Autor: Altares, Pedro. 
 El líder socialista no ha decidido sobre su candidatura. 
 Felipe González: Faltó valor para relevarme     
 
 Diario 16.    16/08/1979.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 46. 

Internacional

Conforme se acerca la fecha de celebración del «segundo pase» del XXVIII

Congreso del PSOE, se aviva

la polémica entre los sectores en pugna. D16, a través del serial «El PSOE entre

dos congresos», de Pedro Altares, iniciado el pasado día 8, ha querido ofrecer

una panorámica del patio socialista desde todos los ángulos interesados.

Esta aproximación en profundidad a lo que se debate en lomo al decisivo congreso

de los socialistas finaliza con unas amplias declaraciones en exclusiva para D16

de Felipe González, ex secretario general del PSOE y primer protagonista de la

crisis, de las que hoy ofrecemos la primera parte y que mañana

concluirán. Tras su polémica decisión en el congreso de mayo, ésta es la primera

entrevista en la que Felipe González se lanza a tumba abierta sobre todas las

cuestiones que ahora preocupan en la familia socialista.

El líder socialista no ha decidido sobre su candidatura

Felipe González: Faltó valor para relevarme

Pedro Altares

P. A. Estamos en el «paso del ecuador» del PSOE, entre congreso y congreso.

¿Consideras que tu retirada

ha sido positiva, no tanto para ti, aunque también, sino para el partido?

F. G. No voy a hacer una valoración personal, sino de partido, fundamentalmente,

porque desde el punto

vista personal la vida ha cambiado para mi bastante poco. He seguido trabajando

con mucha intensidad,

con un nivel de responsabilidad distinto, eso es cierto, pero con un nivel de

intensidad bastante parecido.

Desde el punto de vista de partido yo creo que se ha puesto en marcha una

dinámica que a mí me parece

extraordinariamente sana, que es lo más importante, y es que la gente empiece a

decir lo que es dentro del

partido.

Con dos peligros: Uno, el de algún sector, que yo creo reducido, tremendamente

dogmatizado y

sectarizado en sus planteamientos ideológicos, y otro sector, que también está

en una actitud no

razonable, que es la que algunos compañeros llaman felipista.

P. A. Has hablado del «felipismo». Precisamente, Luís Gómez Llorente en la

Federación Socialista

Madrileña habló de ello, pero te exoneraba, de alguna manera, de la

responsabilidad. Pero ese «felipismo»

existe y Gómez Llorente decía que un liderazgo tan concentrado era nuevo en la

historia del PSOE...

F. G. Creo que es un problema de carácter mundial y de todas las organizaciones.

No es verdad que sea la

primera vez que ocurre en el PSOE, no hay nada más que recordar los primeros

cincuenta años de su

historia. Desde la fundación algunas personalidades emergen en mayor medida que

otras, aunque no

después de la muerte de Pablo Iglesias, probablemente porque éste murió de viejo

y tenía varias personas

que podrían considerarse como su alternativa y entonces no se concentró nunca el

poder.

De todas formas, yo quería hacer referencia a un fenómeno que es general y

preocupante en el seno de la

izquierda v que no lo es tanto en la derecha. La derecha asume el liderazgo sin

ningún planteamiento

angustioso. La izquierda, sin embargo, piensa que debe prevalecer la ideología,

la sigla, sobre la persona,

lo cual es cierto desde el punto de vista ideológico.

Desde el punto de vista práctico, no es verdad y eso es lo que esto ocurriendo

en todo el mundo. Si uno

relaciona la evolución del Partido Socialista francés o su crecimiento,

inmediatamente surge la figura de

Mitterrand, muy despegada de otras, hasta que llega un momento en que se gasta

esa figura y empieza a

crecer la alternativa a Mitterrand. Lo mismo ocurría con Brandt en Alemania, que

creo que sigue

siéndolo, o con Palme en Suecia o con Kreiski en Austria.

Es muy difícil establecer el equilibrio entre lo que supone el depósito de

confianza en las personas y el

depósito de confianza en las siglas. En España es evidente que esto se ha

agudizado por varias razones.

Primera: porque no hay ningún hábito de integración en partidos políticos de la

ciudadanía y, por

consiguiente, la gente que conoce menos ese método de articulación democrática,

que es la vida dentro de

los partidos, dentro de los sindicatos y dentro de las instituciones

democráticas, tiende a hacer un depósito

de soberanía personal más que de partido.

Otra razón es que se ha producido un crecimiento vertiginoso del PSOE y de sus

posibilidades, tanto

cuantitativas como cualitativamente, dentro y fuera de la organización.

Todo ese crecimiento se ha producido entre un congreso y otro, con lo cual la

persona que en un

momento determinado representa un partido en un congreso agiganta la imagen, sin

que eso suene en

absoluto a petulancia.

Además creo que hay otras razones: no hemos sabido o no hemos podido, no se

puede decir que no se

haya querido, diversificar la responsabilidad. Lo lógico es que en el PSOE

hubiera lo menos cien

interlocutores suficientemente conocidos, de los cuales quince o veinte fueran

personalidades de primera

fila. Lo paradójico es que los hay para la vida pública del país, existen esas

personas, en tanto no existen

interlocutores de partido aunque sean socialistas.

P. A. Pero las campañas electorales del PSOE se han concentrado mucho en Felipe

González. Eso ha

permitido, por ejemplo, que Tierno haya hablado de ti en términos económicos,

diciendo que el PSOE

había invertido mucho en Felipe González y que ahora no se podía despilfarrar

esa inversión..., ¿cómo se

considera Felipe González como «fenómeno de inversión»?

F. G. Hombre, yo creo que eso es un poco injusto en la valoración, aunque yo la

respete. Lo cierto es que

uno entra hoy aquí y éste es un edificio impresionante. El presupuesto que

teníamos en el congreso en el

que yo fui elegido era un presupuesto que hoy supone la quinta parte del

presupuesto que hoy se ha de dar

de ayuda a la juventud socialista, además de lo que ellos recauden. Para la

persona que llega nuevo, todo

este tinglado es absolutamente normal: esto es del partido, como los doscientos

parlamentarios son del

partido y los catorce mil concejales...

Todos forman parte, evidentemente, de un patrimonio colectivo, timonees, cuando

se dice que el partido

ha hecho mucha inversión... la verdad es que cuando empezamos a pegar el tirón

desde la ilegalidad

éramos muy pocas personas y el crecimiento se ha producido. Entonces es un poco

injusto desde ese

punto de vista. Personalmente, no siento que el partido haya invertido en mí. Lo

que siento realmente es

que yo he hecho un esfuerzo brutal para sacar el partido adelante, a veces con

unos puntos de locura,

como endeudarnos en cientos de millones de pesetas antes de las elecciones.

Entonces me parece que no se trata de eso, el fenómeno es que la política en

este país se ha personalizado

y el propio Enrique Tierno lo sabe muy bien porque él estaba en todos los

carteles del PSP con aquellos

dos muchachos que le acompañaban, y estaba Suárez, lógicamente, mundo. Lo cierto

es que fueron

buenas ideas desde el punto de vista electoral, porque la gente lo captó sin

duda alguna y se llegó a la

sensibilidad popular, el depósito de confianza se relacionaba con un rostro y

con unas siglas, Y eso fue de

tal manera así que una semana después de empezar la campaña electoral Suárez

invadió España de

carteles con su rostro porque le dio miedo del efecto que podía producir.

P. A. Volvamos un poco al veintiocho congreso: Se acusa a la ejecutiva de no

haber previsto lo que todo

el mundo decía que iba a pasar y que por tanto fue incapaz de tomar medidas...

F. G. Nadie, salvo muy pocas personas, pensaba que el congreso podría producirse

como se produjo. En

la historia del PSOE todos los congresos, lodos, han sido muy tensos, no hay que

engañarse. Y, desde

luego, éste no ha sido tan tenso como el del 32, después de un año y medio de

gestión de la República,

que fue mucho más duro, entre Besteiro y Caballero, cosa que la gente olvida o

quiere olvidar. Otro tema

es que, en mi opinión, los partidos deben decidir por sí mismos su futuro,

tienen que medir su propio

grado de madurez y no hace falta hacer una preselección, ni influir.

Yo lo que no voy a hacer nunca es ejercer una influencia sobre la base para

seleccionar candidatos, o para

que el congreso salga de una determinada manera. Esa debe ser la responsabilidad

del partido sobre la

base. ¿Qué el congreso sale de esta determinada manera que no nos gusta? Bueno,

pues que se busque un

determinado tipo de gente que le guste llevar eso adelante.

P. A. Se acusa a la ejecutiva anterior, y concretamente a Alfonso Guerra, de

impedir la formación de una

alternativa a la dimisión de Felipe González, se dice que cuando ellos quisieron

montar una alternativa se

encontraron con unas instrucciones concretas para que esa candidatura no saliese

adelante...

F. G. Esto es de una maravillosa ingenuidad, cuando no de una terrible falta de

sentido de la

responsabilidad. Porque si Alfonso Guerra tiene ese poder mágico sobre la

organización, sin duda alguna

lo habría utilizado para que el congreso no hubiera llegado a esas resoluciones,

y él participó en alguna de

esas resoluciones derrotadas. ¿Cómo se puede atribuir a una persona un poder de

seducción de tal

naturaleza, cuando a la vez se le está responsabilizando de ser el motivo

fundamental de todas las iras del

congreso?

Pero aparte de esa historia, la verdad no fue esa. La verdad es que la gente que

se podría haber hecho

cargo del partido no tuvo valor para hacerlo. Yo no sé ha algunos compañeros les

faltó valor, por una

parte, y, por otra, alternativa política. ¿O sólo les faltó valor? Tengo la

sospecha de que también les

faltaba alternativa política. O sea, les faltaban los dos puntos claves para

asumir una responsabilidad

política a fondo.

P. A. Para muchos, en el fondo, lo que ocurrió en el XXVIII Congreso fue la

caída de Alfonso Guerra,

que arrastró a Felipe González...

F. G. Creo, sinceramente, que eso no es verdad. La figura de un secretario de

organización no puede ser,

además, una figura pública, y de eso estoy cada día más convencido. Un

secretario de organización deber

ser una persona que se dedique sólo a la organización. Alfonso Guerra es un tipo

muy capaz, pero al

mismo tiempo de ser secretario de organización, es decir, estar metido dentro de

los problemas de la

organización, y de los conflictos de ella, está apareciendo lodos los días en la

prensa como protagonista

de la política a nivel nacional, y eso es algo que la gente resiste

difícilmente, porque se convierte en una

figura con demasiada concentración de poderes y lógicamente produce reacciones

en contra.

La gente se equivoca en la valoración que hace de Alfonso Guerra, y se equivoca

porque desde el punto

de vista de la organización hay mucha gente que apoya y aprecia a Alfonso Guerra

como político. Mucho

más de lo que se cree. Es uno de los hombres más capaces que hay en el partido.

P. A. Perdón por el tópico, pero ¿eres o no socialdemócrata?

F . G: Yo no, y lo digo sin darle un carácter enfático. Soy más radical que la

inmensa mayoría de los

compañeros que aparecen como de la línea radical ante la opinión pública pero

radical en el sentido mas

serio de la palabra, en el sentido de ir a la raíz de los problemas.

Sé que el ser o no socialista se demuestra en el análisis de cada problema, no

en el discurso ideológico

que uno hace para quedar bien, sino en el análisis de cada problema y en la

respuesta que a uno le sale de

cada problema. Y en esa respuesta yo he visto a compañeros que aparecen como

radicales, sin pantalones,

para entendernos, sin capacidad para dar un paso adelante y, más precisamente,

haciendo un llamamiento

a la supermoderación, a los riesgos y a los peligros.

Yo creo que tengo un lenguaje que se ajusta a lo que hago, es decir, que el

discurso no se separa de lo que

estoy dispuesto a hacer o de lo que creo que hay que hacer. Eso puede dar una

imagen de moderación por

una razón elemental, porque es que en este país no se pueden hacer las cosas que

la gente dice que va a

hacer, y como no se pueden hacer están diciendo eso probablemente para hacer lo

contrario o para

echarles la culpa a los otros de que no se puede hacer, o diciendo eso

simplemente para quedar bien.

P. A. ¿Has decidido si vas a presentar tu candidatura en el próximo congreso?

F. G. Personalmente no sé si voy a admitir que alguien presente mi candidatura.

Respondo en dos planos,

desde una misma respuesta. Porque, efectivamente, se tienen que dar dos

circunstancias, una, mi

disponibilidad, y otra, el que haya compañeros que propongan mi candidatura. Yo,

desde luego,

proponerme no me propongo. No ahora, sino en ninguna circunstancia me propondría

como candidato. Lo

que no tengo decidido o resuelto es si algunos compañeros me proponen, si lo voy

a aceptar o no. Lo que

si voy u hacer es un gran esfuerzo de clarificación de lo que debe ser el

proyecto político socialista. A ver

si en ese congreso se produce un proyecto de síntesis socialista.

P. A. A pesar de todo, suponiendo que te presentaras, parece que por ahora las

cosas van encaminadas

hacia dos candidaturas. Una, encabezada por Felipe González, que se basaría en

la ejecutiva anterior, pero

renovada, frente del sector radical. O bien una tercera posibilidad: la

candidatura de síntesis entre la

ejecutiva anterior, incluyendo a Felipe González, y tos sectores más radicales.

F. G. En primer lugar yo no voy a hacer una candidatura, por decirlo de alguna

manera, mía ni en el

supuesto que yo decida presentarme, o que decida aceptar mi nombre para

encabezar una candidatura. He

dicho en varias ocasiones que lo que hay que hacer no es una candidatura de

síntesis sino una ponencia de

síntesis. Y la ponencia de síntesis probablemente, sea el elemento aglutinante

de la candidatura de síntesis

para la ejecutiva. Pero, ¿qué significa de síntesis? Significa, quiero dejarlo

bien claro, una ejecutiva en la

que, desde diferentes posiciones, se pueda trabajar en equipo. Desde el momento

y tengo experiencia, por

eso lo digo que haya uno o dos compañeros que no se sientan integrados en el

equipo y que se crean en

posesión de la verdad, en minoría o en mayoría, esa ejecutiva no funciona. Y una

ejecutiva es un equipo

de trabajo diario, que está en funcionamiento acelerado.

Por tanto, la ejecutiva que debe surgir de una ponencia de síntesis debe ser una

ejecutiva que permita

trabajar con mayorías y minorías, pero que permita trabajar. Esa es la única

ejecutiva que veo. Si hay otra

alternativa a esa, me parece que no debe ser considerada como la radical del

partido porque no es verdad.

¡Ojalá, si hay una alternativa de ésas, que le caiga la responsabilidad de

dirigir el partido! ¡Nos vamos a

enterar de quién es quién! Por eso no hubo ejecutiva en el XXVIII Congreso. Esa

es la tragedia, que no

hubo ejecutiva en el XXVIII Congreso porque la gente tiene que dar la cara

diciendo qué gestiones está

dispuesta a cumplir de lo que dice que va a hacer. Y como algunos compañeros no

quieren quedar al

descubierto... se repliegan, sencillamente dicen «no, no, yo no asumo la

responsabilidad, yo doy la leña,

pero no asumo la responsabilidad».

En todo caso se dará un intento de ejecutiva estética, que va a decir «vamos a

contabilizar los votos de la

gente que no está dispuesta a asumir la responsabilidad, pero que está en contra

de los que la tienen». Ese

puede ser el mismo fenómeno psicológico de decir «bueno, contabilicemos votos»,

¿qué son 10, 15, 20,

30 por 100 de votos que no están con éstos? Eso puede ocurrir.

P. A.— Entremos en lo que llamas el proyecto socialista. Parece que hay una

crisis de creatividad en la

izquierda, especialmente en la europea. De alguna manera se ha visto en la

crisis del XXVIII Congreso.

Hay unos señores que se consideran exegetas de unos textos sagrados y otros que,

de alguna manera,

quieren despegarse de esos textos sagrados. Digo despegarse, no romperlos, y

crear. La aportación teórica

del PSOE en los últimos años ha sido menguada, y esto se está notando en la

calle. Muchos no ven ese

proyecto socialista.

F. G. El problema es muy profundo. Me gustaría discutirlo a fondo, despegándome

incluso del propio

partido para que nadie se sienta aludido. En un problema de la izquierda en

general y es un problema, en

concreto, de los partidos socialistas europeos. También de la izquierda, pero no

me voy a preocupar de los

partidos comunistas, porque éstos tienen una manera de proceder absolutamente

distinta y un sistema de

organización, por tanto, de exposición de reflexiones, distinto del de los

socialistas. A mi no me importa

pecar de heterodoxo, sobre todo en esta fase, después me tendré que callar como

me he callado durante

mucho tiempo, como me he tenido, y me tendré que callar, muchas cosas.

Pero a mí me angustia lo conservadora que es la gente de la izquierda. Pero

conservadora respecto de sus

propios principios inmutables, cogen cualquier cosa y la convierten en principio

inmutable, la gente

necesita aterrarse a algo pura sentirse segura. Y me estoy refiriendo a la gente

que maneja las teorías y

que, teóricamente, tiene una fluidez de pensamiento, una frescura intelectual,

pero son terriblemente

conservadores. Mucho más conservadores que los de la derecha. ¿Por qué son más

conservadores? Tal

vez haya una explicación o varias. Incluso desde el punto de vista psicológico.

La derecha defiende intereses, y si la adaptación para la defensa de los

intereses significa el ir tirando por

la horda conceptos más o menos anticuados que siempre ha utilizado como

elementos secundarios, tira

esos elementos por la borda y se va adaptando. Creo que el ejemplo más evidente

de lo que estoy

diciendo es Giscard, y dentro de España, es el ejemplo de Suárez. A mi esta

posición me parece no

conservadora, aunque sea conservadora de intereses.

En la izquierda se produce una actitud mental tremendamente peligrosa. Por

ejemplo: cuando la gente

eleva a carácter de ciencia el marxismo, en realidad, no está dentro del rigor

del planteamiento científico,

sino en el de verdad revelada, esto es verdad y está demostrado. Esto es una

monstruosidad porque es

anticientífico el planteamiento, aparte de que es verdaderamente estúpido decir

que es científica una

manera de pensar o que es científica incluso una manera de investigar la

realidad.

Pero, en fin, lo que me preocupa como tema es esa crisis en la capacidad de

renovación del pensamiento,

en la capacidad de imaginación política; en definitiva, de la pérdida de una

necesaria frescura intelectual,

para que el proyecto socialista siga siendo un proyecto actual, permanentemente

actual. La gente tiene

mucho miedo a cambiar porque cree que el cambio le hace perder seguridad. Lo

cual es verdad. Pero,

justamente, un partido cuyo proyecto sobre la sociedad es cambiarla, si no es

capaz de cambiar incluso

sus propias actitudes mentales, su propio comportamiento como partido o como

personas que forman

parte de la colectividad, ¿cómo puede pretender cambiar la sociedad? Es una

contradicción casi en sus

propios términos.

P. A. Para algunos la polémica marxismo si o marxismo no, en la calle llega

simplificada en esos

términos, tiene bastante de polémica religiosa. Sin embargo, asombra la falta de

una respuesta socialista a

muchos temas que están en la calle y que, sin embargo, se reflejan muy poco

dentro de los planteamientos

de los partidos políticos y, concretamente, en la izquierda y en el PSOE.

F. G. La verdad es que no existe, todavía, la concepción global del proyecto

socialista, pero existen

bastantes respuestas a bastantes problemas claves. Sin embargo, la gran tarea de

este congreso seria darles

a todas esas respuestas un sentido de proyecto global, No se puede, o no se

debe, juzgar al partido

simplemente por el resultado del congreso. Es mucho más complejo el tema.

El XXVIII Congreso sale sin programa económico en una situación de crisis

económica, pero, ¿porque el

partido no lo tiene?´ El PSOE tiene su programa económico y su programa de

gobierno. Pero esos

programas no los acepta el congreso como base de discusión y se intenta sacar,

en el propio congreso, un

programa económico, cosa que no se ha hecho en ningún congreso de ningún partido

político en ningún

lugar del mundo. Es imposible que en un congreso se realice un programa

económico...

Tiene razón Ignacio Sotelo cuando dice que el pensamiento marxista ha sido

originariamente un

pensamiento movido por la clase trabajadora, integrado en la clase trabajadora y

por la gente

comprometida con las clases trabajadoras. De ahí ha salido la renovación y la

discusión del pensamiento

marxista. Pero en la actualidad es fundamentalmente una discusión universitaria,

una discusión de

profesores, de profesores que, estén en la posición que estén, de seguidores

fieles o de contradictores o de

renovadores del marxismo, se han despegado tremendamente de la clase

trabajadora, que no ve y no está

dentro de esta discusión.

Por consiguiente, yo creo que la polémica ha sido poco concreta y sigue siendo

poco concreta. Todo se

mueve en un nivel de abstracción y tal vez. el miedo que se tenga es que la

concreción política siempre

supone una disminución de los planteamientos estéticos. Otro ejemplo de

actualidad: el problema de la

energía. Si se hace de este problema un planteamiento alternativo, ese

planteamiento puede ser bastante

chocante desde un punto de vista intelectual. Un partido de izquierda que no

tenga demasiadas ganas de

gobernar o que le parezca mejor estar en la oposición, puede hacer un

planteamiento radical con el lema

de la energía nuclear. Un partido que, de verdad, quiera transformar la sociedad

tiene que tomar el tema

de la energía nuclear y tomarlo sin ningún tipo de esteticismo y preguntarse qué

hacemos con la energía

nuclear. Por mucho que nos duela, lo cierto es que no hay ni un solo país de la

Tierra que prescinda hoy

de la energía nuclear. Hay que racionalizarla, controlarla, dar las mayores

garantías de seguridad a la

gente, resolver los problemas de ubicación, etcétera. En fin, tienes que tener

un planteamiento del sector

público. Pero no se puede optar por un no a la energía nuclear desde un

planteamiento realista.

«Personalmente, no siento que el partido haya invertido en mí.»

 

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