Autor: Peydro Caro, Miguel. 
   Ante el congreso del PSOE ®     
 
 Diario 16.    18/11/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Ante el congreso del PSOE (R)

Miguel Peydro (*)

D16-18/11/79.- A medida que se aproxima la fecha en que ha de celebrarse el

congreso del PSOE (R) va

adquiriendo tonos de mayor crudeza la polémica que desde hace meses mantienen

dirigentes y militantes

de las dos tendencias o corrientes de opinión en torno a las cuestiones muy

complejas y variadas que tiene

planteadas ese partido.

Es de resaltar, en primer término, que el XXVIII Congreso del PSOE (R)

constituyó un evidente fracaso,

total y absoluto, tanto para quienes pretendían modificar la «línea» llamada

radical o marxista surgida en

el congreso de 1976,, cuanto para aquellos que luchaban por mantenerla, pues si

los primeros no lograron

entonces sus propósitos, tampoco los consiguieron quienes propugnaban la

aprobación de la ponencia

política por ellos defendida (la radical, marxista o critica) a pesar de que

esta fue aceptada por el

congreso.

El fracaso de una y otra de las tendencias expuestas se manifiesta desde el

momento mismo en que ese

congreso acuerda convocar otro, de carácter extraordinario, para tratar,

precisamente, del problema que ya

se había discutido y resuelto por voto mayoritario.

Conmoción nacional

Si a esto añadimos la imposibilidad de elegir la comisión ejecutiva; de que

fuese dado a conocer el estado

económico de ese partido y el dictamen de la comisión de cuentas, así como la

inhibición de quienes

estaban obligados a hacer algo más que conversar por los pasillos en los

momentos críticos y finales del

congreso, a nadie puede extrañar que califiquemos de fracasado a ese congreso y

a buen número de los

dirigentes que en él actuaron y que al final no dieron, por motivos diversos, la

talla que se les suponía.

Y entonces comenzó a actuar el gran coro de plañideras de la política centro-

derechista, para quien el

resultado del congreso constituyó algo parecido a una grave conmoción nacional,

sobre todo porque el

hasta entonces secretario general abandonaba temporalmente su cargo.

El centro-derecha de este país estaba ya acostumbrado a la actuación de un

Partido Socialista que

sistemáticamente se deslizaba en su actividad política hacia posiciones

socialdemócratas que le podían

conducir a la cómoda espera de la participación en el poder o a constituirse en

un partido turnante en el

Gobierno, sin que por ello sufriesen lo más mínimo las estructuras

tradicionales.

Todo eso estuvo en peligro en el XXVIII Congreso si allí hubiesen elegido una

comisión ejecutiva

decidida a llevar a buen fin los acuerdos adoptados. Pero no sucedió así,

entonces, y para evitar que ahora

ocurra en el congreso extraordinario, el centro-derecha de nuestro país,

entrometiéndose descaradamente

en la política del PSOE (R), ha sumido el papel de defender como insustituibles

a los hombres de ese

partido que personifican las posiciones moderadas, socialdemócratas, de

exclusiva acción parlamentaria,

de abandono de los principios ideológicos que configuran auténticamente a

cualquier partido socialista.

Aunque el congreso extraordinario se convocó para dilucidar en él la posición

ideológica del PSOE (R) y

elegir los miembros de la comisión ejecutiva, se dice por ahí, públicamente, por

los portavoces del sector

«moderado» que la polémica ideológica es una cortina de humo que enmascara la

pugna por el poder. Yo

creo más bien que el debate ideológico y la posición doctrinal del partido

mencionado es una imposición

del anterior congreso y no podrá ser soslayada, aunque caben en ella soluciones

de compromiso, que

originarían inevitables ambigüedades, para dar satisfacción aparente a unos y a

otros, a fin de que no haya

vencedores ni vencidos y que el congreso ofrezca un final feliz.

Sin embargo, a mi juicio ésa sería la más errónea y peligrosa de las

soluciones, pues la situación ha

llegado a un extremo tan delicado que ya no servirían las medias tintas para

nada positivo, ya que tal

como está planteada la cuestión, es necesaria una clarificación ideológica.

O el PSOE (R) se define como partido de clase, fiel a sus raíces y contenido

marxista, capaz de establecer

junto a la acción parlamentaria otras acciones propias de la organización

socialista, asumiendo la

constante defensa de los intereses de los trabajadores, sin otras metas y

objetivos que los que

naturalmente debe alcanzar; o el PSOE (R) adopta una posición «moderada»,

«civilizada», estrictamente

parlamentaria (?), que no asuste, moleste o desagrade a las estructuras hoy

imperantes.

Problema de fondo

Entre ambas posiciones caben, como antes indicaba, otras intermedias, de

compromiso, que en parte

satisfagan a unos y a otros, pero en este supuesto no se resolvería el problema

de fondo que, en realidad,

merece y debe ser zanjado de forma inequívoca.

Sí, también está presente y endurecida la lucha por el poder en el PSOE (R), y

ello es muy natural; pero lo

que no es admisible es que en ella se plantee el tema de los insustituibles, de

los imprescindibles, pues en

un partido democrático no debe considerarse a nadie como irreemplazable, y un

partido que acepte que

cualquiera de sus hombres es insustituible se convierte en un partido muerto.

(*) Presidente del PSOE (H).

 

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