El asesinato del Presidente. 
 El Príncipe de España, aclamado por el pueblo durante el sepelio de Carrero Blanco  :   
 Gritos emotivos y profusión de pancartas durante el cortejo fúnebre. Miles de madrileños contemplaron respetuosamenten en silencio el paso de la comitiva fúnebre. 
 Informaciones.    22/12/1973.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

EL ASESINATO DEL PRESIDENTE

EL PRINCIPE DE ESPAÑA, ACLAMADO POR EL PUEBLO DURANTE EL SEPELIO DE CARRERO BLANCO

GRITOS EMOTIVOS Y PROFUSIÓN DE PANCARTAS DURANTE EL CORTEJO FÚNEBRE

MILES DE MADRILEÑOS CONTEMPLARON RESPETUOSAMENTE EN SILENCIO EL PASO DE LA COMITIVA

FÚNEBRE

EN EL DUELO OFICIAL FIGURABAN EL JEFE DEL GOBIERNO PORTUGUÉS Y EL VICEPRESIDENTE DE U. S. A.

A DON LUIS CARRFRO BLANCO SE LE RINDIERON HONORES DE CAPITÁN GENERAL DE LA ARMADA

MADRID, 22. (INFORMACIONES.)

Una multitud que se calcula en unas cien mil personas acompaño ayer en Madrid la conducción de los

restos mortales del presidente del Gobierno, don Luis Carrero Blanco, bárbaramente asesinado en Madrid

en la mañana del pasado día 20.

Al almirante se le rendían honores fúnebres de capitán general de la Armada.

A las 3.45 de la tarde llegó al palacio de la Presidencia del Gobierno el vicepresidente de los Estados

Unidos, Mr Gerald Ford, acompañado de su escolta personal. Casi simultáneamente lo hizo el jefe del

Gobierno de Portugal, don Marcelo Caetano, a quien acompañaba el ministro español de Asuntos

Exteriores, don Laureano López Rodó.

Minutos antes de que el féretro fuese sacado a hombros de los ministros, un sector del público

congregado en los alrededores del edificio cantó el «Cara al Sol» y lanzó gritos políticos. El espectáculo

era impresionante. Exclamaciones de «Franco, Franco», «Viva Carrero Blanco» y «Mueran los

traidores», constituían el acompañamiento oral pancartas en las que podían leerse frases como

«Españoles, alerta», «El asesinato de Carrero Blanco es el desafío del comunismo» y «Al total terrorismo,

Gobierno de autoridad».

LLEGA EL PRINCIPE DE ESPAÑA

A las cuatro de la tarde, el acto del sepelio tuvo su iniciación. Entre grandes aplausos y emocionados

vítores había llegado al palacio de Castellana. 3. Su Alteza Real el Príncipe de España, que lucía uniforme

de contraalmirante de la Armada. Los gritos de «Príncipe, Príncipe» y «Franco, Franco» atronaban sin

cesar el ambiente. Cinco minutos después de la llegada de don Juan Carlos de Borbón, el féretro que

contenía los restos del presidente del Gobierno, cubierto parcialmente por la bandera nacional, sobre la

que había sido colocada la gorra de almirante, hizo su aparición entre las columnas de la entrada principal

de la sede de la Presidencia. Don Juan Carlos que ostentaba la representación del Jefe del Estado, había

visitado previamente, por breves instantes, la capilla ardiente. La Policía Armada comenzó a formar

cordón Sus componentes entrelazaban sus brazos mientras crecía la tensión emocional del público.

Colocado el féretro en el armón de artillería y antes de que se pusiera éste en movimiento, arrastrado por

un tronco de seis caballos, se hizo un solemne silencio mientras sonaban los abordes de1 himno nacional.

Desde el Ministerio del Ejército fueron disparadas a continuación 21 salvas.

LA COMITIVA, EN MARCHA

Iniciada lentamente la marcha de cortejo, los gritos e himnos volvieron a caldear emocionantemente el

frío ambiente de la tarde. Una sección de motoristas de la Policía Municipal precedía al clero castrense.

Un soldado del Arma de Aviación portaba una gran cruz e inmediatamente le seguía, revestido de

pontifical, el cardenal-arzobispo de Madrid, secundado en la comitiva por el vicario general castrense,

fray José López Ortiz, cardenal-arzobispo de Toledo, monseñor Marcelo González: secretario de la

Conferencia Episcopal, monseñor Yanes; obispo de Cuenca, monseñor Guerra Campos, y obispos

auxiliares de Madrid, monseñores Echarren, Estepa y Oliver, seguidos por representantes del alto clero.

PRESIDENCIA OFICIAL

El armón de artillería que transportaba el féretro iba escoltado por soldados de los tres Ejércitos. Las

cintas del ataúd con los colores rojo y gualda, eran llevadas por los ministros de Asuntos Exteriores,

Justicia, Ejército Marina, Aire y Subsecretaría de la Presidencia, además del teniente general jefe del Alto

Estado Mayor. Precedían al armón fúnebre sesenta coronas de flores portadas por números de las fuerzas

firmadas.

Inmediatamente después del armón caminaba el Príncipe de España, seguido por el Gobierno en pleno y

representantes de las misiones extraordinarias de diversos países. A los jefes de las delegaciones

norteamericana y portuguesa se sumaban, a escala protocolaria inferior, los de las delegaciones francesa y

marroquí, señores Poniatowski y Benhima, respectivamente ministros de Salud Publica y Asuntos

Exteriores de los correspondientes países. La representación británica corría a cargo del canciller del

ducado de Lancaster. Los restantes países se hablan hecho representar por sus embajadores o jefes de mi-

sión diplomática o consular.

El duelo familiar marchaba a continuación, seguido por los miembros del Consejo del Reino, Mesa de las

Cortes y Comisión Permanente, Consejo Nacional del Movimiento, Tribunal Supremo, Consejo de

Estado, Consejo Supremo de Justicia Militar, Alto Estado Mayor, Diputación. Ayuntamiento, claustro

universitario y otros altos organismos.

Abrían la marcha sendas compañías de los tres Ejércitos, con armas a la funerala.

DESPEDIDA DEL DUELO

El duelo oficial fue despedido en la plaza de Gregorio Marañón, después de un recorrido de unos dos

kilómetros. A lo largo del trayecto, las manifestaciones emotivas se sucedieron, mientras se multiplicaban

las pancartas.

Terminadas las ceremonias oficiales, tras el rezo de un responso la comitiva partió hacia el cementerio de

El Pardo donde los restos recibirán cristiana sepultura.

PEQUEÑOS CONATOS DE MANIFI STACIONES

La gran masa de público que acompañó al cortejo oficial se dispersó luego ordenadamente. Grupos

aislados de personas prosiguieron sus gritos y cánticos e incluso intentaron organizar pequeñas

manifestaciones una de las cuales se disolvió en las inmediaciones de la plaza de las Salesas.

LA MEDALLA DE LA VILLA

Por la mañana (ver INFORMACIONES de ayer) se sucedieron los desfiles de personalidades, que

rindieron a los restos de don Luis Carrero Blanco un último tributo en su capilla ardiente. Media hora

antes del sepelio, el alcalde de Madrid señor García-Lomas, acompañado de los tres tenientes de alcalde

señores Suevos, Del Moral y Pérez Pillado, y en presencia de los concejales don Ezequiel Puig, Maestro

Amado, Pianelles y González de Diego, impuso al cadáver la medalla de honor de la Villa, máxima

distinción del Ayuntamiento madrileño. Inmediatamente se procedió a colocar sobre el féretro una tapa de

cristal. Las condecoraciones del almirante fueron retiradas y depositadas sobre un almohadón de

terciopelo rojo.

ENTIERRO DEL CONDUCTOR DEL COCHE PRESIDENCIAL

MADRID 22 (PYRESA.) Ayer tarde recibieron también cristiana sepultura, en el cementerio de Nuestra

Señora de la Almudena, los restos mortales de don José María Pérez Mojena, conductor del coche del

presidente del Gobierno y capitán general don Luis Carrero Blanco.

Presidieron 1a ceremonia religiosa, que se desarrolló previamente en la iglesia de San Cristóbal, aneja a la

sede del Parque Móvil, en que se había instalado la capilla ardiente, miembros del Gobierno y los

familiares del finado Entre el público asistente figuraban numerosos compañeros del señor Pérez Mogena.

INFORMACIONES

22 de diciembre de 1973

3

 

< Volver