El complejo socialista     
 
 Hoja del Lunes.    24/09/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

HOJA DEL LUNES de MADRID

24/9/1979

El complejo socialista

SEGÚN Bobio, hoy se tiene—en otros tiempos, agrega, no—como obvia la

superioridad del sistema

democrático. Basándose en esa obviedad—aceptada en gran parte por el propio

franquismo—hemos

recorrido ya un largo trecho para acercarnos a la Europa occidental—a la que, en

algunos puntos, hemos

rebasado en brazos del clásico extremismo nacional—y como Europa encaramos el

proverbial turno de

los partidos a cargo, hoy por hoy, de dos formaciones fundaméntales. Dos

formaciones que confluyen en

la misma cita histórica — U.C.D. y P.S.O.E.—, pero que provienen de dos procesos

muy distintos.

Procesos, los dos, eso si, de identificación, cargado uno de ellos, el

socialista—antes y después del

Congreso de Septiembre—, de dramatismo y tensión.

Mientras el heterogéneo conglomerado U.C.D. se supera, aunque con pruebas

diarias como la de Almería,

merced a la poderosa capacidad de aglutinación que emana del poder, los

"pesoístas" se diversifican en

fracciones y en polémicas. Lo que a los unos une, a los otros desune, por la

sencilla razón de que aquéllos

lo poseen y éstos no. Todo partido debe estar asistido de un doble cuerpo de

ideas. Ideas de lo que hay

que hacer con el poder, e ideas de lo que hay que hacer para hacerse con él. En

parte, las divisiones

socialistas responden a las primeras; pero más aún a las segundas, ya que late

en cada una de las posturas

la convicción de que es la que conduce al triunfo. Con la versión chiquita,

inevitablemente adherida, del

triunfo personal de quien la sustenta. Lo que, a última hora, se ha llamado—

incluso por alguno de los

interesados—la lucha, dentro del P.S.O.E., por el poder, a imagen y semejanza de

lo que en mayúscula

ocurre en los países socialistas.

Ha complicado las cosas, las seguirá complicando, el hecho de que el P.S.O.E. ya

ejerce parte del poder.

No nos referimos a tos frutos del permanente consenso, siempre cancelado y

siempre resucitado, por el

vacilante Gobierno ucedista. Nos referimos a los Ayuntamientos, Diputaciones y

Juntas Autonómicas.

Amén de que ser alternativa, cosa que nadie le discute, ya es una manera de

participar. Recuerden, si no

está prohibido, que en el franquismo, a falta de alternativas de partidos,

resultaba sugestivo para muchas

personas, y hasta para algunos grupos, la condición de "ministrables" incluso

cuando los síntomas

dimanados de las alturas la finiquitaba. Anda por ahí un senador de U.C.D., al

que no haremos la

impertinencia de nombrarlo, que solía decir, con mal disimulada vanidad: "El mío

es un caso triste: soy

un ex ministrable."

Algo en la crisis del P.S.O.E, recuerda e1 caso del cuclillo. O sea algo de los

huevos en un lado, y el

canto en otro. Durante meses hemos contemplado una guerra dialéctica de

abstracciones, de las que sería

mucho resumir limitarla al dilema marxismo, sí; marxismo, no. La mayoría ha

visto una simple lucha

entre revolucionarios y reformistas, entre moderados y radicales, entre la

derecha y la izquierda

socialistas, en fin. Pero si tenemos en cuenta que el moderado, convicto pero no

confeso, de

socialdemócrata, el supremo protagonista. Felipe González, sostiene que no hay

nadie a su izquierda en el

P.S.O.E., la salida se oscurece. Como antecedente está que Julián Besteiro era

reformista y

socialdemócrata, pero se consideró siempre marxista ortodoxo. Las

manifestaciones de los personajes

principales desde Felipe González a Gómez Llorente, pasando por Guerra y

Castellano o Busteto, lejos de

esclarecer, han añadido algunas notas de confusión.

En suma, estamos como mirones de mus. Un mus, el con palabras mayores, como la

ética y la honradez, a

las que recurrió el Secretario General en el discurso de ruptura, obrante del

XXIX Congreso, por mas que,

sin dejar de ser honrado y ético, el discurso haya constituido una pieza

estratégica muy notable. Aunque

suponemos — y vale para cualquiera que sea el resultado final del Congreso

— no decisiva.

No decisiva, porque en el fondo de todo esto late la vieja e insuperable

cuestión de si el socialismo puede

ser democrático o si la democracia puede ser socialista, cosa distinta del hecho

cierto de que pueda haber,

en democracia, gobiernos socialistas. De ahí proviene el permanente estado de

conflictividad en que

viven los partidos socialistas—entregados al talmudismo de la discusión de los

textos—que ha hecho que

los cien años de honradez del PSOE no hayan sido precisamente cien años de

consecuencia. España ha

asistido a la génesis de este Congreso, animada por la idea de que se va a fijar

definitivamente una

ideología y a resolver para siempre, una incógnita. Vana ilusión. Felipe

González, que se dibuja de

antemano como vencedor, va a ganar una batalla, pero la guerra va a seguir. Es

el sino del socialismo en

general y del P.S.O.E. en particular.

En el más sugerente de los artículos que se han publicado por parte interesada,

el diputado Alfonso Lazo,

en la "Hoja del Lunes" de Sevilla, ha dicho que la verdadera cuestión planteada

es la de decidir quiénes

van a predominar, si los partidarios de ir a la alianza con los comunistas—Gómez

Llorente lo es, según el

diputado de Sevilla, como Bustelo y Castellano—o los que se oponen de manera

absoluta. Esta pugna ya

se ha visto en la distinta manera con que se han interpretado por unos y por

otros los acuerdos a nivel

municipal. Para unos era el comienzo de un frentepopulismo el destinado a ir a

mayores. Para otros se

trataba de una simple colaboración administrativa sobre los temas de la ciudad,

sin más alcance. Y con

todo género de precauciones.

Pero este punto tan cargado de historia y tan concreto, desvelado por el

diputado sevillano, no es sino una

peripecia dentro del suceso mayor, del proceso cainista abierto en los días tan

dramáticamente descritos

por Anselmo Lorenzo, en que Marx, del que decía que en su casa de Londres

parecía un patriarca, pero en

los debates de la Internacional era un pegador sin escrúpulos, un tigre, declaró

su "odio a los romanos"

contra los discrepantes y en especial contra Bakunin. De Marx viene la dura

costumbre de llamar traidor

"al que disiente por muy leve que sea su discrepancia y de tachar de capitalismo

a todo lo que no sea

marxismo estricto, y de él ese tejer y destejer de organizaciones que nacen, se

escinden y luchan entre sí,

que llena el socialismo español desde sus orígenes, la enconada cuestión de los

"terceristas" de los años

veinte y la ruptura, entre Anguiano y F. de los Ríos, en la misma Rusia, cuando

fueron a negociar con la

III Internacional en nombre del P.S.O.E., para volver con versiones distintas y

en pugna. Y no digamos

todo lo que vino después.

Todos los síntomas son por ahora—y ello es bueno para España—de que el P.S.O.E.

no vuelve a las

andadas. Pero no hay garantía alguna de que no vaya a pasar en el futuro menos

inmediato. Hay en todo

socialista como un complejo de inferioridad respecto al comunista, una sensación

a un temor a parecer

menos. En algún sitio hemos leído que en la primavera de 1936, Carrillo dijo que

se sentía más

izquierdista que los comunistas. Eso fue lo que le llevó al comunismo. Ese

"nadie a mi izquierda" de

Felipe González parece tener un eco de ese complejo, que se da aquí, y en todas

partes, y que hace que los

socialistas cuando están de vuelta de los errores de la socialización y se han

hecho reformistas en la

práctica, hacen cualquier cosa por no reconocerlo. Sólo cuando han hecho el

camino inverso, es decir,

cuando proceden de! comunismo — tal el caso Brandt, tal el de Mújica—se atreven.

Sólo entonces.

CELESTlNO FERNANDEZ ORTIZ es sevillano. Cursó estudios de Derecho

en Granada y ejerce la abogacía desde 1944. Ejerce asimismo el periodismo desde

1939, y ha sido director

de "Sevilla" diario, y de Radio Nacional de España en aquella ciudad.

Actualmente dirige la "Hoja del

Lunes" de Sevilla y es presidente allí de la Asociación de la Prensa y

vicepresidente primero de la

Federación Nacional de Asociaciones de la Prensa. Especialista en temas

políticos, posee una amplia

cultura y un estilo fácil y ameno. Celestino Fernández goza de mucho prestigio

en Andalucía, así como en

toda la profesión periodística.

*) La aparición de los originales solicitados para esta antología breve, para

este "quién es quién" en el

periodismo español actual, será por riguroso orden de llegada hasta nosotros.

Naturalmente, HOJA DEL

LUNES respeta y acoge las ideas de sus ilustres colaboradores, aunque es

obligado añadir que el

periódico no se solidariza necesariamente con ellos.

 

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