Ignacio Sotelo (PSOE), en el Club Siglo XXI. 
 La disyuntiva marxismo-socialdemocracia, una trampa para acabar con el socialismo     
 
 Informaciones.    23/05/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

IGNACIO SOTELO (P.S.O.E.), EN EL CLUB SIGLO XXI

«La disyuntiva marxismo-socialdemocracia, una trampa para acabar con el

socialismo»

MADRID, 23 INFORMACIONES

LOS socialistas se reafirman como marxistas si por tal se entiende su posición

anticapitalista, pero sin por

ello bautizar de marxista cualquier análisis científico de la realidad o

cualquier estrategia dirigida a

eliminar relaciones capitalistas de producción», dijo don Ignacio Sotelo.

miembro de la ejecutiva del

P.S.O.E., en el curso de una conferencia dictada anoche en el Club Siglo XXI

bajo el titulo Supuestos de

una política socialista».

«Lo que los socialistas no pueden aceptar —prosigue— es la falsa disyuntiva

marxismo

socialdemocracia, que es, en realidad, una ratonera que nos ha colocado la

derecha para acabar con la

posibilidad misma de una estrategia socialista. Si el P. S. O. E. cayera en esta

trampa, el partido se

dividiría, antes o después, en una secta marxista totalmente impotente por estar

fuera de la realidad y en

una mayoría socialdemócrata también incapaz de cuestionar el orden social dado,

al encuadrarse

enteramente en él. En las dos formas, la puramente marxista y la puramente

socialdemócrata, el partido

socialista resultaría inocuo a los interesen dominantes y los eurocomunistas

terminarían ocupando su

lugar.»

EL SOCIALISMO, EN CRISIS

El señor Sotelo afirmó que, en la actual Europa, «el socialismo pasa por una

crisis grave que se pone en

relación con la del marxismo, manifestada ésta, a su vez, como crisis de

presencia histórica ante los dos

revisionismos: el leninista y el socialdemócrata». Señala, más adelante que ha

sido la socialdemocracia la

que, «al desprenderse del marxismo, ha terminado por eliminar al socialismo, al

igual que el leninismo,

congelándolo dogmáticamente, ha servido para legitimar ideológicamente una

distinta forma, social: el

colectivismo burocrático».

«Ello ha hecho —prosigue el político socialista— que hoy se vuelva a cuestionar

la identificación

socialismo marxismo, que ya privó en el movimiento obrero entre los años 1880 y

1920. Para hacerlo, es

preciso vencer la tentación de volver al marxismo originario, tentación harto

extendida y que se invalida

al condenar las formas de presencia histórica del marxismo como desviaciones

heréticas, con lo que se

ocultan o se desconocen las razones por las que, en su día, tanto leninistas

como socialdemócratas s e

apartaron del marxismo. El hecho de que la historia haya transcurrido por cauces

muy distintos a los

previstos por Marx, so debe a que parte de su análisis y pronósticos mis

relevantes resultaron falsos.

Desde esquemas superados, hipótesis falsificadas por el posterior desarrollo

histórico, conceptos

ambivalentes y doctrinas acotadas —concluye el señor Sotelo— no se puede hacer

política, y, menos,

política socialista.»

NO AL ESTADO BUROCRÁTICO

Tras exponer las bases para el desarrollo real de una política socialista, don

Ignacio Sotelo se refirió al

contexto de un Estado dominado por el capitalismo tardío y al intervencionismo

creciente del Estado en la

economía para mantener cierto equilibrio económico-social. «Los socialistas —d i

j o— rechazan

cualquier control del Estado por parte de las grandes empresas privadas, siendo

especialmente susceptible

frente a cualquier solución, por amañada que sea, de carácter fascista, así como

a la fórmula del Estado

burócrata, que lleva en su entraña formas preburguesas de dominación y significa

objetivamente el fin de

las libertades.»

«La burguesía —prosigue el conferenciante— ha identificado siempre Estado

democrático sociedad

capitalista, de modo que cualquier alternativa a esta se interpreta como una

amenaza a la libertad y a la

democracia. Los socialistas sin embarro, distinguen entre la crítica al

capitalismo y la del Estado. La

dicotomía sociedad-Estado, con el consiguiente reconocimiento de un ámbito

inalienable de la persona y

el control ciudadano de las instituciones públicas supone para los socialistas

una conquista irrenunciable.

De lo que se trata —afirma el político socialista— es de incrementar y

fortalecer el ámbito personal de la

libertad introduciendo formas de convivencia democrática en la sociedad, del

mismo modo que en la

esfera pública. Una política socialista —finaliza— es, por tanto, una política

de democratización del

Estado y de la sociedad, en la que los poderes que se ejercen en ambas esferas

quedan legitimado» y

controlados democráticamente.»

23 de mayo da 1978

 

< Volver