Que se explique el gobierno     
 
 ABC.    11/12/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Que se explique el gobierno

ABC. SÁBADO 11 DE DICIEMBRE DE 1976. PAG. 5

Ayer se producía en Madrid un hecho absolutamente insólito: Santiago Carrillo,

supremo dirigente del «Partido Comunista», se reunía en acto casi publico con

los medios informativos para lanzar, con audacia, una ofensiva política "frontal

contra la Ley española. Lo insólito, nos apresuramos a decirlo, no es la actitud

de desafío del dirigente marxista. Lo insólito es que la audacia del señor

Carrillo no haya desembocado, por mínima y solvente aplicación de la Ley, donde

debía acabar: en la Dirección General de Seguridad.

Es de todo punto urgente una clarificación del Gobierno. Es necesario que las

autoridades informen satisfactoriamente a lo que la opinión pública

legítimamente demanda: primero, que se informe sobre las circunstancias que han

hecho posible tal desafío a la legalidad; segundo, que se explique por qué

razones la legalidad, en lo que el Código Penal define, no ha sido preservada.

Demasiado grueso es admitir que la Policía española no haya tenido conocimiento

de lo que se preparaba, habida cuenta la necesaria publicidad que suponía la

movilización y convocatoria de tan crecido número de informadores. Inadmisible

sería, de todo punto, que la posibilidad de tal rueda de Prensa hubiese venido

determinada desde la voluntaria y discrecional excepción, por parte del

Gobierno, de lo que la Ley establece respecto a todos, con igualdad de

condiciones y sin fuero para ninguno.

Que se explique el Gobierno. Y que lo haga con toda urgencia. A la hora de

cerrar esta edición no habían dicho una sola palabra las fuentes oficiales a que

habíamos acudido para que nos facilitaran su versión sobre los hechos y sus

circunstancias. ¿Cómo alguien que entra clandestinamente en nuestro país puede,

además, con impunidad suma, convocar una reunión con los informadores? El

problema suscita graves interrogantes. Son las autoridades quienes más celeridad

y urgencia debieran haber aportado a la clarificación de los hechos, y, como

decimos, de sus circunstancias.

Dicho lo que precede es ocasión de señalar, seguidamente, la naturaleza falaz

de lo argumentado por el señor Carrillo sobre las condiciones del referéndum. El

dirigente comunista, en efecto. — capitalizando la larga experiencia

revolucionaria del partido internacionalista en que milita —, plantea las cosas

de modo que monopoliza las supuestas razones suyas, como prefigurando la

monopolización del Poder que con gusto asumiría, en el supuesto de que — por las

urnas o por cualquier otra vía — le cupiera hacerlo. Materia del sofisma es el

tema de la abstención.

Los comunistas intentarán atribuirse cuantas abstenciones se puedan producir,

tanto las determinadas por un acto de voluntad política como las propias;

inevitables y espontáneas en todo tipo de consulta popular. Pero, al propio

tiempo, los comunistas se tapan ante la previsible victoria del «sí»,

descalificando de entrada la transparencia democrática y las garantías todas que

presidirán la consulta. Es la vieja y sabida tenaza dialéctica con que los

epígonos de Marx y de Lenin han actuado siempre: si sale rojo es porqué es mío y

si sale blanco es porque no es tuyo.

Así están las cosas de insuperablemente nítidas, de indiscutiblemente claras, en

lo que a los comunistas y sus aliados respecta, cuando, al contemplar el

inmediato referéndum, se nos evidencia que el riesgo mayor, en _que puede

incurrir el futuro de la convivencia española no es otro que el votar «no» por

miedo al comunismo. Pensamos nosotros que si hay un riesgo que asumir es el

riesgo de la libertad.

No hay lógica desde la que quepa argumentar que la libertad saldría mejor

librada en su destino acatando las consignas de abstención lanzadas en primera

instancia por el marxismo-leninismo. ¿Qué método de análisis es ese a que

Santiago Carrillo reduce su credo marxista? ¿Acaso son las purgas o las checas?

¿Es la democracia marxista-leninista la que se rubricó hace veinte años con

sangre de los patriotas húngaros en Budapest? ¿El frío y triste terror de los

«Gulags» y los espinos berlineses asistidos por el seco canto de las ametrallar-

doras? ¿Es la democracia comunista la que decretaron los tanques soviéticos en

Checoslovaquia, en agosto de 1968; tanques llamados, como en Hungría, por los

mismos Husak y Kadar que en La Habana, con Carrillo, asistían hace un año

al Congreso soviético convocado por Fidel Castro?

Para nosotros la estrategia del carrillismo está clara, tanto ante el referéndum

como en lo que respecta al diálogo de la oposición con el Gobierno.

Maximalizando las pretensiones, imponiendo sus exigencias a las otras

izquierdas, lo que hace el «Partido Comunista de España» es torpedear un

entendimiento que a estas horas resulta tan necesario corrió conveniente. El

obstruccionismo que practican los estrategas de Carrillo incluye como es lógico

tácticas y presentaciones diversas: unas veces, actuando por sí mismos; otras,

por interposición de terceros: igual hombres que partidos.

En síntesis:

- No llegamos a comprender cómo ha sido posible la conferencia de Prensa

de Santiago Carrillo.

- No consideramos válido, por insuficiente y falaz, el análisis del dirigente

comunista sobre las alternativas que se ofrecen en el referéndum.

- Puede decirse,. en conclusión, que la convivencia nacional no se consolidará

mientras la izquierda no se emancipe del comunismo.

- Creemos que las únicas salidas hacia la verdadera democracia en España son las

que logren articular en diálogo las fuerzas políticas acreedoras de la libertad.

Y no aquellas que como la representada por Carrillo sólo tienen ante la

libertad deudas y responsabilidades insalvables.

 

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