Autor: TÁCITO. 
   Una interpretación     
 
 La Verdad.     Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Una interpretación

CUANDO un hombre, en el momento de explicar al país su presencia como Jefe del Gobierno, dice "No

se me ha conferido un privilegio, sino que se me ha pedido un servicio", es evidente que nos hallamos

ante una persona de gran rectitud de intención, de enorme reciedumbre moral y totalmente desprovisto de

vanidad, apetencias personales o voluntad de dominio. El punto de partida que ha configurado su

personalidad es una adhesión incondicional a la persona del Jefe del Estado y una asunción deliberada de

los Principios Fundamentales del Movimiento como norma de conducta política. Una vez establecida una

descripción del presidente del Consejo de Ministros, queda por examinar cuál será el contenido de ese

concepto de servicio que enunciaba como razón única de su aceptación del cargo.

Previsiblemente, los cinco próximos años españoles estarán teñidos del valor que el señor Carrero Blanco

conceda a cada uno de los diversos factores circulantes por el mundo político. Importa mucho, por tanto,

contribuir a los análisis de su discurso, que se realizan con amplitud en tolos los medios de difusión.

Dicho discurso, a nuestro entender, se ha orientado más a dibujar los contornos del área de acción política

que a alumbrar su contenido. Son frecuentes las alusiones que pudiéramos llamar de frontera; es decir,

alusiones o requisitos que indican bien a las claras quién está dentro de la licitud política para actuar y

quién se margina o debe ser marginado por ubicarse al otro lado de esas fronteras dialécticas.

Dichos requisitos, en una ocasión del discurso taxativamente explicitados en número de cinco, pueden

reducirse a dos, como los mandamientos del Sinaí corregidos por Cristo. El primero, aceptación de las

Leyes y Principios Fundamentales, es un requisito de valor legal indispensable. El segundo, el juego

limpio, es de carácter ético.

EL marco legal en que ha de desenvolverse la acción política recibe en el mismo discurso una precisión

importante. Sólo será operativa la interpretación que hagan las instituciones, no la que hagan las personas

aisladas. Esta puntualización es vital, pero necesita una serie de aclaraciones.

En primer lugar, si entronizamos en la cúspide de esa interpretación auténtica, los discursos y mensajes

del Jefe del Estado especialmente los de presentación a las Cortes de la Ley Orgánica del Estado y el de

fin de año de 1972, por ser uno el más importante por la ocasión histórica y el segundo el más próximo en

fecha, obtenemos una visión ampliadora de la convivencia nacional y no restrictiva, una llamada a la

unión de factores ya históricos, actuantes en su día, pero no hoy y no correlativos al contextos nacional

presente.

El segundo elemento de interpretación auténtica que debemos considerar es el pensamiento del Consejo

Nacional del Movimiento, el cual vive bajo una Ley Orgánica de claro signo aperturista que no ha sido

derogada. Si posteriormente se han producido maniobras políticas tendentes a retrasar la efectividad del

articulado de esa ley, es preciso reconocer que se trata de operaciones políticas concretas y coyunturales,

no de reformas legales objetivas que restrinjan lo que antes se había establecido. Por consiguiente, esas

maniobras políticas - quizá fruto de una necesaria prudencia o alto en el camino - no pueden ser

consideradas como esas interpretaciones auténticas que exige el primer ministro. El concepto de

interpretación auténtica entronca directamente con los textos de la Ley Orgánica del Estado y con el

estatuto orgánico del Movimiento y de su Consejo Nacional. Contradecir este razonamiento entre

directamente en esa zona de "interpretaciones personalistas" que el señor Carrero Blanco ha condenado

tan oportuna como enérgicamente.

Queda, por último, pero no como menos importante, la interpretación que realice día a día el Gobierno,

como suprema institución política. El Gobierno es el primer servidor de la ley, y sólo puede objetizar sus

propósitos mediante proposiciones de ley que deben ser elaboradas por las Cortes, las cuales realizan su

propia interpretación y la plasman en un texto legal que obtiene mayoría en la votación plenaria.

DE todo ello se debe extraer una doble consideración. De una parte, es evidente que el señor Carrero

Blanco ha marginado de modo expreso a toda persona o Ideología que no acepte las Leyes

Fundamentales. Al expresarse con tanta rotundidad ha contribuido a hacer esas fronteras más rígidas o

tupidas con el objeto - en nuestra opinión - de desanimar a todo posible francotirador que crea útil hacer

política fuera o desde fuera. Pero, como segunda parte, es notorio que dicho discurso tiene que ser el

arranque de una potenciación de la actividad política dentro de las Leyes Fundamentales. Cómo se hará

eso no está explicado en este primer discurso; al principio de estas líneas dijimos que el discurso tiene

más de labor delimitadora que de tarea descriptiva de lo que habrá de hacerse dentro del Sistema. Pero

que algo debe estar preparándose, parece desprenderse de esa frase que dice: "Esto (la participación de

todos los españoles desde la unidad básica alcanzada) ha de realizarse con nuevas formas, modos y

presencias dentro de los marcos institucionales".

Si "continuar" a Franco quiere decir algo, quiere decir precisamente esa suprema habilidad para ser fiel a

su tiempo y atento a los signos del mismo. El Régimen no puede estar a merced de interpretaciones

excluyentes a cargo de superortodoxos incomunicados con su tiempo, sino a cargo de interpretaciones

institucionales que son las que se plasman en textos legales. Una opinión, una maniobra política, una

frase, por alta que sea su cuna, no es una ley. Sólo a ésta corresponde marcar las fronteras; es lo que

vemos, con expresión feliz en muchos párrafos, en el discurso del señor Carrero Blanco.

TACITO, en "Ya"

 

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