Autor: Leguina Herrán, Joaquín. 
   El desencanto y la izquierda     
 
 Diario 16.    08/12/1979.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Diario 16/8-diciembre-79

Los socialistas madrileños decidirán este fin de semana quiénes han de regir, a

nivel provincial, los

destinos de su partido durante los próximos dos años. Llegan a este congreso de

la Federación Socialista

Madrileña las mismas corrientes que plantearon batalla en el último congreso.

Con el precedente del

papel de árbitro que jugó en aquella ocasión la «tercera vía» auspiciada por

Alonso Puerta, el «desgaste»

posterior de éste ante la dirección y los militantes del PSOE y la influencia

del sector crítico, ahora

llamado «colectivo», representado por Carlos López Riaño, y la presencia de

Joaquín Leguina, candidato

de las «59 tesis», se inicia hoy el congreso de la FSM. DIARIO 16 ofrece los

análisis de Joaquín Leguina

y Carlos López Riaño. Alonso Puerta declinó la invitación a participar en esta

tribuna.

El «desencanto» y la izquierda

Joaquín Leguina (*)

Tras las elecciones de junio del año 77, el conjunto de la izquierda viene

sufriendo un deterioro ideo

lógico, con implicaciones políticas, respecto a notables capas de la sociedad

especialmente activa en la

ultima etapa del franquismo (intelectuales, movimientos juveniles y sudor del

movimiento obrero). Esa

desilusión ha sido provocada al verse parcialmente frustradas las altas

expectativas puestas en la

democracia. Expectativas que no ha sido posible llevar a la practica

fundamentalmente por razones

objetivas, razones que la izquierda en su conjunto no ha sabido o no ha podido

explicar.

Estrategia sindical y ciudadana.

El hecho de que los partidos de izquierda hayan pasado de las «tinieblas

exteriores» del franquismo a

participar en una relativa cuota del poder en un corto espacio de tiempo ha

provocado un fenómeno

con una doble incidencia. Una cierta superación de sus bases sociales de

sustentación y

una endogamia en buena medida autodevoradora.

La salida de esta situación exige a nuestro partido una clara estrategia en lo

que se refiere a la acción de

masas. Esta política de masas necesita no solo una definición general,

explicitada un el último Congreso

Extraordinario del PSOE, sino una aplicación delicada en dos grandes campos de

actuación, el sindical y

el cívico. La «penetración en la sociedad civil» sólo será posible si se

resuelven dos grandes problemas

ahora planteados: en primer lugar la consolidación del partido, es decir, la

«ubicación» de todos los

militantes en el interior del mismo.

En otras palabras, en un periodo de tiempo breve, es preciso conseguir que la

inmensa mayoría de los

militantes se encuentren a gusto y en su sitio en el interior del partido, sin

ello las inevitables y hasta

saludables «batallas» por la consecución de cuotas de poder interno seguirán

siendo desgarradoras en

lugar de enriquecedoras.

En segundo lugar, es necesario que, de este «asentamiento» interno, se deduzca

una mayor capacidad de

incidencia y presencia activa en la vida civil de nuestro pueblo. De esta

presencia en la «sociedad civil»

debe obtenerse una inmediata capacidad de atracción hacia las personas que

hoy no están en el partido

y que debieran estar en él. Es decir, el PSOE tiene un potencial de crecimiento

que debe desarrollar

seleccionando a sus nuevos militantes, sin complejos maltusianos.

En cuanto a los aspectos sindicales, es preciso que el partido siga teniendo

claro que sin una UGT fuerte,

la presencia socialista en el seno de la izquierda estaría coja, con lo cual

todo esfuerzo militante en este

sentido deberá ser prioritario.

Corrientes y no grupos de presión

La buena imagen que los ciudadanos deben tener del PSOE exige, aparte de una

política general de

Prensa más audaz, una erradicación de las luchas personales en el seno del

partido y un exquisito cuidado

de los militantes con cargos públicos en cuanto a la utilización de los mismos.

En este sentido, el

«escaparate» de los Ayuntamientos debe ser cuidado con auténtico es mero.

En los últimos tiempos, y como consecuencia de repetidos congresos y

subsecuentes procesos electorales

internos, se han articulado una serie de corrientes y grupos dentro del partido,

cuya cristalización puede

ser peligrosa, no porque el PSOE deba renunciar a su necesario debate interno,

el cual necesariamente

conduce a toma de posiciones relativamente encontradas, sino porque corremos el

riesgo, no de cristalizar

corrientes, sino grupos de presión en el interior de nuestro partido, cosa que

es muy distinta. El grupo de

presión se caracteriza por conjunción de militantes, no detrás de un programa

político o de una línea

ideológica diferenciada, sino que los agrupamientos se producen en torno a la

consecución de esteras de

influencia.

En todo partido político, existe lucha por el poder interno, en el PSOE también,

pero la consecución de

ese poder en un partido socialista debe estar en función de opciones ideológicas

y políticas; la lucha por el

poder, en función del poder mismo, es una concepción de derechas. La

cristalización de grupos de

presión, al mercantilizar el partido lo derechiza en el peor sentido.

Absolutamente todos los militantes

socialistas debemos hacer abortar el engendro de los grupos de presión que sólo

lleva al clientelismo

electorero dentro del partido, a su derechización y a la pérdida de la identidad

socialista del mismo.

Evitar estos peligros que se apuntan debe ser tarea prioritaria de la nueva

Ejecutiva que habrá de

conseguir en Madrid ante todo, una Federación integrada donde cada militante

esté a gusto en su puesto y

donde todos, tengan la sensación de decidir porque de hecho deciden. Ello exige

un esfuerzo ímprobo, en

primer lugar de formación, y, en tercero, de autodisciplina militante.

(*) Concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Madrid. De la línea de las

«59 tesis».

 

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