Autor: Ramírez, Pedro J.. 
 ABC de las Elecciones: Entrevista Exclusiva. 
 Carlos Arias, candidato al Senado por Alianza Popular  :   
 O juegan todos o no juega nadie. No creo que se pueda establecer un distingo entre el presidente Suárez y el resto de su gabinete. 
 ABC.    22/04/1977.  Página: 11-12. Páginas: 2. Párrafos: 64. 

ABC. VIERNES. 22 DE ABRIL DE 1977. PAG. 11.

A B C DE LAS ELECCIONES: ENTREVISTA EXCLUSIVA

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CARLOS ARIAS,

CANDIDATO

Al SENADO POR

ALIANZA POPULAR

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«O juegan todos o no juega nadie. No creo que se pueda establecer un distingo entre el presidente Suárez

y el resto de su Gabinete»

Carlos Arias Navarro anunció ayer su decisión de presentarse a las elecciones como candidato al Senado

por Madrid en la lista de «Alianza Popular». Poco después de dar tan trascendental paso, accedió a

contestar absolutamente todas mis preguntas sobre la situación política española.

La conversación tuvo lugar en el despacho de su notaría, Carlos Arias vestía un traje azul oscuro y

jugueteaba constantemente con sus gafas de varilla metálica y montura negra. Sobre la mesa, una

fotocopia del último mensaje de Franco que le había regalado doña Carmen Polo el día anterior. A lo

largo de la entrevista Carlos Arias se expresó con gran sinceridad llegando a emocionarse en algunos

momentos al mencionar pasajes relacionados con el Generalísimo Franco

—¿Por qué ha elegido el Senado y no el Congreso para comparecer a las elecciones?

—En esta vertiendo de mi vida, con la serenidad para enjuiciar los problemas que me da mi experiencia

de Gobierno, he considerado más adecuado el Senado, por verlo apartado del ímpetu y la agresividad que

le empleará en el Congreso.

Los años van marcando el carácter de las personas y me atrae más el sosiego y la serenidad con que se

podrá trabajar en el Senado.

—Hace tiempo que se especulaba con la posiblidad de su comparecencia junto a «Alianza Popular».

¿Cuál ha sido el proceso que le ha llevado por último a tomar su decisión?

—Cuando dejé la Presidencia nunca pensé en volver a la política. Por Fraga he sentido siempre una gran

admiración. Tanto en su época como ministro de información y Turismo, como cuando le llamé para la

cartera de Gobernación. Pude comprobar

entonces las cualidades excepcionales de este hombre. Es un verdadero huracán, su capacidad de acción

es inverosímil.

Un día almorzamos juntos. No hubo proposiciones muy concretas. Pero en esa forma de hablar suya, que

parece que había en taquigrafía, me dijo que debería pensar en presentar mi candidatura porque para un

sector del pueblo español mi imagen podía ser importante.

Le contesté que la imagen que pudieran tener los españoles de Carlos Arias no era mérito mío. Ante el

toque de silencio, las palabras; «Va a hablar el presidente del Gobierno», y el anuncio de la muerte de

Franco, el país estaba ya emocionado. La gente estaba conmovida, no por lo que yo dijera, sino porque se

había muerto el Caudillo. Era un sentimiento de orfandad que no tenía nada que ver conmigo.

—¿Qué imagen pueden tener los españoles de Carlos Arias?

—Quizá, la de un hombre honesto, bien intencionado, de lealtad inalterable al Caudillo... No me

avergüenzo de ello, y se lo dije al propio Rey cuando Franco estaba enfermo; «Señor, no me pida lo que

yo no podré hacer nunca. Decirle al Caudillo que ha llegado el momento de que entregue sus poderes. El

Caudillo tendrá que salir con las botas puestas. De eso no cabe duda.»

No creo tener habilidad política. Llevaba razón Torcuato Luca de Tena cuando hablaba de mi falta de

picaresca. Es verdad: no sé manejar la picaresca para engañar a todos, o para engañar a unos si y a otros

no. Y eso en política a veces es indispensable. Por eso le dije a Fraga en principioí que no.

El me recordó también mi gestión como director general de Seguridad, tarea de ambiente un tanto hostil,

y mi gestión como alcalde de Madrid. El caso es que citando nos despedimos yo le dije que estaba muy

tranquilo al margen de la política, pero que lo pensaría.

—¿Y qué es lo que ha terminado por inclinar la balanza de forma afirmativa?

—Se han producido una serie de acontecimientos. Ya se siente verdadera alarmaHe podido darme cuenta

al pulsar opiniones. Este estado de desorientación, de inseguridad, de no fiarse ya unos de otros.

La conversación con Fraga dejó huella y debo admitir que la legalización del «Partido Comunista» fue

definitiva.

Cuando se ve la maniobra tan poco elegante de querer implicar al Tribunal Supremo, cuando se ve la

forma de largar la noticia en ausencia de los ministros, no queda otro remedio que decidirse.

Todo esto fue pesando en mí. No sé si mi decisión me traerá consecuencias negativas y si algún día tendré

que arrepentirme Hoy por hoy tengo la conciencia tranquila. Sé que cualquier español que me vea por la

calle no podrá decirme: «¿Es usted el que leyéndonos el mensaje de Franco nos dijo que nos

mantuviéramos alerta? ¿Y usted ahora qué hace además de cultivar ge ranios en un finca de Aravaca?

Usted es un mal español y nos ha engañado.»

Prefiero cumplir con mi deber a costa de lo que sea. Si por las maniobras de unos y otros no salgo

elegido, al menos mi conciencia estara tranquila.

— ¿Qué problemas le preocupan más de los. que configuran la situación política actual?

— Por encima de todo, está el sentido del ridículo que estamos dando ante el mundo con doscientas siglas

políticas. ¿Es que hay doscientas ideologías con las que se puedan revolver los problemas del país?

—¿Y es fue el Gobierno no se ha dado cuenta de que es urgente, ya lo era en mi época, el arbitrar

medidas de carácter económico? Vamos a la catástrofe, a la ruina completa.

— ¿Por qué cree que la crisis económica ha ido pasando de ministro en ministro sin solución alguna?

— Cuando llegué al Ministerio de la Gobernación con Carrero ya estaba mal el panorama, pues se había

producido la elevación de los precios petrolíferos. Hubo, sin duda, miedo ante la impopularidad que

supondría el encarecimiento de los combustibles y se decidle ir drenando el déficit con fondos del

Tesoro en espera de una estabilización del precio de los cru

dos.

— Fue la época en que llegó Antón Barrera, Antón Barrera estaba asustado y buena prueba de ello es

que se desembarco tirándose del tranvía en marcha con el pretexto de lo de Pío Cabanillas. Hubiera

sido lo mismo que hubiera cesado el ministro de Agricultura o que hubiera descarrilado un antobús. El

caso era marcharse.

Luego vino Cabello de Alba, pero con la muerte del Caudillo era difícil hacer nada a pesar de que él nos

advertía de los peligros del endeudamiento progresivo. Los grupos políticos ya estaban como aves de

rapiña esperando la muerte de Franco.

Quien vio todo más claro fue Villar Mir. Pero no tuvo la habilidad de saber presentárselo al país. Fue el

clásico cirujano que diagnosticó con una seguridad absoluta que al enfermo había que cortarle la

Pierna porque se iba a morir de gangrena, ero el enfermo decidió ir a otro médico.

No te pudo desarrollar la reforma fiscal y la reforma económica. Yo creo que las repercusiones de una

política fiscal, por dura que fuera, iban a ser menores de las que el Gobierno puede temer. Lo malo es que

aún contando con eso van a hacer falta muchos sacrificios tan sólo con el fin de no seguir endeudándonos

más.

— Hay quien cree que existe el riesgo de que las próximas Cortes van a dedicarse a hacer una nueva

Constitución, olvidándose del aspecto económico.

— Estoy de acuerdo con el artículo de Fraga en ABC que he leído hoy. Es la manía de querer escribir

siempre la primera página de la Historia de España, empezando por la época de los íberos. No, nombre,

no. Atienda usted los asuntos más importantes, que luego ya filosofaremos un rato. Poga usted mano

en la economía, ponga usted mano en el orden público, ponga usted mano en todo ese proceso de

desmembración de España, y luego hablaremos.

— El problema de las regiones. Sectores muy diversos piesan que de su correcta solució depende el

futuro de España, ¿Qué opina usted al respecto?

— Era una de las grandes preocupaciones del Caudillo, y a ella alude en su último mensaje: «Mantened la

unidad de las tierras de España exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza

de la unidad de la Patria.»

Han desorbitado las cosas, y es uno de los temas que el Gobierno no se ha atrevido a abordar. El Rey me

llamó la víspera de su viaje a Roma y dijo que quería verme. Como yo estaba en cama con una bronquitis,

lo dejamos para después.

«La justificada preocupación de una gran mayoría del pueblo español por recientes decisiones y

acontecimientos no podía dejar de alcanzarme»

Al cabo de unos días volvió a llamarme y me dijo que estaba muy preocupado ante el tema de las

regiones.

—¿En qué medida responsabiliza usted al Gobierno?

—El Gobierno ha adoptado la actitud de tratar de ensañar a todos. Y claro, a la hora de la verdad cada uno

ha cogido la calle en medio.

— ¿Don Carlos, usted cree que de haber seguido la operación reformista, que su Gobierno convirtió en

anteproyecto de ley todos estos males que ahora denuncia se hubieran evitado?

— El otro día le comentaba a Fraga que una de las pocas cosas que guardo son las actas de la Comisión

mixta GobiernoConsejo Nacional, en cuyas sesiones intervinieron destacadamente el propio Fraga, que

era un huracán, y Torcuato FernándezMí randa, con la autoridad propia de su cátedra de Derecho Político

y sus famosos recursos de los «maniqueos» sacando al Príncipe siempre a relucir. Al final, Torcuato

Fernández Miranda fue el que impuso su criterio y el que llevó el toro al corral.

Yquienes más le apoyaron fueron Adolfo Suárez y Osorio. Todo eso está ahí, en las actas. ¿Qué ha

pasado entonces para que al día siguiente de mi cese arrinconen ese proyecto y saquen otro totalmente

distinto?

Yo había hablado muchas veces con el Caudillo del tema de la reforma. El era un hombre inteligente y de

gran perspicacia. Aunque no se puede decir que el Caudillo fuera vertiginoso, tampoco fue inmovilista.

En las reuniones de la Comisión mixta, el único que estaba hecho un monolito y no se avenía a razones

era Girón.

Le leyeron incluso pasajes de discursos del Caudillo. Como si le leyeran a Julio Verne. El tenía su

filosofía y no había quien le apeara de ella. El hombre estará pasando malos días, como estamos

pasándolos todos. ¿Y qué dirá ahora? Pensar que pedia mi cabeza, que pedía casi que me la cortaran a

nivel de la cintura, por aquel discurso del 12 de febrero.

Había que encontrar una solución. Yo sabía que el Caudillo pedía que las reformas se hicieran muy

pausadamente... ¡Sí, pero el tiempo también apremiaba!

—Consideraría lógico que el presidente Suárez se presentara a las elecciones?

—Francamente, no. O juegan todos, o no juega nadie. No creo que se pueda establecer un distingo entre

el presidente Suarez y el resto de su Gabinete. Además, es evidente la postura privilegiada del Gobierno

ante los medios oficiales de comunicación social.

—Se incorpora usted a un grupo, "Alianza Popular», que está siendo objeto de múltiples ataques...

—Es la mejor demostración de que es donde el adversario ve que se le va a dar batalla.

—¿Participará usted activamente en la campaña electoral?

—Intervendré en algún mitin, en algún asto público. Pero no pienso invadir el terreno de la juventud. Ño

creo ser una «vedette". Ese papel hay que dejarlo para gente con más combatividad.

—¿De todos los puntos del programa de «Alianza Popular», en cuáles pondría más énfasis? ¿Qué

aspectos de nuestro futuro son los que más le preocupan?

—Ante todo, me preocupa la juventud. Mientras nos hemos ocupado de administrar la paz para

engrandecer a España, parece como si no nos hubiéramos ido dando cuenta de que había quienes iban

infiltrándose en la Universidad, en la Iglesia, en el Ejército... Y de repente nos hemos encontrado con la

situación actual.

El problema económico también me parece decisivo. Ai final, en los Consejos de Ministros, los miembros

del Gobierno no hacían sino pedir dinero. Tendríamos que haberle puesto al ministro de Hacienda una

linotipia y una rotativa para fabricar billetes.

El problema de la Juventud, el económico y el de las regiones. En este aspecto hay que plantarse y decir:

«Nada contra la pulverización de la unidad de España,» Con mucho valor y con mucha entereza.

Descentralización, la que sea necesaria. Reconocimiento del idioma y la cultura, todo. Ahora bien; unidad

nacional por encima de todo.

—¿Cómo valora la incidencia de la opinión publica internacional en el proceso español?

—A lodos los líderes extranjeros que han venido a España últimamente tuve la oportunidad de conocerlos

en Helsinki, Schmidt, por ejemplo, defendía, claro esta. sus posiciones. Yo le decía que si, que hacia falta

evolucionar y que ya entallamos evolucionando. «Tal vez le parezca una táctica equivacada —le dije—,

pero yo creo que las montañas hay que subirlas despacio si se quiere llegar entero a la cima.»

Había cola para vez a Breznef. Yo no la hice y él al parecer se interesé por la Delegación española.

«Aprovecha un momento en que salgas a fumar un cigarrillo —«e dijo Cortina— y lo saluda, para que no

digan que somos unos osos salvajes.» Así lo hice: le sonreí al pasar y él se levantó, me dio la mano, ya

tenia preparado al fotógrafo. ..

En definitiva, creo que toda la cuestión de la imagen de España en el extranjero no responde a la realidad.

A lo mejor hay quien es capaz de sacarles mas partido, pero a la hora de la verdad el inundo se mueve por

razones económicas,

—¿Considera, por último, que su incorporación a "Alianza Popular» puede contribuir a decidir las

elecciones?

—No creo que mi aportación sea decisiva para inclinar la balanza. Ahora bien, puede ayudar a que los

españoles se den cuenta de que no es posible permanecer como espectador. Creo que mi decisión puede

tener un sentido de llamada para muchos españoles.—Pedro J. RAMIREZ.

 

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