Un crimen contra la paz del país. 
 En riguroso acto de servicio     
 
 Ya.    21/12/1973.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EN RIGUROSO ACTO DE SERVICIO

EL asesinato del Presidente del Gobierno ha sido la dramática culminación de una escalada

terrorista sobre suyas motivaciones no puede haber duda. lo revela la coincidencia entre la

fecha del atentado y la iniciación del "proceso 1.001", que, hace ya tiempo, dentro y fuera del

país, una bien orquestada campaña de agitación pretende convertir en otro "proceso de

Burgos". Pero esto mismo, las circunstancias del atentado, la organización que ha exigido,

obligan a encajarle en un contexto mucho más amplio que el nacional. No había en el almirante

Carrero Blanco circunstancias personales que le señalasen especialmente como presunto

destinatario; es contra el cargo contra lo que indudablemente se han dirigido los agresores;

pero ni siquiera contra esta o aquella política concreta, ni contra un régimen determinado, sino

contra el principio de autoridad, que en todo el mundo está siendo blanco de una ofensiva

cuyas conexiones sería ingenuo desconocer.

Por eso se hace forzoso relacionar tu asesinato con los de los cuatro presidentes del Gobierno

que perecieron en circunstancias análogas: Prim, Cánovas, Canalejas y Dato; y el que las

victimas sean ideológicamente tan dispares robustece la tesis que hemos expuesto. No son

unas personas ni unas ideologías lo que en esos casos se pretende en última instancia

derribar, sino un principio fundamental para cualquier sociedad y al que ningún hombre

civilizado puede considerarse ajeno.

NO podemos decir que en los cua-tro casos históricos citados la reacción fuese la adecuada; la

consecuencia fue que el mal, en vez da corregirse, se agravó. Y, sin embargo, el terrorismo

estaba entonces en su infancia. Considérese, en cambio, la meticulosa preparación y medios

que ha exigido el atentado que hoy deploramos; una vez más se plantea la necesidad de dar a

la subversión una réplica que esté a tono con las armas que ella emplea. ¿Problema

internacional? Por supuesto; pero hoy lo sufrimos en nuestra carne y nos obliga a reaccionar

sin pérdida de tiempo.

Esa reacción debe tener dos condiciones: serenidad y firmeza. Debe estar exclusivamente en

manos del Estado; paro, además, reacción adecuada no quiere decir reacción alocada,

nerviosa, desorientada. Nada serviría mejor que el desconcierto a los propósitos de quienes

pretenden provocarlo; alterarse serla hacerles el juego. Pero firmeza, y tanta como sea

necesaria, no ya para la justicia ejemplar en su cato - esto lo damos por descontado -, sino

para cortar cuanto pueda conducir a hechos como el qué lamentamos, dotando a los órganos

estatales correspondientes de los medios y de les auxilios indispensables.

ENTRE el que acata los principios constitucionales y el que los combate, la distinción debe ser

tajante y el trato completamente distinto. Hay que distinguir también entre la inmensa mayoría

del pueblo español, que acata la legalidad, y la minoría que se opone a ella, ya vemos con qué

procedimientos. Es sobre esta última donde hay que descargar toda la energía indispensable.

La paz social ha sido el mayor beneficio que el régimen ha dado al país, y a toda costa ha de

conservarse. Estamos por eso junto al Gobierno en cuanto considere indispensable para esa

finalidad.

Son notorios los graves problemas internacionales, económicos. sociales y políticos, con que

estamos enfrentados, aunque no seamos en eso ninguna excepción en el mundo pero hoy nos

importa especialmente considerar el del orden público.

En el almirante Carrero Blanco no se ha querido asesinar solamente a un hombre; se ha

pretendido asesinar la paz del país. De ahí la política de firmeza que pedimos, con objetivos

claramente proclamados y públicamente expuestos. Estamos seguros de que el Gobierno

tendrá la adhesión clamorosa como intérprete y realizador de una gran aspiración nacional.

Cortar enérgicamente cuanto pueda retrotraernos a situaciones que considerábamos olvidadas,

a un pasado que España tiene derecho a estimar definitivamente clausurado, será, además, el

mejor homenaje al gobernante cristiano, hombre discreto, modesto y leal, que tras una vida de

colaboración incondicional al Jefe del Estado y de callados servicios a la Patria ha ofrendado a

ésta su máximo sacrificio, muriendo, como seguramente habría deseado, en el más riguroso

acto de servicio.

 

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