El corazón de Felipe     
 
 Diario 16.    02/07/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

El corazón de Felipe

Por atún y a ver al duque. Este parece el mejor resumen del viajé que el no-tan-

viejo-profesor Tierno

Galván ha rendido a la República Federal Alemana.

Porque el alcalde de Madrid y presidente de honor del PSOE ha compatibilizado,

en efecto, durante su

gira el estudio del mercado de capitales «por si hubiera que acudir al crédito

internacional para sanear las

deudas del municipio» y los contactos con los líderes de la socialdemocracia de

Bonn. Y todo ello, bien

sazonado de declaraciones a la prensa.

En este último capítulo el profesor Tierno ha bombeado sobre el área de castigo

del próximo congreso

extraordinario del Partido Socialista algunas definiciones y recetas dictadas,

si hemos de creerle, desde la

voluntad de síntesis y de concordia.

Su concepción del marxismo como el opio que necesitan las bases socialistas —ya

comentada en estas

páginas— dará mucho que hablar a quienes se sitúan en una y otra banda de la

polémica que dividió al

XXVIII Congreso y que va a constituir el eje del congreso extraordinario de

septiembre. De momento, a

juzgar por las reacciones detectadas, puede hablarse de indignación generalizada

entre los líderes de

ambos sectores: marxistas y no marxistas. El profesor parece haber reducido

notablemente su espacio

político, para competir en la lucha por la nueva ejecutiva.

Bajando del plano ideológico al de las personas, las declaraciones de Tierno no

parecen tener las virtudes

sedantes que él atribuye al marxismo, pese a su moderación formal. Sus

afirmaciones sobre Felipe

González podrían incluirse en la antología de lo que el inolvidable Francisco

Cerecedo definiera como el

elogio de la muerte. Así, por ejemplo, raya en la malevolencia la referencia al

liderazgo de Felipe en los

términos en que lo ha hecho: «Se ha gastado mucho dinero el partido para

configurar un líder con

condiciones internacionales. No podemos ahora —precisa Tierno— entrar en nuevos

gastos, ni en la

elección de una nueva personalidad.» Estas razones de economía doméstica se

refuerzan con otra

consideración de urgencia: «Lleva bastante tiempo en la dirección del partido,

tiene una buena imagen y

construir ahora otra personalidad nos llevaría mucho tiempo,»

Desde la superioridad que destilan esas apreciaciones no sería sorprendente que

dieran lugar a respuestas

tajantes de quienes pueden interpretarlas en clave de provocación. Al profesor

le pueden sacar otras

cuentas: las que dejó pendientes el Partido Socialista Popular (PSP) cuando

acordó fusionarse con el

PSOE.

Pero el presidente de honor del PSOE ha dado otro paso más para formular un

consejo; «Lo que hace falta

ahora ha dicho Tierno— es que Felipe González entienda que su política tiene que

ser de ampliación de

posibilidades y ruptura de lazos afectivos, aunque los mantenga en el mundo

privado. El buen corazón, en

política, perturba más que ayuda.» Aquí el destinatario parece claro: el clan

sevillano que arropó a Felipe

en la anterior ejecutiva y, concretamente, su colaborador más directo, Alfonso

Guerra. En resumen, la

posición Tierno se configura ante el congreso de septiembre como un SI a Felipe

PERO con dos

condiciones: la continuidad del opio marxista y el sacrificio de sus

incondicionales. Septiembre nos dirá

cuál es la correlación de fuerzas, pero a la vista está que el despliegue

dialéctico va a ser implacable si

hemos de juzgar por los síntomas en presencia.

Mientras tanto, la situación política española no puede soportar el eclipse del

partido socialista en los tres

meses que tenemos por delante hasta que se levante el telón del congreso

extraordinario. Los

compromisos de Felipe con los militantes se solventaron entonces, pero ahora

para la negociación de los

Estatutos le necesitamos todos.

 

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