Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   PSOE: La semana de los errores     
 
 ABC.    12/03/1978.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 17. 

ABC. DOMINGO, 12 DE MARZO DE 1978.

Crónica

P.S.O.E.: LA SEMANA DE LOS ERRORES

UNA PRUEBA DE QUE LOS ARGUMENTOS DE PECES-BARBA NO TENÍAN CONSISTENCIA ES El

MAUBARISMO ROTATORIO AL QUE HAN SIDO SOMETIDOS.

HACE aproximadamente un mes, Pedro Calvo Hernando —sin duda uno de los

primeros espadas de nuestro periodismo político— publicaba en «Diario 16» un

artículo con un titulo tan concluyente como éste: «El P. S. O. E, no está

preparado para gobernar». Desgraciadamente para la estabilidad de la

democracia en España, la serie de desatinos que jalonan el comportamiento de los

socialistas durante esta última semana —una de las más densas de la historia de

la transición— viene a respaldar la validez de ese enunciado.

«Estos muchachos del P. S. O. E. andan inquietos y nerviosos», diría yo, para

empezar con las mismas palabras empleadas por mi colega. Eso es al menos lo que

sugieren el grotesco documento ideológico sobre la unidad socialista, la

infantil reacción primera con que fue acogido el retraso de las elecciones

municipales y, sobre todo, la pantomima de la retirada de Gregorio Peces-Barba

de la Ponencia constitucional. Tal vez haya que aplicar al caso la expresión

anglosajona del «too much, too soon» que con seco escepticismo se emplea para

explicar el fiasco en que suelen. desembocar algunas ascensiones irrepetibles,

producto de impulsos adolescentes: «Demasiado, demasiado pronto.»

EL MÍNIMO EXIGIBLE, UN PRUDENCIAL SILENCIO

Sobre el documento ideológico casi todo ha sido dicho. La adjetivación más

certera ha sido, sin duda, la de Ricardo de la Cierva al hablar de la elevada

incidencia del componente «onírico» en el ánimo de sus redactores. De muy poco

sirve que oficialmente se trate de amortiguar su impacto calificándolo de simple

borrador perfectible. Si cuando la sustancia gris del P. S. P. se reúne con la

del P. S. O E. y comienzan a cavilar ¿untas, el fruto natural de la unión es un

panfleto de semejantes perfiles, hay que empezar por poner en cuarentena el

equilibrio mental de los implicados

Puede aducirse. y con razón, que el contenido del documento no aporta ningún

elemento nuevo y que se ajusta estrictamente — de la autodefinición incluso se

ha omitido la palabra «revolucionario»— a las tesis ideológicas aprobadas en su

día por los respectivos Congresos de ambos partidos. Las circunstancias

objetivas eran, sin embargo, muy otras cuando, por ejemplo. el P. S. O. E.

celebró su última asamblea general. Entre diciembre del 76 7 marzo del 78

median, entre otras cosas, un referéndum, unas elecciones generales y nueve

meses de parlamentarismo. La praxis del P. S. O. E. todavía tenía mucho que ver

entonces con la de un partido en la clandestinidad; ahora, tras la criba de las

urnas, es la segunda fuerza política del país y aspira, con cierto fundamento, a

convertirse en la primera. Si en aquella situación el maximalismo retórico

resultaba inevitable, en ésta parece inadmisible.

No se trata de pedirle al P. S. O. E. que protagonice un Bad Godesberg

apresurado y antinatural; pero si que admita lo que de hecho configura su rutina

diaria: la plena aceptación de un sistema político con fronteras tan nítidas

como las trazadas en torno a las libertades formales. Y si incluso la

constatación de dicha evidencia resultara prematura y traumática, el mínimo

exigible es un prudencial silencio que sirva para dar tiempo al tiempo y para

que algunos «locos egregios», tan locos como egregios, vayan siendo

paulatinamente desplazados por la generación de políticos responsables que, poco

a poco, va alumbrando el socialismo español.

Tan sólo dos preguntas a modo de resumen de mi argumentación anterior. Primera:

teniendo en cuenta que la misión consustancial que todas las Constituciones

democráticas —incluido el borrador de la nuestra— atribuyen a las Fuerzas

Armadas es la. de velar por la intangibilidad de las columnas vertebrales de la

sociedad —que nadie Instale en esta categoría opción partidista alguna—,

precisamente para garantizar su continuo perfeccionamiento. ¿sería, ahora un

socialista el presidente de la Comisión de Defensa del Congreso si la elección

se hubiera realizado al día siguiente de hacerse público el susodicho

documento-panfleto- manifiesto? Ni siquiera una personalidad de las altas

calidades y la probada competencia de Enrique Múgica hubiera resistido la

erosión que ha generado la insensatez atormentada de sus compañeros.

Segunda pregunta: ¿Seria Felipe González capaz de leer textualmente un par de

párrafos seguidos del susodicho documento-panfleto-manifiesto ante las cámaras

de la televisión en plena campaña electoral? El presidente Suárez no tendría

Inconveniente en hacerlo con cualquier texto elaborado hasta el presente por su

Gobierno o su partido.

ARGELIA, LIBIA, MALAWI, MADAGASCAR O SOMALIA

Puesto entre la espada y la pared, el primer secretario del P.S.O.E.

probablemente optaría por repetir aquellas bellísimas frases en las que, tras

repudiar el capitalismo y la realidad de los países del Este, se afirma que «el

socialismo como forma de organización de la sociedad está inédita, y se propugna

la construcción de un nuevo modelo a la española. Sustituyendo «socialismo» por

cualquier palabra empezada en «f» —se me ocurren, así de momento, falangismo,

fascismo, franquismo—, tanto la retórica como los conceptos encajarían

perfectamente en cualquier antología política de los últimos cuarenta años.

Pero que no cunda el desaliento entre las filas del P. S. O. E. En este caso,

entre la socialdemocracia que se «limita» a corregir los aspectos negativos del

capitalismo y el marxismo-leninismo como práctica política, existe efectivamente

una tercera, vía, Así lo explica, al menos, la revista «Time» en su numero

de esta semana. Queda perfectamente claro en un mapa que acompaña a un minucioso

estudio sobre el socialismo en el mundo.

Con buena técnica de periodismo explicativo las socialdemocracias —Inglaterra,

Alemania, Noruega, Austria, Finlandia...— aparecen pintadas de color naranja, y

los países comunistas del inevitable rojo Intenso. Queda luego la tercera vía,

identificable por el color malva. Esta es la tonalidad asignada a países como

Túnez, Argelia, Libia, Etiopía, Tanzania, Malawi, Madagascar o Somalia. ¿Por qué

será que la revista norteamericana les agrupa a todos ellos bajo el epígrafe de

«socialismo tercermundista?

La aportación de «Time» se completa con una valoración sobre cien, a partir de

criterios objetivos, del índice de calidad de vida y el índice de libertades

políticas que se registra en cada país. Mientras los valores asignados a la

«fraternal» —al menos para el P.S.O.E.— Argelia son. respectivamente, de 41 y

17, y los valores asignados a la «fraternal» —al menos por parte del P.S.P—

Libia. de 44 y 8. España —en el grupo verde de los capitalismos execrables—

recibe «todavía» un 91 en calidad te vida y un 83 en libertades políticas.

Valores sólo superados, por cierto, por otros capitalismos execrables o por

aquellas socialdemocracias que se «limitan» a corregir los defectos de 1os

capitalismos execrables. Y así es como es en el mes de marzo de este 1978 de la

era cristiana.

jAh!, una posdata para los que piensen que ahora que ganará Mitterrand lo de

Francia va» a ser otra cosa, ya veréis, ya veréis. De acuerdo con una encuesta

recogida por «Le Fígaro» hace unas semanas, el 63 por 100 de los franceses se

siente plenamente satisfecho del marco en el que transcurre su vida.

Concretando las alternativas al ámbito de los sistemas económicos, el 46 por 100

de los encuestados se declaran partidarios de que el nivel de intervención del

Estado siga siendo el mismo que hasta ahora: un 15 por 100 desearía incluso un

sistema más liberal, al estilo norteamericano; «n 21 por 100 preferiría

soluciones socialdemócratas parecidas a las de la Alemania occidental; sólo un 6

por 100 piensa que el protagonismo del Estado debería, llegar todavía más lejos.

SOCIALISTAS, COMUNISTAS Y EL ARTE DE MARCHARSE

Personalmente no me ha sorprendido la decisión del P. S,.O. E. de retirar a su

representante de la Ponencia constitucional. Quienes venimos siguiendo la

trayectoria de los socialistas desde hace muchos meses sabemos que son expertos

en el arte da marcharse de cualquier sitio. El año pasado por estas fechas

abandonaron la Comisión negociadora de la oposición, hace unas semanas el

Consejo Rector de Televisión, ahora 1a Ponencia constitucional ¿Abandonarán

cualquier día de estos - así como sugiere «Mundo Obrero» en su primera pagina —

el club de firmantes del Pacto de la Moncloa?

En todas las ocasiones mencionadas ha sido la actitud de los comunistas —

sólidos, como pirámides acostumbradas a recibir los embates del viento del

desierto— la que ha ridiculizado el comportamiento de sus camaradas, los de la

rosa dentro del puño. Ha sido Carrillo quien desde lo más hondo de su sabia

socarronería ha comentado eso de que si hubiera que marcharse cada vez que algo

no sale a nuestro gusto, entonces no habría Parlamento, y eso otro —tan

premonitorio - de que lo malo del marcharse es tener que volver quizá, con las

orejan gachas. Los comunistas nunca se van de ningún sitio. Ese ha sido, hasta

ahora, el principal inconveniente di su accedo al Poder.

La mejor prueba de que los argumentos esgrimidos por Peces-Barba no tenían

consistencia alguna es el malabarismo rotatorio al que a lo largo de la semana

han sido sometidos. El martes resulta que el «leitmotiv» de la ruptura era la

alternativa presentada por la U.C.D. a la cuestión autonómica; el miércoles, el

asunto ya no estaba tan claro, y el jueves, se hablaba únicamente del consenso

roto, bastantes semanas atrás, en torno a las relaciones Iglesia-Estado y la

libertad de enseñanza.

Consenso roto y venturosamente roto. Bajo ningún concepto puede la U.C.D. dejar

de ser beligerante -en la Ponencia, en la Comisión o en el Pleno— en temas tan

imbricados, en la conciencia y en la vida cotidiana de sus electores como ésos.

Lo contrario seria una claudicación histórica. Solamente al final del proceso,

después de que los distintos argumentos hayan sido contemplados a la luz de las

mayorías parlamentarlas, podrá llegarse a una transacción razonable sobre

cuestiones de matiz.

En cualquier caso sería preferible que los partidos de la izquierda —cuya ac-

titud ante el referéndum no podrá ser sino patriótica— incorporasen

inmediatamente a sus programas la reforma de algunos títulos de la Constitución,

antes que aprobar un texto híbrido a la larga Inservible par» todo*. No estoy

hablando de una Constitución de derechas, sino de una Constitución que

corresponda al estilo de vida que la mayoría de los españoles desean para sí

mismos y para sus hijos. Y estoy seguro de que —al igual que en Francia— ese

«estilo de vida» diferiría en sus coordenadas básicas bastante poco del actual.

SUAREZ, EN EL CONGRESO: PERSEVERAR EN ESA LINEA

Es en este contexto en el que pienso que las torpezas del P.S.0.E. han tenido

indirectamente el efecto positivo de servir de revulsivo al partido del Gobierno

y sacarlo de su letargo de las últimas semanas. El comunicado de la ejecutiva de

U.C.D., en respuesta a las amenazan de movilizaciones de masas proferidas por el

P.S.O.E. —tan demagógico, inexacto e injusto como cualquier otra pieza de su

mismo género— fue de hecho la primera demostración de fortaleza de un partido

que sus militantes y electores desean esencialmente fuerte. La firmeza por otra

parte del Gobierno a la hora de defender y mantener en el Parlamento su

calendarlo político también es digna de elogio, máxime después del compromiso de

Martín Villa de convocar las municipales en el plazo de un mes una vez aprobada

la Constitución.

El propio presidente Suárez supo actuar en las horas criticas del miércoles y el

jueves del modo exacto que exigían las circunstancias. Su presencia activa,

distendida y serena en el hemiciclo y pasillos del Congreso sirvió primero para

disipar los negros nubarrones, secuela del lamentable espectáculo de la semana

anterior, que poblaban el cielo de su propio grupo parlamentario.

La mano tendida a Felipe González fue después —cuando hubiera sido bastante

fácil convertir al P.S.O.E. en victima de una auténtica masacre parlamentaría—

un ejemplo de responsabilidad política. En el fondo, señor presidente, es todo

bastante más sencillo de lo que podría suponerse. Se trata de dar la cara, asu-

mir el riesgo y perseverar en esa línea.

No quisiera, de todas formas, que estos últimos párrafos nublaran el propósito

de mi crónica de hoy. Porque no es la U.C.D., sino el P.S.O.E. quien tiene que

sacar enseñanza de sus propios errores. Cuatro millones y medio de españoles

votaron el año pasado socialista, y hay indicios razonables que sugieren que su

clientela será aún mayor en tos próximos comicios. Por el bien de España, ojalá

Pedro Calvo, yo y cuantos, desde distintos ángulos de una misma posición de

independencia, seguimos la fiesta asomados al burladero, podamos escribir cuanto

antes que el P. S. O. E. está preparado par* gobernar».

Pedro J. RAMÍREZ.

 

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