Extracto del libro del senador socialista. 
 Bustelo: Marx es el horizonte de la clase trabajadora     
 
 Diario 16.    20/08/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 25. 

20-agosto-79/Diario16

Extracto del libro del senador socialista

Bustelo: Marx es el horizonte de la clase trabajadora

MADRID, 20 (D16).- El representante del ala critica del PSOE y senador Francisco

Bustelo considera

que los horizontes de la clase trabajadora están «hoy como ayer» en el marxismo.

El próximo mes de septiembre Bustelo publicará un libro, al que tuvo acceso D16

y en el que la tesis

central es que resulta «imprescindible tener unas ideas firmes acerca de la

necesidad de contar con unos

horizontes que rebasen la simple política cotidiana, y esos horizontes sólo los

da a la clase trabajadora el

marxismo».

Tras el serial de Pedro Altares sobre la crisis del PSOE, D16 publica hoy, con

autorización de Dédalo

Ediciones un extracto de la obra de Bustelo -«Introducción al socialismo

marxista»-, que se inserta en la

polémica preliminar al congreso extraordinario del Partido Socialista, previsto

para finales del mes que

viene.

Insustituible

Bustelo señala tres razones principales para no abandonar el marxismo. «No

existe hasta ahora un

conjunto global de principios y de análisis que lo permita sustituir —escribe en

el epígrafe «La

importancia del marxismo para el socialista de hoy»-. Los únicos que se oponen a

él son precisamente los

que intentan defender al capitalismo como el mejor sistema, confiriéndole además

carácter permanente.

Por lo tanto, si abandonamos el marxismo o nos quedamos en la nada o incurrimos

en una contradicción

enorme al apoyarnos en teorías pro capitalistas, por muy reformistas que sean.»

«Aunque en nuestro partido, muchos militantes, y no por su culpa, hayan carecido

de una formación

marxista de tipo teórico, ese marxismo se ha sentido y se ha vivido desde su

fundación. Más importante

que haber leído a Marx es tener conciencia de clase y hacer una política que

intente responder a los

intereses de clase. El Partido Socialista lo ha hecho desde hace cien años y no

parece que existan hoy

razones para abandonarlo. Seria una traición a un siglo de historia.»

Una sociedad más justa

«La tercera y última razón, que puede ser la de más peso, es que el

ser humano ha tenido siempre

conciencia de que podría vivirse en una sociedad mucho más justa y racional

(...). El socialismo ha

tenido siempre un componente ético importante porque en cualquier época, y

la que vivimos no es

excepción, ha habido millones de hombres y mujeres que se han sentido movidos

a soñar y a luchar por

una sociedad diferente para sí y para los suyos.»

«Por eso esté por ver que el abandono de esas metas finales nuestras, aunque a

veces parezcan utópicas y

que sólo cobran sentido en un análisis marxista, resulta políticamente más

rentable que el conservarlas.»

Bustelo sostiene al final del epígrafe, último del segundo capítulo, que «el

marxismo es hasta hoy la única

doctrina posible en que puede apoyarse la clase trabajadora para intentar

conocer y cambiar el mundo que

le rodea».

Según el senador socialista por Madrid «el materialismo histórico nos permite

comprender la historia de

la humanidad y su sentido. El materialismo dialéctico nos brinda un método de

conocimiento y cambio de

la realidad social».

«Pese a sus insuficiencias, derivadas de las propias limitaciones del actual

conocimiento humano —

añade-, se trata de un instrumento formidable para cambiar el mundo. Hoy por hoy

-concluye Bustelo- no

existe ningún otro que lo pueda sustituir.»

Cambios a fondo

Defensor del socialismo marxista, del marxismo como piedra angular del

socialismo democrático,

Bustelo renuncia a Carlos Marx como posible frontera entre marxistas y

socialdemócratas y propone para

ello «algo más concreto y más real, pero también más difícil».

«Negarse a priori a examinar lo más científicamente que se pueda la posibilidad

de modificar a fondo una

determinada sociedad (...) es la gran frontera entre un socialista y un

reformista de buenas intenciones»,

afirma el senador socialista.

Ver las cosas como son

Bustelo insiste en la necesidad imperiosa de reconocer la realidad tal cual es y

no confundirla con los

deseos de quien la observa. «El conocimiento -subraya- es la clave misma del

progreso humano y de él

depende la posibilidad misma del socialismo.»

«El que la sociedad presente tantas deficiencias y el que la humanidad tenga que

superar muchas trabas y

contradicciones no quiere decir que siempre resulte posible a corto plazo, y sea

cual fuere el tipo de

sociedad en que nos movemos, hacer cambios profundos o cambios totales.»

«Ser marxista matiza en el epígrafe » Marx aspira a saber cómo es el mundo para

cambiarlo»— no es

querer hacer la revolución en todo momento y en cualquier lugar o en cualquier

país o sociedad. Ser

marxista es, en sentido estricto, investigar cómo es el mundo para modificarlo.»

«A veces —reitera Bustelo— se es más marxista y más revolucionario al

preconizar un avance lento que

al querer conseguir todo de un día para otro. La historia del movimiento obrero

está plagada de

revoluciones fracasadas. Muchas de ellas, con un análisis marxista mejor, se

hubieran evitado y la clase

trabajadora habría salido ganando mucho.»

Las corrientes, indispensables

Al principio de la obra Bustelo reclama la admisión de «corrientes» dentro del

Partido Socialista.

Representante de un sector socialista muy combativo contra las tesis

socialdemócratas desde el XXVIII

Congreso del PSOE, asegura que «sí ya en toda familia política las corrientes

tienen un sentido, en la

socialista resultan indispensables».

Error de la izquierda española

La izquierda -asegura- es una esperanza para la mayoría de los españoles.

Entonces, ¿por qué no ganó las

elecciones legislativas del 1 de marzo? «La razón fundamental según Bustelo- es

que las condiciones del

tránsito a la democracia han sido peculiares.»

El error de la izquierda, según el senador socialista, no fue la moderación con

que se comportó durante el

tránsito a la democracia sino la ausencia de explicación de las concesiones

inevitables y de las ventajas

con que jugó la derecha.

«La segunda razón, muy importante aunque no tan fundamental como la primera -

agrega-, es la división

de la izquierda (...). La tercera razón, más accesoria ésta, es que la izquierda

somos, claro, gente

estupenda, pero tenemos algún que otro defecto heredado del pasado.»

«Los cuarenta años de dictadura nos maleducaron a todos políticamente, y eso,

querámoslo o no, deja

huella incluso en un honrado socialista o comunista. A los dirigentes, además,

les tenemos mal

acostumbrados. En los muchos años de clandestinidad se acostumbraron a mandar

demasiado, porque las

bases obedecían sin rechistar.»

«También es verdad que la falta de formación o de experiencia de la vida

democrática impide muchas

veces a unos saber hacer la crítica y a otros aceptarla. Total, que en la

izquierda falta información,

formación y participación.»

 

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