Autor: Blom, Ricardo. 
   PSOE: Hipocentro del seismo     
 
 Arriba.    27/05/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Ricardo BLOM

PSOE: HIPOCENTRO DEL SEISMO

SE necesitará tiempo, perspectiva, conocimiento de no pocas interioridades y

desapasionamiento

ideológico, para que sea posible un juicio ecuánime de lo que sucedió en el

XXVIII Congreso del PSOE,

que se clausuraba hoy hace una semana en medio de un fenomenal desconcierto

público. Puede perecer

chocante la condición de desapasionamiento ideológico cuando, en primera

lectura, el conflicto que

provocó la retirada de Felipe González a sus cuarteles de invierno —al

reencuentro con «Isidoro», como

dijo Alfonso Guerra horas después— tenía su epicentro en un debate ideológico:

la permanencia o no del

término «marxista» en la definición del partido. En la definición expresa, no en

sus fuentes doctrinales,

cosa esta última en la que todos estaban de acuerdo.

Sin embargo, aunque el marxismo estuviera en el epicentro d e I terremoto que ha

dejado tan peligrosas

fisuras y brechas en el centenario PSOE, el sentido común obliga a pensar que

hubo un hipocentro: un

origen auténtico y profundo del seísmo. de modo que el debate ideológico sobre

la definición marxista

habría sido la proyección superficial de fracturas más hondas.

Así lo declaraba el martes por la noche —rotundamente, sin ambages— el ex primer

secretario, Felipe

González: «No ha sido la pervivencia del término marxista lo que me hizo tomar

la decisión, sino otras

causas profundas que no deseo detallar.» Y un poco más adelante: «Va a triunfar

el socialismo con su

identidad propia, y van a fracasar los que practican un cierto criptocomunismo.»

Vemos, pues, que,

apenas iniciado, el debate Interno ya se plantea con términos no homogéneos por

los sectores antagónicos

del partido. Para Francisco Bustelo y Pablo Castellano se ha abierto un debate

entre socialismo marxista y

socialdemocracia Para los «felipistas», el debate es entre socialismo y

criptocomunismo. En buena lógica,

la primera clarificación ha de ser semántica.

Ambos sectores recaban para sí la continuidad no dogmática del socialismo

español. Para los defensores

de la definición marxista, victoriosos en el XXVIII Congreso, las tesis de

Felipe González son pura y lisa

socialdemocracia, que desviaría al PSOE de su origen y trayectoria y forzaría el

desalojo de los marxistas

del seno del partido. Para los seguidores de Felipe González, en cambio, no hay

tal socialdemocracia, sino

socialismo democrático que no excluye a los marxistas, y lo que en realidad

sucede es que el sector que se

autoproclama socialista marxista se ha desviado en una orientación radical y

criptocomunista.

En el debate así planteado, la acusación de «socialdemócrata» lleva implícita

una renuncia a la sociedad

socialista; una entrega al capitalismo, al que no se aspira a sustituir, sino

sencillamente a administrar

mejor. Y la de «criptocomunista», aparte de aludir a ciertas operaciones de

submarinismo partidario,

lanza a los avernos del utopismo, el radicalismo y el totalitarismo. Poco es

posible entenderse en estos

términos, y cuando la misma palabra adquiere significados, contenidos y

connotaciones por entero

distintas según quien la utiliza. Unos presentan a los otros como infiltrados

del «oro de Moscú», y los

segundos a los primeros como agentes del «oro de Willy Brandt». Mal camino para

cualquier proceso de

clarificación,

AHORA bien, tampoco seria lícita una cómoda simplificación para reducir el

conflicto a una lucha

interna por el poder, por la dirección del partido. Parece cierto que en un

partido democrático —y el

PSOE e todas luces lo es, y ha quedado patente en este XXVIII Congreso— hay más

que juego de

intereses y juego de ambiciones. La gran mayoría de los militantes, y de sus

delegados, no se mueven por

intereses ni por ambiciones, sino por convicciones, sentimientos e ideología Que

esta autenticidad sea

luego, hasta cierto punto, manipulada o instrumentalizada, es otra cuestión. Es

el hipocentro a descubrir

del terremoto político acaecido.

¿Cuál ha sido, en esta ocasión concreta, el hipocentro? ¿Intereses o ambiciones?

¿Eco de grandes

movimientos de fuerzas en el tablero político nacional? ¿Influencias de

reordenamientos estratégicos

transnacionales? ¿Parte de cada cosa, en qué proporciones y según qué

encontradas metodologías y

tácticas?

Es muy difícil el análisis, porque nos falta el conocimiento de datos y hechos

objetivos. Sin embargo,

pienso que el inevitable debate de los próximos meses, hasta el congreso

extraordinario del PSOE,

arrojará muchas luces para el observador que, cuidadosamente, se ocupe más de

precisar las complejas

fuerzas del hipocentro que de la aparatosa y brillante ostentación del

epicentro.

 

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