduardo Blanco; director general de la Guardia

Civil, teniente general don Carlos Iniesta Cano; delegado de Seguridad y Policía Municipal, don

Fernando Fanlo, y otras personas.

Abrieron una galería bajo tierra

La primera explosión, provocada humanamente, fue producida por el estallido de, si parecer, cincuenta

kilogramos de dinamita o de un explosivo plástico de alta potencia, que fueron hechos explotar a distancia

con un detonador por cable.

Según hemos sabido en el curso de nuestras investigaciones, hace aproximadamente mes y medio, dos

jóvenes que dijeron ser escultores, ó escultor y electricista, respectivamente, alquilaron o adquirieron,

formalizando el contrato con datos totalmente falsos en cuanto a su identidad, un bajo de la finca número

104 de la calle de Claudio Coello. Desde allí, e impunemente, sin que les importara el ruido que hacían y

que provocó algunas sospechas que no llegaron a cristalizar en protesta al creer que se trataba de las obras

de reforma que habitualmente se suelen hacer en las viviendas cuando el nuevo ocupante desea cambiar

algo que no sea de su agrado, los recientes moradores del bajo horadaron el suelo en dirección a la vía pú-

blica, o más bien abrieron un estrecho túnel, una galería de un diámetro por el que difícilmente pasa una

persona de complexión no muy robusta. Para ello tuvieron que taladrar 60 centímetros de muro con gran

estrépito, que se interpretó como "golpes" de los "escultores".

El túnel llegaba hasta la mitad, aproximadamente, de la calzada, a una profundidad de metro y medio;

allí se ramificaba en tres direcciones y al final de cada una de ellas colocaron una mina antitanque, que

ayer mañana hicieron detonar en el instante justo en que el coche del presidente del Gobierno se dirigía

por la calle de Claudio Coello hacia la de Diego de León. En la parecí de la Casa Profesa de los jesuitas

hablan pintado una raya vertical, en color rojo, y de algo menos de un metro de longitud, en la horizontal

de la galería, y que les serviría de referencia, sin duda alguna, cuando el Dodge del presidente pasara fren-

te a ella.

Se da la circunstancia también de que la parte del túnel donde iban a colocar la bomba fue protegido con

barras de hierro para evitar que se hundiera con el peso de los vehículos que circulaban por dicha calle.

Por las declaraciones de los porteros de las fincas números 108 y 110 de la calle de Claudio Coello

sacamos la conclusión de que los autores de este criminal y execrable hecho han actuado con la mayor

impunidad en los actos preparatorios del delito, sin que nadie sospechara lo más mínimo.

La víspera del atentado, y alrededor de las siete y media de la tarde, según manifestaciones de un vecino y

del portero de la finca número 110, don Arturo Escobar López, dos jóvenes de estatura media, embutidos

en sendos monos de color azul, procedían a colocar unos cables. Uno de los desconocidos estaba subido

en una escalera - esta escalera se encuentra, por decisión de la Policía, en el bajo de la casa número 110, y

ha sido quitado uno de los enganches metálicos de las dos piezas de que consta aquélla para la

identificación de posibles huellas -, mientras el otro la sujetaba. Aquél se dedicaba a poner unos cables,

que unía a otros ya existentes ´con cinta adhesiva.

Esta tarea, pues el cable nuevo tendrá una longitud de unos cuarenta y tantos metros, les debió de llevar

varias horas. Nadie sospechó. El portero creyó que se trataba de unos operarios que estaban

realizando algún enganche. Después se ha visto que este cable ha servido, junto con la maleta que

contenía pilas de linterna, alicates y un martillo, así como el detonador, para provocar la explosión. La

maleta, junto con la escalera, fue abandonada por los autores del atentado. El otro terminal del cable esta-

ba enganchado al artefacto. En el piso-sótano utilizado por los terroristas la Policía ha encontrado en el

interior de un armario de color blanco naranjas, discos y un frasco de un producto farmacéutico para

la garganta. También había unos saquitos de plástico de color blanco. Las ventanas tienen barrotes

exteriores, y las puertas interiores, cadenas y candados.

No hemos podido entrar en el piso, pero desde la calle hemos podido ver que una de las habitaciones

contenía muebles volcados, en desorden; un somier, varias revistas - una de ellas un número muy reciente

de "Gaceta Ilustrada" - y una cantidad considerable de arena torpemente cubierta por plásticos de color

verde y azul. Esta arena, amontonada en un lateral de la habitación - de forma rectangular - es la

procedente de la galería excavada desde ella. La Policía ha encontrado también una madeja de cables de

distintos colores - rojo, verde y negro -, que muy bien podrían corresponder a los respectivos detonadores

de las cargas explosivas.

No se sabe el tiempo exacto que los habitantes del piso tardaron en abrir la galería, pero se calcula que no

mucho, ya que apenas adoptaron precauciones y les importaba muy poco hacer ruido.

ACTUABAN CON NATURALIDAD

El portero de la finca número 110 me ha dicho que oyó hablar a los jóvenes de la escalera, que debían ser

los inquilinos del piso-sótano. Conversaban en castellano, sin ningún acento especial. Nada de ellos le

llamó la atención.

- Actuaron con una naturalidad sorprendente. ¿Cómo iba a sospechar yo, si siempre tenemos electricistas,

empleados de la Telefónica, etc., aquí haciendo reparaciones o instalaciones nuevas? Estaba lloviznando

y comentaban esto con cierto disgusto.

Otra persona les vio, a las nueve de la mañana de ayer; es decir, media hora antes de que se produjera e

«tentado. Uno de los jóvenes estaba subido en la escalera, mientras el otro manipulaba en la maleta. Se

deduce que esperaban la aparición del coche del presidente del Gobierno, y el que se hallaba en la

escalera, con un campo visual más amplio, avisó a su compañero, que debió ser el que accionase el

detonador y causara la explosión.

DOS CASAS EVACUADAS

La Policía, según nuestras noticias, cuenta con pistas de cierta importancia y ha conseguido algunos datos

sobre la identidad de los individuos que alquilaron el sótano. Vecinos de las fincas próximas a la

explosión - las números 102 y 104, han sido evacuadas, ya que se teme que su estructura ha-ya sufrido en

los cimientos, aparte de los daños en la fachada y en los balcones -, han tenido que ir a la Dirección

General de Seguridad a fin de prestar declaración y tratar de poder identificar, a través de fotografías de

terroristas, a los posibles autores del atentado. Se nos dice, por otra parte, que los dos individuos

pertenecen a un comando entrenado en el extranjero y cuya filiación política es afín a uno de los grupos

más extremistas que existen en España en la clandestinidad y que se han distinguí-do durante los últimos

meses por la comisión de acciones de tipo violento.

LÓPEZ APARICIO

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