Autor: PUBLIUS. 
   El socialismo posible     
 
 ABC.    28/09/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

VIERNES. 28 DE SEPTIEMBRE DE 1979. PAG. 3

EL SOCIALISMO POSIBLE

EL «bipartidismo corregido» de que hablase Felipe González, años ha, está

instalado entre nosotros con

firmeza, quizá con las solas excepciones del País Vasco y Cataluña, donde la

relación entre las fuerzas

políticas guarda otras proporciones. Pero aparte esos dos casos especiales

parece evidente que entre Unión

de Centro Democrático y el Partido Socialista Obrero Español están, por ahora1 y

durante los próximos

años, todas las alternativas posibles de Gobierno democrático en España. De

cuanto ocurra en el seno de

estas dos formaciones, pues, resultamos todos afectados, directa o virtualmente.

La legislación electoral,

por lo demás, no permite concebir otras perspectivas dé momento.

El Partido Socialista comienza hoy mismo su Congreso extraordinario, del que

saldrá elegida la nueva

Comisión Ejecutiva y aprobada su resolución política. A estas alturas del debate

miento —solo

relativamente interno porque a la» paginas de los periódicos han saltado no sólo

las discrepancias

teóricas, sino también las agresiones personales entre socialistas— es ya

demasiado pueril suponer que

estamos ante un debate ideológico en el cual se ventila el carácter marxista o

no marxista del PSOE.

Aquellas ilusiones de un «Bad Godesberg» a la española quedaron hace tiempo en

el desván de los deseos

quiméricos, al ponerse en evidencia que el centro de la polémica reside en la

lucha por el poder en el

partido y, todo lo más, en la pugna por imponer una u otra estrategia a corto o

a medio plazo. El debate

Ideológico ha quedado para otra ocasión, si es que llega algún día a producirse.

En el fondo da lo mismo lo que acaba diciendo la resolución política que ahora

aprueben los congresistas

del PSOE. Y ello no significa minusvalorar o despreciar esa importante ponencia,

sino que es

consecuencia de la comprobación de dos experiencias Ilustrativas. La primera es

la del Congreso de 1976,

cuyas resoluciones diseñaban un partido marxista inequívoco, lo cual no fue

obstáculo para que el

programa electoral del PSOE para las legislativas de 1977, sólo medio año

después de la

catarsis del XXVIII Congreso, ofreciese la parroquia una imagen socialdemócrata

que ya la quisiera

para sí el mismísimo Sa Cerneiro. La segunda experiencia deriva del hecho de

que, diga lo que diga ahora

la resolución política, todas las demás ponencias que configuran el contenido

del mandato a la nueva

Ejecutiva están ya aprobadas y no se van a modificar por lo que ahora acuerden

los delegados. Creemos

que todo el interés de este Congreso extraordinario reside en los nombres de fa

nueva Ejecutiva y en ver si

gana une sola de las dos corrientes o, al por el contrario, se llega a una

fórmula da amalgama de ambas en

una Ejecutiva que los socialistas llaman de síntesis, pero que, en realidad,

sería de coalición entre estas

dos tendencias que aspiran al poder Interno. Ya es muy difícil hablar de

síntesis ante unos

enfrentamientos personarles que han sobrepasado los límites da una pugna

teórica.

Este análisis de la «situación del Partido Socialista en este momento crucial de

su historia no revela, sin

embargo, ningún pesimismo o ninguna, extraña frustración liberal al comprobar

que los socialistas

españoles son socialistas, y no liberales.

Con eso ya contábamos. Y desde al .punto de vista de los Intereses generales de

la Nación pensamos que

el fenómeno socialista, en si mismo, no es negativo para la España de hoy.

España necesita un partido

fuerte en la Izquierda, aunque sólo sea porque es evidente que el electorado de

Izquierda existe y necesita

un cauce de expresión electoral. Y desde esta misma óptica pensamos que un «Bad

Godesberg» hoy en

el PSOE, una renuncia formal al utopismo de la izquierda, no tendría otro efecto

que el otorgamiento da

una prima gratuita a los comunistas, qua se apresurarían, como ya hicieron en

Italia, a ocupar el vacío

producido por sus principales competidores. En cierto modo, algún grado de

definición Ideológica del

PSOE constituye hoy por hoy una necesidad estratégica para el socialismo español

y para el país en su

conjunto.

Nosotros, que no somos socialistas, preferiríamos que en este Congreso

extraordinario saliera ganadora la

alternativa llamada «felipista»*. Pero no porque Felipe González sea «menos*

socialista que sus

contrincantes, sino porque nos parece qua es mucho mejor táctico que ellos y

porque es el único capaz de

convertir a ese partido en una posibilidad futura de alternancia en el Poder sin

poner en riesgo la

estabilidad democrática de nuestra Patria o, cuando menos, sin ponerla en un

riesgo tan grave como la

pondrían los llamados «críticos», obsesionados por la pureza marxista con olvido

de lo que quiera/, y

necesita en realidad, el electorado que puede llevar al PSOE al Poder.

El «Bad Godesberg», si llega, no será, desde luego, ahora ni en un futuro

inmediato. Pero si la dirección

del PSOE acredita sentido de la responsabilidad histórica y talento táctico,

deberla ir por derecho a la

desmarxistización del partido si un día tiene la razonable seguridad de que

mantendrá de todos modos la

hegemonía sindical y el apoyo de sus bases. Porque una cosa es evidente: no se

conoce un solo caso da un

partido marxista en el Poder sin que la estabilidad democrática y el Imperio de

la Ley y las libertades se

hayan quedado heridos de muerte.—PUBLIUS.

 

< Volver