Autor: Orosa, José Luis. 
 Don Jordi Pujol, en el Ateneo de Madrid. 
 Los catalanes no somos separatistas     
 
 Informaciones.    10/04/1976.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

10 de abril de 1976

DON JORDI PUJOL, EN EL ATENEO DE MADRID

«Los catalanes no somos separatistas»

MADRID, 10. (INFORMACIONES, por José Luis Orosa.)

Sí no se reconoce nuestra identidad nacional, si no se hace posible nuestra incorporación al quehacer

común de una España democrática y progresiva, van a marchar muy mal las cosas en Cataluña, van a

marchar muy mal las cosas en el resto de España. Y esto no lo digo como una amenaza, sino como un

lamento», dijo don Jordi Pujol, secretario general de Convergencia Democrática (partido político catalán

de tendencia socialdemócrata) y miembro constituyente del Consell de Forces Politiques de Catalunya, en

el coloquio que siguió a la conferencia pronunciada ayer en el Ateneo de Madrid, encabezada por este

título: «Una visión política desde Cataluña».

El salón de actos del Ateneo madrileño estaba absolutamente abarrotado de público —-en su mayoría,

joven, que se sentaba en los pasillos, se arracimaba en las plateas o seguía las palabras del señor Pujol en

circuito cerrado fuera de la sala. Una actitud absolutamente respetuosa, casi europea, correspondió a la

exquisita «civilidad» de don Jordi Pujol a lo largo de su conferencia. Sólo en breve coloquio final, la

«cuestión catalana», levantó algún que otro sarpullido, a duras penas dominado por el moderador, señor

Satrústegui, que compartía la mesa directiva con el Presidente del Ateneo y el señor Alvarez de Miranda.

Si hubiese funcionado un «aplausómetro», se habría podido registrar una larguísima satisfacción por las

palabras del señor Pujol, aunque no hiciese constar la ausencia al acto de distinguidos catalanes del

«stablishment» tradicional u otros no menos distinguidos de la oposición española. Estaban allí Baltasar

Porcel, Antuña, Gil-Robles, hijo; Armero, Pio Cabanillas, Coll i Aleutony, Miró Ardevol, Francescu

Cabana, Roca y Junyent, Altares, Carlos Sentís y, desde luego, la señora de Pujol, sencilla y atenta.

BASES DEL ENTENDIMIENTO

Don Jordi Pujol comenzó evocando el discurso de Azaña ante la Generalitat de Catalunya, una vez

votados los Estatutos de 1932 («Ahora son de la República...»), y quiso distinguir entre lo permanente y

lo accesorio de este discurso. «Lo coyuntural —dijo— es la forma de Gobierno, lo permanente es el

paralelismo entre el discurso de Azaña y las palabras recientes de una figura gubernamental. Lo

permanente es el hecho insoslayable que es Cataluña, como dijo Cambó.» Después de explicar como

muchos años de ataque a la identidad catalana, pese a la frustración, no habían conseguido anularla, el

señor Pujol añadió: «Con este último renacimiento, Cataluña demuestra que sigue siendo no sólo una

lengua, sino una realidad, una nacionalidad.» El dirigente catalán afirmó que deseaba que su conferencia

pudiera contribuir a establecer las bases de un entendimiento profundo, cordial y duradero entre Cataluña

y el resto de España. «Para ello —señaló— es necesario hablar claro, y en este aspecto hay tres cosas que

deben quedar suficientemente aclaradas: primero, que los catalanes no somos separatistas. Segundo, que

los catalanes no somos regionalistas. Y en tercer lugar, que los catalanes somos nacionalistas. Esto es:

España es para nosotros un país plurinacional. Cataluña es, dentro del Estado español.

una nacionalidad.» Añadió: «Queremos ser catalanes, queremos, ante todo, ser catalanes, y queremos,

todos, ser españoles, a partir de nuestra identidad catalana.»

Explicó el señor Pujol que la reivindicación catalana no es sólo administrativa, política o democrática,

sino, fundamentalmente, «de soberanía.» «Los catalanes —aclaró— reivindicamos un poder político que

sea la expresión política de nuestra realidad nacional. Queremos que el Estado ceda una parte de sus

competencias -—y digo una parte precisamente porque no estoy hablando un lenguaje separatista— al

órgano que represente genuinamente todo este conjunto de hechos, sentimientos y solidaridad que

constituyen la nacionalidad catalana.» Entre esos hechos, el señor Pujol citó la lengua catalana («al

menos, cinco millones de catalanohablantes»), la cultura («que lo invade todo, a pesar de la

clandestinidad y la precariedad en que se ha desenvuelto: por ejemplo, de 26 periódicos antes de la

guerra, hemos pasado a cero») y la economía.» «La relación entre economía y cultura —dijo— es

determinante en la Cataluña de hoy.» El dirigente catalán afirmó además que a Cataluña la sienten no sólo

las clases medias o los empresarios, sino las clases obreras.

"CATALUÑA ES, DENTRO DEL ESTADO ESPAÑOL, UNA NACIONALIDAD"

"CON ESTATUTO O FEDERALISMO, DEBEREMOS CONTRIBUIR AL BIENESTAR DEL PAIS"

«CON RECELO»

Don Jordi Pujol hizo notar que los catalanes «son acogidos con recelo» por el resto de España («sean

ustedes buenos chicos, provincianos, y les dejaremos jugar con su juguete...») para, luego, «acusarnos de

ser insolidarios». «Cataluña —dijo—, a veces se ha visto obligada a encerrarse en sí misma para defender

su identidad. Pero cada vez que Cataluña se recupera y cree encontrar resonancias positivas en el resto de

España, insiste en su voluntad de participar, con criterios positivos y constructivos, ilusionados, en la

construcción de una España basada en la libertad y en la justicia.» Añadió: «Quizá Cataluña necesita

explicar lo que es y lo que quiere, pero España debe también comprender que el reconocimiento de la

realidad nacional de Cataluña es decisivo para la creación de la España nueva que todos tenemos ante

nosotros como obra común a realizar.»

Tras afirmar que la regionalización o el cantonalismo «no resuelven nuestros problemas», dijo: «Este no

es el mejor momento para pronunciarse sobre si es mejor la fórmula autonómica o la federal. Por eso

quisiera decir que la mejor fórmula, para nosotros, es aquella que combine óptimamente el máximo de

poder político para Cataluña con el mínimo de trauma para el resto de España. La solución debemos

elaborarla entre todos.» Aclaró también el señor Pujol que «con Estatuto o federalismo deberemos

contribuir al bienestar del país», aunque eso suponga «contrapartidas que no nos gusten», pero siempre y

cuando «podamos participar en un debate abierto y democrático sobre lo que debe ser el desarrollo

económico y social de España». Recordó en este sentido las palabras de Cambó en su conocido discurso

de Zaragoza de 1911: «No puede haber oasis en el país...» «Cataluña —resumió el señor Pujol— no

quiere ser un oasis ni puede mantenerse al margen. Para ello debemos superar una situación que ha creado

el recelo y la desconfianza. Porque si los reflejos catalanes son, en parte importante, defensivos y poco

abiertos al conjunto español, los del resto de España han arrastrado una tradición de incomprensión y

hábito de dominio. Esto no va a ser fácil. Pero no solucionar adecuadamente en estos momentos la

cuestión del nacionalismo catalán, llevaría a todos a una ignición catalana, a una radicalización...»

Terminó don Jordi Pujol: «No ayuda a esto el aventar la conflictividad social en Cataluña, no nos ayuda

en nada el «lerrouxismo», es decir, la utilización falaz de la cuestión social... Pero también creo que nos

va a ayudar a eliminar las barreras la demostración de que uno de los objetivos básicos del nacionalismo

catalán es la consolidación de la democracia en España y, en definitiva, el progreso económico y social de

todos los españoles.»

Esto fue lo que dijo don Jordi Pujol, cuarenta y seis años, que a pesar de su significación política en el

pasado y en el presente, se ha presentado en Madrid prácticamente a instancias, según sus declaraciones,

de una iniciativa personal. «No he venido a hacer acuerdos con nadie, tampoco con ningún ministro, sino

a sentar las bases de un mutuo entendimiento.»

 

< Volver