Encuesta. 
 Un año después de su salvaje asesinato  :   
 ¿Qué significación ha tenido, a su juicio, la desaparición del almirante Carrero Blanco?. 
 ABC.    20/12/1974.  Página: 117. Páginas: 3. Párrafos: 67. 

ABC REPORTAJE

ENCUESTA

UN AÑO DESPUÉS DE SU SALVAJE ASESINATO

¿Qué significación ha tenido, a su juicio, la desaparición del almirante Carrero Blanco?

A esta pregunta responden a continuación una serie de relevantes personalidades de la vida nacional, al

cumplirse un año del criminal atentado que costó la vida al presidente del Gobierno español y a las dos

personas que le acompañaban. En la imagen, un aspecto del entierro del capitán general Carrero Blanco

ENRIQUE DE LA MATA

Secretario del Consejo del Reino

Por supuesto, considerando el sentido de tragedia humana, que respeto profundamente, y de ataque

criminal a la persona y a la sociedad, que condeno una vez más; quisiera contestar a esta pregunta

enjuiciando las consecuencias políticas y su incidencia en la vida nacional. El primer resultado fue el

cambio de Gobierno, tras un proceso en que todas las instituciones actuaron con absoluta normalidad. El

nuevo Gobierno altero sustantivamente la actitud política y produjo un cambio importante, cuyas

consecuencias positivas están a la vista. Para mí, el cambio ha resultado alertador, no sólo por cuanto se

ha progresado y por lo que en base a ello puede lograrse, sino también en consideración a lo que hubiera

ocurrido en nuestra patria de no haberse producido. En mi opinión, y por mucho que puedan estimare los

aspectos positivos de políticas precedentes, la situación actual sería extremadamente difícil y tensa, de no

haber establecido una nueva orientación política que ha hecho posible afrontar las dificultades y

complicaciones que 1974 ha tenido para nosotros, atenuando los efectos que de otra manera hubieran

originado cuestiones tan significativas como 1a enfermedad del Jefe del Estado, la crisis europea, la

guerra de las materias primas, las repercusiones de los cambios en países afines como Portugal, Grecia,

Francia e incluso la caída de Nixon, la nueva actitud de la iglesia, la inflación interna y las tensiones

sociales. Todo cuando ha acontecido - y todo tiene que tener sus consecuencias - hubiera incidido

negativamente de no haber contado con un nuevo estilo político. Creo que este nuevo estilo ha permitido

la salida a la superficie de una España más realista y, claro es, ha traído sus complicaciones,

enfrentamientos y apasionamientos en el proceso de instalación de posiciones más auténticas. No resulta

negativo haber tenido la oportunidad de afrontar los nuevos acontecimientos. La lección es importante y

para mí, el poderla superar, me conduce a la esperanza de estimular la línea de cambios básicos que

nuestro país demanda.

JOSÉ LUIS MEILAN

Catedrático

¿Qué significado puede tener un asesinato? No lo sé porque no comprendo esa mezcla de frialdad y

barbarie. Entiendo que el asesinato del almirante Carrero fue un atentado a las previsiones trazadas sobre

la continuidad del Régimen actual y su evolución. El almirante Carrero, por la prolongada colaboración

con el Jefe del Estado, era una pieza clave para el entronque entre la época de Franco y la del Príncipe

Juan Carlos. La desaparición del almirante Carrero suponía hacer más difícil el mecanismo automático de

la sucesión de la que, por su singularidad histórica, era una sólida garantía.

Por eso la única manera de evitar que quienes le quitaron la vida consigan sus propósitos, es hacer posible

la solución que el almirante encarnaba. Del enemigo el consejo. Si no hubiese otras razones bastaría su

asesinato para confirmamos en lo acertado de las convicciones políticas que profesaba.

El trágico acontecimiento ha venido a poner de manifiesto que el vacío que las personalidades egregias

dejan al desaparecer, no puede ser colmado sólo con otra personalidad singular; que son necesarias

instituciones sólidamente enraizadas en la conciencia del país.

CONDE DE LOS ANDES

Una circunstancia humana, la ignorancia del inglés del Rey Jorge I, determinó la creación de la figura del

primer ministro británico, porque el Rey de Inglaterra dejó de asistir a los Consejos de Ministros. La

política refleja los eventos de la vida. El salvaje asesinato del almirante Carrero, tan plenamente

identificado con el Caudillo, ha traído como consecuencia una mayor independencia de la Jefatura del

Gobierno respecto del Jefe del Estado, inédita en el Régimen. En el Jefe del Estado, el Generalísimo,

residen ahora esencialmente, con las supremas funciones inherentes a su magistratura, el mantenimiento

de los postulados políticos que determinaron el Alzamiento Nacional del 18 de Julio.

LORENZO CONTRERAS

Comentarista político de "Sábado Gráfico"

Para el Régimen, una significación eminentemente problemática. Antes, con Carrero, los hombres del

Sistema, aunque rivales en muchos casos, atendían fundamentalmente a la lucha contra extramuros.

Ahora combinan esta preocupación con la pelea intensificada entre ellos mismos. La muerte del almirante

anticipó el futuro. Franco perdió su traductor más exacto y con ello se abrió, a mi juicio, un proceso

atípico.

La desaparición del almirante hizo posible un nuevo programa de Gobierno en el que la nota descollante,

a mi entender, fue el anuncio contenido en el discurso del 12 de febrero respecto a la necesidad de no

transferir al Jefe del Estado «la responsabilidad de la innovación política». Pero esta asunción de tareas

innovadoras por parte del Gobierno, con vocación de exclusividad, sería el origen de alarmas interesadas

que han conducido a la compleja situación presente.

Con el almirante no habría sido posible, tal vez, el caso Añoveros, pero tampoco habrían existido

actitudes dinamizadoras en el orden de la cultura ni, por supuesto, habría florecido en las alturas

gobernantes una nueva semántica política. La conflictividad anidada en las entrañas del país habría

seguido acumulando presión, pero, posiblemente, el paisaje político ofrecería una apariencia más

tranquila.

Es un futurible imaginar qué habría hecho el almirante durante la enfermedad de Franco. Parece lícito

pensar que el traspaso de funciones de la Jefatura del Estado al Príncipe no habría sido tan fácil.

En vida del almirante habría sido impensable que la Presidencia del Gobierno tuviese poco menos que

necesitar auxilio de la sociedad para protegerse contra los riesgos de sus tímidos ensayos evolutivos. El

almirante, aparte de no tocar ciertas teclas, gozaba de un poder emanado indiscutible.

LUCAS MARÍA DE ORIOL Y URQUIJO

Presidente de "Prensa Económica"

Si en 1936 el asesinato de don José Calvo Sotelo movilizó decisiones en número suficiente para quitar la

iniciativa a los asaltantes de nuestra convivencia nacional, vencer resistencias y llevar adelante la razón

del Alzamiento: si promovió unidad de acción victoriosa en los frentes de combate, aunque no hubiese

unidad de convicciones, el asesinato de don Luis Carrero Blanco en 1973 despertó la necesidad de

alcanzar esa unidad de convicciones para que no degeneren en enfrentamiento las diversas opiniones

sobre lo que afecta a nuestro ser nacional. Al cabo de un año, cuando nos vemos rodeados por un

ambiente de confusión divagante y conflictiva que nos tienta a dudar y a encasillarnos en la disensión,

que unos enmascaran con palabras suaves y otros azuzan con palabras duras, debemos tomar conciencia

de esa necesidad y discurrir con lucidez y buen sentido para actuar con grandeza de ánimo y con eficacia.

Para ello, nada mejor que el recuerdo de don Luis, ejemplo de lealtad y de firmeza en la fe.

LEOPOLDO STAMPA

Presidente de A. N. E. P. A.

La encuesta obliga en primer término, a renovar el recuerdo y el elogio del gran patriota que fue el

almirante Carrero.

Y exige un esfuerzo de clarificación para no incurrir en la tentación fácil de considerar la muerte del

almirante como causa de los efectos políticos que observamos en el país y que. en gran parte, responden

a otros motivos como son la actuación lógicamente distinta de un nuevo Gobierno, o la crisis económica

internacional.

A mi juicio, el asesinato de Carrero Blanco ha tenido una significación básica: ha anticipado los

acontecimientos en el proceso de desarrollo del que el Régimen ha sido, y es. consciente y constante

protagonista.

Separado por su voluntad el Generalísimo de la Presidencia del Gobierno la presencia de Carrero en ese

puesto permitía, por las circunstancias que en él concurrían, la especial continuidad personal que iría,

paulatinamente, abdicándose en las instituciones.

Esa continuidad personal se rompe con la muerte del almirante y origina - a nivel de la actuación de

Gobierno, no del Estado - un nuevo planteamiento de las fuentes del Poder.

Apercibida de ello la extrema oposición provoca un recrudecimiento de la violencia social, que bajo

fórmulas «contestatarias» reivindica reales o supuestos derechos por procedimientos al margen de la

norma legal. que niegan valor a ésta, e implantan la coacción como fórmula de actuación política y

económica. Paralelamente, el resto de la oposición se sitúa a extramuros del Sistema y se aterra a un

ataque destructivo, tan pleno de tópicos como carente de programas. Fórmulas que si son válidas para la

lucha, inhabilitan a quienes las emplean para la labor de Gobierno.

Este, por su parte, consciente de la mudanza originada, ha pretendido ensanchar su base de autoridad

entregando «su cuota de participación en la gestión pública a cada uno de los españoles».

Pero dentro de los límites constitucionales y con alguna frecuencia desde posturas que comportan

participación del Poder, no faltan quienes procuran sólo acuñar su imagen con la fácil propaganda de la

invocación aperturista, cuyo contenido no explican; mientras que otros, con visión de largo asentamiento

y escasa representatividad, confunden su propio problema con los más amplios del momento político.

La inconcreción de ideas, la catarata resobada de palabras y conceptos equívocos, la sobra de ambiciones

y rencores, está produciendo un confusionismo en el que se olvida que el reto del futuro es la consecución

de la paz, para lo que no son válidas la añoranza, ni el salto en el vacío, ni el borrón y cuenta nueva

político, sino la vigorización de las Instituciones que, presididas por la Monarquía, hagan posible la

libertad e impongan la justicia por el imperio del Derecho.

Y este es el significado de la participación política-española al año del asesinato de Carrero. Porque el

Derecho no pervive sin la defensa de aquellos a quienes va destinado: y la paz y la libertad no se logran

desde la inercia, desde la indiferencia, ni desde la destrucción.

ALFONSO PALOMARES

Director de la revista "Posible"

La muerte del almirante Carrero Blanco quebró los esquemas políticos del país. El almirante era una

especie de «alter ego» de Franco, pero «el alter ego» en política no es un doble, sino un intérprete, y las

interpretaciones de Carrero eran fervorosamente dogmáticas. El asesinado presidente del Gobierno

representaba el esquema más puro del integrismo en la interpretación del pensamiento político de

Francisco Franco. Por eso, con él se cerró un ciclo histórico, incluso en vida del fundador del Régimen.

Carlos Arias llegó en un momento difícil. Pudiera parecer lógico que cayera en la trampa de querer

interpretar el papel de Carrero. No cayó. En estos momentos aparece claro que el futuro político se debe

montar sobre instituciones sólidas y generosas que engloben todas las corrientes ideológicas. De

momento los frenos han vencido al acelerador, pero la marcha hacia horizontes aperturistas es inevitable

si no queremos caer en la asfixia colectiva. La muerte del almirante Carrero nos coloca de repente en el

futuro.

SALVADOR SERRATS URQUIZA

Procurador en Cortes

La personalidad del almirante Carrero Blanco, con su carácter sereno, reflexivo, inasequible al desaliento,

de voluntad rectilínea, en la más íntima colaboración con el Jefe del Estado, inició, en su corta etapa de

presidente del Gobierno, truncada por su alevoso asesinato, una evolución que a muchos pareció

excesivamente lenta. Obviamente, la España de hace un año era bastante diferente de la actual, tanto en

sus realidades socioeconómicas como políticas. En cuanto al primer aspecto ha sido menor la influencia

de su ausencia, en razón del evidente peso de factores exógenos a la voluntad del Gobierno en su

configuración.

En cambio, la importante modificación del Gobierno realizada por el presidente Arias, indujo un nuevo

talante en los comportamientos oficiales y privados y hemos entrado en una fase acelerada y dinámica de

evolución en los campos sociológico y político, lo que ha dado lugar a la aparición de tensiones hasta

entonces soterradas que ahora se manifiestan de modo más explícito, afectando, aparentemente, a la

estabilidad, aunque por mi parte pienso que pueden y deben conducirnos a una más voluntaria integración

en una amplia alianza para el futuro sucesorio.

Desde el punto de vista parlamentario, la evolución se manifestó más activa ya desde el acceso a la

Presidencia de las Cortes de Rodríguez de Valcárcel en 1969, y, por lo que yo sé, el almirante fue

ganando confianza en su necesaria triple función y últimamente le prestó gran atención, animando a los

ministros a una presencia más activa en sus diálogos a través de las sesiones informativas. En al aspecto

legislativo, no cabe duda de la mayor intensidad del trabajo encomendado a las Cortes y de su mayor

responsabilidad, por el ámbito muy político relacionado con la autenticidad y eficacia representativas de

algunos de los proyectos de ley remitidos por el Gobierno Arias.

ANTONIO ALEMANY

Director del "Diario de Mallorca"

Por una parte comprobar cómo, desgraciadamente, la violencia y la supresión del discrepante siguen

siendo los instrumentos políticos preferidos por minorías que se resisten a concebir la vida española como

una convivencia pacífica, tolerante y civilizada. En este sentido, y al margen de discrepancias políticas, el

asesinato de un hombre honesto y recto como el almirante Carrero nos recuerda a todos la necesidad de

erradica; definitivamente la violencia - proceda de donde proceda - de nuestro país.

Por otro lado, pienso que la trágica desaparición del presidente Carrero ha trasto-cado radicalmente los

presupuestos del futuro español - una vez cumplidas las previsiones sucesorias - en los siguientes

aspectos: Primero, imposibilidad - y valga la comparación con todas las diferencias que existen entre

España y Portugal - de un «caetanismo», puesto que nadie tendrá en el futuro la suficiente autoridad

moral para irrogarse la «ortodoxia» del Régimen. Segundo, potenciación de la Corona, que puede y debe

convertirse en el máximo protagonista del momento sucesorio, actuando, en un primer instante, con

decidida voluntad democrática, de forma que el tránsito de un régimen basado en la figura irrepetible del

Jefe del Estado a otro basado en las instituciones se haga con el consenso e integración de todos los

españoles, sea cual fuere su procedencia política. En este sentido, pienso que el Rey deberá apelar

directamente al pueblo español por encima de camarillas y grupos involutivos que se resisten al cambio.

Y, en tercer lugar, creo que la muerte del admirante Carrero, al desaparecer un importante eslabón de la

continuidad, nos obliga, a los españoles responsables, a reflexionar sobre la necesidad de cambiar muchas

cosas si queremos de verdad mantener los logros esenciales del Régimen.

JUAN MANUEL FANJUL

Abogado

Solamente el recuerdo de aquella tremenda mañana es desolador. Parece aún más increíble para quienes -

por razón de vecindad - le veíamos con frecuencia. Ejemplo de sencillez, de abnegación y entrega.

Paradigma de lealtad y patriotismo. Nadie sospecharía en su naturalidad el alto lugar que ocupaba en la

jerarquía del Estado.

Necesariamente, pues, su ausencia había de provocar derivaciones políticas: una, el nombramiento de Jefe

de Gobierno conforme a las previsiones de la Ley Orgánica. Cierto que meses antes se inauguró el

sistema con el mismo almirante, pero fue únicamente legalizar una situación «de facto».

Después, poner el Gobierno - por primera vez desde la guerra - en manos de un civil, inscribir al equipo

gobernante en una política de democratización y, lo que es más importante, traducirla en medidas

legislativas y ejecutivas. Independizar, hasta donde ello es históricamente posible, el programa del

Gobierno, descargándolo de los hombros del Jefe del Estado y ensayando así las previsiones

filosóficopolíticas del futuro.

Hay una parte del país que entiende que el feroz asesinato ha relajado los conceptos de autoridad y orden

público como consecuencia del mayor énfasis puesto sobre el ejercicio de los derechos políticos. Algunos

piensan que el almirante Carrero era la paz y la seguridad, pero - probablemente sin serlo él - un freno a

las ideas democratizadoras. Unos y otros deben meditar que el ideal está en la ecuación entre libertad

política y paz ciudadana. Porque el peligro no está en los dialogantes por muy alejados que parezcan, sino

en los subversivos de cualquier clase, aun por muy próximos que se presenten.

Pero todo esto, por desgracia, ya no pertenece a la competencia del almirante, perdido para los hombres y

ganado para la Historia como ejemplar figura de español.

JUAN TOMAS DE SALAS

Consejero delegado de "Cambio 16"

Es lamentable que la evolución política de España tenga que pasar por tales actos. Porque no hay duda de

que la evolución política de estos doce últimos meses no tiene precedente.

JAVIER OLAVE LUSARRETA

Director del "Diario de León"

Entiendo que la consecuencia más perceptible de la desaparición del almirante Carrero ha sido el aumento

de temperatura política en el país, lo que no quiere decir necesariamente que hayan variado los postulados

fundamentales de nuestra vida pública. Carrero significaba la perfecta continuidad sin ruptura en las

estructuras del Poder y, por ello mismo, su eliminación ha creado más inquietud política que vida política

propiamente dicha. Se ha perdido uno de los «seguros» de la operación sucesoria y, en consecuencia, ha

brotado el desconcierto y la inseguridad, acrecidos por esa suma de factores que nos impedían contestar

todavía de forma categórica y definitiva a la pregunta sobre quién mató a Carrero.

Al año de su muerte ya hay suficientes elementos de juicio para decir también que sobre el almirante

Carrero se cargaron excesivas culpas, como si hubiera tenido la exclusiva de la oposición a cualquier

apertura hacia cotas más democráticas. Los últimos meses han sido testigos de que hay docenas de

inmovilistas y de que tienen casi tanta fuerza como años.

ERNESTO SALCEDO VILCHEZ

Director de "El Día", de Santa Cruz de Tenerife

Como suceso histórico creo que el asesinato del almirante Carrero ha constituido el zarpazo más fuerte

que ha recibido la paz española en todos los años del Régimen. Políticamente significó el trauma más

fuerte recibido en la conciencia nacional desde que comenzó la guerra civil. A los españoles se nos había

olvidado ya la posibilidad de cualquier magnicidio. Sobre todo en un Régimen en el que, a pesar de que la

paz y el orden público habían sido ya parcialmente conculcados no pocas veces, todavía nos quedaba a

los españoles la firme esperanza de que los enemigos de nuestra paz no llagasen tan lejos. No olvidemos

que la figura del almirante era, para todos, como si trasunto del pensamiento del Jefe del Estado.

Sin embargo, como si la sangre del almirante Carrero hubiese fructificado para bien de España, entiendo

que, desde esa misma sangre, nació el deseo de dar a España un nuevo tono, una voz nueva, una voluntad

de ponernos más al día del mundo en el que España está inserta. La presencia del presidente Arias, que es

la prudencia hecha política, y el moderado sentido de lo político que los españoles hemos aprendido y del

que hemos hecho gala en este año último, han producido un cierto avance hasta la necesaria

democratización del país. Las inmediatas asociaciones políticas son buena prueba de ello.

 

< Volver