Autor: Sotelo, Ignacio. 
   La quinta rueda del carro     
 
 Diario 16.    16/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

16-marzo-78 /Diario16

La quinta rueda del carro

Ignacio Sotelo

Dos temas han centrado la atención de la opinión pública ilustrada de nuestro

país en la última semana: la

condena de Els Joglars y la salida del PSOE de la ponencia constitucional. Dos

temas que, desde luego,

no se han ni siquiera mencionado en el Congreso, confirmándose una vez más el

papel que el Parlamento

tiene en la "Monarquía parlamentaria", el ser la quinta rueda del carro; las

otras cuatro reciben el

pomposo nombre de "poderes fácticos" y son las que chirrían cuando se intenta

ponerlo en movimiento.

Ataque a la libertad de expresión

Cuarenta largos años hemos cometido tantos pecados de omisión —callándonos

cuando debimos haber

hablado— que es preciso comenzar boy solidarizándonos con los actores, que han

perdido ´su libertad

personal, por intentar ampliar la libertad de cada uno de nosotros. Estamos muy

lejos de haber alcanzado

cotas de libertad, comparables a las de los países con los que queremos

homologarnos. Estos reconocen

en sus constituciones una libertad absoluta para la creación artística, aunque

luego sean los tribunales

ordinarios los que distingan entre obra de arte y libelo, libertad de expresión

e injuria personal. Pero en

todo caso, si existe un principio consustancial con la sociedad burguesa es el

de la Igualdad de todos los

ciudadanos ante la ley, y uno de los corolarios que se desprenden de este

principio, es el de la unidad de

jurisdicciones. La indignación ante la condena de Els Joglars no proviene tan

solo de la limitación de la

libertad de expresión que implica, sino, en primer lugar, de que hayan sido

condenados en virtud de una

jurisdicción especial, viejo residuo del "antiguo régimen", que hemos de

eliminar lo antes posible si

queremos que la democracia eche raíces en nuestra tierra.

Larga seria la lista de instituciones, desde la Generalitat a los partidos, así

como de personalidades

políticas que continuamente se llenan la boca con la palabra libertad, que hemos

echado de menos a la

hora de denunciar tamaña injusticia, por muy legal que haya sido, da acuerdo con

las normas vigentes y

los poderes reales. Las leyes injustas hay que denunciarlas, y ahí está el

Parlamento para cambiarlas. Si

cuando el ataque exterior a un pedazo de España —las islas Canarias— pudimos

comprobar una rápida

solidaridad de los partidos, en el llevado a cabo contra la libertad de

expresión nuestros parlamentarios

han preferido no tocar cuestiones vidriosas, que pudieran hacer chirriar alguna

rueda de los "poderes

fácticos", abandonando de hecho la lucha por la libertad de expresión a la

oposición extraparlamentaria.

La cosa es grave y dice mucho tanto sobre el valor de nuestro Parlamento como

sobre los limites de la

reforma.

La retirada del PSOE

El segundo tema de la semana no es menos sintomático del papel que desempeña el

Parlamento en el

proceso de la reforma pactado. A todos los que hemos criticado el falso camino

de intentar negociar la

Constitución en una ponencia a puerta cerrada, en la que UCD y AP cuentan con la

mayoría, no dejó de

producirnos cierto alivio la noticia de que el PSOE abandonaba al fin tan

incierto camino, cansado de ser

toreado con todos los pases imaginables, y dispuesto a impedir el que nos

sirviesen "la Constitución más

reaccionaria de Europa". Ni que decir tiene que uno, ingenuamente, suponía que

decisión de tanto alcance

respondía a una estrategia bien pensada, a corto y mediano plazo, pava

dinamizar, que falta hace, el

proceso de democratización y conseguir una Constitución que no se agote en

legitimar a la Monarquía

como forma de Estado y al capitalismo como sistema económico. Lo que, en todo

caso, me parecía

evidente es que un paso de tanta trascendencia habría sido cuidadosamente

preparado desde hacia tiempo,

a la espera de que la UCD quebrantara una vez más alguno de los compromisos

adquiridos para romper la

baraja.

La salida del PSOE de la ponencia constitucional, la primera iniciativa

verdaderamente importante que

tomaba el segundo partido del país y eje de la oposición desde el 15 de junio,

parece irreversible SÍ

responde a una estrategia propia o de difícil reconversión, dadas las

diferencias existentes entre UCD-AP,

por un lado, y el PSOE, por otro, en cuestiones tan decisivas como la de las

autonomías y la de la

educación. Como se sabe, tan grave crisis se trató en amigable charla, por

supuesto a puerta cerrada, entre

don Adolfo y don Felipe, con el progreso, del que hay que dejar la debida

constancia, de que la entrevista

se celebró esta vea en el palacio de las Cortes y no, como es habitual, en el de

la Moncloa. Desde luego

que el pleno no se hizo eco del problema que caldeaba los ánimos y conozco más

de un parlamentario que

todavía no se ha enterado de por qué salió el PSOE de la ponencia. Ahí están las

declaraciones a la prensa

de las partes contendientes, pero ya se sabe que no es función del Parlamento

discutir en público lo que en

secreto pueden acometer los jefes políticos. Un amigo mío, arquitecto, ya tiene

los planos para

transformar el amplio salón de sesiones, cada vez más afuncional y sin sentido,

en pequeñas cabinas para

grupos de trabajo, como máximo de siete, según el modelo de la ponencia

constitucional, encargadas de ir

resolviendo las agudas crisis que, para nuestra desgracia, todavía nos amenazan

en el horizonte. Especial

cuidado ha puesto en el diseño del saloncito, donde periódicamente, por la

importancia crucial que puede

tener para la vida política del país, una vez por semana (por lo menos) se

encontrarán el jefe del Gobierno

y el jefe de la oposición para coordinar la política del país dentro del

consenso general que supone la

reforma pactada.

 

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