Autor: Semprún, Alfredo. 
 Increible perfección en el planteamiento del atentado. 
 Una mina subterránea estalló bajo el coche del presidente del Gobierno  :   
 Había sido colocada a través de un túnel excavado desde el sótano de una casa. 
 ABC.    21/12/1973.  Página: 32-33. Páginas: 2. Párrafos: 25. 

ABC. VIERNES 21 DE DICIEMBRE DE 1973 EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 32.

INCREÍBLE PERFECCIÓN EN EL PLANEAMIENTO DEL ATENTADO

UNA MINA SUBTERRÁNEA ESTA-LLO BAJO EL COCHE DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO

Había sido colocada a través de un túnel excavado desde el sótano de una casa

LA EXPLOSIÓN FUE PROVOCADA A DISTANCIA POR UN DETONADOR ELÉCTRICO

EL presidente del Gobierno español murió ayer, víctima de un atentado perpetrado por

miembros de la extrema izquierda internacional, y no a causa de una accidental explosión de las

conducciones subterráneas de gas, como se pensó en un principio.

Cuando, aproximadamente, a las nueve y veinte de la mañana, el almirante don Luis Cañero Blanco

abandonaba la iglesia de los Padres Jesuitas sita en la calle de Serrano, en la cual acababa de recibir la

Sagrada Comunión, tal y como era su costumbre cotidiana, y se dirigía por la calle de Claudio Coello,

hacia su domicilio particular, a fin de tomar el acostumbrado desayuno, que precedía al inicio de su

jornada oficial, una mina instalada en el subsuelo de la citada vía, a la altura del número 104, hizo explo-

sión en el instante justo en que los coches oficiales, el asignado al presidente del Gobierno y el de escolta

o «respeto», pasaban sobre ella.

POTENTÍSIMA EXPLOSIÓN

La potentísima explosión lanzó ambos vehículos por lo aires. El coche de «respeto» fue a estrellarse

contra una de las paredes posteriores de la iglesia, mientras que el vehículo en que viajaba el fallecido

presidente del Gobierno, cogido de lleno por la fuerza expansiva, se elevó por los aires, alcanzando una

gran altura que sobrepasó la de los cinco pisos y planta baja de que consta el citado edificio, por encima

de cuyo tejado fue a caer a un patio interior existente en la tercera planta, donde el Dodge se estrelló,

muriendo en el acto el inspector de Policía don Juan A. Bueno Fernández, escolta personal habitual del

almirante, y resultando con gravísimas heridas el presidente del Gobierno y su conductor, don José Luis

Pérez Mojena, quienes fallecieron minutos después, ya ingresados, en los equipos de urgencia de la

Ciudad Sanitaria Francisco Franco.

La carga explosiva colocada por los terroristas debió ser de muy importantes proporciones, dados los

efectos ya relatados y el estado de devastación que presentaba el lugar de los hechos minutos después de

ocurrir la tragedia.

En efecto, un enorme socavón, de unos ocho metros aproximadamente de diámetro por cuatro de

profundidad, se ofrecía a nuestros ojos. Los edificios frontales al muro trasero de la Iglesia de los Jesuitas,

los números 102 y 104 de la calle de Claudio Coello, mostraban las heridas causadas en sus fachadas y

ventanas no sólo por la onda expansiva, sino por los trozos de calzada asfáltica y adoquines que ésta había

llegado a cubrir a titulo de nueva pavimentación, que, convertidos en metralla, derribaron aleros, balcones

y desfondaron incluso algunas ventanas. Asimismo, muchos de los coches aparcados por las

inmediaciones del suceso quedaron destrozados al caerles de lleno los bloques asfálticos provocados por

la explosión.

Milagrosamente no se han producido más muertes, aunque si hubo más victimas, pese a que,

habitualmente, durante esas horas, tanto la calle de Claudio Cuello como la de Maldonado, en cuya

confluencia se puede decir que se produjo el atentado, registran bastante tráfico, tanto rodado como de

peatones.

EL PRESIDENTE NO MURIÓ EN EL ACTO

Tras ocurrir la sorprendente explosión se atendió inmediatamente a los heridos. Los tres inspectores de

Policía ocupantes del coche escolta o de «respeto», don Carlos del Pozo Díaz, don Miguel Alonso de la

Fuente y don Rafael Galiana, heridos de gravedad, fueron trasladados de inmediato utilizando coches

particulares, a la Ciudad Sanitaria Francisco Franco, mientras que en el rescate de los cuerpos del

presidente y sus dos acompañantes se tardaría algo más, primero a causa de la extraña trayectoria seguida

por el vehículo afectado por la explosión y después al estado en que el mismo quedó, una vez estrellado

contra el suelo del patio interior de la iglesia, incrustado en una barandilla y oprimido entre ésta y la

pared, doblado en V y destrozado, especialmente por su parte superior.

A los pocos minutos del hecho, en unas ambulancias llegadas con toda urgencia, se trasladaron

las camillas en las que descansaban los cuerpos maltrechos de las tres victimas. El inspector

de Policía, señor Bueno, presentaba grandes destrozos en la cabeza con salida de masa encefálica. Había

muerto en el acto. Por su parte, el presidente del Gobierno, con los ojos cerrados y el rostro totalmente

amoratado, parecía que respiraba aún, mientras que por entre sus labios se escapaba un ligero hilo de

sangre que, asimismo, afluía por ambos oídos. El conductor, por su parte, ofrecía tan graves

heridas, su cuerpo estaba prácticamente destrozado, que quienes le atendieron le llegaron e creer muerto.

No obstante, fallecería a la una de la tarde en el centro sanitario ya citado, donde los facultativos hicieron

todo lo posible por salvarle la vida.

Como hemos dicho al principio, se creyó en la posibilidad de una explosión de las conducciones del gas.

Pero las primeras investigaciones de la Policía, una vez que los servicios de bomberos hubieron conjurado

el peligro de posibles derrumbamientos, así como el de posteriores explosiones a causa de la rotura de las

tuberías del gas, pudieron establecer muy pronto lo sucedido.

GALERÍA SUBTERRÁNEA

A resultas de nuestras noticias, no confirmadas oficialmente, hace veinte días, aproximadamente, un

individuo de unos veinticuatro años de edad, moreno, de talla mediana y pelo no muy abundante, que se

hizo pasar por escultor, alquiló el sótano existente en el número 104 de la calle de Claudio Coello, con

opción a compra, abonando o comprometiéndose a abonar 20.000 pesetas mensuales por ello. Desde

dicho sótano se excavó durante los días transcurridos una galería subterránea hasta el centro de la calzada,

donde se instaló el explosivo - unos cincuenta kilos de «plástico», aproximadamente, a tenor de los

técnicos que han calculado dicha cifra según los efectos.

En dicho sótano que, hoy, lógicamente, estaba totalmente abandonado, los investigadores han encontrado

nada menos que trescientos sacos de tierra de pequeño tamaño, así como et resto de los hilos que unía la

mina - unos veinticinco metros de extensión - hasta la conexión hecha a través de la ventana situada a ras

de la acera, con otro cable eléctrico de cien metros de largo aproximadamente que unía al dispositivo

detonador instalado desde las primeras horas de la mañana de ayer en el chaflán de la calle Diego de León

con Claudio Coello, y manejado por dos o tres individuos que simulaban, subidos a una escalera de mano,

arreglar uno de los controles eléctricos adosados en la pared.

Desde el último escalón de dicha escalera de mano se distinguía perfectamente la raya de pintura roja que

los criminales habían trazado en la pared posterior de la iglesia de los Jesuitas para que les sirviera de

punto de referencia. Fue así como al pasar el coche oficial del almirante a la altura de dicha raya, los

cobardes asesinos unieron los cables que, conectados a una batería eléctrica, ocasionaron la inmediata

explosión de la mina.

UNA NIÑA, GRAVEMENTE HERIDA

La onda expansiva origina por la explosión llegó a través de la galería al sótano alquilado desde el cual se

había socavado la misma, derribando todos sus tabiques y ocasionando graves heridas a la hija y esposa

del portero del citado inmueble, cuya vivienda era contigua.

La señora de Duran, hospitalizada en la clínica de Covesa, parece recuperarse de sus heridas, no

ocurriendo desgraciadamente lo misino con su hija, una niña de cinco años, que lucha contra la muerte en

una de las habitaciones del Gran Hospital.

LÓPEZ BRAVO AUXILIO AL ALMIRANTE CARRERO BLANCO

Desde los primeros momentos, inmediatamente después de saberse lo ocurrido, se personaron en el lugar

de los hechos tanto el jefe superior de Policía de Madrid, como los comisarios generales de Investigación

Criminal y Social, así como los jefes de las respectivas brigadas Regionales de Madrid, Igualmente,

además del teniente alcalde del distrito de Salamanca, señor Puig Maestro-Amado; técnicos del

Ayuntamiento y de la Compañía Madrileña de Gas, y delegados de servicio municipales, pudimos

distingir a otras muchas personalidades. Entre ellas al ex ministro señor López Bravo, quien, cuando se

produjo la horrible explosión, se encontraba en la citada iglesia de los Padres Jesuitas recibiendo,

asimismo, la Sagrada Comunión, Fue él, en compañía del padre Javier de Santiago, quien ayudó a extraer

los cuerpos de las víctimas en la terracilla donde se había estrellado, y quien atendió, en los primeros

instantes, al presidente del Gobierno. El señor López Bravo, visiblemente emocionado, abandonó el lugar

de los hechos a los pocos minutos de haberlo hecho la ambulancia en que se trasladaba al cuerpo

malherido del señor Carrero Blanco.

LOS AUTORES DEL ATENTADO

Como es lógico, la noticia - y, más que la noticia -, la visión del escenario de los hechos que relatamos,

fue auténticamente sobrecogedora. Parecía increíble lo que, no obstante, había ocurrido. Los

investigadores no han perdido el tiempo. Según noticias, sin confirmar, el criminal atentado ha sido

perpetrado por un grupo de individuos pertenecientes al llamado «Frente Revolucionario Armado

Popular», grupo en el que podrían estar integrados varios terroristas llegados desde el extranjero. Sin

embargo, otros datos podrían desvirtuar estas sospechas, desviándolas hacia otro tipo de organización

también con sede central en el extranjero. De momento, las fuerzas del Orden se han lanzado en busca y

captura del individuo cuya señalización damos más arriba, y algunos de sus acompañantes habituales son

algunos de sus acompañantes habituales. Las mismas fuentes parecen indicar que el Documento Nacional

de Identidad que se habría utilizado para el alquiler del local por la persona perseguida fue robado en

Burgos a su titular hace un año.

La Guardia Civil, según nuestras fuentes, detuvo al mismo apellidado Fuentes, quien justificó el empleo

de su tiempo en aquella capital castellana y que además pudo mostrar un duplicado del documento que le

fue expedido tras haber presentado la denuncia.

Según nuestras fuentes el sótano durante los veinte días estuvo habitado por su titular y por otro individuo

y dos mujeres jóvenes a las que se las veía entrar y salir con mucha frecuencia. Todos ellos habrían sido

identificados y reconocidos por los testigos como conocidos terroristas internacionales.

Alfredo SEMPRUN

OTROS HERIDOS

También resultaron heridos el taxista don Carlos del Pozo, que pasaba con su vehículo por las

proximidades del lugar del siniestro; una joven dependienta de una tienda de modas vecina y un

muchacho de unos diez o doce años de edad, que en el momento de producirse la explosión pasaba por la

calle de Claudio Coello.

 

< Volver