Salud, don Carrillo     
 
 Diario 16.    18/04/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Lunes 18 abril 77/ DIARIO 16

Salud, don Carrillo

Cuando alguien tiene la valentía de defender sus convicciones sin dejarse arrastrar por las viejas banderas

o las viejas palabras, se merece un aplauso sonoro de la opinión. Salud, don Carrillo. En este páramo

insondable de la vida política española, agostada por cuarenta años de pertinaz barbarie, el valor de

Santiago Carrillo el otro día, al cambiar viejas banderas y viejas batallas por las banderas nuevas y las

batallas de siempre, es algo insólito y admirable.

Después de haber sufrido tanto y muerto tanto, los trabajadores españoles no están ahora en condiciones

de pelear guerras que ya se pelearon o de luchar por mitos que ya ni existen. La guerra civil terminó en

1839 —a Dios gracias— y sólo la pereza mental, la provocación o la estupidez pueden llevarnos en 1977

a tomar medidas para ganar la guerra ya perdida. La revancha es placer de los idiotas, porque en la

historia nunca se disfruta la revancha. Sólo los dioses viven tanto y cambian tan poco como para gozarla.

Los trabajadores españoles de hoy, las grandes masas de la España actual no dan un dedo ni una uña por

tener una bandera tricolor en lugar de una bandera carolina de sólo dos bandas. Como tampoco los

españoles de hoy desean morir ni uno por la vieja batalla, ya ganada y ya perdida, de qué es mejor:

monarquía o república.

La forma de gobierno es lo de menos con tal de que el fondo de gobierno funcione como es debido, Aquí

se quiere justicia, aquí se exige libertad, aquí debe haber sindicatos libres, aquí deben respetarse los

derechos humanos a pies juntillas, aquí se necesitan viviendas, salud, educación y hasta imaginación

boyante. Como también necesitemos aquí abandonar el ghetto universal en donde nos colocó el general

Franco, reanudar una política internacional de tomo y lomo, pisar fuerte por Europa, defender nuestros

pescados y naranjas, dejar de ser los "negros blancos" del continente y hasta enseñar por ahí que ser

español no es sólo sufrir una desgracia con un dictador al frente. Algún día tendremos que dejar de

mirarnos el ombligo propio si conseguimos que no nos hieda.

Y cuando el líder de un partido político, una de las mejores cabezas de la escena pública actual,

demuestra que está en el camino adecuado, que no le tiene miedo a los mitos ni a las palabras hueras, que

cambia lo accidental para preservar lo fundamental, hay que aplaudir, y aplaudir sonoramente. Don

Carrillo, don Carrillo, vaya par de corajes.

 

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