Autor: Porcel, Baltasar. 
   Los trabajos y los días     
 
 Madrid.    06/04/1970.  Páginas: 1. Párrafos: 31. 

DIETARIO PUBLICO

Los trabajos y los días

Lunes, 30

UNA IDEA DE LO CATALÁN

¿Será algo así como una vocación "constitucional" — de constitución de clase—por la nimiedad, por la

miopía? Quiero decir la actitud mantenida por un importante sector—el primero dentro del actual

ambiente estático—de la sociedad catalana frente a la problemática viva, real, de ayer y de hoy.

El caso es que en el curso de la pasada semana me he encontrado con que unas declaraciones mías a una

revista gallega han motivado en Barcelona comentarios periodísticos en los que han confluido periódicos

de muy distinta significación, los cuales protestan de que criticara yo con dureza la burguesía catalana.

Tales diarios se apoyan en dos considerables falacias.

1. Extraer una pequeña parte de unas largas declaraciones en las que se abordaban "cata-

lanísticamente", diversas cuestiones: inmigración, obrerismo, literatura, enseñanza, medios de

difusión, burguesía, etc.

2. Identificar Cataluña y burguesía y hecho así el bloque, si yo critico a la buguersía resulta que ataco a

Cataluña.

La operación es de miopía infantil. Tanto, al menos, como la Identificación Cataluña-burguesía, tan falta

de rigor histórico y social como contraria al auténtico ser del país. Lo catalán es una totalidad, un

fenómeno global, previo a cualquier otra etiqueta o realidad: se es catalán y después, sólo después,

soialista, carlista, anarquista o lo que se quiera ser. En modo alguno se puede ser simplemente catalanista.

En "La Vanguardia", y en septiembre de 1969, razoné largamente esto en mis artículos "Una estrecha idea

de lo catalán" y "Contra el seny y otros exclusivismos". La burguesía cumple una función histórica

decisiva a partir de los amenes del siglo XVIII: la efervescente Cataluña decimonónica, industrializada y

liberal, es una creación suya. Pero a principios de siglo el edificio comienza a cuartearse: el movimiento

"So-lidaritat catalana", de 1906, agrupa no sólo al "catalanista", sino preferentemente al "catalanista"

burgués. La Cataluña obrera responde agrupándose en torno a otro movimiento cuyo solo enunciado es

significativo: "Solidaridad obrera". Pero la marcha del mundo, por un lado, y la extraordinaria persona-

lidad de Enric Prat de la Riba por otro, hacen que, cultural y económicamente, la Cataluña bajo la égida

burguesa perdure más o menos incólume hasta el término de la primera guerra mundial. A partir de

entonces estalla el conflicto laboral con toda su virulencia y se demuestra que la catalana es una industria

ligera, poco consistente. La burguesía pasa a ser en considerable medida reaccionaria o conservadora y

cuando estalla cualquier conflicto—la Dictadura, las luchas obreras, la guerra civil—es desbordada por la

derecha y por la izquierda. Queda en medio, prensada e ineficaz.

¿Es Cataluña sólo esta burguesía? Yo diría que no hay incluso miopía capaz de considerarlo así. Sin

embargo, ocurre. Verdaderamente preocupado, miro los para mí incomprensibles artículos aludidos—en

los que sólo hay una objeción válida: como el periodista que me entrevistó cargó el acento sobre el

pintoresquismo dialogal, mi discurso adolece de un exceso de expresiones irónicas y caricaturescas—que

me dedican, en encendida defensa de una imagen irreal y trasnochada: tanto como el brugnés, es catalán

el campesino, el obrero textil, el intelectual de izquierdas, el católico conciliar. En fin...

Y es sintomático que esta misma Prensa que se ha lanzado sobre una modesta revista gallega haya

olvidado una amplia, muy densa mesa redonda sobre Cataluña y su cuestión más decisiva: su relación con

el resto de España, que por las mismas fechas publiqué en "Serra d´Or", revista catalana de amplio eco, en

la cual dialogué con José Luis L, Aranguren, Joaquín Ruiz-Giménéz y Pedro Laín Entralgo. ¡Ah, la

vocación de la nimiedad, de la miopía!...

Es cansado, cansadísimo, trabajar en este país.

Miércoles, 1

• LA PINTURA DE CONCHA IBAÑEZ

En Galerías AS expone Concha Ibáñez. Ver el mundo quieto y hondo de sus cuadros, colgado uno al lado

de otro paisajes de las Baleares, de Castilla, de Andalucía, es penetrar en una región serena, mineral,

únicamente habitada por la soledad. Con lo cual pierde el paisaje su función .meramente decorativa para

abstraerse esencialmente: la tela es a la vez de concreción lineal marcadísima y de composición abstracta

total. Corredor Ma-theos definió con exactitud ésta cualidad: "Concha Ibáñez ha ido aunando, con el

tiempo, dos procesos que parecen contradictorios: el de una progresiva abstracción y el de una concreción

mayor cada día." Hay ecos de Ortega Muñoz en Concha Ibáñez convertidos en propia y matizada

expresión: la delicadeza de los tonos, ese toque suave y helado, casi siempre con una sombra gris que lo

vela, que anida en sus ocres y en sus blancos, en sus verdes, en sus amarillos.

No existe en Concha Ibáñez la menor cabriola vanguardista ni experimental, sino un hurgar paciente y

eficaz, la depuración día a día más positiva de una personalidad artística. Yo diría que este sentido de la

evolución artística, entendida como aventura de ascética personal, es tan válido como el hacerse apresu-

rado espejo del espejear foráneo. Sobre todo, a la vista de los resultados. El pintor indígena que, al

margen de los centros de la civilización industrial y del fetichismo de la sociedad de consumo, del influjo

real y cotidiano de estos factores en el devenir artístico, se lanza de la noche a la mañana a una desen-

frenada construcción de cuadros-objeto, de láminas de cinc vibratorio, de caucho arrugado, etcétera,

comete el viejo e inútil pecado del provincianismo.

Naturalmente, otra cosa es la vanguardia auténtica: cuando Antonio Tàpies se volcó en su materia

apelmazada y sombría, incrustaba allí toda una expresión del existir. Tàpies jamás ha sido un copista. Y

tan copista es el galopante tras la última vanguardia como el reiterado y triste, adocenado, pintor del

academicismo clasícista. El arte es creación. Esta desnuda inmovilidad de los paisajes de Concha Ibáñez

es creación.

Viernes, 3

• LOS VIEJOS

Simone de Beauvoir ha publicado un libro capital, cuya repercusión será dilatada, quizá más de lo que lo

fue "Él segundo sexo": "La Vieillesse". Sus seiscientas páginas son un alegato duro, documentado, lúcido

y dramático a favor del hombre, de la mujer, que a partir de los sesenta años entra en esa tercera o cuarta

edad que puede prolongarse diez, veinticinco años, y durante la cual se pierden paulatinamente las fuerzas

físicas a la par que la sociedad los va bandeando, inutilizando, con lentitud fatal. Y en silencio, pasando al

viejo una pensión en general deficiente y dándole una silla en un rincón de la casa: años y años baldíos,

de paulatina decrepitud, a la espera de la muerte... La injusticia y el despilfarro vital son evidentes, pero

nada se ha hecho, o apenas, para evitarlo.

Creo útil anotar una serie de sugerencias despertadas leyendo el estudio de Simone de Beauvoir:

1. Toda facultad de adaptación declina a partir dé los treinta y cinco años; en cambio, no envejece, sino

que cristaliza, todo el potencial adquirido por el individuo. De ahí que una persona culta envejezca menos

que una inculta, con el agravan te que a partir de los sesenta y cinco, edad oficial de los retiros por lo

común, el culto tiene ante sí muchas más incitaciones, ilusiones, que el inculto.

2. Es notorio, entonces, que la vejez y la economía guardan una estrecha relación. Cuando Cicerón

habla de la sabiduría, de la plenitud de la vejez, se refiere, claro está, a la de los viejos senadores y

propietarios: el alto índice de mortalidad les afectaba menos, a la par que la miseria no les

embrutecía. La vejez no es sólo un inexorable desgaste del organismo. Este desgaste ha sido

condicionado por la alimentación, el trabajo, la política: si un hombre es ya inútil a los sesenta años es

porque se le ha exprimido y no se le ha fortalecido para evitar la caída vertical. Y una vez improductivo,

se le separa del cuerpo social activo, cuando es evidente que podría adaptarse a otra clase de trabajo que

le mantuviera en marcha.

3. Nueve de cada diez incapaces por senilidad se encuentran en un tal estado debido a causas

psicosociológicas y no orgánicas. El viejo es un débil acosado. Por lo mismo, su pensamiento es

conservador a ultranza: teme cualquier cambio en el orden que sea.

4. El hombre y la mujer piensan menos en la vejez que en la muerte: aceptan la

incuestionabilidad de ésta, pero les molesta lo que de margina-ción y hasta degradación tiene la vejez.

Se fabrica, así, una vejez desesperada, sin remisión para la inmensa mayoría. Cuando los

gerontólogos están de acuerdo en que la vejez es esencialmente un fenómeno psicosomático, la

sociedad sigue atribuyéndola únicamente al desgaste de los tejidos: el individuo, en lugar de continuar

lubricándose y de producir y crear, se cierra. Esto cada vez será más grave. ¿Cuántos anuncios no

hay ya, incluso en nuestra Prensa, ofreciendo empleos a personas de menos de treinta y de cuarenta

años?

5. Por un lado, la vida se alarga; por otro, la tecnifica-ción elimina al trabajador maduro. ¿Ha

iniciado la vejez su comienzo a los cuarenta años?

6. ¿Puede un sistema capitalista, montado sobre la ganancia individual, o puede el sistema comunista

soviético basado en el capitalismo de Estado, resolver la tremenda problemática de los

individuos menos susceptibles de producir, de explotar? De ahí que Simone de Beauvoir crea que la

solución se halla en "cambiar la vida", establecer unas nuevas condiciones sociológicas que repartan

mejor la riqueza, por un lado, y por otro, cosideren la sucesiva adaptación del hombre según la edad.

Las sugerencias podrían ser muchas más. En Francia ya se han desencadenado necesarias y violentas

polémicas. Simone de Bauvoir ha declarado, además, que comenzó a escribir su libro hace dos años y

medio, preocupada por algo que le acontecía, le turbaba: se acercaba a la vejez. Hoy tiene sesenta y dos

años. ¿Qué ocurriría si todos, si la mayoría de los mortales nos encontráramos conscientemente,

realísticamente, con la situación que nos envuelve? Este es, desde luego, el primer paso para provocar un

"cambio de vida".

Pero contemplarnos a nosotros mismos—a nuestra burguesía, en un caso; a nuestra vejez, en otro: nuestra

problematica siempre candente — inquieta y obliga. Mejor vocalizar con frondosa hojarasca.

Sábado, 4

• JOSEP CARNER, EN UN MEDIODÍA LUMINOSO...

Ayer llegó en avión, a la una y media de la tarde, Josep Carner. Un sol espléndido doraba el aeropuerto

barcelonés. Conocí al poeta en Bruselas, entre la grisácea humedad de la niebla, hará unos cuatro años. Es

como una premonición que su vuelta se haya producido con toda la luminosidad, con toda la

mediterraneidad, que tan largamente añoró en sus años de exilio. Su último libro "El tomb de í´eany"´, sé

cierra precisamente con un poema a la vejez, magnifico poema de una ancianidad creadora y esperanzada:

Cap vent no mou el bri d´una esperanza,

de cada núvol només cau neguit,

el desti s´esfondeix en malauranca,

potser la nit será cent anys la nit.

El fat, pero, no minva la frisanca,

pel que tant he volgut i beneit si ma feblesa diu que ja s´atansa l´adéu-siau del cos i l´espérit. Potser ja

massa dies he comptat i en un recolze inconegut m´espera

la fi. Pugui jo caure, incanviat, tot fent honor, per vía dreturera, amb ulls humits i cor enamorat, a un

esquincall, en altre temps bandera.

Baltasar Porcel

 

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