Carrero Blanco: marino, político y hombre de letras     
 
 ABC.    21/12/1973.  Página: 39-40. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

ABC. VIERNES 21 DE DICIEMBRE PE 1973. EDICIÓN PE LA MAÑANA. PAG. 39.

CARRERO BLANCO: MARINO, POLÍTICO Y HOMBRE DE LETRAS

Resumir, en el luctuoso momento por el que atravesamos, la densa biografía, los largos años de servicio a

España y a Franco, del almirante Carrero Blanco resulta una ingrata tarea. Domina el estupor, el doloroso

asombro. «Llevo - dijo el almirante algún tiempo atrás - treinta años junto al Caudillo. Es inmenso el

privilegio que me ha sido concedido: estar al lado de un hombre que ha hecho por España lo que no se

había hecho nunca. Yo he trabajado, simplemente.» En el cumplimiento de su deber, en acto de servicio,

le ha llegado la muerte. Ha muerto como lo que era, como un soldado, en su puesto de mando, por

España.

Nacido en Santoña (Santander), el 4 de marzo de 1903. La vocación marinera de don Luis Carrero se

despertó pronto. En 1918, con sólo quince años de edad, ingresa en la Escuela Naval. Cinco años después

está ya combatiendo en la guerra de Marruecos. Su primer destino como oficial es el acorazado «Alfonso

XIII». Como segundo comandante del guardacostas «Arcila» estuvo en el desembarco de Alhucemas. En

1926 se le confía el mando de un navío, el «Ferrolano».

Llegada la paz. Carrero Blanco continúa intensamente sus estudios, sirviendo a su afán de lograr una más

amplia y profunda preparación para el "servicio en el mar". Ingresa en la Escuela de Submarinos y es

designado posteriormente segundo comandante del «B-2». En Fernando Poo, y formando parte de la

dotación del cañonero «Cánovas del Castillo», desempeñó diversas comisiones, para pasar, en 1931, a

ocupar el puesto de comandante del submarino «B-5». Son años de intensa actividad, de presencia activa

y constante en el puente de mando de distintas naves. Allí se forja el duro temple y la recia personalidad

del oficiar de la Armada. Son años que marcan, para siempre, la férrea voluntad, la capacidad decisoria, la

firme entereza, el rigor y la autoridad de un hombre que, por razón de su propia capacidad y eficacia,

estaba llamado a desempeñar altos destinos en una decidida entrega al servicio de la Patria, tantas veces

defendida, con riesgo de la vida, en las horas difíciles de luchas y combates en el mar.

Pero Carrero Blanco no era hombre que se estancase en una misión durante largo tiempo. Los años de

preparación y de forja van acompañados de inquietudes y afanes de superación constante. Las escuelas de

Guerra Naval de Madrid y París registran su paso, y en 1935 es designado profesor de la primera de ellas.

INTERVENCIÓN EN EL ALZAMIENTO

Cuando se produce el Alzamiento, Carrero Blanco está en Madrid. Gracias a la acogida que le brindaron

la Embajada de Méjico primero y la de Francia después, salva su vida. En junio de 1937 sale, vía Francia,

para la España nacional, donde inmediatamente es designado enlace naval del Ejército del Norte, con el

general Dávilla, durante las operaciones de Santander. El destructor «Huesca», primero, y el submarino

«Sanjurjo», más tarde, conocen de nuevo el mando eficaz del comandante Carrero Blanco, que pasa

después a ocupar el cargo de jefe de Estado Mayor de la División de Cruceros hasta la terminación de la

guerra.

La trayectoria profesional del ilustre marino continuó firme. Poco antes de estallar la segunda

conflagración mundial, Carrero Blanco asumió la jefatura de operaciones del Estado Mayor de la

Armada. El 7 de mayo de 1940, Franco le nombró subsecretario de la Presidencia del Gobierno y

consejero nacional. Tres años más tarde fue nombrado vicepresidente segundo de las recién oreadas

Cortes. Sus intervenciones en la Cámara han sido memorables y sus discursos, ponderados y brillantes, en

defensa del régimen jurídico de la Administración del Estado, de la Ley de Bases de Funcionarios

Públicos y de la representación familiar en Cortes, se recuerdan como ejemplares. En 1957 ascendió a

contraalmirante; vicealmirante en 1963, coronó su carrera naval en 1966 con el empleo de almirante.

La trayectoria militar del señor Carrero Blanco resulta fácil de seguir hasta la terminación de la guerra

civil. Pero al ocupar la Subsecretaría de la Presidencia - y, particularmente, desde su nombramiento como

ministro subsecretario en 1951 - su vida se fue difuminando para el público en idéntica medida en que iba

aumentando la importancia de su gestión pública. Desde este puesto destacó, en múltiples facetas, su

eficiente labor como hombre de Gobierno en las actividades especificas de su Departamento y, de manera

especial, como secretarlo del Consejo de Ministros y de las Comisiones Delegadas del Gobierno. En 1967

fue nombrado vicepresidente del Gobierno.

Don Luis Carrero Blanco estaba casado con doña Carmen Pichot y tenía cinco hijos: don José Enrique

Carrero Pichot, casado con doña María Victoria Martínez-Hombre Capellán; don Luis Carrero Pichot,

casado con doña Mercedes Martín Artajo y Saracho; don Guillermo Carrero Pichot, casado con doña

María Paz Velázquez; doña Carmen Carrero Piohot, casada con don Mariano Borrero Horta, y doña

Angelines Carrero Pichot, casada con don Guillermo Schoenderff Marín. Los tres hijos del almirante

Carrero Blanco son marinos.

FECUNDA LABOR POLÍTICA

Hombre más hecho al laborar silencioso que al alarde espectacular, el almirante Carrero Blanco no ha

dudado, sin embargo, en acudir cuantas veces le ha parecido necesario o conveniente a la palestra de las

Cortes o del Consejo Nacional para exponer, en discursos de traza carteslana y de indudable lucidez, sus

ideas precisas - su talante político, su talla de gobernante; en suma, que ante la idea del engrandecimiento

de España, ni retrocede ni vacila.

Así, ante las Cortes, el almirante Carrero Blanco decía en diciembre de 1970 «La unidad se robustece con

la política de participación.» «El Gobierno está para servir al pueblo; pero servir no es halagar sino dar

satisfacción cumplida a las necesidades y aspiraciones del país.» «No hay inmovilismo en nuestro

sistema. Vamos hacia adelante, consciente y serenamente, a la mayor velocidad compatible con las

elementales cautelas. «Que todos estén seguros de que cualquier foco de subversión será totalmente

desarticulado.» «Nada que atente contra la paz pública quedará impune.» «El que dude de esta realidad y

la desafíe, no espere otra cosa que el peso de la autoridad y de la Ley.»

PRESIDENTE DEL GOBIERNO

Poco más de seis meses ha durado la gestión del almirante Carrero Blanco como presidente del Gobierno.

Nombrado por el decreto de 9 de junio de este mismo año, se cumplía en su persona uno de los postulados

previstos en la Ley Orgánica del Estado, según la cual «el presidente del Gobierno, en nombre del Jefe

del Estado, representará al Gobierno de la nación, dirigirá la política general y asegurará la coordinación

de todos los órganos de Gobierno y de Administración y ejercerá la Jefatura Nacional del Movimiento,

asistido del Consejo Nacional y del secretario nacional».

En la declaración programática del nuevo Gobierno, tras el primer Consejo de Ministros formado por el

almirante Carrero Blanco, éste expuso los diez puntos fundamentales en que se agrupaban sus propósitos.

Manifestó que el nuevo Gobierno continuaba a los anteriores para un orden social más justo y

representativo. Que deseaba la colaboración de las Cortes en proyectos como el de la Ley Orgánica de la

justicia, la Ley Electoral y la de Bases de la Defensa Nacional. Que el Consejo Nacional debía acentuar la

participación de todos los españoles en la política. Que era también su propósito vigorizar la participación

de la Organización Sindical. Lograr el desarrollo económico, pleno empleo y protección social a los

trabajadores. Extender la educación a todos los españoles. Conseguir el perfeccionamiento y

modernización de las Fuerzas Armadas. Mantener el orden público, pues donde la autoridad no se ejerce,

la libertad se destruye en la anarquía. Estableció también la recíproca independencia entre la Iglesia y el

Estado. Y su afán de perfeccionar las relaciones con la C. E. E. y mantener firme la reivindicación de

Gibraltar.

Quizá resulte injusto, en estos momentos de dolor, referirnos a que su ejecutoria política no empañó su

brillante sensibilidad de hombre de letras, con libros como «España y el mar», «Arte naval militar». «La

fuerza aeronaval en el Mediterráneo y en el Pacífico», «España ante el mundo. Proceso de un

aislamiento» y «Victoria del Cristo de Lepanto», con el que tuvo el Premio Nacional de Literatura «José

Antonio», en 1947. Colaborador de distintas revistas y publicaciones, popularizó el seudónimo de «Juan

de la Cosa» y fue nombrado miembro de honor de la Sociedad General de Autores de España.

Sus innumerables y relevantes servicios al país fueron recompensados muchas veces con las más

preciadas condecoraciones; entre ellas, la Gran Cruz de San Silvestre, que le fue concedida por Su

Santidad el Papa en 1950 y las Grandes Cruces del Mérito Naval, del Mérito Militar, de Isabel la Católica,

de Cisneros, Carlos III, de San Hermenegildo... La Diputación Provincial de Madrid le concedía ayer la

medalla de oro de la provincia a título póstumo.

En marzo último, al cumplir los setenta años de edad, el almirante Carrero Blanco pasó a la reserva en su

actividad militar, aunque siguiera intensa y plenamente dedicado a sus tareas de gobernante. A lo largo de

toda su vida política rehuyó deliberadamente toda publicidad. Esto no impidió que el pueblo español le

considerase, unánimemente, como uno de los más eficaces colaboradores del Jefe del Estado a lo largo de

los últimos lustros. Hoy, con su pérdida, su figura se agiganta aún más si cabe España entera está de luto.

 

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