Un intento de reconciliación nacional     
 
 ABC.    11/12/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ABC. SABADO 11 DE DICIEMBRE DE 1976. PAG. 5.

UN INTENTO DE RECONCILIACIÓN NACIONAL

Por Torcuato LUCA DE TENA

Ayer, en su emisión de sobremesa, Televisión Española recogió, como en días anteriores, varias

opiniones de personalidades sobre el próximo referéndum. En ese programa, don Torcuato Luca de Tena

y Brunet pronunció esta alocución que reproducimos integramente:

Nadie tiene derecho a escudarse tras el nombre del Rey, ni a aprovecharse de su evidentísima

popularidad, para defender sus posiciones partidistas, por muy nobles que éstas sean. Porque el Rey es de

todos: de los que creyeron desde siempre en la virtualidad de la Institución que él encarna y en el arraigo

popular de la Corona, como de los que no creyeron; es el Rey de las izquierdas y de las derechas y del

centro y de los extremos de ese amplísimo (demasiado amplio escribí en ocasión reciente) espectro

político español.

De modo que sí le nombro no es para acogerme a la sombra del prestigio real, sino para recordar a los

hombres y a las mujeres de buena fe —¡que también los hay!— que fue Don Juan Carlos, en la solemne

ocasión de su investidura, quien proclamó que no quería ser el Rey de una facción, que no quería ser el

Rey de unos grupos, ni siquiera el Rey de media España, sino de España toda. «Quiero ser el Rey —

fueron sus palabras— de todos los españoles.»

Y, en consecuencia, su Gobierno anuncia unas elecciones legislativas para la próxima primavera de las

que saldrán designados en las urnas los hombres y los partidos que el pueblo escoja. Para que sean ellos,

esos hombres y esos partidos, los que en Cortes constituyentes redacten las nuevas leyes con la mira

puesta en exclusiva en la participación de todos, dentro de 1» tan anhelada convivencia de todos.

Acatando el mandato real (como escribí hace unos días), una de «esas dos Españas que han de helarte el

corazón», según los versos pesimistas de Machado, ha tendido un puente a la otra, y con el puente una

mano abierta., para que ni en prosa ni en verso, ni en sátiras, ni en metáforas, pueda hablarse nunca en el

futuro de dos Españas, sino de una sola, en la que la pluralidad de ideas y tendencias esté legalmente

establecida, constitucionalmente regulada, civilizadamente ordenada. Lo que se nos pregunta en el

inmediato referéndum es un «sí» o un «no» a la erección de ese puente, al ofrecimiento de esa mano.

¡Qué responsabilidad histórica Ja de los españoles que se nieguen a tenderla! ¡Qué responsabilidad

también la de los españoles que se nieguen a aceptarla!

Y como éste es el verdadero sentido del referéndum; y como una respuesta afirmativa no prejuzga lo que

acaecerá en las próximas elecciones de la primavera, que eso es harina de otro costal; considero que unos

deben ser generosos al aceptarla, y que tanto el centro como fa izquierda y la derecha deben responder

con un «sí» rotundo a la consulta popular que se no» hace, para que el 15 de diciembre de 1970, en el

calendario histórico español, sea —gracias a la iniciativa del Rey— el gran día de la reconciliación

nacional. Así sea.—T. L. T.

 

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