Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   ¿Qué izquierda queremos?     
 
 ABC.    24/09/1978.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

Fuente: ABC MADRID Fecha: 24091978 Pàgina IS

A B C. DOMINGO, Z4 DE SEPTIEMBRE DE 1978. PAO. 8

Crónica de la semana

¿QUE IZQUIERDA QUEREMOS? / ALGUNOS MALOS CONSEJEROS DEL PRESIDENTE

PREFIEREN EL PACTO CON LOS COMUNISTAS ANTES

QUE LA CONFRONTACIÓN CON EL P.S.O.E.

¿Que democracia queremos? ¿Una democracia como la británica y la alemana o tal

vez preferimos la vía

italoportuguesa? ¿Se trata de consolidar el bipartidismo o pretendemos

institucionalizar la cama redonda,

empezando, para abrir boca, con un «menage a trois» escorado a la «gauche»

¿Bailamos con los

comunistas o lo hacemos con los socialistas? En el fondo, ¿qué izquierda

queremos? Antes de tomar las

trascendentales decisiones de los próximos días, el señor presidente del

Gobierno debería reflexionar

sobre cuál es la respuesta que la inmensa mayoría de los electores de la Unión

de Centro Democrático, la

inmensa mayoría de ese 80 por 100 de ciudadanos españoles que han hecho de la

moderación un ansia,

darían a estos interrogantes.

El dilema de Suárez ha quedado centrado en términos muy precisos con ocasión de

sus entrevistas

sucesivas con Felipe González y Santiago Carrillo, Al presidente se le ofrecen

dos modelos de salida de

la. transición irreconociblemte opuestos. El patrocinado por los socialistas

reduce la negociación de los

Pactos socioeconómicos al ámbito de empresarios y Centrales e implica la

convocatoria de elecciones

generales una vez, aprobada la Constitución. El modelo comunista incorpora a los

partidos políticos, a la

discusión de los nuevos Acuerdos y desemboca en la sacralización del consenso

cómo motor exclusivo de

la acción política durante dos o tres años.

- CARRILLO SE VENDE MUY BARATO

Si tan sólo contara el corto plazo, la solución seria fácil: Carrillo se vende

mucho más barato que Felipe

González; compremos, pues, a precio de saldo. Pero en esta hora crucial en la

que el país va a estar

capacitado —va a estar constituido— para dar los primeros pasos más allá del

umbral de la democracia,

es Imprescindible medir las consecuencias de cada gesto como sí de una inversión

destinada a asegurar

nuestro futuro y el de nuestros hijos se tratara. Es el éxito o el fracaso de

todo un proyecto de convivencia

en libertad lo que depende de que se acierte o se marre el golpe: una vez

ejecutada la suerte, al bateador le

será imposible rectificar la trayectoria de la bola por él impulsada.

Carrillo se vende muy barato porque aún no ha llegado su hora, y lo único que le

preocupa es construir,

ladrillo a ladrillo, una plataforma de despegue lo más sólida posible. A cambio

de salir en la televisión,

rodeado de hombres decentes, en calidad de corresponsable de una solución

supuestamente designada a

sacar al país de la crisis, es capaz de venderle su alma moscovita y proletaria

al tripudo demonio de la

oligarquía, firmando unos Pactos sociales —adobados con algún arabesco lateral

sobre inversiones

públicas, patrimonio sindical y otras gaitas— que harían enrojecer de vergüenza

al mismísimo George

Meany. El mismísimo Georie Meany —preboste máximo de la intersindical

norteamericana A.F.L.C.I.O.- apostó hace algún tiempo por la U. G. T. con la

esperanza de ver medrar en España un sindicalismo

seriamente reivindicativo, pero respetuoso a la vez. de la indivisible libertad

política y económica que

caracteriza a los países del espacio euroatlántlco. Aunque haya quienes se

empeñen en nadar contra

corriente, y aunque Nicolás Redondo se muera probablemente sin darse cuenta, ése

es ya el sesgo de las

cosas, porque eso es lo que, por razones prácticas, empieza a demandar la España

real, esa España de las

oficinas, los talleres y las fábrica, que tan poco tiene que ver con algunas

ensoñaciones extraídas de los

montajes escénicos del licor realismo socialista, aquel que empujó al suicidio a

Yesenin v Malakovsky y

trituró a Blok y Meyerhold.

Que nadie piense, pues, que si no se pacta con los comunistas, el señor Camacho

es capaz de poner el país

boca abajo en cuestión de veinticuatro horas. No vendría mal que lo intentara.

En primer lugar quedaría la

evidencia que quien votó a Comisiones —a unos compañeros de trabajo con nombre y

apellidos que

resultaban ser de Comisiones— no entregó, ni mucho menos, un cheque en blanco al

P. C. E. En segundo

lugar, al lobo podríamos empezar a llamarle lobo loba sin ambages, lobo

revolucionario, lobo portugués,

lobo rojo. Y esa verdad nos haría un poco más fuertes, un poco más libres.

- LOS SOCIALISTAS, GENTES COMO USTED Y COMO YO

Es lógico que los socialistas pongan el listón de las exigencias concretas más

alto que los comunistas —

difícilmente aceptará la U.G.T. alzas salariales inferiores al 14 por 100—,

porque ellos no tienen ningún

pasado vergonzante que lavar en el baptisterio de la credibilidad pública. Ellos

quieren ser —son, de

hecho, a tenor de lo ocurrido el 15 de junto— una pieza básica del sistema, y lo

suyo es apretar en el frente

que tienen asignado. Aunque exagerada con frecuencia, se trata de una presión

limpia. perfectamente

asimilable por la sociedad, siempre y cuando se ejerzan en sentido contrarío —es

decir, desde U. C. D.—

los correspondientes contrapesos.

Es cuestión de fijarse, de charlar un rato con ellos. Por peripecia

generacional, por estilo de vida y

trayectoria humana. Gregorio Peces-Barba, Luís y Javier Solana, Enrique Múgica,

Alfonso Guerra, Miguel

Boyer, Carlos Zayas, Plácido Fernández Viagras, Joan Raventós, Jerónimo

Saavedra, Luís Gómez

Llorente, Felipe González..., los socialistas son gentes como usted y como yo —

con un poco más de

dinero, algunos de ellos—, que aman a los animales y a las plantas, prefieren

vestirse de «sport» e

incurren a menudo en el síndrome travoltiano de creer que las cosas son como a

ellos les gustaría que

fueran. Hermanos separados, todo lo más, en la hora del ecumenismo. Casi nunca

estaremos de acuerdo,

pero de la tensión convergente entre sus ideas y las nuestras surgirá un país

occidental apaciguado v

próspero. Es la teoría centrípeta del Centro, patentada por Guillermo Medina en

el Registro de la

Propiedad Político-Intelectual.

- VERSION CASTELLANA DE LA VIDA, PASIÓN Y MUERTE DE ALDO MORO

Los comunistas son otra cosa. Iba a escribir que hasta mirarles a los ojos para.

darse cuenta, pero reparo

en que casi todos llevan gafas gruesas. Los comunistas son otra cosa: basta

mirarles al «curriculum». Ahí

están, reescribiendo constantemente su propia historia, aferrados como hace

cuarenta años al timón de su

nave repleta de rectificaciones y dobleces: Santiago Alvarez, Luís lucio Lobato,

Manuel Romero Marín,

Simón Sánchez Montero, Manuel Azcárate, Gregorio López Raimundo, Ignacio

Gallego, Dolores

Ibarruri, Irene Falcón..., ¡Santiago Carrillo! ¡Son los hombres de Federico

Sánchez! Son la guerra civil, el

estalínismo visceral y enmascarado. Las manos sucias hasta los codos. El Museo

de Cera puesto en pie en

la mágica noche shakespeariana de las cigarras Ingenuas,

Con ellos quiere pactar la Moncloa. A ellos quiere tender la mano hasta auparles

a un «statu quo» paritario

—con o sin órganos de seguimiento—.olvidando que ni en e1 País Vasco, ni en

Galicia, ni en el Reino de

León, ni en el Reino de Murcia, ni en las dos Castillas con la salvedad de

Madrid, ni en Aragón, ni en Extremadura obtuvieron un solo diputado.

Cuarenta y una de las cincuenta, provincias españolas volvieron la espalda de

forma taxativa a los

comunistas, y en todas las nueve restantes en las que consiguieron escaños

fueron derrotados por amplio

margen por los socialistas.

Por supuesto que sus resultados serian algo mejores ahora después de un año de

Pactos de la Moncloa.

consenso constitucional y demás juegos galantes. Por ahí anda —quizá ya en los

Estados Unidos en las

doctas manos de Juan Linz— una rigurosa encuesta, encargada por la Fundación

Konrad Adenauer, que

demuestra cómo el P.C.E. ha sido el principal beneficiario de cuanto ha ocurrido

en estos últimos meses.

¿Qué es lo que desean, pues, esos profesionales de la propia permanencia que

atosigan al presidente

sirviéndole en bandeja de plaïa los manjares más fáciles de deglutir, pero más

nocivos para la salud del

cuerpo social? Tal vez prefieren ver crecer la cuota electoral de los comunistas

y arriesgarse a que un día

—no muy próximo, claro— sean éstos quienes les echen a patadas, antes que correr

el riesgo de una

confrontación dentro de unos meses, a pecho descubierto y programa desenvainado,

con el P. S. O. E.

No sé si se dan cuenta de que eso significaría —concesión tras concesión,

renuncia tras renuncia, desarme

tras desarme— traducir al castellano la vida, pasión y muerte de Aldo Moro.

- TEMPORADA DE OTOÑO

Más le valía a la U.C.D, romper la baraja, y empezar por recordarles a los

comunistas su promesa

incumplida de revisar la historia última del partido mediante un simposio de

intelectuales y expertos

independientes que debía haberse celebrado inmediatamente después de su IX

Congreso. ¿O es que, cinco

meses después, ya no se acuerda nadie de eso? ¿Es Que ya hemos condenado al

Departamento de Asuntos

Archivados todo lo que tiene que ver con la represión implacable de Santiago

Carrillo contra aquellos

dirigentes de su propio partido que en uno u otro momento le hicieron sombra?

¿Es que acaso entre los

jóvenes militantes comunistas no hay ninguno con la suficiente intranquilidad de

conciencia como para

reclamar el verdadero significado de nombres como los de Comorera, Grimau,

Quiñones o Monzón?

Pero no, el deporte favorito de la temporada monclovita de otoño continua siendo

machaca: a la maltrecha

y desorientada Alianza Popular, cuanto hace que el Partido Comunista no levanta

un solo dedo contra

aquellos grupos que, como el Partido del Trabajo o la O.R.T., le hostigan desde

su izquierda?

Desde esta sección se han disparado recientes dardos contra Alianza Popular.

Sigo pensando que

cualquier proyecto liberal-conservador de construcción de la «majorité» como

alternativa al socialismo

democrático pasa por la «voladura controlada» de Alianza popular y por la

renuncia generosa de casi

lodos sus líderes a un protagonismo que suscita intensas adhesiones pero

extensos rechazos. Sin embargo,

aun cuando desgraciadamente esto no haya sucedido todavía, el desprecio que el

Gobierno ha demostrado

en los últimos días, marginando de las consultas en la «cumbre» a una formación

política que representa a

un millón y medio de votantes, mayoritariamente intercambiables con los de la

propia U.C.D., pone de

relieve, sobre todo, la urgencia de una democratización real del partido en el

Poder. Y supongo que los

dirigentes centristas no consideraren tan estúpidos a sus militantes como para

creer que van a

convencerles de que su aliado natural es Carrillo y su enemigo declarado

Gregorio López Bravo. Guando

lo que está en juego es el colegio de los niños, la libreta de ahorros en el

Banco y el envejecer sin

sobresaltos, hasta en la España de 1978 la ciencia ficción tiene un límite.

- EL DESTAPE DEL P.N.V.

COMO UN PARTIDO PUEBLERINO

Por otra parte, la nota hecha publica hace unos días por la Junta Nacional de

Alianza Popular en torno a la

Constitución supone un inteligente primer paso hacia la adopción de una postura

razonable y sensata en la

hora del referéndum, los propios dirigentes de Alianza Popular son conscientes

de la instabilidad de una

presunta diferenciada sobre el término «nacionalidades», pero su sugerencia

sirve para ir dejando claro

ante sus bases que son aspectos muy concretos de la Constitución los que a sus

ojos resultan inaceptables.

Esta estrategia Podría desembocar en una recomendación de votar «sí», con

respeto absoluto hacia

Quienes opten por el «no» o por la abstención y con la automática inclusión de

la reforma de esos

aspectos concretos de la Constitución como primer punto del programa electoral

del partido. Pocas

noticias serian tan buenas como la consumación de esta táctica integradora.

Es preciso reconocer, además, que las voces de alarma que desde la derecha están

alzándose ante el

tratamiento constitucional de la estructuración del Estado están plenamente

justificadas y son

íntimamente asumidas por todos los partidos del arco parlamentario con dimensión

nacional. El episodio

de la Disposición Adicional sobre Reintegración Foral ha sido la gota que ha

colmado el vaso. Tras el

lamentable patinazo del Grupo de U. C. D. en el Senado y el inconcebible

desplate de tres senadores

regios, de quienes jamás podía esperares una cosa así, asistimos ahora al

destape del P. N. V, como un

partido alicorto, egoísta y pueblerino.

Muerto Juan Ajuriaguerra, acallado por el peso de los años Manuel de Irujo, el

P. N. V. cabalga desbocado

hacia el suicidio político al anudar simultáneamente en torno a su cerviz la

soga del separatismo abertzale

y la soga de todos los trostkismos y maoísmos que en el mundo han sido. Bonito

espectáculo el del jesuita

Arzallus y el empresario Garaicoechea manifestándose con tales «partenaires» en

defensa de un precepto

que, si no son idiotas, deben reconocer como una estafa dirigida contra el resto

de las regiones de España.

Que clase de responsabilidad es ésa? En vez de ser ellos los primeros en

proponer una redacción

alternativa mas aceptable, tratan de sacar ventaja de la cadena de

equivocaciones ajenas y encima insisten

en reclamar sin demora los conciertos económicos. ¿Dónde está el sentido del

Estado de los nacionalistas

vascos? Si españolistas y bizcaitarras la emprenden a bofetadas cualquier día de

éstos, toda la culpa será

del P. N. V. De momento, el Gobierno debería empezar a negociar con todos los

representantes del

pueblo vasco y no con quienes tan desdichadamente hacen de embajadores de apenas

una cuarta, parte.—

Pedro J. RAMIREZ.

 

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