Autor: Porcel, Baltasar. 
   Cultura catalana y comunicación peninsular     
 
 ABC.    22/05/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA MADRID

ABC

REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN Y TALLERES: SERRANO, 61- MADRID

DIARIO FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

HACE tiempo que me pidieron en ABC un articulo que reflejará el panorama actual de la literatura

catalana. La razón era y es obvia: en Madrid y en el resto de España de habla castellana son más o menos

conocidos una serie de autores catalanes, que escriben originalmente en esta lengua, pero no se tiene una

idea global del conjunto, al menos a nivel del gran público.

Yo no me decidí a hacerlo por temor a que mi juicio fuera parcial. Por lo demás, dar una lista exhaustiva

hubiera equivalido a un repique triunfalista tan falso como desacertado. Ahora, con la publicación de un

voluminoso tomo «Guia de literatura catalana contemporánea», es mucho más fácil esbozar una

aproximación al tema. No es que antes no hubiera estudiaos dedicados a ello, que existen y con una

relativa abundancia. Pero se trataba de resúmenes o his-rias generales, cuando la «Guía...» ha sido

confeccionada con un criterio selectivo, sin duda didácticamente útil, aunque, claro, sus resultados puedan

ser discutidos, y supongo que en algunos aspectos lo serán. Pero, sea como fuere, ahí tenemos un

esquema aprovechable...

El profesor Jordi Castellanos ha coordinado el libro, en el cual seis críticos de reconocida solvencia en la

materia —J. M. Castellet, Joan Ferraté, Albert Manent, J. Ll. Marfany, Joaquín Molas y J. Triadú—, han

trabajado sobre una rigurosa selección previa de 300 obras, aparecidas desde 1900 a 1970, señalando las

50 más representativas a la par que de una más alta calidad —siempre, insisto, según su criterio—. Ello

ha arrojado un saldo de 28 autores, uno por uno sólo de sus libros y otros por varias obras. Una simple

ojeada a estas cifras ya da una idea de la exigente intención con que los críticos han llevado a cabo su

tarea. Quizá, incluso, en demasía, porque narradores como Pere Calders o Joan Perucho, poetas como

Agustí Bartra y María Manent, novelistas como Sebastián Juan Arbó a Manuel de Pedrolo, las vertientes

ensayísticas de Vicens Vives o de Revira y Virgili, para citar unos pocos ejemplos, han sido dejados de

lado. Es decir, su producción figura en la lista de los 300 libros seleccionados, pero no entre los 50

escogidos.

Estos son los siguientes, comenzando

CULTURA CATALANA Y COMUNICACIÓN PENINSULAR

por los poetas, que se llevan la palma: Joan Maragall, Josep Carner, Miguel Costa y Liobera, Gueráu de

Liost, Joan Alcover, Josep María de Segarra, J. Salvat-Papasseit, Caries Riba, Salvador Espriu, J. V. Foix,

Joan Oliver (Pere Quart, en su habitual seudónimo), Gabriel Ferrater y Joan Brossa. Les siguen los

novelistas y narradores: Raimen Ca-sellas, Víctor Cátala, Narcís Oller, J. Puig y Ferrater, Joaquín Ruyra,

Llorenc. Vi-llalonga, Prudenci Bertrana, Jordi Sar-sanedas, Josep Pía y Mercé Rodoreda. En cuanto a

filósofos y ensayistas, cuatro son los nombres: Ramón Turró, Eugenio d´Ors, Gaziel y Joan Fuster. De

autores teatrales, hay uno sólo: Santiago Russinyol

Huelga decir que algunos de estos escritores han cultivado varios géneros: Espriu, el teatro, además de la

poesía; Segarra, la novela, además del teatro y la poesía; Pla, el ensayo y el periodismo, mucho más que

la narración...

No todos los críticos, por lo demás, han seguido un mismo criterio. Castellet, pongo por caso, ha tenido

hacia los autores más del riguroso presente, mientras Molas se ha mantenido en una posición netamente

historicista, cuando Ferraté se ha limitado a manifestar sus preferencias personales por encima de cual-

quier otra consideración. Pero, a la postre, el historicismo es el que ha triunfado.

Lo cual se manifiesta en que el más joven de los autores seleccionados, Sarsanedas, tiene ya cuarenta y

nueve años. Por ello, para que la «Guía...» cumpla su cabal función orientadora, es necesario

acudir a la selección de las trescientas obras y a los votos obtenidos por cada una, para ampliar la

perspectiva y completarla. Entre los autores que han doblado el cabo de la cincuentena, ya indiqué la falta

de algunos nombres representativos. Entre los más jóvenes, de menos de cuarenta años, la selección ha

señalado los siguientes, cuyas edades oscilan entre los treinta y nueve y veintiocho años: Ricard Salvat,

por una versión teatral de textos de Espriu; Xavier Rubert, por un ensayo; Jordi Teixidor y Josep María

Benet, por una pieza teatral cada uno; Terenci Moix, por una novela y un libro de cuentos; yo mismo, por

cuatro novelas, un tomo de relatos y otra obra teatral.

Cara al público castellanoparlante, supongo que estas retahilas de nombres encerrarán escasos y vagos

significados, a excepción de una minoría extremadamente cufturalizada. Sólo unos pocos seremos

conocidos, gracias a traducciones o a que hayamos escrito también en castellano. La intercomunicabilidad

lingüística peninsular sigue siendo una utopía. O, mejor dicho, se ha convertido en una utopía en los

últimos treinta y pico de años, a partir de la guerra civil y de la alineación de Cataluña en el bando de los

derrotados. La lengua, incomprensiblemente según la óptica de hoy, fue adscrita al régimen caído, a causa

del Estatuto autónomo que regía en Cataluña. Después las cosas se han suavizado y en el campo editorial

funcionan con toda normalidad. Es de esperar que en el docente y de Prensa también llegarán al perfecto

y deseable equilibrio. De hecho, en el primer tercio de siglo, muchos intelectuales castellanos seguían con

regularidad la marcha de la cultura catalana: Unamuno, Azorín, Baroja, Menéndez y Pelayo, etc. Para la

persona que conoce una o varias lenguas latinas, entender otra, como el catalán, aunque no la haya

estudiado metódicamente, no ofrece mayores dificultades.

Y salvar estos escollos es importante, ya que mantenerlos no hace más que, culturalmente, dividir hasta

cierto punto la Península en compartimentos estanco, lo cual a la corta o a la larga influye en la mutua

comprensión, en la convivencia. La fluidez es a todas luces necesaria.

Baltasar PORCEL

 

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