Su última entrevista     
 
 ABC.    22/01/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. MARTES 22 DE ENERO DE 1974.

SU ULTIMA ENTREVISTA

Fue con Kissinger la última entrevista sostenida por el almirante Carrero Blanco. Y fue el del terrorismo,

como premonitoriamente, uno de los puntos principales en torno a los que giró la conversación, según ha

revelado en las páginas de nuestro número del domingo don Laureano López Rodó, titular entonces de

Asuntos Exteriores y, como tal, testigo de excepción en tan histórico diálogo.

Al hilo de las mismas revelaciones sabemos que el almirante Carrero Blanco - personalidad que a sus

dotes de estadista sumaba la de estudioso y meditador de los problemas de la guerra - expuso ante el

secretario norteamericano de Estado cuáles eran sus puntos de vista sobre una dé las modalidades bélicas

más sórdidas, por cuanto viene sorprendiendo al mundo en condiciones de acusada indefensión.

«Frente al peligro de la guerra nuclear - dijo el almirante a Kissinger - está la superioridad atómica de los

Estados Unidos ; frente a la guerra convencional, aunque la situación de Occidente es peor, hay, sin

embargo, planes defensivos conjuntos. En cambio, no sabemos aunar esfuerzos frente a la acción

subversiva, que es la principal arma del comunismo.»

La guerra subversiva, en verdad, acontece y prolifera cobrando sus víctimas por doquier. Al contrario que

cualesquiera de las otras (la convencional, conjurable o, en todo caso, soluble, con medios

convencionales; la atómica, evitada hasta ahora por la dinámica de la disuasión que emana de una

superioridad atómica también), la guerra subversiva, la desplegada con medios y recursos terroristas, no

tiene ante sí, ni real ni potencialmente, la fórmula de respuesta adecuada. Por desarrollarse

internacionalmente, de bien poco sirven las medidas - sólo nacionales, inadecuadas - que se aplican contra

ella. Aunque en la práctica inmediata el terrorismo se resuelve como problema de orden público, es, por

sus orígenes y sus dispositivos, cuestión pura y específicamente política. Política e internacional.

Ensamblando datos sueltos, desperdigados, en la diversidad de noticias e informaciones que la temática

internacional cotidianamente genera, es posible componer la figura aproximada, aunque suficiente, de la

estructura y la dinámica del fenómeno terrorista. Un día es un despacho de agencia en el que se dice que

determinado país alberga a organizaciones terroristas del más variado pelaje - en las formas al menos -;

otro, por la misma o distinta fuente, sabemos que cierto Gobierno tiene poco menos que programada la

financiación del guerrillerismo, mientras que un tercer país consiente el libre movimiento en su espacio

soberano de quienes tienen hecha profesión de vida el atentado contra las instituciones y la paz ciudadana

de una nación vecina. Siguiendo todos estos rastros, como decimos, se llega a conocer que, en el esquema

para su desarrollo, la guerra subversiva dispone de un «estado mayor», que planifica las operaciones,

conjugándolas en una unidad de objetivo final, por encima de los marcos nacionales en que la acción

terrorista se manifiesta; que para que la subversión no decaiga se le organizan circuitos de financiación y

otros - seguros, acogidos a la inmunidad de las valijas diplomáticas - de distribución de pertrechos; que la

fórmula organizativa de la guerra terrorista incluye, junto a los «oficiales», la clase de tropa ejecutora de

los atentados contra cosas físicas, instituciones y personas.

El fenómeno de la guerra subversiva se despliega a escala internacional ,de medios, que no sólo le

permite cubrir muchos de sus objetivos en uno y otro país, sino que, al tiempo, corresponde tal escala a la

índole global de los objetivos perseguidos en ella. Pues bien, frente a ella, como, premonitoriamente,

decía el asesinado presidente del Gobierno español, no se ha logrado concertar una acción defensiva a la

misma escala, de modo que la curva de rendimientos obtenidos por el estado mayor terrorista sigue

creciendo sin parar. Pues cuenta, la subversión, con su estado mayor, y su financiación y suministradores

v oficiales y ejecutivos.

¿Qué espera, pues, la comunidad internacional en general y el mundo libre, en particular, para caer en la

cuenta de que es necesario, desde ahora mismo, organizar internacionalmente la defensa contra los

peligros de la guerra subversiva, como se ha hecho para las otras guerras? ¿Será preciso que sucumban

más estadistas, vilmente asesinados? ¿Será necesario que se reiteren con más frecuencia todavía las

muertes masivas de personas que nada tienen que ver con la política, cualquiera que ésta sea? ¿Habrá de

llegar a un grado de envenenamiento de consecuencias irreversibles la relación laboral en naciones

tenidas por modelo de democracia?

Si muchos son los países, también son muchos y variados los frentes en que actúan y se desenvuelven los

ejecutores de la guerra subversiva. La necesidad de combatirlos a la escala en que se articula su empeño,

es la última lección - en su última entrevista - de lucidez política que el almirante Carrero Blanco nos

legó. Una lucidez contrastada en el propio testimonio de su sangre; con el inmensurable ejemplo de su

misma vida.

 

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