Autor: Domínguez, Ricardo. 
   Un vecino de una de las fincas afectadas rescató a dos hijas del portero entre los escombros     
 
 ABC.    21/12/1973.  Página: 33-34. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

UN VECINO DE UNA DE LAS FINCAS AFECTADAS RESCATO A DOS HIJAS DEL PORTERO ENTRE LOS ESCOMBROS

A las seis de la tarde logramos localizar a uno de los vecinos de la finca número 104 de la calle de

Claudio Coello, Juan Miguel Villalón, de veinticinco años de edad, participó en el rescate de dos niñas

que habían sido sepultadas por los escombros a causa de la tremenda explosión ocurrida en esta misma

calle, «Yo - explica Juan Miguel - estaba durmiendo a esa hora, cuando de repente oí una tremenda

explosión y ruido de cascotes y pensé que la casa se nos venía encima. Después, todo fue un caos. El

vecindario salió a la escalera y yo, que me acerqué a la puerta de la calle, pude ver que de un tremendo

boquete abierto a la puerta de mi casa salían llamas bastante altas. La portera, instantes después, pedía

auxilio a todos los vecinos y gritaba como loca, «¡mis niñas, mis niñas!»

Pude forzar la puerta de la portería que estaba totalmente obstruida por los cascotes y trozos de pavimento

que la tremenda explosión había arrancado del suelo. Tuve que retirar los escombros y saltar por las

ventanas. Allí, en el interior, se presentó ante mis ojos un espectáculo desviador; las dos criaturas estaban

enterradas materialmente por los cascotes, una niña de dos años y otra de cinco. Me puse manos a la obra

y tuve que quitar dos cascotes, uno de ellos de aproximadamente de un metro y medio cuadrado, que

estaba sobre la más pequeña de las dos hermanas, y otro, asimismo, de considerables dimensiones, que

cubría el cuerpo de la mayor. Inmediatamente entregué las criaturas a su madre y yo, tal como esta

vestido, en chaqueta de pijama y pantalones de calle, salí corriendo hacía la Casa de Socorro llevando en

mis brazos a una de las niñas.

A nosotros, afortunadamente, no nos ha pasado nada, a pesar de que pudo ocurrir una desgracia grande -

prosigue -. Un cascote de regular tamaño nos entró por la ventana del comedor, atravesó una persiana de

madera, rompió los cristales y fue a estrellarse contra un mueble que tenemos frente a la ventana. En el

piso de al lado, en el primero izquierda, donde vive don José Manuel Infante García, médico, se han

producido numerosos destrozos.

Tras haber dejado a la niña en el sanatorio - añade nuestro interlocutor -, volví a casa y ya no pude entrar.

Al parecer se había evacuado la finca. De los alrededores al lugar del suceso no hemos podido sacar

mucho más. Las gentes guardan mutismo total ante los hechos. Se ha acordonado la zona y algún que otro

vecino deambula por los alrededores, como nosotros, en espera de acontecimientos.»

En una tienda vecina al lugar del suceso, en la calle de Maldonado, la propietaria del establecimiento,

marquesa de Puebla de Rocamora, nos ha contado que casi le sorprende la explosión, toda vez que en el

momento que se produjo ésta acababa de entrar en el ya mencionado establecimiento. «Primero entró el

mozo, e instantes después yo, y pudimos ver cómo volaban por los aires cenizas y piedras y creímos

durante unos instantes que la tienda se nos venía abajo... Poco después oímos sirenas, por toda la zona.

Luego pensaron que se podría producir una segunda explosión, pero no fue así. De momento pensamos

huir, pero después, haciendo acopio de fuerzas, nos quedamos aquí encerrados en espera de

acontecimientos. Por los comentarios que hemos oído y, no precisamente de los porteros de la zona,

creemos que esto ha sido un atentado. - Ricardo DOMÍNGUEZ.

 

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