Autor: Altares, Pedro. 
   Queda la política     
 
 Diario 16.    30/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Queda la política

Pedro Altares

Cuando los aplausos de los delegados, no entusiastas pero tampoco decepcionados,

subrayaron la

aprobación de la ponencia política por aplastante mayoría, se cerraba

oficialmente la polémica abierta en

mayo que ha supuesto una de las mayores crisis en la centenaria historia del

PSOE, historia por lo demás

rica en conflictos. Se cerraba la polémica ideológica pero, probablemente, no la

crisis. Los principios

políticos aprobados guardan un fuerte contenido crítico y, ateniéndonos a su

letra, la «tentación

socialdemócrata» ha sido desechada, ti socialismo español no abandona su

vocación transformadora,

revolucionaria, de la sociedad capitalista. Sin embargo, una lectura rápida, la

única posible por el

momento, no deja de observar que por debajo del lenguaje radical se introducen

matizaciones importantes

en algunos términos que, en principio, fueron los orígenes inmediatos del

debate, especialmente en el

tema del marxismo. No obstante la capacidad de adaptación del PSOE se refleja en

esa desaparición,

curiosamente desapercibida dentro del fragor del marxismo sí o no, del

republicanismo histórico.

La mecánica implacable del reglamento del congreso ha sustraído los aspectos más

atrayentes y

espectaculares del debate. Aunque éste hubiera sido duro en el seno de la

comisión (lo que según todos

los indicios no ha sucedido ni de lejos) su «masticada» presencia en el pleno

deja en el aire cierto tufillo

de decepción. Y no se trata de añorar las «terapias de grupo» del congreso de

mayo, pero es evidente que

el desenlace ha sido excesivamente burocrático. Una vez más la clase política

española demuestra que no

es capaz de asumir el enfrentamiento directo, sin claves, a la vista y al oído

de todo el país. El reglamento

es desde luego un pretexto pero no una excusa...

Por lo demás hay que decir que con unas ponencias como las que han salido, al

sector «crítico» se le ha

robado una parte fundamental de su terreno ideológico. No hay derechización en

el rumbo político del

PSOE. El ala «moderada» ha demostrado tener en esto una gran capacidad de

flexibilización de sus

presupuestos iniciales. Con unas propuestas como las aprobadas no hay

exclusiones para nadie, ni es

posible iniciar ningún tipo de arrinconamiento ideológico del sector «crítico».

Pero su no inclusión en la

ejecutiva ganadora (que no obstante incorpora nombres difíciles de catalogar

como «guerristas») prueba

la dificultad de deslindar del pasado debate algunos aspectos personales que el

resultado del congreso

dista mucho de haber cerrado. Lo mismo que esa fluidez, que se mantuvo hasta

última hora, en la

composición definitiva del órgano ejecutivo, prueba que los pasillos y los

pactos, en los que nunca

Alfonso Guerra perdió la iniciativa, jugaron un papel fundamental. Lo que pasa

es que al final siempre es

más fácil integrar las posiciones ideológicas que a las personas que las

sustentan.

Ya tenemos pues al PSOE definido ideológicamente. Y a las personas que tienen

que ejecutar esa línea

política. Seria excesivo decir que la consecuencia ha sido total en uno y otro

terreno. Pero la ambigüedad

de un partido político hoy en España es imposible de desechar totalmente. Basta

asomarse al exterior para

percatarse de ello. Y esa es precisamente la tarea que le espera a esa flamante

declaración de principios. Y

a sus ejecutivos. Pasó, aunque no se terminó, la crisis. Ahora queda hacer

política. Aquí y ahora.

 

< Volver