Francisco Bustelo hace de malo     
 
 Diario 16.    11/11/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Francisco Bustelo hace de malo

El poder de la prensa ha sido bien utilizado por muchos de los personajes

políticos actuales, desconocidos

hasta hace poco. Pero hay algunos que, cuando se acercan a los focos, sus rasgos

quedan difuminados y

no proyectan una imagen creíble.

El radicalísimo Francisco Bustelo, más marxista que el propio Marx, lo

descubrimos en el último

dominical de «El País» disculpándose de la responsabilidad que le pueda

corresponder sobre el «cisma»

que hay en el PSOE. Insinúa que quiere arreglar la crisis interna del partido,

pero se lamenta de que es

Felipe González el que no quiere hablar con él y sus compañeros radicales.

Reconoce que se podía haber

llegado a un arreglo y que ellos, como alternativa, no lo hubieran hecho mejor

que los felipistas. ¿Llamar

marxista al PSOE? «Eso es excesivo», dice ahora el come-socialdemócratas.

Sorprendentes y «ponderadas» declaraciones, aderezadas con la imagen de miembro

de una saga

adinerada, de políticos, a la que generosamente incorpora a primos de diferente

grado para amplificar el

peso social de la familia. Todo ello da un cuadro de ministros, directores

generales, parlamentarios, y una

«oveja negra» que ahora echa de menos el tiempo que pudo estar jugando al tenis

si no lo hubiera

dedicado a la política. «Siendo un crítico no hay compensaciones», se lamenta.

Ahora nos enteramos, por boca del izquierdista Bustelo, que el gran debate

socialista no era tan inevitable

y necesario como él mismo venía predicando. Se ha abierto por culpa de Felipe

con aquellas

declaraciones sobre el abandono del marxismo. Es decir, no parece que el PSOE

necesitara una

clarificación ideológica interna. Sino que el secretario general metió el remo y

los radicales lo

aprovecharon para intentar alzarse con el santo y la ejecutiva. «No teníamos

ninguna oportunidad.»

Bustelo confiesa que se pudo evitar el trauma del Congreso si Felipe les hubiera

dicho: «Oye Paco, oye

Luís, si se presenta esa ponencia, yo no me presento.» El militante de base,

ajeno a esas componendas, y

que se retorció el corazón felipista por sacar adelante una resolución marxista

ortodoxa, puede descubrir

ahora que todo se reducía a un asunto entre Paco, Luís, Felipe.

Y la alternativa crítica se sustenta en base a que Felipe González no quiere

hablar con sus representantes.

Como en una pelea infantil, están enfadados porque uno no quiere hacer las

paces. Bustelo y sus

compañeros siguen con sus tesis porque el ex secretario general «se niega a

hablar con nosotros».

Resulta, además, que el malo de la película confiesa que en la polémica

«marxismo sí, marxismo, no»,

críticos y moderados están de acuerdo. Pero llega aún más lejos cuando dice que

«los más nominalistas de

definiciones marxistas han sido siempre los felipistas».

Pero si dejamos las cuestiones ideológicas y pasamos, en las declaraciones de

Bustelo, a su alternativa

sobre la política de las cosas, también nos asombramos cuando admite que las

soluciones a la crisis social

y económica se dan dentro del marco capitalista. ¡ Dónde ha quedado aquél

aniquilador físico de la

burguesía! ¿Qué habrán dicho aquellos militantes que jalearon a Bustelo cuando

criticó los pactos de los

felipistas con Suárez, si leyeron el domingo que el líder radical reconoce:

«Todos sabemos que no había

otra salida fácil»?

O el malo se ha equivocado de papel, o nos han cambiado la película.

 

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