Presidido por la esposa del jefe del Estado, el Príncipe y el Presidente del Gobierno. 
 Solemne funeral por don Luis Carrero  :   
 Placa conmemorativa, descubierta por el presidente de las Cortes y el alcalde de Madrid en la calle de Claudio Coello, lugar del magnicidio. 
 Informaciones.    20/12/1974.  Página: 1, 36. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

Solemne funeral por don Luis Carrero

PRESIDIDO POR LA ESPOSA DEL JEFE DEL ESTADO, EL PRINCIPE Y EL PRESIDENTE DEL GOBIERNO

* PLACA CONMEMORATIVA, DESCUBIERTA POR EL PRESIDENTE DE LAS CORTES Y EL ALCALDE DE MADRID

EN LA CALLE DE CLAUDIO COELLO, LUGAR DEL MAGNICIDIO

MADRID, 20. (INFORMACIONES.)

La esposa del Jefe del Estado, el Príncipe de España y el Gobierno en pleno, encabezado por don Carlos

Arias, han presidido a mediodía en el templo de San Jerónimo el duelo oficial en el solemne funeral por el

que fue presidente del Gobierno don Luis Carrero Blanco, con motivo del primer aniversario del

magnicidio. Ha estado presente el cardenal Enrique y Tarancón. Antes, el Gobierno había depositado

flores en su tumba del cementerio de El Pardo, y el alcalde de Madrid, junto con el presidente de las

Cortes y del Consejo del Reino, ha descubierto una lápida conmemorativa en la calle de Claudio Coello,

en el lugar del trágico suceso. En toda España se ha conmemorado con diversos actos el aniversario de la

muerte de don Luis Carrero.

El Príncipe, que a su llegada a la iglesia de San Jerónimo vestía uniforme de almirante de la Armada, fue

objeto de muestras de simpatía, al igual que doña Carmen Polo de Franco, que asistió a la ceremonia,

oficiada por el párroco don Cecilio Santiago Cornejo.

El presidente de las Cortes Españolas y del Consejo del Reino y el alcalde de Madrid han descubierto esta

mañana en la calle de Claudio Coello, justamente en el lugar donde el almirante Carrero Blanco fue

asesinado hace un año, una lápida conmemorativa del atentado. La lápida reza así: «Aquí rindió su último

servicio a la Patria, con el sacrificio de su vida, víctima de un vil atentado, el almirante Luis Carrero

Blanco, presidente del Gobierno español. El pueblo de Madrid dedica esta lápida para honra de su muerte

heroica y perpetuar su memoria.»

Antes de ser descubierta la lapida, el alcalde de Madrid, señor García-Lomas, en presencia de la duquesa

viuda de Carrero Blanco y de las autoridades asistentes, pronunció las siguientes palabras:

«Hoy hace un año que en este mismo lugar cayó víctima de un vil atentado el almirante Carrero Blanco,

presidente del Gobierno. Si hubo un hombre en la noble y esforzada época de Franco que haya servido a

España con fidelidad y tesón inquebrantables, ese hombre fue él. Cristiano sincero y ejemplar, caballero

intachable de formación y ánimo castrenses nunca desmentidos, con una sencillez y humildad que

asombraban en quien tenía tantas cualidades y al que sus méritos habían elevado a las más altas

situaciones, el almirante Carrero pasará, sin duda, a la historia como un ejemplo de patriotismo y lealtad.

De él puede decirse literalmente que vivió para España y murió por ella. Y estamos seguros de que en la

eterna luz que disfruta, su muerte en acto de servicio le merecerá el premio con que Dios ha querido

coronar una vida extraordinaria.

Suele decirse que una noble muerte honra a toda una vida, y es verdad. Pero el almirante Carrero Blanco

no necesitaba la trágica muerte que tuvo para honrar una vida que fue honrada a carta cabal desde el

principio al fin. Su muerte fue sólo el espaldarazo con que la historia le ha permitido ingresar en la lista

de los españoles inmortales. Aquí estoy representando al municipio y al pueblo de Madrid, capital de

España, para rendir un público homenaje de admiración y agradecimiento a quien Madrid y España entera

no pueden ni quieren olvidar. El almirante Carrero ya no está físicamente con nosotros, pero sí lo están su

espíritu, su ejemplo, la lección de sus servicios y su sacrificio. Ante su memoria querida y ante las de

Juan Antonio Bueno Fernández y José Luis Pérez Mogena, que con él cayeron aquí hace un año, sólo me

resta repetir lo que otro gran español dijo ante un raído por España:

´´Que Dios os dé su eterno descanso y a nosotros nos lo niegue hasta que sepamos ganar para España la

cosecha que siembra vuestra muerte".»

El alcalde terminó su alocución gritando el nombre del almirante Carrero Blanco y te palabra

«¡Presente!», que fue coreada por los allí presentes.

Una vez finalizado el breve discurso del señor García-Lomas, la lápida fue descubierta a los acordes del

himno nacional. A continuación habló el jesuita padre Javier de Santiago, quien dijo que con el homenaje

al recuerdo de Carrero Blanco no podía faltar una oración por su alma. Inicio esta breve oración con una

referencia al Libro de la Sabiduría y evocó las palabras alusivas al hecho de que la vida de los justos está

en manos de Dios y no la tocará el tormento. La oración continúa: «Sufrieron un poco y recibirán grandes

favores. Dios les probó como el oro en crisol.» A continuación fue rezado el padrenuestro.

Una vez terminada la ceremonia, comenzaron a congregarse en el lugar miembros de la Confederación de

ex Combatientes, acompañados por el general García Rebull y por el marqués de la Florida.

El hecho de que el acto fijado para las 11,30 se hubiera adelantado en media hora motivó que algunos de

los ex combatientes no pudiesen presenciar la ceremonia. Hubo alguna, protesta por este adelantamiento.

El general García Rebull subió al estrado que había servido para la ceremonia anterior y desde allí

pronunció unas palabras. El general dijo: «Le debemos al almirante Carrero su sacrificio y ejemplaridad.»

Acto seguido, los presentes entonaron el «Cara al Sol» y la canción «Yo tenía un cama-rada», así como el

«Oriamendi». Después de los himnos, los presentes se dirigieron por la calle de Serrano hacia la iglesia de

los Jerónimos, donde a las trece horas se celebra el funeral oficial por el alma del almirante Carrero.

Durante el trayecto, los ex combatientes y personas simpatizantes, constituidas en manifestación, lanzaron

diversos gritos, entre ellos las expresiones de «¡Arriba el 18 de julio!», «¡Abajo los partidos políticos!»,

«¡E. T. A., asesina!», etc.

RESPONSO EN EL CEMENTERIO DE EL PARDO

En el cementerio de El Pardo se celebró, a las doce, un responso por el alma del almirante Carrero

Blanco. Ofició la ceremonia el párroco de dicha localidad. Asistieron el Gobierno en pleno, excepto el

presidente, don Carlos Arias Navarro, y ex ministros del anterior Gobierno del almirante, Incluso el señor

López-Rodó, embajador de España en Viena. Asimismo estaban presentes la viuda, hijos y familiares del

almirante. La lápida estaba adornada con claveles formando los colores de la bandera nacional y había

también dos coronas, una de la Armada y otra del Ayuntamiento de Madrid. Asimismo la tumba estaba

adornada con flores de la familia.

EN SAN JERÓNIMO

En su marcha hacia la iglesia de San Jerónimo, la manifestación, integrada por unas 250 personas, sé

detuvo ante la Embajada francesa, donde se lanzaron también gritos, entre ellos «Viva el dos de mayo»,

«Extradición» y otras frases no reproducibles. Al llegar ante la explanada de la iglesia de San Jerónimo el

Real, donde el funeral oficial se ha celebrado, algunos manifestantes increparon duramente a la Prensa allí

presente. La mayor excitación se produjo cuando hizo su aparición. para asistir al acto, el cardenal

arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencía Episcopal Española, don Vicente Enrique y

Tarancón. Las frases que se le dirigieron guardan relación con otras oídas e incluso escritas en

manifestaciones de años anteriores e incluso de hace un año. cuando el prelado asistió al entierro del

almirante.

Poco después llegó a la iglesia el presidente del Gobierno, señor Arias Navarro, acompañado del ministro

de la Presidencia, señor Carro Martínez.

Los manifestantes, que protestaban por el hecho de que la Policía Armada les impidiese el acceso al

templo, prorrumpieron en gritos de protesta y lanzaron igualmente frases críticas mezcladas con vivas al

Ejército.

Los gestos más cálidos de simpatía se produjeron a la llegada del ex ministro de Educación y Ciencia don

Julio Rodríguez, que fue aclamado a los gritos de «Julio, Julio». El ex ministro se volvió hacia los

manifestantes, a quienes saludó con gestos ostensibles. En cambio, también fueron evidentes las protestas

que se dieron, contra el alcalde de Madrid, señor García-Lomas, al que-los manifestantes le reprocharon

la anticipación del acto de la calle de Claudio Coello, fijado inicialmente para las 11,30 de la mañana.

 

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