Autor: Barco Teruel, Enrique. 
   Cataluña: hora de política     
 
 ABC.    02/02/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

2 DE FEBRERO DE 1975. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

CATALUÑA: HORA DE POLÍTICA

Por diversos observadores se viene señalando últimamente el contraste que ofrece 1» intensa actividad de

los núcleos políticos en el resto de España con la tibieza manifestada en Cataluña. Sigue habiendo en el

Principado un vacío político que no consiste sólo en un cierto despeso bacía la formulación de las aso-

ciaciones, sino en un alejamiento —entre receloso y desdeñoso— de la «cosa pública» en cuanto política

general, que tiene raíces más hondas, más antiguas. Ello, pese a los esfuerzos en Barcelona de los equipos

locales de Fraga, con clara capacidad de convocatoria en ciertos ámbitos catalanes, y a la actuación en las

provincias catalanas de los seguidores de A.N.E.P.A. y Cantarero. Es opinión extendida que el

asociacionismo, en cualquiera de los colores de su espectro, no termina de calar en el ánimo del espíritu

medio catalán.

En sn resonante conferencia, Jordi Pujol puso de manifiesto ese vacío político, asa atonía —a veces más

aparente que real— de Cataluña. Como ha subrayado la Prensa de la Ciudad Condal, el parlamento del

señor Pujol ha constituido actualidad y atraído la atención de muchas mentes de aquí, prácticamente

absentistas pese a su talante europeísta y progresivo. Posteriormente, Carlos Ferrer Salat, otro joven y

destacado representante ´de la burguesía catalana, insiste en la necesidad de que esta última, dentro de un

contexto de democracia occidental, asuma la manifestación debida en el campo político.

Pero antes de que los ejecutivos y los banqueros incitaran a la acción política a los catalanes, los

intelectuales se habían referido al déficit político de esta región y a la necesidad de que sn burguesía

adoptara un papel rector en la cosa pública, materia en la que tradi-eionalmente la presencia de Cataluña

resultaba muy inferior a su pesó económico, social y cultural. Cataluña, lo hemos dicho reiteradamente, es

obra de una burguesía; ésta, en los últimos tiempos, ha contribuido notablemente al desarrollo económico

nacional; a ello corresponde iniciar un nuevo despegue eolítico de Cataluña.

En ella, señalaba no ha mucho el excelente periodista Jaume Miravitlles, la izquierda ya está organizada.

La que no lo está es su burguesía. Pidamos a Cataluña que vuelva a parir un Cambó, escribía un servidor

de ustedes a raíz del artículo de Miravitlles. La Lliga realizó una gran labor, como se va reconociendo

ahora, después de muchos años de hostilidad contra su recuerdo por parte de quienes más catalanistas se

decían. Un escritor catalán, de signo extremista, formuló la tesis de que la burguesía de aquí había

fracasado en la realización de la revolución nacional catalana; pero muchos estimamos que habría que to-

mar la oración por pasiva.

Porque frente a esa decepción de la izquierda catalanista había que señalar otra, mucho más extendida y

decisiva en el área catalana; un pueblo que creía marchar por las sendas de la convivencia democrática en

el pleno disfrute de sus formas autóctonas de vida,, vio aquel proceso truncado por un estallido revo-

lucionario, que dejó a Cataluña vacía de contenido político y aun de toda esperanza antes de enero de

1939. Eá revolución había frustrado el ideal catalán, la «Cataluña posible»; y de ahí el desinterés de gran

parte de sus gentes por aquella guerra.

Unas cosas y otras han llevado a este admirable pueblo, a sus minorías rectoras, a su burguesía, a ese

alejamiento de la vida política, ´del que siempre hubo unos u otros antecedentes. Durante décadas, «hacer

país» consistió, casi exclusivamente, en reconstruirlo y desarrollarlo económicamente; un pensador ca-

talán señaló que la entrega al trabajo, a veces obsesiva, era el gran refugio, el supremo consuelo, de los

hombres de esta tierra cuando se les desvanecía algún gran ideal colectivo.

Pero ahora, y ello es bien notorio, es hora de hacer política.—Enrique BARCO TERUEL.

 

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