Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
 Soy socialdemocrata. 
 Felipe González renuncia al marxismo     
 
 Informaciones.    09/05/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

«SOY SOCIALDEMOCRATA»

Felipe González renuncia al marxismo

• «EN EL PRÓXIMO CONGRESO DEL P.S.O.E. PROPONDRÉ PERSONALMENTE

QUE DESAPAREZCA LA PALABRA MARXISMO DEL PROGRAMA DE NUESTRO PARTIDO»

• RECHAZA LA AUTOGESTIÓN Y PROPONE «UN PROGRAMA DE REFORMAS DENTRO DE LA

ECONOMÍA DE MERCADO»

Por Borlque SOPEÑA, BARCELONA, 9.

POR fidelidad a don Carlos Marx, yo propondré que desaparezca la palabra

marxismo del programa de

nuestro partido. Lo propondré en el próximo congreso. A lo mejor no prospera mi

punto de vista. Pero yo

lo haré. Debe, tenerse en cuenta que a lo largo de lo» casi den anos ya de

existencia, el PSOE. jamás ha

utilizado el vocablo marxismo, a excepción de su introducción en el último

congreso, el celebrado en

1976. Pienso que ello fue un error. Estoy convencido de que a Marx no le

gustaría, si viviera actualmente.

Entre otras razones, me parece inoportuno conceder tantos gratuitos a la

derecha, que lo manipula

constantemente hablando de los "partidos marxistas", los "sindicatos marxistas",

etc.»

Este anuncio —que puede significar, en la práctica, un giro muy importante en la

línea del P.S.O.E.— fue

efectuado anoche por don Felipe González, en el transcurso de una cena-coloquio

que, organizada por el

Club de Debates de la Asociación de la Prensa, giró en torno a «la alternativa

de Poder». La asistencia a

la cena estaba reservada exclusivamente a periodistas. Como invitados de honor

figuraban loa señores

González y Reventós, a quienes acompañaban los señores Verde Aldea, Triginer y

Solana. La presidencia

estaba también ocupada por don Josep Pernau, presidente de la Asociación de la

Prensa de Barcelona y, a

la vez, presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de la Prensa. El

diálogo se prolongó por

espacio de más de tres horas. Prácticamente en ningún momento fue utilizado por

los ponentes el recurso

del «off the record».

Una de las líneas maestras de las distintas intervenciones del líder del

P.S.O.E., consistió en insistir —casi

con ocasión o sin ella— en sus alabanzas a la socialdemocracia, en su moderación

formal y en el

reconocimiento de que su partido ha de ganar electorado por su derecha. En

cambio, se mostró

Implacable con el partido que preside el señor Suárez. «A la U.C.D—aseguró— no

hace falta destruirla,

porque se está, destruyendo sola.»

LA primera pregunta versó sobre las revelaciones de don Alfonso Guerra en el

sentido de que cinco

ministros del Gobierno se habían entrevistado con dirigentes del P.S.O.E. a fin

de establecer,

secretamente, un posible pacto ante la eventualidad de un nuevo Gabinete de

hegemonía socialista. El

señor González trato de eludir la respuesta y en ningún momento —«yo no tengo

contactos con ministros,

sólo con el presidente»— enumeró los nombres de esos ministros. Si Alfonso lo ha

dicho —añadió

inmediatamente—, él sabrá por qué. Pero seguro que tiene sus razones para

haberlo dicho.»

Sus planteamientos sobre U.C.D. pueden resumirse así: «La U.C.D. intenta ser un

conglomerado de

ideologías dispares, como la liberal, la democristiana, la socialdemócrata o la

que se correspondería a los

llamados independientes (muchos de ellos procedentes del antiguo régimen). Su

única cohesión ha sido el

Poder. Si U.C.D. perdiera las próximas elecciones, perdería gran parte de su

elemento cohesionador.

Ahora los distintos grupos que forman la Unión del Centro se reúnen

clandestinamente —como nosotros

hace años— y conspiran para repartirse la herencia. No se ponen de acuerdo, y es

lógico, porque cada uno

de ellos responde a presupuestos doctrinales distintos.»

A FAVOR DE LA SOCIALDEMOCRACIA

A partir del análisis trascrito, don Felipe González ahondó en sus postulados

favorables a la

socialdemocracia, confirmando así la presunta operación de atraer hacia el

P.S.O.E. los sectores más a la

izquierda en U.C.D., es decir, los núcleos socialdemócratas. Pronosticó —de

momento, merced a la unión

con el Partido Socialista Popular y al proceso unitario del socialismo en

Cataluña— una elevación de los

porcentajes electorales de hasta un 37 ó 38 por l00 Precisó que podrían ocurrir

dos posibilidades: 1) Que

el P.S.O.E. se convirtiera en una minoría mayoritaria en el Congreso (como lo es

ahora U.C.D.). 2) Que

llegara a disponer de la mayoría absoluta, aun cuando no lo fuera a nivel de

todos los votantes; para

ambos supuestos —y siguiendo con sus afanes tranquilizantes—, el señor González

subrayó la necesidad

de coaliciones, ya a escala parlamentaria, ya a escala incluso gubernamental. En

este sentido, descartó un

solo frente con los comunistas, y prefirió referirse a «acuerdos con la derecha

o la izquierda», sin detallar,

y dejándolo «a juicio de los electores».

Cuando abordó problemas económicos, el secretario general del P.S.O.E. Justificó

ciertas vaguedades —

«perdonen, pero yo no soy un especialista»—, aunque procuró dejar bien claro que

«tendremos crisis

económica durante mucho tiempo, con el consiguiente desempleo».

«Esta situación —proclamó sin complejos— no la podrá resolver un Gobierno

socialista, pero sí podrá

atenuar socialmente sus efectos. Estas cosas hay que decirlas abiertamente,

porque no es hora de engañar

a nadie.» Dentro del mismo capítulo y tras manifestar que el camino hacia el

socialismo es largo, don

Felipe González se apresuró a rebajar el programa autogestionario de los

socialistas —«la autogestión no

ha prosperado aún en país alguno, ni siquiera en Yugoslavia», para proclamar,

sin ambages, la

conveniencia, actualmente, de un «programa de reformas dentro de la economía de

mercado».

«SOY SOCIALDEMOCRATA

A pesar de que recordó las tesis socialistas favorables a los comicios

municipales anteriores a los

legislativos, puntualizó que su partido aceptaría cualquier reto electoral. «Don

Rodolfo —dijo— ha

declarado en América que nosotros podemos ganar; también ha añadido que él hará

cuanto esté en su

mano para evitarlo. En boca de este ministro la afirmación pone los pelos de

punta, porque es capaz de

utilizar en su favor los Ayuntamientos no democráticos.» De todos modos, el

señor González mantuvo su

creciente optimismo. Después de resaltar, de nuevo, que en el P.S.O.E. a nadie

se le exige «profesión de

fe marxista, porque caben marxistas y socialdemócratas», y tras hacer hincapié

en que «a mí,

personalmente, no me importa reconocer que soy socialdemócrata», el líder del

P.S.O.E, defendió la

urgencia de «ampliar el partido por nuestra derecha». «A eso le llaman

sentenció— electoralismo; he de

decir que me honra ser electoralista, porque sólo podremos gobernar si

alcanzamos, como mínimo, la cota

de los ocho millones de electores; electoralismo lo hacen todos los partidos,

incluido el P.C.E., el P.T.E.

y, en definitiva, cuantos quieren acceder al Parlamento. En una democracia

cuentan loa votos, v sabemos

que será muy difícil obtenerlos a nuestra izquierda.»

NO AL FRENTEPOPULISMO

Rechazó cualquier imagen de Frente Popular, «En realidad —sostuvo el señor

González—, ni nosotros ni

los comunistas buscamos esa unidad que podría evocar el Frente Popular. Por

contra, la derecha se

empeña constantemente en colgarnos a ambos tal etiqueta. Únicamente podría

pensarse en un Gobierno

entre el P.S.O.E. y los comunistas si una rotunda mayoría del electorado así lo

quisiera. Pero este no

parece ser el caso, como lo demuestran las últimas encuestas. Sus resultados

indican que el país vería con

muchos reparos un Gabinete de izquierdas unidas —sólo un 7 u 8 por 100, incluso

un Gabinete socialista

en solitario sólo un 12 ó 13 por 100—, mientras que el porcentaje sube cuando se

pregunta sobre un

Gobierno de hegemonía socialista, pero con coaliciones diversas. He de reconocer

que, de algún modo,

ello da la tazón a don Santiago con su Gobierno de concentración.» Sin embargo,

equilibró la balanza al

referirse a los deseos de la unidad sindical —expresados por el señor Redondo en

el mitin del 1 de

mayo— e incluso de la unidad política.

«Estos deseos son una constante entre los trabajadores». Indicó. «Ahora bien —

matizó—, una cosa es un

"slogan" ante un mitin, y otra cosa es la hora de la verdad. La hora de las

urnas, la papeleta y las

elecciones...»

Ya sólo de pasada —sin especial énfasis- aludió a las teorías republicanas del

Partido Socialista Obrero

Español. «Modestamente, seguimos siendo republicanos, porque entendemos que la

República es una

forma de Estado de carácter democrático, y así lo ha sido en España, mientras

que la Monarquía, al

menos hasta la fase presente, no ha significado democracia.»

En sus intentos de atracción del ala socialdemócrata de U.C.D., indirectamente

el señor González lanzó

un nuevo cable; ocurrió al referirse a los pactos de la Moncloa. Sus dardos se

dirigieron contra el titular

de Obras Publicas —cabeza visible del grupo liberal—, sobre todo al afirmar: «El

Ministerio de Obras

Públicas se ha distinguido por no cumplir lo pactado, cuando su actuación, en el

ámbito del sector

público, hubiera podido remediar el dramatismo del paro.»

LOS CATALANES

Preguntado sobre si Cataluña era considerada por él como una nación, el señor

González subrayó la

bondad del término nacionalidad. «Es absurdo —manifestó—discutir sobre nación o

no. El problema es

de contenidas. La nación española no puede discutirse, aunque respeto a quienes

aquí opinen lo contrario

e Incluso defiendan que Cataluña ha de poseer un Estado propio.»

Tanto en esta cuestión como en otras, el señor Reventós —que fue requerido por

los periodistas en menos

ocasiones, «porque tiene más oportunidades de expresar en Barcelona sus puntos

de vista»— mostró

discretas discrepancias con el señor González. El líder socialista catalán se

mostró rotundo al responder

que, para él, Cataluña es una nación. Asimismo, a preguntas de INFORMACIONES,

señaló que él, «en el

terreno personal», seguía opinando que «la socialdemocracia viene a ser el

honesto gestor del

neocapitalismo», una de sus frases más conocidas. También tuvo que soslayar otra

pregunta en torno a. si

esta reiterada toma de posición socialdemócrata del señor González, así como el

anuncio de éste de

oponerse al vocablo marxismo, podrían generar dificultades en el proceso de

unificación de los socialistas

catalanes. El paralelismo entre la intervención del señor Carrillo ante el

P.S.U.C. para retirar el término

leninismo— y la del señor González ahora, fue uno de los puntos de conversación

más reiterados entre

los comensales.

Valga mencionar que después de la cena, este cronista pudo saber que don Felipe

González no había

comunicado previamente ni a sus colaboradores madrileños ni a sus anfitriones

socialistas catalanes los

propósitos de «lanzar la bomba del marxismo y de la socialdemocracia». En

círculos restringidos

próximos al P.S.U.C. se insinuaba un relativo malestar por las tesis reseñadas.

«Felipe se ha pasado»,

pudo escuchar este corresponsal en boca de un significativo socialista

barcelonés.

9 de mayo de 1978

Felipe González, secretario general del P.S.O.E.

 

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