El asesinato del presidente. 
 Así sucedió el criminal atentado  :   
 La policía parece tener identificado a uno de los asesinos. Posiblemente se utilizaron minas anticarro. 
 Informaciones.    21/12/1973.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 503. 

EL ASESINATO DEL PRESIDENTE

ASÍ SUCEDIÓ EL CRIMINAL ATENTADO

* La Policía parece tener identificado a uno de los asesinos

* Posiblemente se utilizaron tres minas anticarro

MADRID, 21. (INFORMACIONES y agencias.) - "De la investigación realizada en el lugar de la muerte

del presidente del Gobierno, almirante Carrero Blanco, resulta que se trata de un criminal atentado. Desde

el sótano de la casa número 104 de la calle de Claudio Coello, de Madrid, se perforó una galería

subterránea hasta el centro de dicha calle, frente al citado número. En este punto se depositó bajo el

pavimento una potente carga que se hizo explotar mediante un dispositivo exterior en el preciso momento

que pasaba el automóvil que conducía al presidente del Gobierno en su recorrido habitual. Fallecieron

también el inspector de Policía don Juan Antonio Bueno Fernández y el conductor del vehículo, don José

Luis Pérez Mojena." Con estas palabras se comunicaba oficialmente, poco antes de las siete de la tarde de

ayer, que el presidente Carrero había sido víctima de un atentado.

El trágico suceso ocurrió alrededor de las nueve y media de la mañana de ayer. Los protagonistas del

crimen son terroristas altamente especializados, según se desprende de los datos recogidos por los

investigadores en torno al caso. Al parecer, la organización terrorista E.T.A. se ha atribuido en Francia

expresamente el atentado.

Los autores del hecho habían alquilado un semisótano destinado a local comercial, en el edificio 104 de la

calle de Claudio Coello. Sabían perfectamente la ruta habitual del presidente Carrero, que todas las

mañanas se dirigía a primeras horas desde su casa hasta la Iglesia de San Francisco de Borja para asistir a

misa.

El automóvil del presidente, un «Dodge Dart» negro con matrícula oficial, aparcó, como cada día, a las

nueve de la mañana en el mismo lugar cerca de la puerta de atrás de la iglesia de los jesuitas. Allí

permaneció una media hora hasta la salida de misa. Los autores del atentado conocían perfectamente esta

circunstancia y habían perforado una galería subterránea desde el semisótano que tenían alquilado hasta el

centro de la calzada, justo en el lugar en que el almirante Carrero debía subir a su automóvil una vez

terminada la misa.

Los terroristas habían colocado en este lugar una carga explosiva, de profundidad, muy fuerte. Quizá

estaba instalada desde hacía varios días. Todo indica que la accionaron a distancia. Da pie para esta

suposición la existencia de una raya de pintura roja, vertical, existente en la pared de un edificio

colindante que sirvió, según parece, de señal para que los magnicidas supieran cuándo era el momento

indicado de accionar el artefacto. En el lugar del suceso aparecieron diversos cables eléctricos. También

se encontró ayer mismo por la mañana, según parece. el detonador.

MOMENTO DEL CRIMEN

Alrededor de las nueve y media de la mañana, cuando el presidente Carrero, en compañía de un policía de

escolta, había penetrado en su automóvil ocurrió la tremenda explosión. El coche, con un peso superior a

los 2.300 kilos, salió proyectado hacia arriba hasta una altura de mas de 40 metros. Rebotó contra una

cornisa del edificio de los Jesuitas y en su caída hacia dentro y ligeramente hacia, la izquierda topó con la

barandilla de un patio interior del edificio, a la altura del segundo piso, después de haber salvado tras el

primer choque con la cornisa exterior, una altura de cinco pisos.

El automóvil del presidente quedó empotrado entre la barandilla y una pared del patio. Estaba doblado en

uve y totalmente destrozado.

LA ABSOLUCIÓN

El padre jesuita Gómez Acebo, que se encontraba cerca del patio donde cayó el automóvil con el

presidente don Luis Carrero dentro, acudió inmediatamente al lugar y dio la absolución al señor Carrero

Blanco, su chófer y el policía de escolta que le acompañaba; los tres estaban interiormente destrozados,

según, se pudo comprobar poco después en la ciudad sanitaria Francisco Franco, donde ingresaron ya

cadáveres. En el atentado sufrieron también heridas graves una dependienta de una tienda de modas, un

niño de unos diez o doce años que pasaba por allí y la hija de los porteros del 104 de Claudio Coello. El

presidente Carrero iba a misa casi todos los días acompañado de una hija suya, quien en esta ocasión por

razones familiares se había quedado en casa El presidente y su hija regresaban cada día a su domicilio

particular de la calle de Hermanos Bécquer para desayunar. Y desde allí se dirigía don Luis Carrero

Blanco a su despacho de la Presidencia. En esta ocasión el almirante Carrero, según nuestras noticias,

pensaba hacer lo mismo.

LA TERRIBLE EXPLOSIÓN

De la potencia de la explosión da idea el cráter abierto en la calle de Claudio Coello, que alcanza unos

diez metros de largo, siete de ancho y dos de profundidad. Este tremendo socavón quedó inundado al

quedar afectadas las condiciones de agua. También se rompieron las del gas (que denunciaba un fuerte

olor característico en la zona) y electricidad. Cascotes y adoquines salieron proyectados en un radio de

más de cincuenta metros, y unos treinta automóviles estacionados a ambos lados de las aceras quedaron

destrozados o sufrieron graves daños.

Don José María Pérez Herrero, que se hallaba en el interior de la Iglesia de los jesuitas en el momento de

ocurrir el suceso, ha declarado: «Serían las nueve y veinte o nueve y veinticinco cuando se produjo la

enorme explosión. Tuvimos la impresión de que se había producido debajo de nosotros y que el templo se

iba a venir abajo. Me dirigí inmediatamente al exterior, en dirección de donde yo creía que se había

producido la explosión. El patio que se encuentra en el templo y la calle de Maldonado aparecían llenos

de cascotes. Miré hacia arriba y vi un automóvil destrozado que estaba pendiendo sobre el petril y

asomaba sobre la terraza. En ese instante no podía imaginar que se trataba de un criminal atentado contra

el presidente del Gobierno, almirante Carrero Blanco.»

OTRAS VICTIMAS

El conductor del coche del almirante Carrero, fallecido también en el atentado, era don José Luis Pérez

Mojena, casado y padre de dos hijos de corta edad. Tenía 33 años. Uno de los policías de la escolta, que

resultó ileso, era uno de los agentes acuchillados el 1 de mayo en la plaza de Antón Martín.

LOS PORTEROS DE LA FINCA

La mayor de las dos hijas de los señores Clemente, los porteros del número 104 de la calle de Claudio

Coello, ingreso ayer por la mañana en el Gran Hospital, con conmoción cerebral y heridas en la ceja

izquierda, según señala el parte médico. La niña, María José, de cinco años de edad, fue internada en la

sección de comas y continúa en observación, aunque los médicos aseguran, según parte de última hora,

que se encuentra fuera de peligro.

La señora Clemente se encontraba vistiendo a su hija para llevarla al colegio en el momento de la

explosión. Por la fuerza de la sacudida, la niña cayó al suelo, sufriendo un golpe fortísimo, y también la

madre se golpeó la cabeza con la pared.

La señora de Clemente y su marido, que pertenece al Cuerpo de la Policía Armada no quisieron hacer

declaración alguna. Ayer prestaron declaración ante la Policía y volvieron al hospital a última hora de la

noche. No están autorizados a hacer declaraciones ni tampoco a dejarse fotografiar, para su seguridad

personal.

No obstante, se ha sabido que el matrimonio prestó una detallada declaración con respecto al individuo

que hace diez o doce días - no recuerdan exactamente la fecha - alquiló el sótano de la casa. Se trata, al

parecer, de un muchacho joven, cuya edad oscila entre los veinte y los treinta años.

El matrimonio Clemente estará constantemente vigilado por un policía para su seguridad y deberán dar

cuenta de todas las personas con quien hablen en estos próximos días. La señora de Clemente recuerda

perfectamente al individuo que alquiló el sótano de la casa, y se teme que pueda haber alguna represalia.

El señor Clemente estaba anoche bastante asustado. Se limitó a decir que no podía hablar con nadie.

LOS CRIMINALES

Como decimos, la organización terrorista E. T. A. se ha atribuido el criminal atentado (aunque otras

fuentes próximas a la E. T. A. lo desmienten).

Personas generalmente bien informadas, de carácter no oficial, han señalado que la Policía madrileña

cuenta ya con la identificación de una de las personas que, al parecer han participado en la preparación y

ejecución del atentado.

Un reducido grupo de individuos había alquilado, hace una dos meses, un sótano en el número 104 de la

calle de Claudio Coello, desde donde perforaron la galería subterránea hasta el centro de la calle.

Los investigadores sospechan que la preparación de la acción se desarrolló durante las últimas ocho

semanas. Los delincuentes han podido utilizar como explosivo una mina antitanque de gran potencia.

El grupo debía contar con la colaboración, al menos de un técnico en el manejo de explosivos de alta

potencia. otro especialista en electrónica y un tercero dedicado a resolver los problemas ópticos para

poder sincronizar al máximo el atentado.

Según la opinión de expertos en explosivos, se trató muy posiblemente de tres minas anticarro, colocadas

sucesivamente a muy poca distancia entre sí. a dos o tres metros de profundidad, y accionadas mediante

un dispositivo electrónico a distancia altamente perfeccionado. Las tres explosiones - agregan - se

sucedieron en breves fracciones de segundo y su intensidad se multiplicó.

Parece seguro que ayer mañana, durante un largo rato, estuvo cerrado al tráfico el aeropuerto de Barajas.

Nos consta que se distribuyó una circular en la que se alentaba sobre la posibilidad de poner en marcha el

dispositivo previsto para casos de extrema urgencia en los aeropuertos españoles.

A las seis de la tarde, según fuentes oficiosas, existían pistas concretas sobre la identidad de los asesinos.

Se hablaba de hombres jóvenes y se intentaba localizar a los supuestos escultores que habían alquilado el

semisótano del número 104 de la calle de Claudio Coello. En la habitación que habitaban se encontraron

sacos terreros vacíos, una cama y un puñado de discos.

EN LA CIUDAD SANITARIA FRANCISCO FRANCO

Los restos mortales del Presidente del Gobierno fueron conducidos inmediatamente de ocurrir el suceso a

la Ciudad Sanitaria Francisco Franco. A las seis menos veinte de la tarde llegaron los hijos del almirante

procedentes de Cádiz. Durante el tiempo que estuvo el cadáver allí acudieron a orar, entre otras

personalidades, los Príncipes de España, los ministros del Gobierno, el nuncio de Su Santidad y el

cardenal-arzobispo de Madrid.

A las seis menos cuarto fue sacado el féretro del hospital e introducido en un furgón. La comitiva fúnebre

llegó a las seis menos cinco a la sede de la Presidencia del Gobierno, donde quedó instalada la capilla

ardiente y donde anoche se celebró una misa de «corpore in sepulto». Sus Altezas Reales los Príncipes de

España, los miembros del Gobierno, ex ministros, consejeros del Reino, altos militares, entre ellos el jefe

del Alto Estado Mayor, mesa de las Cortes, etc., fueron visitando a lo largo de toda la noche la capilla

ardiente. La guardia que permaneció junto al féretro estaba compuesta por gastadores de los Ejércitos de

Tierra. Mar y Aire y por oficiales de los tres Ejércitos. Una gran muchedumbre se acercó a la sede de la

Presidencia para testimoniar su pésame en el libro que se había colocado en el vestíbulo.

TRES DÍA DE LUTO NACIONAL

A primeras horas de la tarde, el ministro de Información y Turismo don Fernando de Liñan. daba cuenta

al país a través de la R. T. V. E. que se había reunido el Gobierno, presidido por don Torcuato Fernández

Miranda, y que había decidido decretar tres días de luto nacional.

La alocución del ministro fue la siguiente:

«Con motivo de la muerte en la mañana de hoy del presidente del Gobierno, almirante don Luis Carrero

Blanco, se ha celebrado reunión del Gobierno, presidida por don Torcuato Fernández Miranda, quien, en

virtud de la Ley Orgánica del Estado, ha asumido automáticamente la Presidencia del mismo.

El Gobierno, al comunicar al pueblo español la pérdida dolorosa e irreparable del gran patriota, ilustre

marino, prudente hombre de Estado, ejemplo de lealtad y fidelidad, cuya vida ha sido una constante

entrega al servicio de España, haciéndose eco del sentir de la nación, acuerda declarar tres días de luto y

testimonia a su viuda, a sus hijos y a sus familiares el más emocionado pésame.»

Todos los espectáculos públicos habían quedado suspendidos en señal de duelo. Cines, teatros y salas de

fiesta lo anunciaban con carteles colocados en la puerta. Todas las banderas ondean a media asta. La

circulación rodada descendió de forma sensible. Los transportes públicos se encontraban a las once de la

noche prácticamente vacíos y apenas había taxis en la ciudad El número de transeúntes era mínimo. Las

principales calles, de Madrid veían de nuevo a los voceadores de Prensa. Los periódicos de la tarde

habían multiplicado sus ediciones y los diarios de la mañana habían adelantado una edición ayer por la

noche. A pesar de la escasez de gente en la calle estas ediciones extraordinarias se agotaron

inmediatamente.

Todas las emisoras de radio conectaron con Radio Nacional; hasta las dos y media de la tarde. La emisora

oficial transmitió durante todo el día y durante la noche junto con las noticias que se iban produciendo

música fúnebre.

Quedaron suspendidos todos los actos oficiales El Consejo de Estado las Cortes Españolas y la Comisión

Permanente del Consejo Nacional suspendieron sus sesiones en señal de duelo. De todo el país llegaban al

palacio de El Pardo lo mismo que del extranjero, testimonios de sentido pésame.

ALOCUCIÓN DE FERNÁNDEZ MIRANDA

Anoche a través de la RTVE.. el señor Fernández-Miranda, que se hizo automáticamente cargo de

la Presidencia del Gobierno y que había jurado el mismo poco antes en el palacio de El Pardo ante el Jefe

del Estado, según estipula la ley Orgánica, se dirigió al país con la siguiente alocución:

«Desde el dolor de España. que ha perdido a uno de sus hombres que con más lealtad y fidelidad la ha

servido, quiero dirigirme a la nación.

Las investigaciones realizadas demuestran que el almirante Carrero, presidente del Gobierno, ha sido

asesinado; ha sido víctima de un atentado criminal. La reacción del pueblo español es la propia de su

nobleza. Los testimonios que se están recibiendo de toda España son inequívocos.

El Gobierno espera que la eficaz actuación de los servicios de seguridad lograrán descubrir y detener a los

culpables, que serán entregados a la acción de la justicia.

El orden es completo en todo el país, y será mantenido con la máxima firmeza. Nuestro dolor no turba

nuestra serenidad.

La serenidad en estos momentos es la mejor expresión de nuestra fortaleza. La responsabilidad en el

ejercicio de la autoridad no admite que la emoción turbe el espíritu ciudadano de nuestro pueblo.

No es hora de palabras. El pueblo español sabe que nunca ha tenido nada que ver con los cobardes. El

odio puede sonar con posibles revanchas; es inútil. Hemos olvidado la guerra en el afán de construir la

paz de los españoles, pero no hemos olvidado ni olvidaremos nunca la victoria que ha abierto el camino

español de la paz y la justicia

El ejemplo vivo del almirante Carrero Blanco la firme serenidad del Caudillo y la nobleza de nuestro

pueblo, encuentra en el Gobierno el profundo eco y la segura actitud que el momento exige.»

21 de diciembre de 1973

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