Autor: Tezanos Tortajada, José Félix. 
   ¿Crisis del suarismo?     
 
 Diario 16.    10/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

10-marzo-78 /Diariol6

¿Crisis del «suarismo»?

José Félix Tezanos

La reciente crisis de Gobierno y la posterior y primera derrota significativa de

UCD en el Parlamento nos

obliga a plantearnos una interrogante mucho más de fondo: ¿ha entrado en crisis

el "suarismo"? El

balance de la gestión del Gobierno Suárez hasta estos momentos hace coincidir a

todos en un mismo

diagnóstico; mal, las cosas van mal. El fracaso estrepitoso de la política

exterior, que se revela, entre otras

cosas, en el asunto OUA-Canarias, evidencia una vez más que España continúa en

una situación de

práctico "aislamiento" internacional. A su vez, la situación económica empeora

de día en día, sin que lo

estipulado en los acuerdos de la Moncloa sea llevado a cabo en su totalidad por

el Gobierno Suárez, y sin

que se vislumbre perspectiva alguna de reactivación económica.

Igualmente, la mayoría de los problemas que el franquismo dejó siguen sin

resolver, así como las

instituciones que quedaron en profunda crisis, continúan en tal estado. La

actitud defensiva que ha

adoptado UCD en el Parlamento ha dado lugar a que muchas iniciativas concretas

que ha planteado la

oposición como forma de resolver los problemas más acuciantes, hayan sido

derrotadas

parlamentariamente, pero sin que el Gobierno haya propuesto o adoptado otras

medidas concretas.

Obviamente, hay algunos aspectos de la última crisis que revelan que el Gobierno

Suárez está, en estos

momentos, más inclinado a defender "Intereses" que a resolver problemas. La

entrada en el Gobierno de

uno de los prohombres de la gran patronal y la paralela salida de Fuentes

Quintana significa, sin duda,

que Suárez se ha decidido a actuar congruentemente en defensa de los grandes

intereses del capital. Al

proceder de esta manera, Suárez coloca a la UCD quizá en su verdadero espacio

político —abandonando

toda veleidad socialdemócrata— pero, sin embargo, al actuar así incumple una

gran parte de sus promesas

electorales.

Por ello, muchos permanecen atentos ahora ante un nuevo "test": la ofensiva de

los sectores más

derechistas y reaccionarios de UCD, y las fuerzas que hay tras ellos, contra los

proyectos de reforma

universitaria de González Seara y de reforma fiscal de Fernández Ordoñez. A

nadie se le oculta que tras

tales ofensivas se encuentren los mismos grupos e intereses que durante el

franquismo hicieron. de

España un "paraíso fiscal", así como los que montaron sus Universidades privadas

con dinero del Estado,

mientras dejaban hundirse a la Universidad oficial.

Pérdida de apoyo popular

Sin embargo, junto a todo lo anterior, creo que hay aún un aspecto más impórtame

en la crisis del "suarismo", que ha sido puesto de relieve por los últimos

sondeos electorales. Y es que Suárez, y

la UCD han perdido gran parte de los apoyos populares con que contaban.

Si tomamos, por ejemplo, los datos de los sondeos realizados por Icsa-Gallup, y

publicados regularmente

por el pro-ucedista "Informaciones", nos encontramos con que, en tres sondeos

sucesivos, más del 40 por

100 de tos encuestados que tienen una opinión formada manifiestan una

inclinación a votar por el PSOE,

mientras que los que tienen intención de votar por UCD no llegan en ninguno de

dichos sondeos a superar

el 25 por 100. Ante estos datos se nos podrá objetar —con razón— que los

encuestados que no

manifiestan preferencias en estos momentos pueden hacer variar estos

pronósticos, máxime cuando está

demostrado que este sector de ciudadanos "sin opinión" suele inclinarse en mayor

grado por opciones

moderadas y conservadoras.

Por ello, utilizando datos de varias encuestas y sondeos, me he molestado en

hacer un pronóstico electoral

concreto, ponderando diversos datos y previendo un comportamiento electoral de

los "sin opinión" similar

al de las últimas elecciones del 15 de junio. En este sentido, puede decirse que

si en estos momentos se

celebraran elecciones, y en el caso de que el porcentaje de no votantes girara

en torno al 21 por 100

(como en las anteriores elecciones), los resultados generales serían los

siguientes: PSOE entre el 38 y el

40 por 100, UCD entre el 29 y el 31 por 100, PCE entre el 6 y el 8 por 100, y en

la misma proporción

Alianza Popular y el PSP, con un 9 por 100 aproximadamente para otras fuerzas

políticas. Lo que estos

datos significan es que, en estos momentos, el PSOE y el PSP unidos obtendrían

más del 44 por 100 de

los votos, o, lo que es lo mismo, más de la mitad de los escaños parlamentarios,

en caso de elecciones

legislativas, y buena parte de los Ayuntamientos (sobre todo de las grandes

ciudades) en coso de

elecciones municipales.

De que Suárez es consciente de este hecho, no cabe duda. Y ello explica muchos

de los comportamientos

políticos recientes de UCD; entre otros, la ruptura de su compromiso de convocar

elecciones municipales

de acuerdo con los plazos fijados en la ley.

¿Abusos de poder?

Por muchos argumentos técnicos que se den, nadie puede evitar que la gran

mayoría de los ciudadanos

piensen que si Suárez incumplió su compromiso de convocar elecciones municipales

antes de finalizar

1977, y si ahora se incumple —otra vez— el compromiso de convocarlas en un plazo

inmediato, es

simple y llanamente porque, tanto Suárez como la UCD, saben que en estos

momentos van a perder

dichas elecciones y quieren aprovechar para convocarlas el mejor momento, para

ellos, y el peor para sus

contrincantes. ¿Hasta dónde se va a llegar en este juego? Esto es lo que muchos

nos preguntamos en estos

momentos, y no sin cierta inquietud. Veamos por qué.

SÍ, desde la óptica del poder, nos preguntásemos qué se puede hacer para

intentar ganar unas elecciones

que en estos momentos están perdidas porque no se cuenta con el suficiente apoyo

popular y porque la

situación económica y política interna —e incluso internacional— es poco

propicia, nos encontramos con

que la respuesta apenas permite prever una posibilidad de rectificar el

pronóstico.

Y quizá por ello, nos estamos encontrando ya, de entrada, con una clara

vulneración de acuerdos y de

compromisos que amenazan con poner en crisis el consenso que se había producido

entre las principales

fuerzas políticas del país. ¿No será éste un riesgo demasiado alto sólo para

conservar a un equipo de

hombres en el poder?

El valor de las instituciones

Hay quien piensa que Suárez no convocará ninguna elección hasta después de que

se produzca el

referéndum de la Constitución, como ya hizo anteriormente con el referéndum

sobre la reforma política.

Sin embargo, es muy dudoso que Suárez y la UCD puedan rentabilizar en exclusiva

el éxito de la

aprobación de la Constitución y superar, así, su actual estado de descrédito y

falta de apoyo popular. En

tal caso, lo que todos debemos esperar es que ningún nerviosismo, ni ningún

posible deseo desmedido de

permanecer en e1 poder, lleve a pensar en estrategias políticas cuyos resultados

todos podríamos

pagar. Así el oportunismo "electoralista" de posibles medidas económicas a corto

plazo, orientadas a

"ganarse" a ciertos sectores del empresariado, podrían agudizar, sin duda, la

crisis profunda de nuestra

economía.

Igualmente, ciertas estrategias orientadas a atacar e intentar desprestigiar al

PSOE podrían tener efectos

insospechados. Ciertamente algunas de estas estrategias tienen claros efectos

"bumerang" contra los que

las lanzan. Es el caso, por ejemplo, del intento de algunos comentaristas, que

andan últimamente

obsesionados en convencernos de que el PSOE no está suficientemente preparado

para gobernar, sin darse

cuenta de que su intento de plantear tales dudas no tiene otro efecto, entre los

que puedan ser receptivos al

problema, que el de convencerles de que, por encima de cualquier duda sobre la

eficacia y preparación

técnica del PSOE, lo que no deja lugar a ninguna duda es que los que no parecen

nada preparados en

cualquier caso, tal como les salen las cosas y tal como demuestran los hechos,

son precisamente los

muchachos de la UCD.

En tal sentido es preciso que lodos comprendamos que el máximo valor de las

instituciones democráticas,

cuando estas funcionan verdaderamente, es que los políticos pueden quemarse, que

los partidos y los

equipos políticos pueden fracasar, pero que las instituciones permanecen. Lo

grave para una democracia

es que haya políticos que sientan en algún momento la tentación de situarse por

encima de las

instituciones, y se empecinen en anteponer sus intereses personales a los

intereses del país, sin importarles

el trastorno social o el grado de conflicto que tales comportamientos puedan

producir.

 

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