Autor: Sáenz-Díez, Margarita. 
 Vida política. Doscientos comensales para escuchar a don Jordi Pujol. 
 No conviene que fracase el intento democratizador del Gobierno     
 
 Informaciones.    16/01/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

DOSCIENTOS COMENSALES PARA ESCUCHAR A DON JORDI PUJOL:

«No conviene que fracase el intento democratizador del Gobierno»

Por Margarita SAENZ-DIEZ

BARCELONA, 16. -Para celebrar en Barcelona un almuerzo político en «olor de multitud», se tendrá

éxito seguro si se presenta como figura estelar a don Jordi Pujol. Esto es lo que ocurrió ayer al mediodía,

en la comida convocada por la delegación barcelonesa de la Liga Europea de Cooperación Económica,

que había preparado un postre de campanillas: "Opciones políticas de Cataluña", a cargo del señor Pujol.

Unos doscientos comensales se abarrotaban en el comedor del hotel que se asoma sobre la catedral para

escuchar a uno de los líderes con más capacidad de convocatoria de Convergencia Democrática de

Catalunya, integrada en el «Consell». No todos los comensales eran «pujolistas», aunque se palpaba una

actitud positiva hacia uno de los hombres-portavoces de las aspiraciones catalanas, dotado, en opinión de

algunos, de un cierto carisma.

«Creo que, hoy por hoy, no conviene que fracase el intento democratizador del Gobierno. No se puede

pedir la no celebración de algunas huelgas ni que se silencien nuestras reivindicaciones nacionales. Lo

que sí se puede solicitar es que todo se haga con circunspección, fijando los objetivos adecuados a las

circunstancias para que no haya un fracaso prematuro. Lo que también se puede rogar es que no se haga

todo con el intento de hacer fracasar una cosa que para la mayoría del país es una esperanza, sino con la

finalidad de que el Gobierno no se quede a medio camino.» Esto lo decía el banquero Pujol cuando

explicaba los procedimientos que deben seguirse para conseguir los objetivos políticos catalanes que,

según sus personales criterios, son: instauración en Cataluña y en España de una democracia de corte

europeo; reconocimiento político e institucionalizado de la personalidad de Cataluña, así como de sus

realidades lingüísticas y culturales; situación social que comportase una redistribución de la riqueza y del

Poder.

EL CONCEPTO DE RUPTURA

Don Jordi Pujol puso especial énfasis en recalcar el significado del concepto de «ruptura democrática»,

que él propugna, pero que se presta a muchos malos entendidos. «Hay que realizar un gran esfuerzo de

clarificación para que, tras el término evolución no se oculte un enorme inmovilismo y para que, tras el de

ruptura, no se escondan deseos de desgarro. Ruptura democrática —puntualizó el señor Pujol— es un

cambio o ruptura de determinadas leyes e instituciones del sistema que han venido rigiendo hasta ahora.

Es difícil que ese cambio se realice sin pasar por un período constituyente. La normalización democrática

puede traer cambios penosos pero no violentos ni tampoco la subversión o la anarquía.»

Don Carlos Ferrer Sa1at, presidente del Banco de Europa y miembro destacado de la L. E. C. E., al que se

le califica en medios autorizados de centro-derecha, abordó en el coloquio la sensación, acaso

contraproducente, que puede producir en el resto del Estado español el reconocimiento de la realidad

catalana planteado sólo y desde Cataluña. La pregunta, que no nos extrañaría hubiera sido prevista con

anterioridad, ya que es una de las cuestiones que necesita una mayor dosis de clarificación, fue

respondida por don Jordi Pujol en los siguientes términos: «Nuestras reivindicaciones son a nivel español.

No queremos hacer un planteamiento disgregador, aun-que a veces lo haya parecido así. Se debe llegar a

comprender que lo que queremos es un Estatuto amplio formulado desde una estructura federal, como

Estatuto de Autonomía o como reconocimiento de las entidades regionales con especiales Estatutos como

en Italia, pero no tenemos ninguna intención de disgregar. Lo que necesitamos es «ser» políticamente,

tener nuestras estructuras políticas bien establecidas y mostrarnos dispuestos a dialogar sin ocultar

nuestros objetivos.»

 

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