Autor: Cano Belinchón, Antonio. 
   Carta abierta a Felipe González     
 
 Diario 16.    07/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 89. 

Diario 16/7-septiembre-79

Carta abierta a Felipe González

Antonio Cano Belinchón (*)

Estimado compañero: No voy a entrar en la distorsionada y en ocasiones

«farragosa» polémica sobre el

marxismo, que tan inoportunamente sacaste a la palestra, si tenemos en cuenta el

lugar y la forma de su

planteamiento. Eso será harina de otras consideraciones y tiempo tendremos de

analizarlo con la frialdad

mental y el equilibrio que el caso requiera. Ahora parece que como premio a la

ponencia triunfadora en el

próximo congreso extraordinario se ofrece una sustanciosa parcela de «poder» en

el partido, motivo

suficiente para que la ambición se imponga al raciocinio.

De todas formas, compañero Felipe, la clase trabajadora, menos culta, menos

erudita y, si me apuras, en

ocasiones desconocedora de la filosofía marxista, te puedo asegurar, y no lo

ignoras, que esta clase

trabajadora sí tiene una idea ciara de lo que significa el marxismo y su lucha.

A veces, responde con una

sonrisa irónica y, las más, con una mueca de dolor profundo, viéndose rodeada de

tanto «filósofo de la

lengua», advenedizos y oportunistas, que intentan convenir nuestro partido en

«un panal de rica miel

parlamentaria» y otras fuentes beneficiosas.

Pero no son precisamente las declaraciones de principios, las tesis o ponencias,

aún siendo importantes y

fundamentales, «el nudo gordiano» que nos ocupa y preocupa en estos momentos a

todos los militantes.

Son precisamente los hombres que tengan voluntad y capacidad para llevar a buen

fin ese programa o

ponencia que se apruebe. Y aquí, es donde yo quiero hacerte algunas

consideraciones en relación con

ciertas actitudes observadas en ti a raíz del XXVIII congreso, que para mi

resultan poco clarificadoras y

en ocasiones ciertamente tortuosas y confusas. Me explicaré.

Explosión de soberbia

Ya de entrada en el último congreso, tu actitud me pareció una explosión de

soberbia, mezclada con una

gran dosis de egolatría poco disimulada y una falta de responsabilidad fuera de

lo común. Por supuesto

que cada cual puede hacer lo que le venga en gana y nosotros luchamos

precisamente para obtener esa

libertad, pero hemos de hacer uso de ella dentro de los límites de nuestra

responsabilidad.

Tú por el contrario, conscientemente y mediante un análisis perfectamente

calculado, colocaste al partido

en una situación de imprevisibles consecuencias. Fue tu figura, tu persona la

que intentaste destacar sobre

todo el congreso y vender a precio irracional, aprovechándote día sorpresa de tu

decisión significaba en

ese momento.

Tú sabias que una ejecutiva federal no se podía improvisar en dos horas y que

nadie estaba prevenido

para ese acontecimiento. No jugaste limpio Felipe con un partido que te ha dado

toda la relevancia y

prestigio internacional que hoy tienes, aunque tú a cambio, le hayas entregado

tu lucha y tu trabajo, eso

nadie lo niega, pero así lo venimos haciendo todos sin exigir nada a cambio, esa

es nuestra misión y ese

es nuestro apostolado, que tal vez te falte aún por asimilar en nuestra lucha.

Has procedido como un político cualquiera en un parlamento cualquiera.

Desgraciadamente lo que has

aprendido en los avalares políticos parlamentarios, te han hecho olvidar tu

condición de militante

socialista y eso compañero es ciertamente peligroso, porque puede repetirse en

situaciones

verdaderamente críticas a oíros niveles y un partido como el nuestro no puede

estar a merced de una

voluntad tan vulnerable, en la que priman la egolatría y la soberbia sobre todos

los demás condicionantes.

«Muy Romanones».

Otro comportamiento de dudosa connotación socialista que he observado en ti, es

la manifiesta inhibición

que declaras a cualquiera de las ponencias que se presentan para su discusión en

el congreso

extraordinario. Pienso que tal vez seas el único militante en todo Estado

español y parte del «extranjero»

que no se incline por una u otra ponencia o huya participado en su discusión.

Por supuesto, que todos sabemos cuál es la que apoyas y esto me obliga a pensar

que estas dispuesto a

«gobernar» a fuerza de todo y contra todos salga lo que salga. De ahí quizá

venga la frasecita de «no volar

todos los puentes», que algunos de tus acólitos propagan, siendo este silencio

inhibitorio el «puente

colgante» que situarás en el momento oportuno con una excusa cualquiera, pues,

de otra forma, al salir

aprobada una ponencia con cierto, matices sobre los que previamente hubieras

manifestado tu oposición,

lógicamente y por razones de ética, le verías en la obligación de no presentirte

para la nueva ejecutiva.

Muy bien Felipe, «muy Romanones» y muy político, pero eso debes dejarlo para el

Parlamento que es

otra «historia». En el partido hemos de hablar todos con la suficiente claridad

para que nos podamos

entender, de lo contrario lo convertiremos en una «torre de Babel». ¿No te

parece Felipe?.

Lucha por el poder

Finalmente, tengo que reprocharte, y lo hago sin ninguna reserva de apetencias

disfrazada, porque no es

mi caso, tus repetidas declaraciones en las que manifiestas que este periodo

previo al congreso

extraordinario se ha convertido en una lucha por el «poder», entiéndase

naturalmente del partido, ya que

la conquista de la ejecutiva federal puede suponer una sustanciosa parcela de

ese «poder».

Pues bien, en esto estoy totalmente de acuerdo contigo. Sin embargo, creo que no

es noble ni ético dejar

frases a medias con el fin de que puedan darse distintas interpretaciones, las

que generalmente se inclinan

a favor de quienes las pronuncian. Por eso creo que deberías terminar la frase

diciendo: «en el cual yo

esto directamente implicado luchando con todas mis fuerzas a mi arte dialéctico

para que nadie me

arrebate ese derecho que considero adquirido en razón a mi ejecutoria anterior.»

Esto Felipe, aclararía bastante las cosas, porque en la forma que te manifiestas

parece que sólo luchan por

ese «poder» aquellos que se oponen a tus designios, mientras tú, pacientemente,

«espantas las moscas» o

por el contrario se puede interpretar que un grupo de «desalmados» intenta

arrebatarte el trono que te

pertenece al conjuro de una conspiración «dieciochesca».

Estimado compañero... duras críticas, acusaciones fuertes en vísperas de la

reelección.

Por razones de espacio termino, lamentando dejar en el tintero otras

observaciones a ciertas frases hechas,

que por incongruentes y machaconamente repetidas merecen un reproche de su mismo

calibre.

Un saludo socialista.

(*) Militante de PSOE. Agrupación de Retiro.

 

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