Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
 El asesinato del Presidente. Monseñor Jubany, cardenal-arzobispo de Barcelona. 
 La violencia repugna a los hombres amantes del progreso     
 
 Informaciones.    22/12/1973.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

EL ASESINATO DEL PRESIDENTE

MONSEÑOR JUBANY, CARDENAL-ARZOBISPO DE BARCELONA: "LA VIOLENCIA REPUGNA A LOS HOMBRES

AMANTES DEL PROGRESO"

Por Enrique SOPEÑA

BARCELONA, 22. - «Estamos vivamente afectados por las tristes, trágicas y reprobables circunstancias

en las cuales ha encontrado la muerte el presidente del Gobierno de la nación, excelentísimo señor don

Luis Carrero Blanco, así como otros hombres fieles a su servicio. Se trata de un nuevo crimen que se

suma a la larga lista de las víctimas de la violencia que dolorosamente está marcando la historia de

nuestro siglo, tan orgulloso de sus progresos técnicos y de sus conquistas sociales.»

Así se ha expresado el cardenal-arzobispo de Barcelona durante la homilía pronunciada ayer al mediodía

con motivo de las solemnes exequias celebradas en la catedral de Barcelona por el eterno descanso del

alma de don Luis Carrero Blanco A los funerales han asistido las primeras autoridades de Barcelona,

presididas por el capitán general de Cataluña. Un gran número de personas llenaba el templo.

Monseñor Jubany ha dicho las siguientes palabras:

«Nos encontramos reunidos, al celebrar esta Eucaristía, en una comunidad de fe y de esperanza y también

en una comunidad de oración. De fe y esperanza ante todo. San Pablo ha dicho: Nosotros creemos que

Cristo ha muerto y ha resucitado.»

Y ha afirmado también que estamos seguros de que Dios nos ha concedido la victoria sobre la muerte por

la resurrección de su hijo.

Ante este hecho, compartimos en primer lugar el luto que afecta a nuestra Patria y sentimos como nuestro

el dolor que empañará la cristiana alegría de las próximas fiestas navideñas - fiestas por antonomasia de la

paz - en el corazón de las familias de los que han muerto y de los que quedan heridos en los hospitales,

algunos de ellos en la angustiosa lucha entre la vida y la muerte. Para la familia Carrero - y para las de los

otros fallecidos - vaya la expresión de nuestra más sentida condolencia; para los restantes, la esperanza de

su pronta y total recuperación.

En segundo lugar, rehusamos de todo corazón la violencia en las relaciones humanas. Ella es contraria al

espíritu del Evangelio y repugna a los hombres verdaderamente amantes de la civilización y el progreso.

Pedimos a Dios que el trágico y doloroso sacrificio de nuestro hombre de Estado sea a sus ojos nueva

ocasión y motivo para la paz y concordia de todos los españoles.

Hace poco más de veinticuatro horas - momentos antes de su muerte -, don Luis Carrero Blanco,

fervoroso cristiano participó en la celebración de la Eucaristía. Es muy posible que en la personal línea de

su honradez y fidelidad al cumplimiento de sus deberes tuviera presente las necesidades de España en su

plegaria dirigida al Señor. Hoy somos nosotros los que le tenemos presente. No para pedir por el acierto

en su misión de gobierno, sino para rogar el eterno descanso de su alma. También oramos para el

consuelo de quienes quedan sumidos en el dolor; por cuantos lloran su muerte y para que el amor - y

nunca el odio - esté presente en las relaciones humanas. Que la presencia de Cristo entre los hombres,

iniciada en la primera Navidad de la Historia y continuada en su Iglesia - que somos todos los cristianos -

y hecha realidad renovada en cada eucaristía, extienda en todos los corazones la serenidad y el amor y

desvirtúe la capacidad de odio y de mal que todavía existe en el mundo y amenaza la paz.

Que en esta celebración eucarística que nos congrega en tan desgraciada circunstancia, nos penetre de la

necesidad de la Gracia de Dios, de su misericordia y de su perdón. Y que el Señor escuche la plegaria que

le dirigimos, mediante la oración que Jesús nos ha enseñado: no caigamos en la tentación de cualquier

forma de violencia, antes seamos liberados de todo mal...»

Al terminar la ceremonia religiosa, y ya fuera del recinto de la catedral, los congregados entonaron el

«Cara al sol», mientras el capitán general dio los gritos de ritual.

Seguidamente un grupo recorrió varias calles en manifestación esgrimiendo pancartas alusivas al trágico

fin del presidente del Gobierno. Llegados ante el edificio de Capitanía, volvieron a cantar el referido

himno.

Muchos ciudadanos. de todas las clases sociales, continúan desfilando por el Gobierno Civil para

estampar su firma en la mesa instalada al efecto.

Los periódicos han agotado sus ediciones y la opinión pública catalana sigue con inusitado interés cuanto

se relaciona con la execrable muerte del almirante Carrero Blanco.

 

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