Autor: Apostua, Luis. 
   El día más largo     
 
 Ya.    21/12/1973.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Jornada española

EL DIA MAS LARGO

EL Gobierno, en su primer día de orfandad de la tutela del señor Carrero, ha absorbido el choque con

positivo acierto. Como expresa el mensaje del presidente interino, señor Fernández-Miranda, en acertado

juicio de binomios, el dolor no nos veda la serenidad y la serenidad no nos quita fortaleza.

La impresión dominante en las primeras horas de conocerse el hecho era desoladora. El silencio y la

indecisión de los medios informativos oficiales creaba un angustioso vacío que, por sí mismo, generaba

intranquilidad. No obstante, a medida que el Gobierno fue avanzando informaciones, el país comprendió,

con fino instinto, que las riendas del poder no estaban flojas y que no había indecisión en el mando.

Además, la Constitución española tiene previsto el caso, de forma que un automatismo eficaz cubre al

instante el hueco sin una posibilidad de duda. Una tradición - ya larga para lo que es nuestro país - de

orden y autoridad ha dado sus frutos en un día particularmente dramático.

* * *

SI los terroristas leyeran la historia verían que jamás ningún asesino ha torcido el curso de los

acontecimientos. El asesino de Cánovas del Castillo no impidió la consolidación de la delicada operación

restauradora; los de Dato no detuvieron el lento, pero seguro, avance de las conquistas sociales que iba

implantando el político conservador. El de Kennedy no impidió ni la distensión con la U. R. S. S. ni el

programa de derechos civiles. Si venimos a ejemplos más cercanos, quienes reiteradamente atentaron

contra De Gaulle no procedían de los movimientos o partidos políticos que contendían en la Asamblea,

sino de grupos ultraderechistas mecidos en la Argelia - de - papá.

* * *

EN esta tristísima y horrorosa jornada, los asesinos de don Luis Carrero Blanco no creo que impidan los

frutos por los que el finado venía trabajando. Ello es así porque el terrorismo es, de suyo, completamente

ajeno a la política. Como dice un ministro del actual gabinete, política es resolver un problema sin crear

otro mayor. Asesinar a don Luis Carrero Blanco no resuelve absolutamente nada. Eso sin contar con el

juicio moral, que de forma abrumadora - a la que sumo mi modesta y personal voz - condena sin ribetes

de indecisión el brutal hecho.

SI analizamos, con la perspectiva que da un choque emocional de esta magnitud, las operaciones políticas

en curso a cargo del Gobierno que presidía don Luis Carrero Blanco, hallamos que eran

fundamentalmente dos: fortalecimiento operativo e ideológico de la lucha contra el terrorismo y

asentamiento definitivo de la operación política llamada - precisamente por don Torcuato Fernández-

Miranda - "ofensiva institucional". Se iba hacia un rejuvenecimiento del juego dialéctico dentro de la

legalidad al tiempo que se extremaban las medidas contra la subversión para diferenciar una cosa y otra.

Los testimonios de estas dos directrices creo que son visibles.

* * *

EN el acceso de don Torcuato Fernández-Miranda a la Presidencia del Gobierno concurren varios

factores legales que es útil examinar. En primer lugar, y durante el plazo de diez días, el señor Fernández-

Miranda es presidente del Consejo de forma inequívoca. En el curso de esos días vuelve, a plantearse el

problema tal como estaba antes de junio de este año. Es decir: primero, Su Excelencia el Jefe del Estado

puede confirmarlo en el cargo en virtud de sus prerrogativas personales e intransmisibles. Segundo, puede

disponer que se ponga en juego el mecanismo de la Ley Orgánica, mediante la preceptiva sesión del

Consejo del Reino para que nombre una terna. Y tercera posibilidad, que fue la empleada en junio, Su

Excelencia el Jefe del Estado puedo suspender su propia titularidad de la Presidencia del Consejo

(derivada de la ley de 1938) para que el Consejo del Reino confeccione la terna.

* * *

PARA el mapa de las familias políticas, la desaparición de don Luis Carrero es particularmente relevante.

La razón es que el señor Carrero no pertenecía a ninguna de las "familias" en particular, aunque estimaba

a todas en general. También en este terreno era trasunto del Jefe al que tanto admiró, tan lealmente sirvió

hasta morir.

Un nuevo jefe de Gobierno que reúna sus cualidades será difícil de hallar. Pero el país tiene hoy un

increíble dinamismo creador y un deseo de paz y progreso que le llevará a apoyar al designado de una

forma tan instintiva como eficaz.

Luis APOSTUA

 

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