Los príncipes de España acudieron a orar ante el cadáver poco después del atentado  :   
 La capilla ardiente fue instalada en el salón central de la planta baja de la Presidencia del Gobierno. 
 ABC.    21/12/1973.  Página: 35-36. Páginas: 2. Párrafos: 20. 

ABC. VIERNES 21 DE DICIEMBRE DE 1973. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 33.

LOS PRÍNCIPES DE ESPAÑA ACUDIERON A ORAR ANTE EL CADÁVER POCO DESPUÉS DEL ATENTADO

La capilla ardiente fue instalada en el salón central de la planta baja de la Presidencia del Gobierno

NUMEROSAS PERSONAS DESFILARON FRENTE AL FÉRETRO DEL PRESIDENTE, AL QUE DABAN GUARDIA DE

HONOR DOS ESCUADRAS DE GASTADORES

A la Ciudad Sanitaria Francisco Franco, de la Diputación Provincial, donde fue trasladado el cadáver del

almirante Carrero Blanco, acudieron en seguida Sus Altezas Reales los Príncipes de España, los

miembros del Gobierno, el presidente de las Cortes, altos mandos militares, los duques de Cádiz, los

marqueses de Villa-verde, el cardenal arzobispo de Madrid y varios ex ministros Todos, muy afectados,

oraron ante el cuerpo del almirante, no amortajado aún, y expresaron su condolencia a los familiares. El

doctor Muñoz Calero fue uno de los primeros facultativos que reconoció a don Luis Carrero Blanco.

La muerte del presidente del Gobierno debió de ser casi instantánea, aunque en e1 trayecto a la clínica

parece ser que la víctima del criminal atentado tenía algunos pequeños movimientos reflejos.

El cadáver no tiene signos externos del terrible suceso, salvo una ligera herida bajo la barbilla. Pero está

interiormente destrozado.

REGRESABA A SU CASA A DESAYUNAR

Siempre le acompañaba al señor Carrero en el coche, a esa hora, una hija suya, que está vez no pudo

hacerlo. El presidente había oído misa y comulgado, como todos los días en la Casa Profesa de los Padres

Jesuitas, situada en las calles Serrano, Maldonado y Claudio Coello (templo parroquial de San Francisco

de Borja) y se dirigía otra vez a su domicilio a desayunar, para marchar desde allí a la Presidencia del

Gobierno, donde le esperaban los miembros del Gabinete para celebrar la reunión preparatoria de las

Consejos de los viernes en El Pardo. Todas las mañanas, a la misma hora, hacia el mismo recorrido.

Factor éste importante en la preparación del salvaje y muy

premeditado hecho.

EN LA CAPILLA ARDIENTE

A las tres menos veinte de la tarde abandonaron la sede de la Presidencia los ministros y el presidente de

las Cortes y del Consejo del Reino. Se decía que el cadáver iba a ser llevado a ese edificio a las tres.

Llegó, en una ambulancia de la Diputación Provincial, con escolta de Motoristas a las seis menos cuatro

minutos. La demora se debió a esperar en la clínica a dos hijos de Carrero, que llegaron en avión

procedentes de Sevilla y Cádiz.

Fue instalada la capilla ardiente en el amplio salón central de la planta baja de la Presidencia, tantas veces

recorrido por Carrero Blanco. El cadáver había sido amortajado con el uniforme de gala de almirante de

la Armada española y cubierto, en su parte inferior, con la bandera nacional. A la cabeza del féretro una

imagen de Cristo crucificado, otra enseña española y un altar portátil. Daban guardia de honor dos

escoltas de gastadores del batallón del Ministerio del Ejército que se relevaban en su cometido.

El arzobispo de Grado y vicario general castrense doctor López Ortiz, inició el rezo del santo rosario

seguido con gran devoción por la viuda, hijos, otros parientes de la víctima y numerosas personas.

El rosario se interrumpió para oficiar el citado prelado una misa «corpore insepulto».

Asistieron, además de la familia, todos los miembros del Gobierno - excepto el presidente en

funciones, señor Fernández-Miranda, que se hallaba en esos momentos en el Palacio de El Pardo -, el

capitán general de la I Región Militar, los duques de Cádiz, los marqueses de Villa-verde, el jefe del Alto

Estado Mayor el Jefe del Estado Mayor Central, el director general de la Guardia Civil, los jefes y otro

alto personal de las Casas Militar y Civil del Caudillo, don Gonzalo de Borbón, presidentes de altos

Tribunales, consejeros del Reino, consejeros nacionales, procuradores en Cortes, diplomáticos españoles

y extranjeros, la duquesa de Alba y su hijo mayor y, prácticamente, todos los ex ministros que se hallaban

en Madrid. También algunos funcionarios y modestos empleados de la Presidencia. que no podían ocultar

su emoción. Algunas mujeres lloraban. Escenas de dolor que se repetían por parte de otras mujeres a la

puerta del edificio, donde agentes de la Policía Armada contenían a la gente congregada ante la verja en la

esquina de la Castellana y la calle Alcalá-Galiano.

«SEÑOR, TEN PIEDAD DE ESPAÑA»

El arzobispo oficiante pronunció, visiblemente conmovido, una breve y cálida homilía. Exaltó en el

fúnebre panegírico el patriotismo y las virtudes cristianas del almirante Carrero Blanco, muerto en acto de

servicio a España, a la que tanto amó. Dijo que más que pedir por el muerto, recién comulgado cuando le

asesinaron, había que pedirle a Carrero que intercediese ante Dios por España. «Señor, ten piedad de

España», habrá dicho al Supremo Juez al comparecer en su presencia visible, minutos después de haberle

recibido en el sacramento de la Eucaristía.

Al final de la misa rezó el padre López Ortiz un responso y con todos los fieles asistentes, un

Padrenuestro por las almas de las otras dos víctimas del bárbaro atentado: el conductor del coche y el

policía de escolta.

A las siete y media se celebró una segunda misa. Llegó entonces a Castellana, 3, el presidente actual del

Gobierno, don Torcuato Fernández Miranda. También comenzaron a llegar coronas de distintas

personalidades y organismos.

Se formó alrededor de las ocho una larga fila en la acera de la calle Alcalá Galiano para desfilar ante los

restos del almirante Carrero. La afluencia de personas de toda condición social fue grande a lo largo de la

noche. Millares de firmas de pésame llenaron los pliegos preparados al efecto.

TELEGRAMAS DE PÉSAME AL JEFE DEL ESTADO

Toda España se ha hecho eco del sentimiento de dolor producido por el criminal atentado que ha costado

la vida al presidente del Gobierno, almirante don Luis Carrero Blanco.

Según noticias recibidas en la redacción central de Cifra, desde todos los puntos del país, en el Palacio de

El Pardo se han recibido telegramas de pésame y adhesión al Jefe del Estado en los que se expresa la

dolorida reacción causada por el incalificable acto de violencia, del que ha sido triste escenario la

madrileña calle de Claudio Coello.

 

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