Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   El país futuro     
 
 ABC.    22/10/1976.  Página: 3. Páginas: 2. Párrafos: 32. 

y VII.EL PAIS FUTURO

PAÍS histórico, país legal, país sociológico, país ideal, todos tienen que ver con el país posible.

Pero, ¿cuál será, en verdad, el país futuro? Esta es cuestión para futurólogos, profesión delicada donde las

haya.

El futuro es, por definición, desconocido. La futurología no profética ni astrológica trata en realidad de

extrapolar las tendencias del presente, que ese sí es conocido. Yo voy a hacer un ejercicio aún más

humilde: el de expresar cómo veo, en la práctica, las posibilidades de avanzar en una línea reformista,

reconociendo las dificultades, pero jugando fuerte y con las cartas sobre la mesa.

Considero que el panorama hasta 1980 presenta serias dificultades, que exigen una tregua entre los

extremos y una unión más estrecha entre los moderados. Una política aventurera de provocar lo peor, para

prevalecer, sólo puede concebirse en mentes irresponsables y en espíritus sin entrañas.

Entiendo también que hay que renunciar a actitudes maximalistas; todos hemos de poner algo y sacrificar

bastante en aras del bien común. Quien desee evitarlo y, por lo tanto, hacer trampas en el juego habrá de

exponerse a ser expulsado del salón, incluso por la ventana.

Me parece igualmente claro que hemos da apoyarnos en las fuerzas de unión. Una es, par supuesto, la

Monarquía, mas no podrá cumplir su importante papel si no renuncia al juego político directo,

quedándose en el más alto, más permanente, menos expuesto, del supremo arbitraje.

Otra fuerza clave son las Fuerzas Armadas. También ellas deben contemplar su acción en este momento

con gran altura. No deben favorecer, ni en apariencia, esta o aquella opción política; pero sí deben dejar

claro que ni el desorden, ni la presión ilegal, ni las acciones que afecten a la unidad nacional, ni las

presiones basadas en acciones desde el extranjero, pueden prevalecer.

Tradicionalmente a la Iglesia se le ha atribuido un papel conservador, en primer lugar, y moderador, en

segundo término. Me atengo sobre todo al segundo; creo ya irreversible el pluralismo de opciones

políticas para los cristianos, sin más salvedad que la eventual declaración de que un grupo, por su doctrina

o métodos, se aparta totalmente de lo que un cristiano pueda aceptar, sin dejar de serlo. Dicho esto creo

que sería un error apoyar especialmente a este o aquel grupo que pretendiera tomar un tinte confesional.

En todas las partes del mundo la comunidad económica toma parte en las opciones políticas. Los

empresarios tienen algo que decir sobre el sistema económico en su conjunto, y sobre su defensa, frente a

otros modelos que se presenten. Pretender presentar esto como una mera defensa de intereses personales o

de grupo, que, por supuesto existen, sería equivocado. Deben organizarse, como tales empresarios, para

presentar sus puntos de vista; y, por supuesto, como los demás ciudadanos, pueden y deben apoyar en

política a los grupos que les merezcan mayor confianza.

Lo mismo ocurre con ese gran sector de nuestra sociedad que es el campo, con razón preocupado de que

sus problemas sean los más aplazados y sus soluciones las más lentas; debe también organizarse,

potenciar su voz y acostumbrarse a una política de presencia y acción sistemática más que de queja

esporádica.

las clases medias son, probablemente, el sector menos organizado y que, de organizarse, alcanzaría una

acción más constructiva; pues al encontrarse en el medio de la escala social, todo la lleva a actuar de

muelle o de bisagra más que a tirar en direcciones opuestas. La pequeña y mediana empresa

probablemente requerirán una acción específica que contribuya a esa unión, llegando incluso a una

Administración separada de la gran industria, como ocurre en varios países europeos.

El mundo del trabajo es una de las más poderosas fuerzas de nuestra sociedad. Es inevitable que tenga la

libertad necesaria para organizarse y ejercer su fuerte presión dentro de la Ley. Debe, a su vez, aceptar

que la destrucción o deterioro del orden económico-social existente, como ocurrió en Chile o en Portugal,

no le hará avanzar en sus verdaderos intereses.

El mundo de las ideas y las imágenes (cultura, educación, arte, medios de comunicación social), en un

renacimiento claro d« poder e influencia, debe aceptar la correlativa responsabilidad, y por lo mismo

realizar no sólo crítica y contestación, sino también, y principalmente, un papel de edificación social.

Todos esos entornos sociales básicos tendrán un papel decisivo en los meses próximos. Pero la

responsabilidad más directa corresponderá, sin duda, a las fuerzas políticas propiamente dichas. Pocas

veces el destino de un país ha dependido de un modo tan claro de la capacidad, imaginación, trabajo y

desinterés de un grupo social: los políticos, que a los efectos básicos no creo que rebasen las 5.000

personas. Si logran ponerse de acuerdo para crear un campo de juego razonable que evite los

extremismos; si están dispuestos a jugar ese juego de modo progresivo, en los años próximos, en vez de ir

ahora a un hartazgo general; y si consiguen presentar al resto del país un número limitado y claro de

opciones alternativas, el país futuro será un país habitable.

Sé muy bien que la empresa está erizada de dificultades; la verdad es que son para desanimar a muchos.

Pero no es una empresa imposible. Supone renunciar a personalismos, echar pelos a la mar, tolerar a

personas que no siempre han sido fáciles y reconocer que una fuerza o partido político debe ser, desde su

misma constitución, un experimento de síntesis, de mediación, de mutua comprensión y tolerancia, de

sacrificios al servicio del país.

Lo divertido es que los mismos que critican, con razón, los personalismos estrechos y la pulverización de

las fuerzas políticas se escandalizan de que alguien intente hacer algo en otra dirección. Y dicen: ¿cómo

va Fulano con Mengano si antes Mengano estaba a la derecha de Fulano? La respuesta es sencilla: Fulano

y Mengano quieren, siguiendo cada uno con sms ideales, ponerlos al servicio del conjunto del pueblo. Si

juntos Fulano y Mengano aceptan un papel mediador propuesto por Zutano están haciendo lo que hacen

en todos los países del mundo los conservadores, los socialistas y todos los partidos que yo conozco, que

son unos cuantos. Otros dicen: ¿cómo Fulano y Mengano, que fueron rivales, ahora se unen? La respuesta

es sencilla mas, al parecer, increíble: porque son capaces de sobreponerse a sus rencillas y competencias,

al servicio del país.

Si las fuerzas sociales indicadas, si las instituciones claves citadas, si las fuerzas políticas necesarias, una

vez organizadas en serio, actúan todos con un mínimo de coherencia, sentido común y conciencia de la

responsabilidad del momento, el futuro del país será aceptable. Si, por el contrario, los unos se van a

posiciones extremas, los otros se acuestan o se mantienen en una actitud pasiva, los de más allá actúan de

modo frívolo e irresponsable, podemos dar por seguro un período de estancamiento económico, de

inestabilidad social, de inseguridad jurídica y de caos político. y, dentro de muy poco tiempo, los que

pierdan las oportunidades qua el momento ofrece, y las malgasten por pequeñas cuestiones personales, se

tirarán de los pelos y sufrirán las consecuencias de su insensatez.

Algunos vamos a intentar aprovecharlas al máximo. Vamos a decirle al país: hay que serenarse; hay que

hacer las cuentas; hay que arreglar las cosas de casa sin pleitos; hay que trabajar, .ahorrar y ser formales;

hay que pensar en el mañana y en la generación siguiente; hay que exigirnos todos un poco más. Hay que

hacer que las empresas funcionen, y que se trabaje en las escuelas, y que los aviones salgan y lleguen a la

hora. Hay que restablecer la confianza general, la disciplina social y el esfuerzo colectivo. Hay, por

supuesto, que mejorar muchas cosas y hacer más justicia, pero sin terrorismo, ni violencia, ni empujones,

ni desbordamientos.

Para lograr esto hay que unirse, organizarse, arrimar el hombro. El desafío está ahí y a corto plazo. Hay

que aportar nombres, medios, ideas. Si creamos una fuerza seria que combine el espíritu de conservación

con el de reforma será difícil llevarnos a una ruptura o a imposiciones de esta o aquella improvisación.

Quiero decir que el futuro, en definitiva, depende de lo que hagamos y de lo que dejemos de hacer. Los

antiguos griegos castigaban al ciudadano que no tomaba parte en las luchas políticas; y Platón escribió

que el que no se ocupa de los asuntos públicos no puede luego quejarse de que le gobierne otro que sea

peor que él.

Si no hacemos nada hay ya suficientes síntomas de que tendremos un futuro difícil. La economía no

aguanta otro año de inflación descontrolada y de indisciplina laboral. El sistema educativo no soporta otro

año de pintadas, sentadas y de jóvenes dedicados a destruir edificios. La balanza de pagos y la salud de la

peseta no pueden mantenerse en el actual ritmo de un consumo indisciplinado, una exportación salvaje de

capitales y un turismo desanimado. El campo, abrumado por la sequía, por la descapitalización y por los

costos crecientes tampoco está para bromas.

Hay que actuar ya. El futuro ya ha empezado. Es inútil entrar en la subasta de las demagogias. Hay

que decir la verdad al país: que las cosas no están para bromas. Que la situación ´económica es

verdaderamente seria y la social acaba de agravarla en términos realmente preocupantes. Y que el

momento no admite ni un solo mes más de inacción, de ligerezas y de engaños.

No admite tampoco que unos cuantos señores que se han encerrado a sí mismos en una especie de

«ghetto» autofabricado, de lo que se llama la «oposición democrática», con todas las características de

una vieja guardia, y hasta su escalafón, se divierta planteando cada semana nuevas dificultades, nuevos

desafíos verbales, sin aceptar ninguna responsabilidad ni ofrecer ninguna solución constructiva. Decir que

no a todo, acudir a Estrasburgo a combatir los intereses del Estado español, favorecer actitudes de

enfrentamiento en los conflictos sociales, hacer demagogia en las regiones, no es preparar un futuro

válido para la Nación, sino perder una nueva ocasión y descalificarse como alternativa de Gobierno.

El futuro de verdad no puede prepararse más que asumiendo plenamente el pasado para superarlo; y

enfrentándose con todos y cada uno de los problemas del presente. La necesidad de la reforma política

está haciendo olvidar a bastantes que el país no puede pararse, que hay que dar solución a mil cuestiones

urgentes, que no se puede esperar a que termine la operación política para gobernar y administrar. Una

reforma es como una operación quirúrgica, no como el derribo de una casa para volver a edificar;

mientras el cirujano trabaja tienen que estar a punto los cuidados al corazón, las transfusiones y todo lo

demás, porque si no el cirujano pude tener un gran éxito técnico, pero el enfermo se muere seguro.

Y el país no se engaña sobre el peso " • « de las personas, ni sobre la eficacia de las gestiones, ni sobre las

raíces de la confianza. Ninguna operación de relaciones públicas sustituye al liderazgo, a la autoridad, a la

resolución; como tampoco un constante lamentarse sobre esta o aquella condición que falta divierte a una

opinión que busca realidades y soluciones. Gobierno y oposición serán medidos por el metro implacable

de lo que hagan y no lo que digan.

El futuro se va a construir con hechos y no con palabras. Abierta una coyuntura democrática, sólo

contarán los votos y las fuerzas políticas capaces de movilizarlos. Es tan sencillo como todo eso. Ahora

no valen disculpas: o se entra en el juego, o en realidad se quiere otra cosa. Resulta que las tan denostadas

designaciones a dedo es lo que desean los partidarios de un Gobierno provisional; y que los partidarios de

la renovación quieren enlazar con períodos históricos rebasados, que van en unos casos hasta los años 30

de este siglo y en otros nada menos que hasta principios del siglo XVIII.

Esto no tiene nada que ver con el futuro. El futuro perfecto o utópico es tema para la literatura. El futuro

nostálgico, para el muro de las lamentaciones. El futuro real será obra de la realidad, interpretada por

hombres realistas.

La política, esa cosa dura e incluso terrible, está ahí. como nuestro destino inmediato. Cuando sólo se

podía pensar en ella en tiempo futuro, sólo se podían preparar libros, folletos, proyectos, programas.

Esto dio lugar a la aparición de numerosos grupos intelectuales, círculos elitistas, autores colectivos de

artículos o campañas, fabricaciones de imagen, cenáculos elegantes y clubs políticos. Pero ahora no se

trata ya de publicar libros blancos, organizar ciclos de conferencias o brillantes cenas políticas. Ha

llegado la hora de la verdad. Han sonado los clarines.

Con todo aquello, en lo que todavía valga» y con otros muchos elementos hay que crear fuerzas políticas

propiamente dichas. Hay que echarse a la calle; hay que coger los ladrillos y mancharse las manos con la

cal y el cemento; hay que integrar personas y grupos diversos. Para una fuerza política nacional no basta

un pequeño número de amigos que piensen en todo igual, que se sientan cómodos en toda clase de

situaciones y que ellos y sus mujeres se encuentren unos a otros más simpáticos que los demás.

Hace falta sumar personas y actitudes heterogéneas; hay que aunar intereses respetables, hay que hacerse

concesiones mutuas y, por supuesto, renunciar a que todos sean absolutamente justos y benéficos.

El futuro del país depende, en gran parte, de esto. Yo diría que depende más que de ninguna otra cosa; y

que justifica grandes esfuerzos; y que estos esfuerzos merecerían comprensión y ayuda más que críticas

fáciles y baratas. Sobre todo para los que no se conformen con el recurso fácil de tomar esta o aquella

licencia extranjera homologable, sino que vayan a intentar el alumbramiento de verdaderas fuerzas

nacionales y de catalizarlas y organizarlas en fórmulas originales.

Debo añadir que, consciente de las dificultades a superar, creo en la posibilidad del empeño y, por lo

mismo, en un futuro razonable para España. No de color de rosa, pero sí de color de vida, de algo real y

dinámico. No tendríamos derecho a permitir que fuese de otra manera. Nos va demasiado en ello para

nosotros y para nuestros hijos.

Un país organizado en fuerzas políticas sólidas es un país con futuro. Un país sin fuerzas políticas serias

no tiene más porvenir que la dictadura de uno u otro lado o el ser manejado por intrigas cortesanas o

maniobras extranjeras. Tal es, a mi juicio, el gran desafío del país futuro.

Manuel FRAGA IRIBARNE

 

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