El Príncipe de España presidió el entierro del almirante Carrero Blanco en representación del Jefe del Estado  :   
 Asistieron el vicepresidente de los Estados Unidos y el Jefe de Gobierno portugués entre otros jefes de Misiones extraordinarias extranjeras. 
 ABC.    22/12/1973.  Página: 27-28. Páginas: 2. Párrafos: 23. 

22 DE DICIEMBRE DE 1973. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 27.

EL PRINCIPE DE ESPAÑA PRESIDIO EL ENTIERRO DEL ALMIRANTE CARRERO BLANCO EN REPRESENTACIÓN

DEL JEFE DEL ESTADO

Asistieron el vicepresidente de los Estados Unidos y el jefe del Gobierno portugués entre otros jefes de

Misiones extraordinarias extranjeras

Numeroso público presenció, con emoción y respeto, el paso de la fúnebre comitiva por el paseo de la

Castellana

LOS RESTOS MORTALES DEL PRESIDENTE ASESINADO RECIBIERON SEPULTURA EN EL CEMENTERIO DE EL

PARDO

MADRID. (De nuestra Redacción.) El entierro del presidente del Gobierno, almirante don Luis Carrero

Blanco, asesinado el pasado jueves, se efectuó entre aclamaciones a España, a Franco, al Príncipe Don

Juan Carlos - que presidía, en representación del Jefe del Estado - y con gritos insistentes de «¡justicia!»,

«¡Carrero Blanco, presente!» y entonación frecuente del «Cara al Sol». Numeroso público presenció el

desfile de la fúnebre comitiva a lo largo del paseo de la Castellana, entre la Presidencia del Gobierno y la

plaza de Gregorio Marañón, donde se despidió el duelo oficial.

Minutos antes de la salida del féretro - cuatro de la tarde - fue oficiado un responso en la capilla ardiente

por el cardenal arzobispo de Madrid, don Vicente Enrique y Tarancón. Había muchos prelados y se

hallaba también presente el nuncio de Su Santidad.

Cubrían la carrera dos compañías de la Brigada D. O. T. y formaban el acompañamiento el batallón del

Ministerio del Ejército, un escuadrón de Villa viciosa 14, una batería de Artillería número 11 y una

compañía del Ministerio de Marina.

Rindieron honores al cadáver y a Don Juan Carlos, frente al edificio de la Presidencia, una compañía

mixta de Marina, una sección del Regimiento Inmemorial del Rey y una representación del Ejército del

Aire.

El ataúd fue llevado a hombros de los ministros hasta un armón de Artillería. Algunos miembros del

Gobierno y otras personalidades contenían a duras penas las lágrimas.

Al salir el féretro, cubierto con la bandera nacional y la gorra del almirante Carrero Blanco, fue

interpretado, como a la llegada de Don Juan Carlos, el Himno Nacional español.

El orden de la comitiva era el siguiente: sección de motoristas de la Policía Municipal, clero castrense,

portadores de coronas, armón con el féretro, portadores de la espada, el bastón de mando e insignias del

difunto presidente: Su Alteza Real, presidente del Gobierno en funciones, jefes de Misiones

Extraordinarias extranjeras (entre ellos el vicepresidente de los Estados Unidos, señor Ford, y el jefe del

Gobierno de Portugal, profesor Caetano, presidencia familiar, Cuerpo diplomático acreditado en España,

Consejo del Reino, Corles Españolas, Consejo Nacional del Movimiento, Tribunal Supremo, Consejo de

Estado, Consejo Supremo de Justicia Militar, Alto Estado Mayor, Comisiones de la Presidencia del

Gobierno y Ministerios, Instituto de España y sus Reales Academias, Diputación Provincial,

Ayuntamiento, claustro universitario, guardia de honor y otra sección de motoristas municipales.

Llevaban las cintas del armón el presidenta de las Cortes y del Consejo del Reino, los ministros de

Asuntos Exteriores, de Justicia, del Ejército, Marina y subsecretario de la Presidencia, el jefe del Alto

Estado Mayor y el capitán general de la I Región Militar. Daban escolta gastadores de Marina e iban

mujeres con hachones.

En la plaza de Gregorio Marañón desfilaron las fuerzas ante el féretro y el Príncipe de España. Se

dispararon, como a la salida de la capilla ardiente, los veintiún cañonazos de ordenanza, correspondientes

a los honores de capitán general con mando en plaza tributados al presidente Carrero.

Don Juan Carlos vestía uniforme de la Armada.

Tras la despedida del duelo fue trasladado el ataúd desde el armón de Artillería a un coche fúnebre para

su conducción al cementerio del Real Sitio de El Pardo.

Al paso de Don Juan Carlos sonaron frecuentes y grandes aplausos, mezclados con estentóreos vivas al

Príncipe.

Los soldados llevaban los fusiles a la funerala.

Sobre la calzada había esparcidas muchas flores y entre la multitud aparecían pancartas con frases

patrióticas.

LLEGADA AL CEMENTERIO DE EL PARDO

Una multitud esperaba a la entrada de El Pardo y en el camino que conduce hasta el cementerio para

rendir emocionado homenaje al paso del cortejo fúnebre. Fuerzas militares cubrían carrera hasta la misma

puerta del cementerio, cuya campana tocaba a duelo desde media hora antes de que ilegara el cadáver del

almirante Carrero Blanco.

El Príncipe de España, el presidente del Gobierno en funciones y los ministros esperaron la llegada del

coche fúnebre, que iba precedido de varios furgones con coronas de flores, guardia de honor y sección de

gala de motoristas municipales. Por la mañana, el alcalde de Madrid había impuesto, a título póstumo, la

Medalla de Honor de la Villa, máxima distinción del Ayuntamiento madrileño, al capitán general Carrero

Blanco. En la capilla ardiente, el señor García-Lomas, acompañado de los tenientes de alcalde señores

Suevos Fernández y Pérez Pillado, colocó la medalla de honor en el féretro que contenía los restos

mortales de don Luis Carrero Blanco.

Con Don Juan Carlos y el señor Fernández Miranda se encontraban el presidente dé las Cortes, ministros

y ex ministros, representaciones extranjeras, familiares del capitán general Carrero Blanco y varios

centenares de personas que rindieron un silencioso tributo de dolor cuando el coche fúnebre se detuvo y

desfilaron las fuerzas militares, con los honores de rigor, ante el féretro del ilustre marino. A hombros de

soldados del Ejército, el féretro fue conducido hasta la entrada de la capilla del cementerio, donde el

cardenal arzobispo de Madrid, monseñor don Vicente Enrique y Tarancon, rezó un responso. Todos los

asistentes rezaron el Padrenuestro en medio de un silencio impresionante.

Inmediatamente después, con luces artificiales ya en el cementerio de El Pardo, los restos mortales del

capitán general Carrero Blanco recibieron cristiana sepultura en el panteón familiar, y sonaron los 21

cañonazos que prescribe la Ordenanza.

Muchas personas abandonaron el cementerio llorando.

HOY, SOLEMNES HONRAS FÚNEBRES

Por el eterno descanso del fallecido presidente del Gobierno, almirante don Luis Carrero Blanco, hoy,

sábado, a las doce de la mañana, y en la basílica de San Francisco el Grande, se celebrarán solemnes

honras fúnebres.

 

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