El manifiesto socialista     
 
 Informaciones.    09/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

INFORMACIONES

El manifiesto socialista

LOS socialistas españoles acaban de definirse como «un partido de clase, un

partido de masas, marxista y

democrático». Se trata de un verdadero manifiesto o documento ideológico, que

sirve de base para la

unificación del P.S.O.E. y del P.S.P., y que ya ha sido aprobado por los

primeros con una sola abstención.

Estamos ante una declaración clarificadora. Ya nadie, después de esto, puede

llamarse a engaño a la hora

de votar.

El socialismo español no pretende transformar el modelo de sociedad en el que

vivimos mediante

reformas graduales, que es lo que hacen los socialdemócratas europeos, sino

destruir el sistema capitalista

en el que estamos, fomentando la lucha de clases y provocando movilizaciones

populares «en todas sus

formas», combinadas con la lucha parlamentaria. Su objetivo es lograr una

sociedad sin clases, mediante

el socialismo Autogestionario y la revolución cultural, todo dentro de la

ortodoxia marxista. Y esto,

salvando la libertad y el humanismo. Es decir, se pretende un socialismo

marxista colectivista -no

necesariamente estatalizador-, con rostro humano. Algo muy cercano a lo que

proponen los

eurocomunistas.

El manifiesto dice expresamente: «No se trata de corregir mediante retoques y

reformas los defectos más

sangrantes del capitalismo». Se trata de destruir el propio sistema y el actual

modelo de sociedad. Esta

superación del modelo capitalista piensan lograrla los socialistas españoles

«mediante el ejercicio del

poder político y económico y la socialización de los medios de producción,

distribución y cambio por las

clases trabajadoras». La actual democracia parlamentaria no es, a su juicio, tal

democracia, porque

«impera la dictadura del sistema, una dictadura sin rostro». Ahora, que casi

todos nos habíamos hecho a

la idea de que, al fin, en España se estaba consolidando la democracia, resulta

que esta democracia es otra

dictadura. Lo mismo debe de ocurrir en la Europa libre. Y los debates

parlamentarios deben estar

presionados por movilizaciones populares.

La libre iniciativa y la economía de mercado -asumidas, tácticamente, por los

socialistas en los pactos

de la Moncloa- quedan tan en entredicho como la propia democracia parlamentaria.

Los socialistas

españoles proponen otra camino para convertir a España en el paraíso de las

libertades y de la justicia. Es

un camino original, inexplorado. «En ningún lugar -afirma el manifiesto- se ha

instaurado todavía un

modelo fiel al análisis y al impulso socialista». No sirve el modelo sueco, ni

el inglés, ni el alemán, ni

siquiera el yugoslavo. Los españoles somos diferentes. Nuestra originalidad raya

en la utopía, pero «no

podemos renunciar al motor utópico que ha caracterizado al socialismo desde sus

orígenes». No es

extraño que en la capital del Mercado Común desconfíen del porvenir de España en

Europa si esta utopía

socialista lograra algún día mayoría suficiente para gobernar. No es extraño que

Moscú recibiera a los

dirigentes socialistas españoles con los brazos abiertos. España, encrucijada de

la pugna Norte-Sur (países

desarrollados y subdesarrollados) y Este-Oeste (países socialistas-países

capitalistas), se convierte de pronto

en campo de experimentación del nuevo socialismo. Para eso hace falta el

neutralismo.

Evidentemente, nos encontramos ante un verdadero riesgo histórico. Nos estamos

jugando a cara o cruz

-y ahora sí que no hay ninguna duda, tras conocer el manifiesto socialista- el

modelo de sociedad y, si

nos descuidamos, nuestro propio ser como nación.

 

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