Autor: Manzano, Rafael. 
   Prat de la Riba y la Espanya gran     
 
 ABC.    18/02/1975.  Página: 49. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

10 DE FEBRERO DE 1975. EDICIÓN DE IA MAÑANA.

PRAT DE LA RIBA Y LA «ESPANYA

Vivimos momentos de serena revisión de actitudes. Desde una sosegada madurez, se contemplan

problemas y hombres, ayer agitados por viento de la polémica. El día 26 de enero, fecha de la liberación

de Barcelona, ondeó en el balcón principal de la Diputación Provincial, junto a la enseña nacional, la

barrada bandera catalana, de donde la primera tomó sus colores. La decisión era lógica. Cataluña, entidad

histórica, no quería sentirse marginada de la gozosa efeméride.

Pues bien, unos trabajadores andan estos días instalando en el patio de los naranjos de la entidad

provincial, próximo a donde una fuente mana su agua bajo los cascos legendarios del caballo de San

Jorge, un busto del que fue presidente de la Diputación de Barcelona, y más tarde, de la Mancomunitat,

Enríe Prat de la Riba. Una partidista información, envuelta en la conflictiva de nuestro pasado, nos hizo

ver, bajo óptica incompleta, a una serie de figuras del «98», ahora en trance de revisión clarificante. Uno

de esos hombres, en reexamen, puede ser el egregio varón de Castelltersol. Nacido en 1870 en un hogar

modesto, se formará a la sombra de un doble signo; de un lado, romántico y dentro del espíritu del noble

carlismo catalán; de otro, reflexivo, universitario, investigador. Ello lo llevará, no sin ciertas vacilaciones

intelectuales, al planteamiento de una teoría acorde con parte del pensamiento del siglo XIX..

Para Prat de la Riba, existirán dos conceptos distintos: el del Estado, como creación política voluntaria; el

de Nación, como comunidad natural e histórica. Ambos conceptos no chocan, sino que se complementan.

«Governada Es-panya per l´Estat espanyol els catalans som espanyols com a membres d´aquest Estat, com

a ciutadans d´aqueixa societat política.» Así escribió en «La Veu», en 1899.

El cuerpo doctrinal de Prat de la Riba sufrirá, con el tiempo y las circunstancias, una delicada evolución.

Eugenio d´Ors, que tan cerca estuvo de su persona y de su obra, resumió a uno de los biógrafos de Prat de

la Riba, Oliver Bertrán, los sucesivos estratos de su ideología. La primera capa de Prat —dijo «Xenius»—

era «regionalista»; la segunda «nacionalista». Pero a partir de 1898 —recuérdese la fecha, después del

«Desastre» que tan enormemente sacudió a la conciencia y a la sociedad catalanas— Prat de la Riba

adoptará una nueva actitud: la «imperialista». Influido, quizá, por los más jóvenes (Pijoan, Cambó, D´Ors)

entenderá ya esirecao el ideal nacionalista, tan grato a los románticos. Y buscará una formulación de los

pueblos de España religados por la asunción de un destino común y colectivo, sin mengua de sus

peculiaridades.

De ahí «ue durante una visita de Don Alfonso Xin a Barcelona, acompañado de su esposa, la Reina Doña

Victoria, Prat de la Riba, al recibirlos en la Mancomunitat, esboce el tema. Después de elogiar las

libertades locales, pasó a afirmar que ellas son «el punto de partida de una era de resurgimiento vigoroso

que permita de nuevo a España elevarse a las alturas del Imperio». Del mismo modo, elogiando el

proyecto de Ley Local de Antonio Maura, había pedido: «Haciendas municipales muy capaces.» «Se

educará a una generación apta para la función de la Administración y del Gobierno, capacitándola para

elevar nuevamente a los decaídos pueblos españoles a la potestad del imperio.» Prat, que fue germanófilo

durante la primera guerra mundial, solía tener, frente a sus ojos, el ejemplo de la resurrección de la

Alemania de Bismark. Así, en el problema de las «dos España», en el que también participa, se inclina

por el sueño de una Patria grande, transformada y renovada. «Dos espirite colectius, dues Espanyes,

l´Espanya vella, que s´en va, i l´Espanya jove, I´Espanya nova, que arriba.»

Al producirse el hecho sangriento de la «Semana Trágica», Prat de la Riba se coloca al lado de la

autoridad nacional y se sitúa, como hombre de gobierno, contra la iconoclasta, ciega violencia

destructiva. «Y al condenarlos (los sucesos) protestamos de que se haya escogido para perpetrar estos

atentados el momento en que nuestro Ejército lucha, heroicamente (en Marruecos) para sostener en una

campaña exterior, la dignidad y el porvenir de España.»

Murió Prat de la Riba en 1917, en Castelltersol. Mientras se extinguía aquella llama poderosa, que había

postulado «per una Catalunya i una Espanya gran», tenía a su lado a un varón enamorado de las súbitas

tierras de Castilla y nacido en Madrid: el doctor Gregorio Marañen, llamado a consulta por el doctor

August Pi i Sunyer.

Dicen que Prat de la Riba aconsejaba a sus amigos «no fer soroll» (no hacer ruido). Ahora que se prepara

la vuelta de su busto al. patio de los naranjos, area de la melodía del surtidor de San Jorge, quizá

conviniera recordar su consigna. Y rendirle memoria dentro de aquello exigido, en la muerte de Joan

Maragall, por Eugenio d´Ors: nadie hable de ese hombre sino después de un silencio muy puro.—Rafael

MANZANO

 

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